Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 15741 al 15760 
AsuntoAutor
44/13 - Argentina Noticias
45/14 - Especialis Noticias
46/14 - Ira en Bos Noticias
47/14 - Protestos Noticias
48/14 - Cuba - Rev Noticias
49/14 - Pobreza y Noticias
50/14 - Argentina Noticias
51/14 - VIAJANDO: Noticias
52/14 - Turismo y Noticias
53/14 - Especialis Noticias
54/14 - Cáucaso: M Noticias
55/14 - Argentina: Noticias
56/14 - Italia, Es Noticias
57/14 - ¿El comien Noticias
58/14 - Bulgaria - Noticias
59/14 - Italia - L Noticias
60/14 - Una nueva Noticias
61/14 - La transfo Noticias
62/14 - Especialis Noticias
=?utf-8?B?UmU6IE5v isabel m
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 16061     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 54/14 - Cáucaso: Montañas, Islam y deporte
Fecha:Domingo, 16 de Febrero, 2014  11:52:21 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 54/14

Juegos Olímpicos de Invierno 2014

Cáucaso: Montañas, Islam y deporte

Tino Brugos

Sábado 15 de febrero de 2014

 

El año 2007 el Comité Olímpico Internacional, reunido en Guatemala, decidió conceder a la Federación Rusa la responsabilidad de organizar los XXII Juegos Olímpicos de Invierno. El proyecto presentado por Rusia señalaba a la cuidad de Sochi, situada a orillas del Mar Negro, en las estribaciones de la cordillera del Cáucaso, como centro del evento. En esa reunión el presidente ruso, Vladimir Putin, hizo toda una puesta en escena con una intervención en la que habló en francés e inglés para defender su propuesta. Desde el primer momento se dijo que la concesión de la sede a Sochi suponía un verdadero reto que sería utilizado por los gobernantes para buscar un plus de legitimidad tanto a nivel interior como exterior.

La apertura de los Juegos en la primera semana de febrero ha sido el punto de partida de una enorme campaña propagandística que tiene varios objetivos de tipo económico, político y propagandístico.

Putin el más grande

Como para cualquier otro gobernante, un acontecimiento como el que supone Sochi 2014 ha sido asumido por el equipo de Putin como una oportunidad para consolidar su imagen de estadista eficiente capaz de ofrecer, y garantizar, la celebración de un evento en el que están puestos los ojos de buena parte del mundo. El desafío ha sido grande porque en la mente de Putin estaba el recuerdo de lo supusieron en su momento los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980 en plena época del estancamiento bresneviano. Muchas cosas han cambiado desde entonces, incluida la desaparición de la URSS. En todo caso se abría espacio para una comparación entre los tiempos pasados y los presentes mostrando todo lo que ha avanzado Rusia desde entonces.

Se trataba de una apuesta de alto riesgo, entre otras cosas por la peligrosidad de la zona elegida, pero que ofrecía la posibilidad de importantes réditos políticos. Le evolución de los acontecimientos ha venido a dar la razón a quienes planteaban que su celebración sería como un cántico de alabanza al gobierno.

La puesta en escena durante estos últimos meses nos muestra a un Putin enérgico hace justo ahora un año, en febrero de 2013, denunciando los retrasos y las deficiencias y señalando que él trabajaría para que se cumplieran los plazos en beneficio de Rusia. Durante este tiempo buena parte de las decisiones que se han ido tomando se han hecho para lograr una calculada rentabilidad política, no solo a nivel de la construcción de obras previstas, sino también en el plano político.

