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Asunto:NoticiasdelCeHu 697/13 - VIAJANDO: Paseo turístico por la Ciudad de l as Siete Colinas
Fecha:Jueves, 26 de Diciembre, 2013  14:46:24 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 697/13
 
 

 Paseo turístico por la Ciudad de las Siete Colinas

 

El martes 15 de enero volvimos a caminar las quince cuadras que separaban el Travel Park Hotel Lisboa de la Praça da Figueira. Nuevamente lo hicimos sin apuro, observando todo y deteniéndonos en varias oportunidades para cruzar algunas palabras con los lisboetas, que sin excepción nos hablaban de las penurias por las que estaban pasando. Y como en todas partes, para gran parte de ellos las cosas eran realmente así, pero para otros las quejas se nos convertían en envidia, ya que su depresión provenía de tener que limitarse en consumos que nosotros, la mayoría de los latinoamericanos, jamás habíamos podido realizar.

Y ya en la zona céntrica, frente a la Praça da Figueira, nos llamó la atención un edificio totalmente cubierto de pequeñas cerámicas. Se trataba de un comercio tradicional, que se había fundado en 1830, cuando las niñas llevaban en sus brazos a las malogradas muñecas para su reparación. Y ya en 2013 se mantenía con la exposición de muñecas antiguas, ya que la mayor parte de los juguetes rotos terminaban en el tacho de basura.

Habiendo pasado el mediodía decidimos almorzar debajo de las sombrillas de uno de los restoranes de la plaza, con un menú que se parecía bastante al brasileño, donde se ofrecía carne de res, cerdo o pescado acompañados con papas fritas, arroz y ensalada, las tres guarniciones a la vez. Eso sí, con menor carga de sal y condimentos que en España.

 

 

Casa de Muñecas en Praça da Figueira

 

 

En parte porque pretendíamos tener una visión más amplia de Lisboa y en parte porque había comenzado a llover, decidimos subirnos a uno de esos ómnibus que hacían un circuito turístico por la ciudad, los Yellow Bus.

Yo había recibido muy buenos comentarios acerca de la ciudad, pero sinceramente, a partir de lo recorrido durante el día anterior, me había decepcionado; por lo que tener una nueva mirada, más turística y menos real, podría ayudarme a entender el porqué de los elogios de la mayoría de los visitantes.

 

 

Subimos al Yellow Bus en la Praça da Figueira

 

 

Como en toda la Europa Meridional, las mayores precipitaciones se producían en el invierno, por lo que no era casual que durante el día lloviera intermitentemente.

 

Gotas de lluvia en el vidrio de la ventanilla del Yellow Bus

 

 

Primeramente pasamos por la Praça Don Pedro IV o del Rossio, donde habíamos estado el día anterior.

 

Una de las fuentes de la Praça Don Pedro IV o del Rossio

 

 

Calle lateral a la Praça Don Pedro IV

 

 

Enseguida pasamos por la Praça dos Restauradores, que conmemoraba la liberación del país del dominio español en 1640. Su característica más representativa era el obelisco del centro de la plaza. Las figuras de bronce del pedestal representaban la Victoria y la Libertad; y los nombres y fechas grabados a sus lados eran las de las batallas de la Guerra de Restauración.

 

Obelisco de la Praça dos Restauradores

 

 

Desde allí seguimos por la avenida Libertade, totalmente arbolada y con mucho tránsito, que nos llevó hasta la Praça Marqués de Pombal.

 

El Hard Rock en la Avenida da Libertade

 

 

Avenida da Libertade, zona semejante al barrio de Palermo en Buenos Aires

 

 

Avenida da Libertade, y a su fin el monumento al Marqués de Pombal

 

 

Praça Marqués de Pombal

 

 

Después de tomar la rotonda de la Praça Marqués de Pombal, continuamos por la avenida Fontes Pereira de Melo, donde la edificación era bastante moderna.

 

Rotonda de la Praça Marqués de Pombal

 

 

Avenida Fontes Pereira de Melo

 

 

Y al llegar a la Praça Duque Saldanha, seguimos por la avenida da República hasta el Jardim de Campo Pequeno.

