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Asunto:NoticiasdelCeHu 88/14 - VIAJANDO: Istanbul. De religión y comercio
Fecha:Miercoles, 26 de Febrero, 2014  03:50:48 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 88/14
                                                                      

 

Istanbul. De religión y comercio

 

Istanbul desde siempre se ha destacado por la intensidad de su comercio, ya sea internamente, como por ser ruta obligada para los mercaderes que pretendían desplazarse entre Europa y Asia en busca de las especias que permitían conservar los alimentos a falta de equipos de refrigeración. Por otra parte, debido a los avatares políticos de su historia, pasó de ser una ciudad cristiana a una predominantemente musulmana, a pesar de continuar aun con minorías de otras religiones. Y precisamente todo eso era lo que constituía gran parte de su atracción…

Desde la avenida Kadirga Limani Cd, comenzamos a caminar en subida hacia el Centro de Istanbul por una calle donde se concentraba una gran cantidad de comercios mayoristas. El lugar se parecía bastante al barrio de Once en Buenos Aires; y no sólo por las particularidades de los locales y el movimiento allí existente, sino porque al igual que en la capital argentina, lo cohabitaban musulmanes, cristianos, judíos y chinos, algo no tan común en otros centros comerciales del mundo.

Y si bien ya habíamos visto en otros sectores de la ciudad a mujeres utilizando shaylas (pañuelo rectangular que cubre la cabeza), era la primera vez que veíamos a una musulmana usando el niqab (velo que cubre la cara dejando un hueco para los ojos, y se combina con una túnica negra que cubre todo el cuerpo). Las mujeres musulmanas siguen las normas que establece el hiyab, código de vestimenta basado en el Corán, que establece que debe cubrirse la mayor parte del cuerpo, que la vestimenta no debe ser estrecha para no evidenciar las formas, que las telas no deben ser transparentes, que no deben utilizar ropa masculina, que los colores utilizados fuera del hogar no deben ser fosforescentes, brillantes, ni llamativos o con excesivos adornos, como tampoco perfumarse antes de salir a la calle; y que no deben imitar la moda de las incrédulas de dudosa moral, porque quien imita a un pueblo termina siendo de ellos.

 

 

Mujer musulmana vistiendo túnica y niqab

 

 

Venta de telas al por mayor y accesorios blancos

 

 

Acarreo de mercaderías con tracción a sangre

 

 

Mendicidad en el barrio mayorista

 

 

Y después de caminar varias cuadras con pendiente pronunciada, llegamos a Yeniceriler Cd, una avenida muy concurrida y con mucho tránsito, que incluía una modernísima red de tranvías. Allí había mujeres usando el al amira (un velo de dos piezas; uno a modo de gorro que se ajusta a la cabeza, y una especie de bufanda que cubre también parte de la cabeza).

 

Mujeres usando al amira

 

 

Moderno tranvía en Yeniceriler Cd

 

 

Estación Beyazit, en Ordu Cd

 

 

A cada paso, museos, mezquitas y vendedores que ofrecían todo tipo de mercancías a los transeúntes.

 

Museo Yahya Kemal, en  honor a quien fuera un importante poeta y diplomático turco

 

 

Mucha gente se refiere a Istanbul como la “ciudad de las mil mezquitas”, y si bien es exagerado, lo cierto es que la cantidad de ellas nos resultó asombrosa.

La mezquita es un lugar para la reunión de la comunidad, la oración y la educación. El origen de la distribución de las mezquitas está en la casa de Mahoma. Ésta consistía en un recinto cuadrado de muros de adobe abierta a un patio, rematado por un soportal o cobertizo en el lado sur; en el muro oriental se levantaron las habitaciones de las mujeres del Profeta, volcadas hacia el patio, donde se reunían los fieles para orar bajo las directrices de Mahoma, quien se subía a un estrado. En esa disposición se ha establecido el diseño de las mezquitas, que presentan un patio interior (sahn), rodeado de pórticos (riwaqs), y un espacio cubierto (haram), articulado mediante naves de columnas y delimitado por la quibla, el muro que señala la dirección de La Meca, hacia la cual se debe orar. El estilo de las mezquitas de Istanbul imita a la antigua basílica de Santa Sofía de Constantinopla, en la que la sala de oración está cubierta por una gran cúpula.

Mahoma había tenido un sueño en el que oía una llamada a la oración. Por ello ordenó a uno de sus seguidores que convocara a los fieles a la oración cinco veces al día. La persona que lo hacía empezó a conocerse como muecín, quien a viva voz convocaba a los fieles desde la cubierta más alta del edificio. Más tarde se comenzaron a construir mezquitas con altas torres llamadas minaretes, desde donde el muecín podía permanecer de pie y hacer el correspondiente llamado.

 

Mezquita con cúpula y minarete

 

 

Antes de algunos actos religiosos, los hombres deben realizar una ablución, es decir, una purificación ritual de algunas partes del cuerpo. Es por eso que todas las mezquitas cuentan con un espacio adecuado para el lavado de pies en las proximidades de la puerta de ingreso.

 

Espacio destinado al lavado de pies

 

 

Íbamos en camino hacia el Gran Bazaar, cuando encontramos una serie de comercios que ofrecían los más diversos productos; y me detuve a admirar las magníficas alfombras y una enorme geoda con amatistas.