Putin tuvo que hacer frente a un ciclo electoral que incluía la convocatoria a elecciones presidenciales a las que se presentó y ganó aunque no pudo evitar las denuncias de fraude por parte de sectores significativos de la oposición. Por primera vez salieron a la calle miles de manifestantes que denunciaban la gestión autoritaria del gobierno en medio de denuncias de fraude y corrupción. Sin embargo Putin, procedente de los servicios de seguridad del Estado, puso en funcionamiento todos los mecanismos represivos, desde palizas a manifestantes hasta detenciones selectivas de líderes molestos, de tal modo que consiguió ahogar las protestas. Esto no dejó de empañar su imagen y durante los últimos meses se ha dedicado a limpiarla justo antes de la ceremonia oficial de apertura de los Juegos,

Para nadie ha sido un secreto que la liberación de personas como Khodorovsky o las integrantes del grupo de punk-rock Pusy Riot formaban parte de una campaña de imagen que pretendía desactivar cualquier tipo de protesta internacional ante el evento, sabedor de que las protestas internas apenas tenían espacio para hacerlo. De este modo, en vísperas de los Juegos, Putin ha podido presentarse como un gobernante limpio y magnánimo capaz de agrupar a su alrededor la adhesión y legitimidad popular.

El Cáucaso: montañas e Islam

Sin embargo existe otro elemento que suscitado mucha más preocupación, se trata de la cuestión de la seguridad de la competición. Atreverse a organizar un acontecimiento de tan señalado calibre significa siempre asumir una serie de riesgos en lo referente a la seguridad de los mismos ante la posibilidad de puedan ser utilizados como plataforma propagandística por parte de grupos terroristas dispuestos a intervenir en ellos para proyectar su mensaje al mundo entero.

En este sentido, elegir el escenario del Cáucaso significó, desde el inicio, un riesgo muy elevado al tratarse de una región volátil en la que siguen actuando grupos yihadistas que han causado innumerables problemas a las autoridades de Moscú. En efecto, el anuncio del final del conflicto en Chechenia y la avanzada reconstrucción de Grozny no han supuesto el final de la inestabilidad regional. Más bien se ha pasado a una etapa diferente que suscita grave preocupación. Entre la primera y la segunda guerra de Chechenia el conflicto se deslizó desde un conflicto separatista a otro en el que la cuestión del islamismo pasó a ocupar la posición más destacada. En esta nueva fase de postguerra el hecho más significativo está siendo la cronificación de un conflicto de baja intensidad dirigido por un grupo yihadista, el Emirato del Cáucaso norte, que ha logrado ampliar su radio de acción a otras repúblicas norcaucásicas y con zarpazos severos en ciudades rusas como Moscú o, más recientemente, Volgogrado. Con estos antecedentes evitar cualquier posible atentado islamista es el desafío fundamental de los Juegos para que el gobierno pueda ofrecer un balance totalmente satisfactorio.

Pero si de algo pueden presumir las poblaciones caucásicas es de su obstinación y resistencia a prueba de fuego. Preocupación y dolor de cabeza de cualquier gobierno ruso que se haya visto implicado en algún conflicto en la zona.

Con sus 254 000 kilómetros cuadrados y una población de 13,5 millones de habitantes, el Cáucaso norte está formado por dos oblast o provincias (Stavropol y Krasnodar) y varias repúblicas autónomas para los diversos pueblos de la zona: Adiguesía, Karachay- Cherkesia, Kabardino-Balkaria, Osetia, Ingusetia, Chechenia y Dagestán. En un territorio equivalente a la mitad del Estado español podemos encontrar cerca de cien etnias subdivididas en grupos así como un número similar de lenguas. También la diversidad religiosa se hace presente en la zona con la presencia de ortodoxos, musulmanes, judíos e incluso budistas si añadimos la república de Kalmukia. Todo un cóctel que se puede complicar aún más si incorporamos ingredientes como la presencia dentro del espacio musulmán de varias escuelas coránicas, la fuerte influencia de las cofradías sufíes así como un grupo chiita en Dagestán frente a una aplastante mayoría sunnita.