 

 

Cercanías de la Praça Duque de Saldanha

 

 

Avenida da República, al fondo Jardim do Campo Pequeño

 

 

En el Jardim de Campo Pequeño había una plaza de toros que fuera construida en 1892 en estilo neomudéjar con una capacidad para nueve mil personas.

 

 

Construcciones en estilo neomudéjar

 

 

Nos encontrábamos en un barrio distinguido con gran cantidad de parques y jardines y con la presencia de las oficinas de empresas internacionales y locales comerciales de las principales marcas.

 

Cruce de avenidas en un barrio distinguido

 

 

En primer plano, edificio de Repsol en la avenida José Malhoa 16B

 

 

La siguiente parada fue en la Praça Espanha, donde se encontraba el Arco de Sao Bento. Cerca de allí se situaba el Palácio de Palhava, residencia del embajador de España.

 

 

Arco de São Bento en Praça Espanha

 

 

Elegante avenida rumbo al Parque Eduardo VII de Inglaterra

 

 

Y después de transitar por elegantes avenidas, llegamos al Parque Eduardo VII de Inglaterra, que fuera bautizado en honor al rey que visitara Lisboa en 1902 para reafirmar la alianza británico-portuguesa. Se trataba de una vertiente empinada que se extendía por veinticinco hectáreas. En el lado noroeste se hallaba la denominada Estufa Fría, un jardín botánico con riachuelos, cascadas, plantas y animales de clima tropical. Cerca de allí había un lago con carpas grandes y un parque infantil con forma de galeón. En el lado este estaba el Pavilhao Carlos Lopes, que recibiera el nombre del vencedor de la Maratón Olímpica de 1984. Y en el extremo norte se encontraban el monumento 25 de Abril, realizado por John Cutileiro, y el Jardín Amalia Rodrigues, que rendía homenaje a la reina portuguesa del fado.

 

Parque Eduardo VII de Inglaterra

 

 

Luego pasamos por una vieja cárcel junto a la cual se encontraba una sede de los tribunales.

 

Cárcel y una sede de los tribunales

 

 

Y al tomar la avenida Engenheiro Duarte Pacheco, pasamos por el Dom Pedro Palace Hotel, de cinco estrellas.

 

Dom Pedro Palace Hotel, de cinco estrellas

 

 

Desde allí nos dirigimos hacia el Acueducto de las Aguas Libres, cuya construcción comenzara a mediados del siglo XVIII por orden del rey Juan V, con el fin de suministrar agua a la ciudad. El proyecto fue financiado a partir de impuestos sobre la carne, el vino, el aceite y otros comestibles.

 

 

Arcos del Aqueduto das Águas Livres

 

 

Continuando con la excursión llegamos hasta la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, más conocida como Basílica da Estrela, que contaba con una historia muy particular. En la segunda mitad del siglo XVIII, la reina María I, hija de José I, hizo voto de que construiría una iglesia si tenía un hijo que heredase el trono portugués. Su deseo fue satisfecho y la construcción del templo se inició en 1779. Pero el tan ansiado hijo y heredero José, murió de varicela dos años antes del fin de su construcción, en 1790. La enorme iglesia, en estila barroco final y neoclásico, con cúpula, dos torres gemelas y decorada con estatuas de santos y figuras alegóricas, estaba situada en una colina en el oeste de la ciudad, siendo visible desde cualquier punto. En el transepto derecho se encontraba la sepultura de María I quien había muerto en Brasil.

 

Basílica da Estrela

 

 

Y por una transitada avenida nos dirigimos hacia la ribera del Tajo.

 

Rumbo a la ribera del Tajo

 

 

Desembocamos cerca de uno de los embarcaderos que tenía Lisboa para cruzar el Tajo. Allí convergían tanto una estación ferroviaria como una del metro.

 

Área de convergencia de diferentes modos de transporte

 

 

Estábamos en Doca de Alcântara, una zona de la ribera de Lisboa, que era puerto de entrada de navíos de crucero y carga de todo el mundo. Su nombre derivaba del árabe al-qantara, que significaba “puente”. Se había constituido en uno de los principales centros de diversión nocturna, donde no faltaban bares, restoranes y discotecas con una agradable vista del río.

