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Asunto:NoticiasdelCeHu 680/13 - VIAJANDO: Lisboa, fiel reflejo de la crisis europea
Fecha:Lunes, 9 de Diciembre, 2013  02:22:14 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 680/13
 

 

Lisboa, fiel reflejo de la crisis europea

 

Yo sentía una gran ansiedad por conocer Lisboa, y eso me venía sucediendo  desde tiempos ha, porque como dijera Javier Reverte en su libro La aventura de viajar… “Y nada hay que me provoque el deseo de viajar a un sitio como un libro, pues ahí nace una buena parte de mi nostalgia de lo que no conozco”. Y justamente desde segundo año de la escuela secundaria en que estudiaba mis lecciones de Historia, asignatura que siempre me apasionó, que pensaba en Lisboa como algo impactante por ser la capital de uno de los imperios marítimos de mayor expansión a nivel mundial y la madre patria del Brasil, ese país-continente sudamericano. Así que en pocos minutos me repuse del viaje desde Vigo, y acepté salir a caminarla.

El Travel Park Hotel donde nos hospedábamos, si bien era de cuatro estrellas, se encontraba sobre la avenida Almirante Reis cerca de la estación Anjos del metro, en un barrio que presentaba bastante deterioro, en parte por la antigüedad del lugar. De hecho, a tan sólo dos cuadras se encontraba la Igreja dos Anjos, un edificio de estilo neoclásico que había cumplido cien años en 2011, aunque toda la decoración interior databa del siglo XVII. La razón de la reconstrucción de la iglesia se debió a la necesidad de demoler la anterior para ampliar la avenida donde ahora se encontraba. Y fue allí donde vimos la primera muestra fehaciente de la crisis europea, y en especial de la portuguesa, ya que en sus escalinatas había gente pidiendo. Y si bien en España habíamos encontrado algunos mendigos, la mayoría de ellos decían ser portugueses que necesitaban una ayuda para retornar a su país.

 

 

Igreja dos Anjos, con mendigos en sus escalinatas

 

 

Continuamos caminando por la avenida Almirante Reis, y a cada paso se manifestaban situaciones que mostraban que al margen de la crisis europea, Portugal había sido siempre la cola del león. Y ahora el león estaba debilitado por lo que la crisis en este país se hacía más profunda.

 

Ropa tendida en los balcones, característica del sur europeo

 

 

A medida que avanzábamos hacia el Centro los frentes de los edificios se veían en mejores condiciones, aunque antiguos, reparados y bien pintados. Sin embargo, no ocurría lo mismo con los locales comerciales. Muchos de ellos se presentaban con las vidrieras desordenadas, e inclusive en muchos casos con acumulación de tierra y vidrios sucios. Pero lo peor de todo, era la cara y actitud de quienes atendían, que se sentían decepcionados de todo y de todos, y afirmaban que aunque repusieran nueva mercadería y tuvieran todo impecable, igualmente no tendrían buen éxito. ¡Terrible la depresión!

 

 

Edificación antigua bien mantenida

 

 

Frentes restaurados y pintados de diversos colores

 

 

Un tranvía moderno, modo de transporte limpio y económico

 

 

Lisboa era una de las ciudades más antiguas de Europa, habiendo sido fundada tres mil años atrás. Tras Atenas, era la capital más antigua de la Unión Europea y cuatrocientos años más vieja que Roma.

El barrio más antiguo de Lisboa era Alfama, que tuvo su máximo desarrollo bajo el dominio árabe, cuando tomaron residencia comerciantes y nobles. Pero después de la Reconquista Cristiana, se transformó en barrio popular y fue habitado sobre todo por pescadores, mientras que los moros que antes residían fueron confinados por Don Alfonso Henriques al barrio de Mouraria, que tomara ese nombre precisamente por sus habitantes. En estos lugares se encontraban estrechos callejones donde hermosas fachadas decoradas con azulejos se alternaban con edificios corroídos por el tiempo.

 

 

 

Hermosísima decoración con mayólicas pequeñas

 

 

Después de muchas cuadras de recorrido, advertimos que la avenida Almirante Reis se convertía en la rua Palma, llegando al Largo Martim Moniz, donde vimos varios grupos de población de origen africano.

 

 

Población africana en el barrio de Mouraria

 

 

En el Novecientos la Mouraria y las cercanías de las plazas Figueira del Rossio, junto al barrio de Sao Bento, se convirtieron en el corazón multiétnico de una Lisboa con un pasado de potencia colonial que después de las guerras de liberación ha visto llegar a muchos ciudadanos africanos y asiáticos procedentes de sus ex colonias: Angola y Cabo Verde sobre todo, pero también Mozambique, Guinea Bissau, Sao Tomé y, en menor medida, Macao.