Sea como fuere, el Cáucaso norte ha sido siempre un problema para los gobernantes rusos desde que se hicieron presentes en la zona allá por siglo XVI. Tratándose de un espacio limitado, máxime teniendo en cuenta la inmensidad del imperio ruso, se puede decir que su conquista no acaba hasta la segunda mitad del siglo XIX y el sometimiento sigue siendo incierto en momentos determinados del pasado siglo XX

Si hubiera que hacer un resumen de cuáles pueden ser las características generales de la región habría que señalar las siguientes:

1.- Su fuerte complejidad étnica y confesional cuyos rasgos ya se han señalado. Se trata de una zona montañosa en la que se da el efecto significativo de un aumento de la densidad demográfica en las zonas elevadas donde se han ido refugiando a lo largo de la historia grupos fugitivos antes las sucesivas invasiones que se han producido en la zona. Los diversos intentos efectuados en la época soviética para resolver el conflicto asentando a los pueblos montañeses en la llanura solo han servido para ampliar el teatro del conflicto hacia el piedemonte.

2.- Se trata de una zona de tránsito por la que han circulado numerosos pueblos desde la época más antigua de la historia. La presencia de la cordillera no ha funcionado como barrera en una zona donde confluyen los espacios de la estepa euroasiática y del anatolio, mesopotámico e iranio. De cada uno de ellos tenemos huellas entre los diversos pueblos de la zona

3.- Estamos ante una región codiciada desde antaño. Bien sea por su riquezas naturales o por su valor estratégico, lo cierto es que todas las grandes potencias regionales en cada fase histórica se han hecho presentes en la misma y han buscado una hegemonía que solo ha producido multitud de conflictos que se enlazan unos con otros. En la época contemporánea Rusia vio allí un lugar estratégico desde el que continuar su avance hacia el sur además de hacerse con el control de los ricos yacimientos petrolíferos de Bakú, en su día los mayores del mundo

4.- Una región que aparece dividida por la historia, la geografía, las diversas identidades, etc. No solo la separación entre el norte y sur del Cáucaso, sino entre cada uno de los componentes regionales que desde que inician su lento despertar como pueblos hasta hoy abrazan una visión nacionalista excluyente que utiliza recursos como la historiografía para justificar sus pretensiones frente al resto de pueblos vecinos generándose de ese modo nuevos conflictos. El resultado es un reguero de sangre y conflictos. No es casualidad que en las estribaciones del Cáucaso se produzcan dos masacres consideradas como genocidios: armenios al sur y circasianos al norte

El marco geográfico y el devenir histórico forjó la personalidad de unos pueblos demográficamente pequeños pero indómitos en lo político que, a pesar de sus diferentes orígenes étnicos o tradición religiosa, fueron dotándose de un código de comportamiento común que les diferenciaba siempre de los extranjeros invasores. Se pueden señalar algunos rasgos como la igualdad entre los miembros de la comunidad que se mantiene prácticamente hasta el siglo XX (en su gran mayoría, estos pueblos eran gestionados a partir de asambleas de ancianos); relacionado con lo anterior, la tierra era una propiedad común gestionada por la comunidad. El respeto a la tradición de hospitalidad se remonta a la Prehistoria entre los pueblos de la zona; tanto los ancianos como las mujeres gozaban en la comunidad de una consideración especial, existiendo un importante culto a los ancestros; por último, el crisol de lenguas y religiones generó una cultura híbrida en la que se mantenían y mezclaban numerosos elementos procedentes de las creencias ancestrales con los incorporados después de las diversas conversiones al cristianismo e islam.

Buena parte de estos rasgos se fueron modificando con la llegada de la modernidad a finales del siglo XIX y con las transformaciones impulsadas desde el poder tras la formación de la Unión Soviética. Estos cambios fueron el resultado de una época traumática: las guerras contra la Rusia zarista y posteriormente la experiencia sovietizadora.

