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Asunto:NoticiasdelCeHu 107/14 - Entre los "cuentos chinos" y la realidad / Rumbo al XVI EnHu (25)
Fecha:Domingo, 2 de Marzo, 2014  12:14:40 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 107/14

Rumbo al XVI EnHu
América Latina como geografía

Bariloche, 6 al 10 de octubre


Entre los “cuentos chinos” y la realidad

Felipe De La Balze

ECONOMISTA Y NEGOCIADOR INTERNACIONAL

Clarín

23/02/14

La irrupción de China en el escenario mundial es ventajosa para nuestro país si sabemos entenderla y aprovecharla. Desafortunadamente, el surgimiento de China genera en numerosos comentaristas locales (Gobierno, academia y periodismo) declaraciones exageradas respecto al potencial real que nos ofrece la relación.

El ascenso de China es más provechoso para nuestro futuro por sus consecuencias indirectas sobre la economía mundial (incremento en los precios de materias primas y mejora en la performance económica de nuestros principales socios comerciales) que por sus efectos directos en nuestro perfil productivo.

El comercio bilateral entre la Argentina y China creció rápidamente durante los últimos 15 años y alcanzó los US$ 15.000 millones en el 2012. En la actualidad, China es nuestro tercer cliente comercial (representa el 7,5% de nuestras exportaciones totales), después de Brasil (20%) y la Unión Europea (17%).

El patrón de comercio es desequilibrado y la balanza comercial es deficitaria.

La soja y sus derivados concentran el 90% de nuestras exportaciones (casi US$ 6.000 millones) mientras que China nos provee una variada gama de productos industriales (casi US$ 9.000 millones).

La relación con China es muy relevante para nuestro país, pero no se compara ni cuantitativa ni cualitativamente con la interdependencia que mantuvimos con Gran Bretaña en el siglo pasado. Nuestras exportaciones promedio a Gran Bretaña entre 1880 y 1940 representaban alrededor del 35% de nuestras exportaciones totales (versus un 7,5% en el caso de China) y el stock de la inversión directa británica representaba casi el 40% de la inversión extranjera total en el país (versus menos del 7% en el caso de China).

Dos razones explican esta profunda disparidad. Por un lado, la gran distancia geográfica encarece los costos de transporte y nos descoloca respecto a competidores como Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y los países del sudeste asiático que también son exportadores de materias primas. Por otro lado, en el campo comercial, las economías de la Argentina y China son mucho menos complementarias que lo que se repite hasta el hartazgo.

La complementariedad entre nuestras dos economías es limitada porque China (al revés que Gran Bretaña cien años atrás) es proteccionista en materia agropecuaria.

China es una gran productora de alimentos (en el 2012 produjo 560 millones de toneladas de granos) aunque su producción nacional no alcance para satisfacer todas sus necesidades.

La búsqueda de la autosuficiencia alimentaria es un objetivo permanente de todos los gobiernos chinos para dar empleo y mejorar los ingresos de los 700 millones de chinos que viven en zonas rurales (donde se concentran los mayores problemas de pobreza y desigualdad).

Investigaciones realizadas para determinar la complementariedad entre nuestras dos economías -tanto en lo agroalimentario como en las manufacturas (el Índice de Michaely)- muestran un bajo grado de coincidencia entre las exportaciones argentinas y las importaciones chinas en comparación con un centenar de mercados alternativos (ver M. Cristini y G. Bermúdez: “Documento de trabajo No. 81”, FIEL, septiembre 2004).

En materia de productos agroindustriales con mayor valor agregado, China tiene aranceles altos y escalonados y utiliza regularmente requisitos técnicos y sanitarios para impedir selectivamente la competencia extranjera. (Hace más de quince años que intentamos sortear sin éxito las barreras sanitarias que dificultan el acceso de nuestra carne al mercado chino).

El prematuro reconocimiento por el gobierno de Néstor Kirchner de China como “economía de mercado” en el 2004 (Europa todavía no otorgo dicho reconocimiento) abrió nuestro mercado a las manufacturas chinas y nos expuso a represalias comerciales que los chinos supieron utilizar en el 2010 cuando frenaron el ingreso de la soja como respuesta a las restricciones que la Secretaria de Comercio había impuesto al ingreso de ciertas manufacturas chinas (textiles, calzados y rodados).

Pero el crecimiento de China nos ofrece oportunidades que debemos aprovechar. Por un lado, el surgimiento chino amplía nuestro margen de maniobra en las negociaciones comerciales internacionales.

Por otro lado China, a través de un “efecto locomotora”, incrementa la demanda y mejora los precios de la soja que la Argentina exporta al mundo (aproximadamente el 18% de nuestras exportaciones totales de soja y sus derivados se vendieron a China durante los últimos 5 años).

Asimismo, el crecimiento chino mejora los precios de muchas materias primas (como el petróleo, el cobre, el mineral de hierro y muchos productos alimentarios) lo que beneficia directamente la balanza comercial y la performance económica de varios de nuestros vecinos sudamericanos (en particular Brasil, Chile, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela) que son importantes socios comerciales de nuestro país.

Finalmente, la vigorosa demanda asiática liderada por China mejora la performance económica de numerosos países emergentes (principalmente en Medio Oriente, África y Asia), lo que genera en la actualidad superávits en nuestra balanza comercial con dichas regiones y países.

El camino más apropiado para incrementar nuestras exportaciones a China es atrayendo a sus grandes empresas para que inviertan en nuestro país en proyectos de largo plazo tanto en los sectores minero, petrolero y agrícola como en la infraestructura relacionada a la logística de exportación (ferrocarriles, puertos y rutas).

La inversión a largo plazo en activos fijos crea un interés compartido que asegura un acceso preferencial a los mercados, sobre todo en los momentos de dificultad. Para desarrollar una relación sólida debemos ofrecer estabilidad en las reglas del juego y un tratamiento equitativo, respetuoso y no discriminatorio.