 

Llegando al Largo Martim Moniz

 

 

Centro Comercial Mouraria

 

 

Además de que las veredas se encontraban en pésimo estado, el empedrado de las calles y sus desniveles destrozaron la suela de mis botas, lo que me ocasionó dificultades para caminar, y por ende, grandes molestias en mis pies.

 

 

¡Uyyyyyy!!!!!! ¡Ese empedrado cómo destrozó mis botas y mis pies!

 

 

La que probablemente fuera la zona más sugestiva de la ciudad, guardaba entre sus vivaces callejones y edificios que necesitaban de una vigorosa restauración, aquella antigua memoria de tiempos pasados que el terremoto de 1755 ha borrado en casi todos los otros barrios de la ciudad.

 

Calçada Garcia, en el Centro de Lisboa, donde se encontraba la residencial Gerês

 

 

Rua Palma en camino a la Praça da Figueira

 

 

El violento temblor de 1.755 se abatió sobre Portugal en la mañana del 1ro. de noviembre (Día de Todos los Santos), con una incidencia de casi 9 en la escala de Richter, al que le siguió un consecuente maremoto y sucesivos incendios.

Sebastiao José de Carvalho e Melo, más conocido como marqués de Pombal sobrevivió, y trató inmediatamente de reconstruir la ciudad, en concordancia con la famosa frase: “¿Y ahora? Se entierra a los muertos y se da de comer a los vivos”. Y a pesar de esa desgracia, Lisboa no se vio afectada por epidemias y antes de que pasara un año ya estaba reconstruida.

El diseño de la ciudad fue realizado por un grupo de arquitectos con la directriz expresa de que fuera capaz de resistir futuros terremotos, probándose diferentes modelos que simulaban los temblores con grandes masas de soldados marchando al trote alrededor de las nuevas construcciones. Los edificios y plazas reconstruidos por Pombal seguían existiendo y constituían una de las atracciones turísticas de Lisboa. Pero además, el marqués de Pombal realizó una importante contribución para la sismología, elaborando una encuesta que envió a todas las parroquias del país, en la que preguntaba cuestiones como si los perros y otros animales se habían comportado de manera anómala poco antes del terremoto, si el nivel de los pozos había subido o bajado en días previos, y el número y tipo de edificios que habían sido destruidos. Esas respuestas permitieron a los científicos portugueses, y posteriormente al resto de los europeos, reconstruir el evento con la mayor exactitud posible, marcando el nacimiento de la sismología como  ciencia.

La Praça da Figueira, antes del tremendo terremoto, había sido el lugar que ocupaba el hospital de Todos-os-Santos, cuyos cimientos fueron puestos al descubierto durante la construcción del estacionamiento subterráneo.

 

Buses de turismo frente a la Praça da Figuiera

 

 

En el diseño del Marqués de Pombal, la plaza se había convertido en el principal mercado de la ciudad. En 1885 se construyó un mercado cubierto, demolido en los años 50. Hoy en día los edificios de cuatro plantas están ocupados por hoteles, tiendas y cafés; y la calle ya no es un mercado.

 

Hoteles, bares y locales comerciales frente a la Praça da Figueira

 

 

En el centro de la plaza se encontraba una estatua ecuestre de bronce de Joao I, rey de Portugal, quien fuera el padre del famoso Enrique, el Navegante.

 

 

Estatua de Joao I de Portugal en la Praça da Figueira

 

 

Antes de continuar con nuestro itinerario por el casco histórico de la ciudad, nos sentamos a la mesa de la calle de uno de los barcitos que se encontraban frente a la Praça da Figueira para darle un poco de líquido a nuestro garguero y un poco de descanso a nuestros pies.

 

 

Nos sentamos para tomar algo en un barcito de la calle

 

 

A pocos pasos de allí se encontraba la plaza Don Pedro IV, más conocida como plaza del Rossio, su antiguo nombre, que se había convertido en el centro neurálgico de Lisboa. Situada en el corazón del barrio comercial de La Baixa, en el extremo norte de la rua Augusta, era lugar de cita tanto de lisboetas como de visitantes.

En el centro de la plaza se encontraba la estatua de Pedro IV de Portugal, El Rey Soldado, que en su base tenía cuatro figuras femeninas representando sus bondades.

 

 

Estatua de Pedro IV de Portugal en la plaza del Rossio

 

 

A mediados del siglo XIX la plaza fue cubierta por mosaicos blancos y negros formando dibujos, algo típico en la capital portuguesa. Lo que me hizo recordar a algunas veredas de Río de Janeiro.

 

El piso de la plaza tenía mosaicos blancos y negros formando dibujos

 

 

Frente a la plaza estaba el Teatro Nacional Doña María II, nombre que recibiera en honor a la hija de Don Pedro. Construido en 1.842 sustituyó al antiguo Palácio dos Estaus, sede de la inquisición portuguesa desde mediados del siglo XVI. En su fachada destacaba la figura de Gil Vicente, quien fuera el primer gran dramaturgo portugués.