La conquista rusa, ya se ha dicho, no fue un proceso sencillo. Baste señalar que Georgia se unió a Rusia en los primeros años del siglo XIX y tuvieron que pasar más de sesenta años de conflictos y guerras incesantes para que el zarismo pudiera someter a los pueblos de la vertiente norte dando así continuidad territorial a sus dominios con las conquistas efectuadas en los territorios de lo que ahora es Georgia o Armenia. Estas guerras supondrán la consolidación definitiva del islam entre la mayoría de los pueblos montañeses puesto que la religión fue el elemento vertebrador de la resistencia frente al invasor.

El Islam como seña de identidad

Existen pruebas inequívocas de la presencia del cristianismo entre los pueblo caucásicos que se remontan a fechas y períodos muy antiguos. Sin embargo siempre ha existido un sincretismo que ha sido capaz de conservar algunos elementos paganos asociados a los nuevos cultos llegados a la zona, al igual que la conversión por oleadas de una religión a otra. Hoy en la zona conviven, básicamente, el cristianismo en diversas variantes y el islam. En los distritos de Krasnodar y Stávropol el cristianismo ortodoxo es mayoritario, reflejo de la fuerte colonización rusa. Lo mismo ocurre en Adiguesia con un 70% de cristianos, en su mayoría de origen ruso ya que la población autóctona fue expulsada tras la conquista hacia el Imperio Otomano. Los osetios con un 80% son el único pueblo caucásico mayoritariamente cristiano. En Karacháyevo-Cherkesia y el Kabardino-Balkaria la presencia cristiana se reduce a un tercio de la población y en las restantes entidades de Ingusetia, Chechenia y Daguestán es casi testimonial, sobre todo las el hundimiento de la URSS y la huida masiva de la población de origen ruso.

Se puede observar la disminución del impacto cristiano conforme se avanza hacia el este del Cáucaso. Este hecho no es casual. Refleja un acontecimiento del que la historiografía occidental apenas ha dado cuenta: la expulsión masiva de las poblaciones circasianas de la parte occidental del Cáucaso tras la conquista rusa. Decenas de miles de personas fueron embarcadas y expulsadas hacia las costas turcas del Mar Negro en el momento de la conquista rusa. Se trata de un éxodo impuesto por las nuevas autoridades que se produjo en medio de condiciones deplorables que llevó al borde del exterminio a algunos de los grupos nativos de la zona. El vacío creado se cubrió con colonos rusos ortodoxos de ahí el predominio actual que no existe en la parte oriental de la región.

En todo caso el proceso de conversión al islam fue muy lento. Las fuentes georgianas y bizantinas señalan las dificultades para extender el cristianismo entre los pueblos de las montañas y unos resultados débiles y superficiales. La fe islámica traída por los árabes comenzó su expansión en el momento de la conquista y precisó varios siglos para consolidarse a costa de una débil y primitiva cristianización. Los primeros en convertirse fueron los lezguinos, tabasarán y rutul, del actual Daguestán, entre los siglos VII y X; los lak y agul, también de Daguestán, lo hicieron entre el s XI y XIII; kumis y ávaros en el s XV; los chechenos en el s XVI y los ingusetios en el s XIX; pero en algunos casos las conversiones fueron parciales, así, entre los osetios la mayoría permaneció fiel al cristianismo a pesar de que algunos segmentos dirigentes se islamizaron; a la inversa los notables kabardinos se cristianizaron para acceder a un trato privilegiado con los rusos. Se puede decir por tanto que las creencias religiosas se caracterizan por su fluidez.

Las conversiones al islam más recientes fueron las de chechenos e ingusetios. En ambos casos jugarán un papel central las cofradías sufíes que fueron capaces de cohesionar a la comunidad en los momentos transcendentales de la conquista rusa. En los casos de Chechenia y Daguestán fueron imanes sufíes quienes impulsaron una particular yihad contra el invasor ruso (Gazavat) al tiempo que sentaban las bases para la construcción de un verdadero estado, sobre todo bajo el imán Shamil que administró el territorio durante casi tres décadas al tiempo que se desarrollaba la lucha. En el caso de los circasianos la lucha se dio en paralelo pero su formación social mantuvo la tradición igualitaria y asamblearia. En ambos casos la superioridad rusa acabó por imponerse aunque a costa de un elevado precio en vidas humanas y destrucción.

