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Asunto:NoticiasdelCeHu 565/13 - El concierge, un puente para conocer un destino
Fecha:Domingo, 22 de Septiembre, 2013  17:26:20 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 565/13
 
 

El  concierge, un puente para conocer un destino

                                                                          

Alfredo César Dachary

 

 

 El concierge es una actividad que se remonta varios siglos atrás y, en nuestro caso, en la era del turismo como negocio en el emergente capitalismo de revolución industrial que se inicia en el siglo XIX, éste se transforma en un importante actor en el mundo hotelero ha tomado un papel cada vez más activo en el mismo.

Los retos de esta profesión van directamente asociados a dos hechos que a su vez están concatenados, por un lado, las grandes trasformaciones en las sociedades, primero occidentales y luego a nivel global con un mundo globalizado; y la segunda es una consecuencia de esta primera y son las transformaciones de los viajeros y sus estilos acorde cambia la sociedad.

El hotel es una construcción moderna, que responde a las transformaciones de la sociedad occidental por la revolución industrial, pero antes de occidente han existido hoteles termales como el Hoshi Ryokan en Japón y está ubicado en Awazu Onsen, en la prefectura de Ishikawa, este lujosísimo spa lleva funcionando desde el año 718 y ha sido regentado por los descendientes de la misma familia.

Si bien esta figura vinculada al rey, al control de las llaves de los castillos, será recién Luis XI quién le amplía la función de guardián de las llaves a personal de confianza que se encargaba de hacer posibles las exóticas y difíciles exigencias de todos los invitados en el palacio, en un mundo muy restringido en productos como era la época.

En Europa, el primer hotel moderno se construyó en Baden – Baden, Alemania en los inicios del siglo XIX, entre 1807 y 1809, y fue diseñado por el arquitecto Friedrich Weinbrenner, con cuarenta y ocho habitaciones y once cuartos de baño, aún no aparecía la habitación con baño privado.

 En Inglaterra, John Foulston diseñó el Royal Hotel Assembly Rooms and Theatre, construido en Plymouth entre 1811 y 1820, con salones de baile, teatro, restaurantes, salón de billar, espacios de encuentro de comerciantes, lo que lo ponía a la cabeza de los hoteles ingleses de su época.

El primer gran hotel que se construyó en occidente fue en los Estados Unidos, en New York en 1796, con planos del arquitecto británico Benjamin Henri Latrobe y que llevó el nombre de City Hotel. Para su época fue un edificio imponente y equipado, entre otras cosas, con salón de baile y teatro.

La relación alojamiento - servicios es fundamental en la construcción del hotel moderno, pero el eje verdadero de la misma es el del alojamiento - transporte, por ello el auge del ferrocarril fue el detonante de la moderna hotelería como décadas antes había incidido la gran transformación del transporte marítimo.

En la mitad del siglo XIX comienzan a construirse los nuevos hoteles en las cercanías de las estaciones de ferrocarril de las grandes ciudades, principales emisores y receptores de viajeros, y ello debía ajustarse a las nuevas condiciones del viajero de esa época en materia de confort e higiene, además de la cercanía a los centros de las ciudades.

En la mitad del siglo XIX, la aristocracia redefine gustos, luego de una época de grandes conflictos sociales y profundas transformaciones técnicas y económicas se reorienta hacia las termas, ahora más cercanas a través del ferrocarril, que les permitía tomar curas a sus males estomacales derivados de la buena mesa y a un mundo cambiante y más dinámico.

La aristocracia marcaba el rumbo de la vida social y las formas que ésta debía tomar en una época de profundos cambios y la burguesía emergente, ignorante de estas reglas y costumbres, las sigue a fin de lograr mimetizarse con los antiguos poderosos, pero aún referentes del mundo social: la nobleza.

De allí que el hotel moderno es una réplica de un palacio no sólo en lo arquitectónico sino también en toda la parafernalia operativa que éste significa desde el personal a los utensilios, del mobiliario a los salones, algo natural ya que la gran mayoría de los viajeros por temporadas a estos lugares eran de estos estamentos sociales.

Esta nueva moda tiene como epicentro a París, capital de la buena mesa, formas de vida y al final del siglo de la Belle Époque y de allí pasará no sólo a los hoteles sino a la vida de los cruceros, hoteles flotantes, a la magia de los grandes trenes de lujo, como el exótico Oriente Express.

Los grandes maestros en las diferentes áreas de la gastronomía y la hotelería salen de Francia. La famosa estación de Baden Baden en Alemania, que fue por varios años la capital del gran verano europeo, estaba dirigida por Jacques  Bénazet, francés y, en el casino, los crupiers se expresaban en francés y el periódico para los grandes veraneantes en este centro “Le Mercure de Baden”, predefinido como el monitor ilustrado de la temporada de balnearios, se editaba en francés y en 1862 se inaugura el teatro de allí dirigido por Héctor Berlioz.