 

 

Doca de Alcântara, uno de los principales centros de diversión nocturna

 

 

Continuamos por la avenida Índia, paralela a la ribera, giramos por la Calçada Ajuda, rodeamos el Jardim Afonso de Aburquerque y ya en la rua Belém arribamos al Palácio Nacional de Belém, residencia del presidente de la República Portuguesa, que había sido uno de los principales palacios de la familia real portuguesa a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Construido en 1559 por el aristócrata portugués Manuel de Albuquerque, aparte del edificio en sí, el recinto palatino poseía importantes jardines en la ribera del río. En el siglo XVIII fue adquirido por el rey Juan V con oro proveniente de Brasil, comprándoselo al conde de Aveiras. Fue remodelado totalmente y pasó a convertirse en escuela de equitación y en un reciento donde el monarca podía mantener tranquilamente relaciones extramatrimoniales. No habiendo sido afectado por el terremoto de 1755, durante la segunda mitad del siglo XIX el palacio fue residencia de mandatarios extranjeros que visitaban Portugal. Próximo al palacio se encontraba un puerto desde el cual la familia real portuguesa pudo partir al exilio brasileño en 1807, tras la invasión napoleónica. Y fue en este palacio donde el rey Manuel II, durante los actos y la recepción del presidente de Brasil, el mariscal Hérmes de Fonseca, tuvo conocimiento del inicio de la revolución que pondría fin a la monarquía portuguesa en 1910.

 

Palácio Nacional de Belém, residencia del presidente de la República Portuguesa

 

 

Rua Belém

 

 

Cercana al Tajo, nos encontramos con un enorme espacio verde, la Praça do Império, epicentro de una gran cantidad de monumentos y edificios de gran importancia histórica, como el Padrao dos Descubrimentos, que fuera construido en 1960 para conmemorar los quinientos años de la muerte de Enrique el Navegante.

 

Jardims da Praça do Império. Al fondo el Padrao dos Descobrimentos

 

 

En el lado opuesto se encontraba el Monasterio de los Jerónimos de Santa María de Belém diseñado en estilo manuelino, encargado por el rey Manuel I de Portugal para conmemorar el afortunado regreso de la India de Vasco de Gama. Y si bien la primera etapa constructiva de la iglesia comenzó en 1514, fue ampliándose y modificándose hasta el siglo XX. Este magnífico edificio fue financiado gracias a los impuestos obtenidos de las especias orientales, a excepción de los de la pimienta, la canela y el clavo, cuyas rentas iban directamente a la Corona. El estilo manuelino se caracterizaba por la mezcla de motivos arquitectónicos y decorativos del gótico tardío y del renacimiento.

En diciembre de 2007 se firmó en este monasterio el Tratado de Lisboa, un acuerdo de la Unión Europea que sustituyó a la Constitución Europea y reformó los tratados que estaban en vigencia.

 

 

Iglesia y monasterio de los Jerónimos

 

 

Contiguo al Monasterio de los Jerónimos estaba el Museo Nacional de Arqueología que contenía una colección de objetos que iban desde el Paleolítico hasta la Edad Media.

 

Museo Nacional de Arqueología

 

 

Jardines, puerto de veleros y un denso tránsito constituían el paisaje de la ribera del río Tajo.

 

Costanera del río Tajo en el barrio de Santa María de Belém

 

 

Y otro de los grandes atractivos de la ribera era la Torre de Belém, uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura manuelina. Finalizada su construcción en 1520, sirvió como centro de recaudación de impuestos para ingresar a la ciudad. Parte de su belleza residía en su decoración exterior adornada con cuerdas esculpidas en piedra, galerías abiertas, torres de vigilancia en estilo mozárabe y almenas en forma de escudos, la cruz de la Orden de Cristo, y elementos naturalistas como un rinoceronte, alusivos a los descubrimientos de ultramar. El interior gótico, localizado bajo el piso inferior, sirvió como armería y prisión. Su estructura estaba compuesta por una torre y el baluarte, en cuyos ángulos del piso inferior sobresalían garitas cilíndricas coronadas por cúpulas con forma de gajos de naranja.