En las actuales Chechenia y Daguestán las órdenes sufíes su sucedieron una tras otra. Así, derrotada la Naqshbandiyya de Shamil fue la Kadiriya quien animó una resistencia pasiva frente al invasor. Cada grupo sufí está dirigido por un sheik o mursid, sus seguidores son murids y se organizan en pequeñas unidades o virds que se confunden con las estructuras familiares. Tal era el apego al islam y las autoridades religiosas que cuando llegó la época más dura del estalinismo se adoptaron decisiones brutales para acabar con la religión. En el caso checheno en los años treinta del pasado siglo está documentada la eliminación de unos trescientos dirigentes religiosos, la casi totalidad de quienes podían leer el Corán en árabe. Posteriormente vino la deportación en plena II Guerra Mundial, el intento más avanzado de genocidio sobre los chechenos. Entre los años 1950-1980 en Daguestán se impulsó un proceso para reasentar a los pueblos de la montaña en la llanura con la idea de romper la cohesión comunitaria y acabar con la influencia social del clero islámico. El resultado ha sido la adaptación de los virds a la nueva situación y su presencia abierta, ahora en las zonas bajas además de su mantenimiento entre la población que permanece en las montañas.

La desaparición de la URSS dio paso a un periodo de inestabilidad que se prolonga hasta hoy. En Chechenia se han sucedido dos guerras; en la primera, el fundamento era básicamente un proceso de independencia impulsado por las élites políticas que acabó con un precario triunfo que no llegó a consolidarse porque muy pronto comenzó un deslizamiento hacia un segundo conflicto en el que el islam apareció como el eje central. Este hecho permitió a Rusia renovar su política de mano dura hacia los pueblos montañeses y consolidar una visión estereotipada de los pueblos caucásicos como fanáticos, salvajes y atrasados. Se trata de la versión rusa de la guerra contra el terrorismo islamista. En esta segunda fase se produjeron violaciones masivas de los Derechos Humanos pero, una vez más, la superioridad rusa logró imponer su orden en medio del caos y la destrucción

En el transcurso del conflicto surgieron algunos núcleos que pronto fueron identificados como salafistas que preconizaban una interpretación más rigurosa del Islam y una actitud de rechazo frontal a la presencia rusa. Denominados despectivamente como wahabitas por las autoridades oficiales, su presencia coincide con la entrada en una tercera fase del conflicto, la actual, marcada por una guerra que podría denominarse de baja intensidad en la que se enfrentan sectores identificados con el yihadismo contra el ejército ruso. Estos yihadistas serían el resultado de un proceso de radicalización, incitado por combatientes extranjeros llegados a Chechenia en los años noventa, entre las nuevas comunidades salafistas.

La tradición islámica en la zona permite hasta ahora la convivencia de varios códigos: uno es el tradicional o adat que gestiona buena parte de las relaciones dentro de la comunidad, otro es el impulsado por los grupos salafistas que preconizan la instauración de la sharia o ley islámica con una visión mucho más estricta y radical. Este sector se ha organizado políticamente en torno al grupo conocido como Emirato del Norte del Cáucaso, dirigido por Dogu Umarov, antiguo combatiente checheno unido a la Yihad global impulsada por los seguidores de Al Qaeda. Desde su creación en el año 2007 se han sucedido los atentados contra las tropas rusas así como los secuestros generando un clima de enfrentamiento interno entre la población islámica vinculada a las órdenes sufíes y los seguidores de la nueva corriente.