Entre 1852 y 1854 se levanta el primer hotel - terminal de Londres, el Great Western Hotel frente a la estación de ferrocarril de Paddington, diseñado por Philip Charles Hardwick y su proyecto fue lanzado el año de la primera gran Exposición Universal de Londres, 1851, un primer antecedente de turismo masivo ya que llegaron a visitarla unos seis millones de personas de diferentes partes del mundo.

Francia organiza la Exposición Universal de 1855 y por ello el emperador Napoleón III se dio a la tarea de mandar construir un hotel de “clase mundial” de su época y en el mismo año se inaugura el Gran Hotel du Louvre, que tenía un total de 700 habitaciones. Lujo y confort eran parte de la competencia de las grandes capitales para poner sus ciudades en el centro del mundo, por ello es que la guía Tout Paris decía en 1861: ”… El Gran hotel du Louvre no es un hotel, es un palacio que los extranjeros desean visitar como un auténtico monumento…”.  

Ese mundo nuevo que emerge de la mayor revolución de la era moderna, necesitaba gente que guiara la incipiente y poderosa burguesía por el mundo idílico de la aristocracia y esto en los hoteles se daba a través de personal especializado.

  Con el nuevo siglo y siendo la mayoría de los grandes hoteles monumentos al lujo y en medio de la gran fiesta que fue la Belle Époque, la figura del concierge se convierte en algo común en hoteles y resorts, aunque siempre en proceso de transformación, adecuándose a los gustos, necesidades y prioridades de una sociedad que está redescubriendo el mundo a través de los viajes, la fotografía y el cine.

El concierge se va dando un espacio propio en el mundo del turismo de la época que hasta los cuarenta estuvo dominado por estos hoteles de lujo excepcional y un ritualismo propio de un palacio, ya que existían reglas de horarios, vestidos, trato y otras maneras más que complementaban el difícil camino de educar a los nuevos reyes de los negocios, de las industrias o del poder.

En la actualidad, el papel del concierge ha tenido muchas adecuaciones a los profundos cambios que se dan en la sociedad a partir de los años cincuenta y mucho más profundamente en este nuevo siglo.

En la última década del siglo XX, en momentos en que se da un cambio de era de la industrial a la postindustrial, el turismo toma un giro diferente en el mayor de sus formas: el de sol y playa, que domina las costas tropicales y subtropicales del planeta y es que el turista empieza a acortar el tiempo de descanso de sol, para pasar a ser de un sujeto inactivo a uno activo.

El nuevo turista quiere conocer, quiere aprender en el buen sentido, conocer más, entender y por ello rompe el círculo del hotel - playa y comienza a salir por la ciudad como una cuestión cotidiana, a conocer municipios vecinos y con nuevos atractivos y con ello el concierge se ve obligado a conocer más en detalle la ciudad destino y toda su periferia.

Con el paso de los años, las grandes ciudades se han transformado en atractivo para redescubrirlas y más para consumir, aprovechando las ventajas de determinados productos que pueden tener un precio menor o mejor calidad. Eso ha generado un nuevo tipo de profesional que complementa la función del concierge, son los guías especializados, que superan a los tradicionales que muestran lo típico de la ciudad o lo que consideran le gustará más al turista.

Estos nuevos guías son expertos en pinturas, llevan al visitante a los atelieres a ver obras, a comprar y con ello tener un beneficio; a ver moda, joyería, a buscar curanderos y cosas parecidas, a ver artesanos, a recorrer lugares que nunca antes se había pensado que serían de utilidad del turismo.

El concierge aumenta su caudal de relaciones y potencial de atracciones para los turistas de acuerdo a sus requerimientos, y éstos aumentan pese a que se dan por medios electrónicos guías de la ciudad muy buenas, pero el concierge no puede ser remplazado. El toque  humano, adecuado a cada turista, transforma la información en un mensaje confidencial, se hace cómplice de la aventura por vivir y luego receptor del reporte de la aventura vivida.

Los burgueses no terminan de educarse porque siempre aparecen nuevos que pretenden hacer del viaje la gran aventura culinaria, consumista o artística, o de la noche haciendo un evento inolvidable, para eso no sirve el GPS, ni la gira que se baja en el Ipad,  sino el consejo directo de un ciudadano que vive la ciudad y en su trabajo la cuenta a los que se atreven a querer conocerla y así entender más a los habitantes, la historia y la cultura del lugar que visitan.

 

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx

 

 






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