 

 

Torre de Belém, representativa de la arquitectura manuelina

 

 

Torre de Belém, a la vera del río Tajo

 

 

La torre cuadrangular, de tradición medieval, se elevaba cinco pisos por encima del baluarte. En el primer piso se encontraba la Sala del Gobernador; en el segundo, la Sala de los Reyes; en el tercero, la Sala de Audiencias; en el cuarto, la Capilla; y en el quinto, la Terraza.

La nave del baluarte poligonal contaba con dieciséis aberturas para cañoneras de tiro rasante; y el terraplén, guarnecido por almenas, constituía una segunda línea de fuego, estando localizado el Santuario de Nuestra Señora del Buen Suceso, patrona del lugar, también conocida como la Virgem do Restelo.

 

 

La Torre de Belém, vista desde la avenida Brasília

 

 

Muy cerca de la Torre de Belém, encontramos una escultura conmemorativa del primer vuelo en hidroavión entre Portugal y Brasil, realizado en 1922 por Carlos Viegas Gago Coutinho y Artur de Sacadura Cabral, en un Fairey de un solo motor, haciendo escalas en Las Palmas de Gran Canaria y Cabo Verde.

 

 

 

Escultura conmemorativa de la primera travesía aérea entre Portugal y Brasil

 

 

Desde allí pudimos ver sobre el río Tajo, el puente 25 de Abril, oficialmente designado como puente Salazar, por haber sido mandado construir por el Jefe de Estado de Portugal, don António de Oliveira Salazar en 1960; pero posteriormente tras la Revolución del 25 de abril de 1974, que restaurara la democracia, cambió su denominación.

 

Puente 25 de Abril, en el estuario del Tajo

 

 

El puerto de Lisboa ha sido siempre la principal terminal marítima del país, encontrándose en la confluencia del río Tajo con el océano Atlántico. Por ser un puerto natural de estuario, eso le permitió recibir buques de cualquier tamaño, desde veleros hasta transatlánticos. Pero además, por su posición geográfica, se ha convertido en la encrucijada de importantes rutas de comercio internacional y de líneas de cruceros.

Hace siglos el estuario era más ancho, pero se le fue ganando terreno con el fin de aumentar el terreno disponible para la ciudad.

 

 

 

Veleros en el muelle de Alcântara

 

 

Dejamos la ribera y retornamos al centro histórico de Lisboa, que estaba compuesto por siete colinas, por lo que muchas calles eran demasiado empinadas para permitir el paso de vehículos, contando con tres funiculares y un elevador.

 

Lisboa, Ciudad de las Siete Colinas

 

 

La ciudad se asentaba sobre los restos de un antiguo campo volcánico que se extendía por todo el distrito de Lisboa. Entre los volcanes más conocidos estaban el Monsanto y las colinas.

 

Vista panorámica de Lisboa

 

 

Homogeneidad en la construcción, diversidad en el color

 

 

En la intersección de la avenida 24 de Julho con Largo do Cais do Sodré, rua do Alecrim, rua Bernardino Costa, rua do Cais do Sodré y la rua dos Remolares, estaba la plaza Duque da Terceira, con una estatua en memoria a quien durante las guerras de liberación comandara las tropas constitucionales. Esa zona, hasta el río Tajo era denominada Cais do Sodré por los pobladores, ya que allí habían vivido los hermanos Sodré, António Vicente y Duarte, poseedores de un inmueble en ese sitio.

 

Praça Duque da Terceira

 

 

Y después de casi dos horas de recorrido, llegamos finalmente a la Praça do Comércio, donde nos bajamos del Yellow Bus, cuando nuevamente comenzaba a llover.

 

Praça do Comércio con el río Tajo

 

 

El paseo había sido muy agradable ya que lo único que habían mostrado eran los atractivos históricos y las áreas de recreación de la ciudad. Era evidente que la mayor parte de los turistas se quedaran con esa impresión, y de ahí los grandes halagos sobre Lisboa. Pero mi visión, si bien más amplia aunque no completa, no había terminado siendo tan positiva.

 

 

Ana María Liberali

 

 





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