Contra todo pronóstico, han logrado una cierta implantación, sobre todo en Daguestán, extendiendo su actividad al resto de repúblicas norcaucásicas al reclutar entre los fieles salafistas a sectores jóvenes dispuestos a lanzarse a la lucha armada contra el infiel. Su presencia en Kabardino-Balkaria ha encendido todas las alarmas puesto que significa que el sector islamista más intransigente ha salido de su feudo tradicional situado en Chechenia y Daguestán. La represión sobre las comunidades salafistas, sospechosas de apoyar a los yihadistas, crea un caldo de cultivo favorable para su radicalización y extensión. Precisamente el pasado julio de 2013 Dogu Umarov anunció su propósito de realizar acciones en contra de los Juegos de Invierno en Sochi al tiempo que comunicaba la creación de una sección del Emirato del Cáucaso en Adiguesia y Krasnodar, la región de Sochi. Los temores hacia la seguridad del evento se incrementaron a partir de este momento y los atentados de finales de año en Volgogrado vinieron a recordar que los yihadistas no se andan con bromas cuando hablan de interferir en la celebración de los Juegos.

Los circasianos y el genocidio desconocido

La sede de los Juegos de Invierno en Sochi tiene varios escenarios en la zona circundante a la ciudad. Uno de los más significativos se encuentra en Krasnaia Poliana, el lugar donde ocurrió el combate final entre el ejército ruso y la resistencia de los cherkeses o circasianos, paso previo para la expulsión masiva de población ya citada que es tratado como un genocidio por parte de los circasianos que siguen viviendo en Rusia así como por los descendientes residentes en el exterior que han originado una activa diáspora. Se calcula que existen unos 700 000 circasianos en el Cáucaso de los cuales 4 000 se concentran el área de Sochi, mayoritariamente shapsug que carecen de cualquier tipo de reconocimiento oficial. A ese número hay que añadir el contingente de la diáspora cuyas cifras se calculan entre millón y medio y dos millones en Turquía, 170 000 en Jordania donde cuentan con representación específica en el Parlamento, y en Siria unos 100 000 de los que muchos aspiran a salir del país en medio del conflicto con la esperanza de poder ser repatriados a las tierras ancestrales del Cáucaso ruso.

Que los Juegos de Sochi 2014 coincidan con el 150 aniversario de la derrota en Krasnaia Poliana es un hecho que ha contribuido a despertar a una comunidad circasiana que cuenta con una estructura de coordinación internacional, la Intenational Circassian Association (ICA) Desde la desaparición de la URSS la ICA ha venido generando una serie de ONGs encargadas de fomentar aspectos relacionados con el desarrollo económico de las áreas rusas donde se concentran los descendientes originarios así como diversos proyectos para impulsar un proceso de repatriación voluntaria desde las comunidades de Oriente Medio.

La decisión de convertir a Sochi en sede olímpica ha servido para incrementar el activismo cherkés que denuncia que buena parte de las obras olímpicas se están construyendo sobre las tumbas de los antepasados. En esta línea de actuación han surgido varias líneas, desde quienes con una visión pragmática creen que el evento debe servir para dar a conocer al mundo el genocidio sufrido hasta quienes creen que habría que boicotear los Juegos. La irrupción de la amenaza yihadista llevó a una separación de aguas y ambas propuestas se manifestaron contrarias a la utilización de la violencia, lo que no ha evitado el temor de que los yihadistas busquen una aparición que les permita parasitar y sacar su propio rendimiento de otro conflicto previamente existente. El temor de Moscú a que el asunto acabara yéndose de las manos ha dado como respuesta la construcción de un Museo, Rusia mía, concebido como un centro etnográfico-cultural que pretende dar a conocer el estilo de vida y tradiciones culturales de la población de la zona. Se trata de ofrecer un aliciente más para el desarrollo del turismo de alto nivel en la zona con posterioridad a la celebración de los Juegos de Invierno con la exposición de elementos exóticos que exaltan la grandeza rusa algo que en sí mismo ha contribuido a que las voces descontentas de la comunidad circasiana se incrementen.