 

 

Teatro Doña María II, en honor a la hija de Don Pedro

 

 

Una de las dos fuentes de bronce que adornaban la plaza del Rossio

 

 

Desde tiempos medievales la plaza del Rossio había sido escenario de revueltas y festejos populares. A veces había hecho de plaza de toros, y en ella han tenido lugar juicios, espectáculos, festivales, desfiles militares, autos de fe y ejecuciones durante la Inquisición. Y posteriormente, encuentros políticos.

 

Escaparate que hacía alusión a la Revolución de los Claveles

 

 

A mano izquierda del Teatro Nacional se encontraba la calle que unía la plaza del Rossio con la de los Restauradores…

 

 

 

Calle que unía la plaza del Rossio con la de los Restauradores

 

 

Y a pocos pasos estaba la Estaçao Ferroviária do Rossio, de imponente fachada, de estilo manuelina, construida en 1887.

 

Estaçao Ferroviária do Rossio

 

 

Durante el terremoto de 1.755 y el incendio de 1.836 desaparecieron palacios y hospitales que rodeaban la plaza; y posteriormente sus sobrios edificios de estilo pombalino fueron ocupados por tiendas de recuerdos, joyerías y cafeterías.

 

Alrededores de la plaza del Rossio

 

 

La rua do Carmo era una arteria relativamente pequeña pero de gran importancia comercial, contando tanto con las marcas tradicionales como con las principales internacionales. Después del incendio de 1.988, la calle pasó por un período de decadencia, rehabilitándose a partir de la reapertura de los antiguos Almazéns do Chiado, en forma de un moderno centro comercial.

 

 

Rua do do Carmo

 

 

Seguimos sin rumbo por La Baixa, “la parte baja”, que además de ser el principal centro comercial, también lo era a nivel financiero.

 

Centro comercial y financiero de Lisboa

 

 

E hicimos algunas cuadras por la Rua Augusta, elegante y animada calle peatonal, donde abundaban los cafés y los locales de ropa de mayor nivel.

 

 

Rua Augusta, paseo peatonal del Centro de Lisboa

 

 

Sin embargo, a pesar de ciertas luces de supuesto esplendor, a cada paso encontrábamos locales abandonados, deterioro edilicio, remates y venta de inmuebles a precios irrisorios.

 

Ventas y remates de inmuebles al mejor postor

 

 

Históricamente La Baixa fue la extensión natural de la vieja Lisboa que crecía en las laderas de la colina del Castillo de San Jorge.

 

Viejo tranvía más utilizado por turistas que por locales

 

 

Las características calles en cuadrícula diseñadas por Pombal mantuvieron los antiguos nombres de las actividades que en ellas se desarrollaban: Rua da Prata (calle de los Plateros), Rua Aurea (calle de los Orfebres), Rua dos Sapateiros  (calle de los Zapateros)…

                      

 

Angosta calle del casco histórico

 

 

Desde las calles de La Baixa pudimos ver en lo alto de una colina el Castelo de San Jorge, construido por los musulmanes en el siglo XI, que fuera concebido con el fin de resistir a los largos asedios. Como último reducto de defensa disponía de una serie de construcciones que reforzaban la dificultad del acceso, penetración y destrucción. La topografía del terreno, la altura y el grosor de los paños de la muralla y de las torres, las entradas reforzadas y defendidas por torreones, los múltiples recodos, las aspilletas abiertas, la configuración de las almenas y las puertas falsas constituían soluciones encontradas para dificultar la toma del castillo. Por otra parte las torres se situaron en puntos estratégicos de forma que permitieran no sólo la defensa de la muralla entre ellas sino también la defensa de unas a otras.

 

Una de las torres del Castillo de San Jorge vista desde La Baixa

 

 

Y así, deambulando por la rua Aurea llegamos hasta la esquina de la rua do Arsenal donde se encontraban los edificios de la 2da. Escuadra de la Policía y el Ministerio de Justicia.

 

 

Edificios de la 2da. Escuadra de la Policía y del Ministerio de Justicia

 

 

Inmediatamente se presentó ante nuestros ojos una enorme explanada que correspondía a la Praça do Comércio o Plaza Mayor, más conocida por Terreiro do Paço.

 

Praça do Comércio en la esquina de las ruas do Arsenal y Aurea

 

 

Ése fue el terreno donde se asentara el Palacio Real desde 1.511 en que Don Manuel I cambiara su residencia desde el Castillo de San Jorge, hasta que se derrumbara durante el terremoto de 1.755. El movimiento telúrico también hizo desaparecer la biblioteca de más de setenta mil volúmenes, y los archivos reales con los documentos relativos a la exploración del océano, incluyendo numerosas cartas a partir del descubrimiento de Brasil. Además se perdieron cientos de obras de arte, incluyendo pinturas de Tiziano, Rubens y Correggio.