 

Alfombras con variados diseños expuestas al aire libre

 

 

Geoda con cuarzo violeta (amatistas)

 

 

Las reglas para la vestimenta masculina tienen menos exigencias. El requisito mínimo es que se tape el cuerpo desde el ombligo hasta la rodilla; la ropa debe ser suelta, modesta y digna. Muchos suelen usar una túnica suelta tradicional que cubre desde el cuello hasta los tobillos, con un turbante que combine con el atuendo. No deben usar seda y oro, que queda limitado a las mujeres. A diferencia de Pakistán, Afganistán e Irán donde el código de vestimenta era aplicado estrictamente, en Turquía se tomaba sólo como sugerencia.

 

Musulmanes vistiendo sus prendas tradicionales

 

 

La mezquita Nuruosmaniye constituye el ejemplo más representativo del barroco en la arquitectura otomana, construida por orden del sultán Mahmud I.

 

Mezquita Nuruosmaniye rodeada de comercios y casas de cambio

 

 

Y después de deambular un buen rato entre comercios formales e informales, mezquitas y observar actitudes callejeras, llegamos a una de las cuatro puertas principales del famoso Grand Bazaar.

 

Puerta número dos del Grand Bazaar

 

 

El Grand Bazaar, Kapaliçarsi en turco, no sólo era el mayor de Istanbul sino uno de los más grandes del mundo. Situado en el centro de la “ciudad vieja”, en el sector europeo, contaba con alrededor de sesenta avenidas y calles, y cerca de cuatro mil tiendas. Tenía además una enfermería, correos, seguridad y oficinas bancarias de diferentes entidades. En él trabajaban más de veinte mil personas, y si bien no lo conocimos en su totalidad, no vimos a ninguna mujer atendiendo los puestos.

 

 

Una de las calles del Grand Bazaar

 

 

Los comercios, en su mayoría, estaban agrupados por tipo de actividad, en plan gremial, destacándose las tiendas de lámparas, de especias, de alfombras, de pieles, espejos, telas, orfebrerías, joyerías…

 

Tienda de lámparas y otros objetos de vidrio

 

 

Los comerciantes ofrecían sus mercancías en diferentes idiomas

 

 

El Grand Bazaar era visitado tanto por turistas extranjeros como por locales

 

 

Artesanías de cerámica muy colorida

 

 

Gran cantidad de locales de venta de alfombras

 

 

Sables, backgammon, ajedrez, vasitos para té, ojo turco (contra el mal de ojo)

 

 

Todo se vendía al regateo en libras turcas o en euros

 

 

Gatos como en toda la ciudad, pero de cerámica

 

 

Diferentes modelos de pipas

 

 

Las artesanías han dado paso a la producción industrial

 

 

Mujeres usando türban, que más allá de lo religioso, eran un símbolo político

 

 

Mujeres en el bar pero usando chador

 

 

Muchos jóvenes en los barcitos del Grand Bazaar

 

 

Infaltable la camiseta de Messi

 

 

Una de las calles de productos textiles

 

 

Los vendedores eran muy insistentes, más bien cargosos…

 

 

Prendas con telas aterciopeladas con bordados dorados

 

 

Trajes ceremoniales para la circuncisión de niños musulmanes

 

 

Todo tipo de objetos de metal

 

 

Todo con mucha luz y colorido

 

 

Especias y dulces, algo de gran consumo en Turquía

 

 

Más especias y conservas

 

 

Podríamos haber permanecido horas en el Grand Bazaar, o visitarlo durante horas o días enteros, pero la cantidad de gente, el murmullo constante y la insistencia de los vendedores, hicieron que en no más de media hora estuviéramos nuevamente afuera.

Al salir seguía habiendo una gran concentración de locales comerciales dedicados a confituras, que no eran de nuestro agrado por su alto contenido de azúcares.

 

 

Confituras turcas semejantes a la fruta abrillantada

 

 

También las especias eran ofrecidas permanentemente, algo que tampoco utilizo en mi cocina, por lo que no tenía sentido permanecer allí.

De todos modos habíamos tomado la decisión de no comprar absolutamente nada porque el viaje continuaría por otros países, y como dijera Antoine de Saint-Exupery: “Aquel que quiere viajar feliz, debe viajar ligero”.

 

 

Variedad de especias a buen precio

 

 

El Grand Bazaar nos impactó por su tamaño, limpieza y originalidad de sus productos, muchos de los cuales no eran comunes en América; pero por otra parte, lo que originariamente fuera un verdadero mercado turco, ya estaba convertido en un shopping temático, y de ahí que haya perdido el sabor que aun pudieran tener otros centros comerciales menos sofisticados.

Respecto de las costumbres de los musulmanes debo reconocer que me resultaron chocantes, en especial, las relativas al papel de la mujer. Sin embargo, ellos aducen que se trata de una protección para preservarlas a ellas y a sus familias. Y si bien no acuerdo con los movimientos feministas, el machismo exacerbado me generó incomodidad. Pero la visita a Istanbul significó una importante experiencia porque mi visión parte de una cultura diferente, y al decir del escritor y humorista estadounidense Mark Twain: “Viajar es fatal para el prejuicio, la intolerancia y la estrechez de mente”.

 

 

Ana María Liberali

 





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