La tensión entre las autoridades rusas y las comunidades circasianas ha ido subiendo de tono en los meses precedentes a los Juegos. Por si hubiera poco en juego, en los últimos meses las voces circasianas se han incrementado al iniciar una campaña humanitaria de apoyo a los compatriotas residentes en Siria y atrapados en medio del conflicto que sacude a ese país. Se trata de lograr que las autoridades rusas ofrezcan la posibilidad de acogerse a un proceso de repatriación que desde Moscú se ve con mucha suspicacia. Esta negativa y la frustración que supone no haber logrado que los ubijos y shapsugs sean reconocidos como pueblos originarios de la provincia de Krasnodar donde se encuentra Sochi, contribuye también a radicalizar los ánimos entre la población circasiana.

Deporte y derechos LGTB

Aunque el equipo de Putin ha venido salvando buena parte de los escollos que se han presentado durante los meses previos a la inauguración de los Juegos con una política que busca eliminar aristas desde las que se pueda criticar a Rusia (fundamentalmente liberación de presos de conciencia) ha surgido un elemento imprevisto que ha sido una fuente de crítica y denuncias sobre Rusia a nivel internacional. Se trata de la legislación impulsada por el Kremlin que tiene como objetivo evitar la “propaganda homosexual” pero que en la práctica viene funcionando como una clara restricción de los derechos de las personas lesbianas, gais, transexuales y bisexuales (LGTB) en Rusia.

Desde que la Federación Rusa decidió legislar sobre aspectos relacionados con “la propaganda de la sodomía, el lesbianismo, la bisexualidad, el transgenerismo y la pedofilia a menores” la situación ha ido evolucionando en un sentido claramente restrictivo que atenta contra las libertades individuales y los derechos básicos de las personas.

Lo que empezó en San Petersburgo en forma de “prohibición de propaganda homosexual” se fue extendiendo por toda Rusia hasta que su presidente, Vladimir Putin, decidió convertir el asunto en un eje de su política de cara a consolidar el apoyo que le concede la Iglesia Ortodoxa de Rusia, en un momento en el que por primera vez, surgieron movilizaciones importantes cuestionando la limpieza de los resultados electorales.

Las disposiciones oficiales implantadas en ese país establecen el control de “(…)la distribución centrada e incontrolada de información generalmente accesible, que puede dañar la salud, la moral y el desarrollo espiritual de los menores de edad(…)” lo que significa en la práctica la imposibilidad de abordar cualquier aspecto relacionado con la diversidad en la orientación sexual o la identidad de género con el pretexto de proteger a la población infantil y adolescente. En la práctica esto significa el silenciamiento absoluto. Se puede decir que Rusia ha levantado un nuevo Telón de Acero, esta vez para aislar y silenciar a su población LGTB. Numerosos activistas que protestan contra esta ley discriminatoria han sido detenidos y maltratados. Desde entonces han circulado numerosas informaciones que denuncian una verdadera caza al gay por parte de grupos homófobos de extrema derecha.

Para cerrar el círculo se establece que los visitantes extranjeros deberán comportarse “de acuerdo a las reglas de permanencia en el territorio de Rusia” lo que ya ha provocado también la detención de turistas europeos. En los días previos a la inauguración de los Juegos la polémica creció de intensidad al producirse manifestaciones y concentraciones en diversas ciudades del mundo para denunciar el acoso que padecen los LGTB en Rusia y manifestarse en contra del mismo algunos atletas que arriesgaban de este modo una posible orden de expulsión. Se trata de un nuevo frente que no parece que vaya a ser capaz de cuestionar lo que ya parece difícil de evitar y es que los Juegos de Sochi pasarán a la Historia como los Juegos de Putin.


 





DeepSkyColors en Facebook!
Imagenes de nuestro planeta y del Universo desde los ojos de un fotógrafo español Visita la página en Facebook y dale a ME GUSTA!