En la reconstrucción, la plaza se convirtió en elemento fundamental de los planes del Marqués de Pombal; y los nuevos edificios con arcadas rodeando la plaza fueron ocupados por ministerios.

 

 

Ministério da Agricultura, Mar, Ambiente e Ordenamento do Território

 

 

Caminamos una cuadra más hasta llegar al río Tajo, a la vera de cuya margen se encontraba la ciudad. Y desde allí continuamos por el paseo para vehículos y peatones que ofrecía la nueva avenida Ribeira das Naus.

 

 

Nueva avenida Ribeira das Naus junto al río Tajo

 

 

La historia de Portugal y la de Lisboa en particular ha estado estrechamente ligada a su posición geográfica en la desembocadura del río más largo de la península Ibérica, ya que su puerto natural era el más cómodo para el reabastecimiento de los barcos que comerciaban entre el mar del Norte y el Mediterráneo; y además, al encontrarse en el extremo suroccidental de Europa, también resultaba un punto estratégico para las rutas comerciales con África y América.

 

El río Tajo en su desembocadura en el océano Atlántico

 

 

Por una gran escalinata en suave plano ascendente llegamos al centro de la Praça do Comércio donde se encontraba la estatua de Don José I. Esa había sido tradicionalmente la entrada a Lisboa por donde accedían los embajadores y la realeza que para desembarcar utilizaban unos escalones de mármol. Pero además, en ella se habían producido innumerables hechos históricos entre los que se destacaba el asesinato del rey Don Carlos y su hijo Luis Felipe cuando la atravesaban el 1ro. de febrero de 1.908. El 25 de abril de 1.974 la plaza fue escenario de la Revolución de los Claveles, que derribó al gobierno de Marcelo Caetano sin violencia. Y el 11 de mayo de 2.010, el papa Benedicto XVI en su visita pastoral, celebró una misa.

Y desde allí, en el sector norte vimos el Arco de la Vía Augusta o Arco del Triunfo de la Rua Augusta. En su parte superior pudimos observar esculturas Calmels, mientras que en la inferior, obras de Víctor Bastos.

 

Arco del Triunfo de la Rua Augusta

 

 

Atravesamos el Arco del Triunfo e reingresamos de lleno a la peatonal Augusta donde comenzaban a encenderse las luces dado lo avanzado de la tarde.

 

Rua Augusta, la calle principal del barrio de La Baixa

 

 

Ya estaba cayendo la tarde pero nos separaban cerca de treinta cuadras para llegar al hotel. Estábamos muy cansados y entonces decidimos tomar un cafecito antes de emprender el regreso. Entramos a un pequeño local de la zona céntrica donde había cafés de diferentes partes del mundo y molidos a la vista. Se podía comprar en bolsitas para llevar o tomarlo allí. Y si bien era autoservicio, por la ubicación y la calidad del producto supusimos que el precio iba a ser alto. Pero no, fue mucho más barato que en la avenida Corrientes en Buenos Aires.

La vuelta se me hizo muy dura. Mis pies estaban destrozados y no tenía el entusiasmo de las primeras horas, pero además, el ambiente social se había puesto bastante pesado.

Como se me había roto mi reloj pulsera, Omar me sugirió comprar uno nuevo. Elegí uno de la vidriera que era de siete euros y entramos al local. El vendedor, quien tenía una terrible cara de frustración y resignación, probó uno que tenía adentro, pero no funcionó; volvió a hacerlo con otro más, y tampoco; hasta que sacó el de la vidriera… A los pocos días, cuando ya no estábamos en Lisboa comenzó a atrasar unos minutos, y en un mes lo tuve que tirar.

Pasamos por negocios de electrodomésticos y advertimos que con menos de dos mil euros se podía equipar una casa completa. Si bien ya habíamos experimentado en España que en general los precios eran más bajos que en Argentina, en Portugal ya llegaban a la categoría de “regalo”. Por lo que compramos varias cosas en parte por su baratura, y en parte por intentar levantarles un poco el ánimo, ya que hubo quienes nos hicieron saber que no habían vendido nada en todo el día.

Dos o tres cuadras antes de llegar al hotel ingresamos a un restoran-pizzería de unos italianos y cenamos también por muy poco dinero. Era un lugar popular y como casi todos los locales, cerraba relativamente temprano. Y cuando preguntamos la razón nos advirtieron sobre peligrosidad del barrio. Al parecer  se trataba de una zona de robo de coches, encuentro de traficantes de droga y prostitución, además de la cantidad de gente que se acomodaba para dormir en las calles. Ellos dijeron que si bien eso era característico del lugar, con la crisis europea todo se había agravado.

 

 

Ana María Liberali

 





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