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Asunto:NoticiasdelCeHu 707/13 - El anuncio del Evangelio en el mundo actual (Segunda parte)
Fecha:Domingo, 29 de Diciembre, 2013  16:58:15 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 707/13
 
 

 

El anuncio del Evangelio en el mundo actual

(Segunda parte)

 

 

                                                                  Alfredo César Dachary  

   

 

         El mensaje del Papa Francisco abarca todos los temas a fin de poder dar una visión global de la realidad y, por ello, entra al tema ambiental actual y sus causas: “… el afán de poder y de tener no conoce límites en este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta…”. No busca como hace el ecologismo simplificador el problema en los pobres sino que lo remite como único responsable al sistema.

Los gobernantes como responsables de la situación, por su fe ciega en el mercado y la gran corrupción, lleva a que exprese el Papa su temor ante “…un dinero que gobierna en lugar de servir…”, algo que hoy está en vigencia mientras se discute la desaparición de poderes en un Estado y el papel del dinero del narcotráfico en la política.

Y profundiza la idea al sostener que,”…tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios. La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que está fuera de las categorías del mercado. Para éstas, si son absolutizadas, Dios es incontrolable, inmanejable, incluso peligroso, por llamar al ser humano a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud. La ética -una ética no ideologizada- permite crear un equilibrio y un orden social más humano. En este sentido, animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: «No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos»(San Juan Crisóstomo, De Lázaro Concio II, 6: PG 48, 992D)”.

La reforma financiera, un tema del día a nivel global, es también un tema de reflexión, ya que aquí está la base del nuevo poder del capitalismo global y el Papa dice: “…una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro, sin ignorar, por supuesto, la especificidad de cada contexto. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano…”.

El tema de la inequidad que genera violencia es un tema diario en el mundo actual desde el terrorismo al narcotráfico, pasando por muchos matices y actores, hoy la sociedad reclama seguridad y el Papa afirma que, “… hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad - local, nacional o mundial - abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz. Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca…”. Esta reflexión parece estar escrita para varios países de América, incluido México, es una “radiografía” de las décadas perdidas que hoy nos pasan la factura y no podemos negar lo que se construyó desde la injusticia y la inequidad.

La sociedad del consumo asimétrico y la creación de grandes deudas sociales que son expresadas como inequidad, se ven como resultados en la falta de seguridad, una combinación que siempre se ha negado, y se ha pensado que con el uso de la fuerza se puede superar, lo cual ya hemos comprobado es falso.

El Papa Francisco en un leguaje claro hace una buena integración de estos fenómenos al sostener que: “…los mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del consumo, pero resulta que el consumismo desenfrenado unido a la inequidad es doblemente dañino del tejido social. Así la inequidad genera tarde o temprano una violencia que las carreras armamentistas no resuelven ni resolverán jamás. Sólo sirven para pretender engañar a los que reclaman mayor seguridad, como si hoy no supiéramos que las armas y la represión violenta, más que aportar soluciones, crean nuevos y peores conflictos. Algunos simplemente se regodean culpando a los pobres y a los países pobres de sus propios males, con indebidas generalizaciones, y pretenden encontrar la solución en una «educación» que los tranquilice y los convierta en seres domesticados e inofensivos…”.

Pero esa mayoría que es marginada o vive en la pobreza se irrita más cuando la acción de los políticos que controlan el Estado como si fuera de su propiedad y dice: “…esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países - en sus gobiernos, empresarios e instituciones - cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes…”.

Los desafíos culturales de estos tiempos tienen que ver mucho con la falta de comprensión de la diversidad de ideas y en ello el Papa ve un problema al sostener que: “…evangelizamos también cuando tratamos de afrontar los diversos desafíos que puedan presentarse, a veces éstos se manifiestan en verdaderos ataques a la libertad religiosa o en nuevas situaciones de persecución a los cristianos, las cuales en algunos países han alcanzado niveles alarmantes de odio y violencia. En muchos lugares se trata más bien de una difusa indiferencia relativista, relacionada con el desencanto y la crisis de las ideologías que se provocó como reacción contra todo lo que parezca totalitario. Esto no perjudica sólo a la Iglesia, sino a la vida social en general…”.

En la cultura predominante, el primer lugar está ocupado por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio. Lo real cede el lugar a la apariencia. En muchos países, la globalización ha significado un acelerado deterioro de las raíces culturales con la invasión de tendencias pertenecientes a otras culturas, económicamente desarrolladas pero éticamente debilitadas. Así lo han manifestado en distintos Sínodos los Obispos de varios continentes. Los Obispos africanos, por ejemplo, retomando la Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, señalaron años atrás que muchas veces se quiere convertir a los países de África en simples “piezas de un mecanismo y de un engranaje gigantesco”.

Aquí aparecen los medios de comunicación como grandes instrumentos de manipulación operados desde los centros de poder, y así afirma que: “…los medios de comunicación social, los cuales, al estar dirigidos mayormente por centros de la parte Norte del mundo, no siempre tienen en la debida consideración las prioridades y los problemas propios de estos países, ni respetan su fisonomía cultural. Igualmente, los Obispos de Asia subrayaron los influjos que desde el exterior se ejercen sobre las culturas asiáticas. Están apareciendo nuevas formas de conducta, que son resultado de una excesiva exposición a los medios de comunicación social. Eso tiene como consecuencia que los aspectos negativos de las industrias de los medios de comunicación y de entretenimiento ponen en peligro los valores tradicionales…”.

         Con respecto a la fe en la actualidad, en una sociedad individualista y consumista, hay un mensaje claro que sintetiza parte de lo expresado al decir: “…la fe católica de muchos pueblos se enfrenta hoy con el desafío de la proliferación de nuevos movimientos religiosos, algunos tendientes al fundamentalismo y otros que parecen proponer una espiritualidad sin Dios. Esto es, por una parte, el resultado de una reacción humana frente a la sociedad materialista, consumista e individualista y, por otra parte, un aprovechamiento de las carencias de la población que vive en las periferias y zonas empobrecidas, que sobrevive en medio de grandes dolores humanos y busca soluciones inmediatas para sus necesidades. Estos movimientos religiosos, que se caracterizan por su sutil penetración, vienen a llenar, dentro del individualismo imperante, un vacío dejado por el racionalismo secularista. Además, es necesario que reconozcamos que, si parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia, se debe también a la existencia de unas estructuras y a un clima poco acogedores en algunas de nuestras parroquias y comunidades, o a una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas, simples o complejos, de la vida de nuestros pueblos…”.

Cerramos la columna con una reflexión sobre la globalización y sus consecuencias en la vida moderna “…el individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares. La acción pastoral debe mostrar mejor todavía que la relación con nuestro Padre exige y alienta una comunión que sane, promueva y afiance los vínculos interpersonales. Mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos insistimos en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos mutuamente a llevar las cargas…”.

El texto es muy largo, sólo mostramos una pequeña parte de una reflexión profunda de un Papa del siglo XXI, algo que incide en medio de la oscuridad de ideas, proyectos y programas, lo cual esperamos sea un aporte importante para la paz de los pueblos y la búsqueda de una sociedad más justa.

 

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx