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Asunto:NoticiasdelCeHu 543/13 - VIAJANDO: La vuelta al Neuquén
Fecha:Jueves, 29 de Agosto, 2013  11:58:12 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 543/13
 
 

 

 

 

La vuelta al Neuquén

 

El sábado 11 de octubre de 2003, un grupo de participantes del recientemente finalizado V Encuentro Internacional Humboldt, partimos desde la ciudad de Neuquén para realizar un viaje de estudios guiado por las profesoras Elsie Jurio y Mabel Ciminari, de la Universidad Nacional del Comahue.

El recorrido era de aproximadamente mil kilómetros, y si bien no abarcaríamos la totalidad de la provincia del Neuquén, daríamos una vuelta suficiente como para observar las grandes diferencias físicas, desde las zonas áridas y sus oasis de riego en las mesetas del sector oriental, hasta las formas glaciales con densos bosques en la región cordillerana occidental.

 

 

A sólo ochenta kilómetros por la ruta número 22 hacia el sudoeste llegamos a la Villa del Chocón, donde se encontraba el Embalse Exequiel Ramos Mexía, que permitiera desarrollar el turismo a partir de la posibilidad de la práctica de actividades acuáticas, en una zona absolutamente árida. Y junto a la represa, se encontraba el valle de los Dinosaurios, lugar en que Rubén Carolini, el 25 de julio de 1993 encontrara el Gigantosaurus Carolinii, el dinosaurio carnívoro más grande conocido hasta el momento; y donde Lieto Tessone descubriera los restos fósiles del Rebbachisaurus Tessonei en 1998. Y a sólo cincuenta kilómetros del lugar se halló el Argentinosaurus Huinculensis, el dinosaurio de mayor tamaño encontrado en el mundo. Lo que ocurrió fue que cien millones de años atrás, esa zona estaba cubierta por una selva, circundada por muchísimos ríos y lagunas, en cuyo hábitat estos animales vivían. Y al elevarse la cordillera patagónica, los vientos húmedos del Pacífico no pudieron llegar hasta esa área, quedando privada de las precipitaciones de la etapa anterior. El lugar ha sido declarado de interés por la ONU en 1996, y monumento nacional en 1997.

 

Valle de los Dinosaurios. Al fondo, el espejo de agua del Embalse Exequiel Ramos Mexía

 

 

Ya desde allí tomamos la ruta nacional 237, que corría de NE a SW, paralela al curso del río Limay. En esa zona el relieve era de mesetas, que en términos generales iban descendiendo de oeste a este.

 

 

Mesetas y estepa arbustiva en el sector oriental de la provincia del Neuquén

 

 

La cubierta vegetal estaba constituida por una estepa arbustiva, en un ambiente de temperaturas medias anuales de 14ºC, con gran amplitud térmica entre el día y la noche, y entre las estaciones, habiéndose registrado más de 35ºC en verano y -10ºC en invierno. Este fenómeno tenía su causa en las escasas precipitaciones anuales que rondaban los 160 mm. Y como complemento que agudizaba la evaporación de las escasas precipitaciones, podría mencionarse el viento constante que en algunos momentos podía alcanzar una velocidad de 100 km/hora.

 

Estepa arbustiva en un ambiente semi-desértico y muy ventoso

 

 

Y en medio de ese paisaje desolado, vimos a lo lejos el embalse de la represa de Piedra del Águila.

 

Embalse de la represa hidroeléctrica de Piedra del Águila

 

 

Se trataba de un espejo de agua de alrededor de trescientos kilómetros cuadrados, construida sobre el río Limay, que abarcaba tanto una parte de la provincia del Neuquén, como de la de Río Negro.

 

Espejo de agua de Piedra del Águila rodeado de mesetas

 

 

Allí hicimos una visita guiada por personal de la empresa, llegando hasta el pie del paredón de la presa, que era de ciento setenta y dos metros de altura.

 

Paredón de concreto apoyado en las rocas más estables

 

 

La central tenía una potencia instalada de 1400 MW, lo que la convertía en una pieza clave por estar conectada al Sistema Eléctrico Nacional.

 

La energía producida en la Hidroeléctrica Piedra del Águila podía ser enviada a todo el país

 

 

Pero el sentido de la obra, además de producir electricidad, fue la de regular las crecidas del río Limay que se producían durante la primavera y el verano, a causa del deshielo cordillerano.

El caudal medio anual del Limay era de 713 m3/seg, mientras que el máximo probable ascendía a 18.900 m3/seg. Y la represa contaba con un aliviadero de crecidas de hasta 10.000 m3/seg.

 

Vista panorámica de la represa Piedra del Águila

 

 

La represa tenía túneles que durante su construcción habían tenido la función de desviar las aguas del río, pero posteriormente eran utilizados para ejercer el control de funcionamiento.

 

Nuestro grupo en camino al ingreso de un túnel de la represa

 

 

Parte de los túneles, excavados por debajo de la dura roca, pudieron ser recorridos por nosotros, con los cuidados lógicos de una zona oscura y húmeda.

 

Dentro de uno de los túneles de la represa Piedra del Águila

 

 

Durante la excursión se realizaron observaciones y discusión sobre diferentes temáticas, tales como el comportamiento de los principales actores sociales en el proceso de apropiación de la tierra en el valle inferior del río Limay, así como sobre la problemática del paraje La Rinconada cuyas características fundamentales se asociaban al paisaje de mesetas basálticas, mallines y al manejo de la tierra en función de su tenencia.

Ya avanzada la tarde llegamos a San Martín de los Andes, en el sudoeste del Neuquén, una de las ciudades más bonitas del país.

 

 

En la puerta del hotel donde nos alojamos en San Martín de los Andes

 

 

El paisaje había cambiado totalmente. Estábamos de plenos Andes Patagónicos, donde las precipitaciones en la ciudad de San Martín de los Andes eran de 1500 mm anuales, llegando a 4000 mm a medida que se avanzaba hacia el oeste, gran parte de las cuales caían en forma de nieve, durante el período invernal. Por lo que, debido a esas condiciones climáticas, de bajas temperaturas y elevada humedad se presentaba un maravilloso bosque de coníferas, a 640 m.s.n.m., habiendo una menor amplitud térmica que en la zona de la estepa.

Para ese entonces, la ciudad tenía algo más de veintidós mil habitantes permanentes, además de los contingentes de turistas, muchos de ellos provenientes del hemisferio norte, que se acercaban año tras año, en especial para la época de esquí. San Martín de los Andes, además, era sede del Parque Nacional Lanin.

 

Una calle de San Martín de los Andes vista desde la ventana del hotel

 

 

La arquitectura predominante de la ciudad era de piedra y madera, con jardines floridos y un marco natural difícil de igualar. Distintas ordenanzas municipales regularon la altura y fachada de las construcciones. Con la creación del Parque Nacional Lanin en 1937, el famoso arquitecto Alejandro Bustillo recomendó que las fachadas de las construcciones estuvieran cubiertas por piedras que se encontraban disponibles por las voladuras producto de las explosiones realizadas para la construcción de caminos, que las paredes estuvieran cubiertas de madera para aislar los interiores de las bajas temperaturas, y además, que los techos fueran a dos aguas para evitar la acumulación de nieve.

 

Viviendas estilo alpino en un marco de montañas cubiertas de densos bosques de coníferas

 

 

Antes de que se hiciera de noche, salimos a caminar por la ciudad, que si bien yo ya conocía desde casi treinta años antes, cada vez la notaba más bonita.

 

Calle de la ciudad de San Martín de los Andes

 

 

Pero a pesar de estar en primavera, las bajas temperaturas eran características, por lo que buscamos una de las tantas “fábricas de chocolate casero”, no sólo con el fin de calmar el frío sino de degustar las finas confituras de la región. Las barras de chocolate incluían almendras, avellanas, pasas de uva…, mientras que los dulces artesanales eran de sauco, rosa mosqueta, calafate y otros frutos del bosque.

 

Marta Fohs y Luis Felipe Cabrales Barajas visitando una de las tantas chocolaterías

 

 

Nos esperaba una cena con platos típicos y una sobremesa durante la cual comentaríamos todo lo recorrido durante una jornada tan larga como interesante.

 

En el lobby del hotel esperando el llamado para cenar

 

 

San Martín era el principal destino turístico de la provincia, y uno de los más importantes de la Argentina. Con el desarrollo del centro de esquí del cerro Chapelco en la década del ’70, se produjo una expansión explosiva de la población junto con el desarrollo edilicio que le permitiera contar con todo tipo de servicios.

Si bien ya estábamos fuera de temporada, algunos manchones de nieve perduraban en algunas hoyas, lo que nos permitió armar una batalla tal como si fuéramos niños durante un buen rato de la mañana del domingo 12.

 

Jugando con la nieve en una de las hoyas próximas al Chapelco

 

 

San Martín de los Andes se encontraba en un profundo valle denominado Vega de Maipú, el mismo que hacia el oeste estaba ocupado por el lago Lácar, de origen tectónico-glaciario como casi todos los andino-patagónicos. De ahí sus veintinueve kilómetros de extensión de este a oeste, convirtiéndose en el lago Nonthué después de una angostura, mientras que su ancho no pasaba de tres kilómetros de promedio. Su máxima profundidad alcanzaba los doscientos setenta y siete metros, con barrancas en algunas costas y angostas playas. Y en este caso, desaguaba hacia el océano Pacífico a través del río Hua-Hum, perteneciente a la cuenca del río Valdivia. Esto se debió a que por ese sector de la cordillera el límite entre Argentina y Chile pasaba por las altas cumbres y no por la divisoria de aguas, que estaba conformada por las morenas glaciarias ubicadas hacia el este.

Dejamos el hotel y antes de continuar viaje, nos dispusimos a tener un frugal almuerzo de vianda en la playa oriental del lago Lácar.

 

Con Marta en la playa del lago Lácar, teniendo un almuerzo frugal

 

 

A primera hora de la tarde subimos nuevamente a nuestro micro y partimos rumbo al norte. Y ya pasando Junín de los Andes comenzamos a bordear el río Aluminé, cuyo caudal dependía tanto de las precipitaciones de la zona, como del deshielo de la cordillera de los Andes. El valle por donde corría era estrecho y rodeado de montañas, y al encajonarse, se generaban rápidos donde algunos visitantes podían hacer rafting. Nacía en el lago Aluminé y desembocaba en el río Collón Cura, afluente del Limay.

 

Río Aluminé corriendo de norte a sur, paralelo a los Andes Patagónicos

 

 

A medida que avanzábamos notábamos que la vegetación comenzaba a ralearse. Lo que ocurría era que ya habíamos pasado de una zona de 1500 mm anuales de precipitaciones a sólo 500 mm en pocos kilómetros. Pero pese a eso, se realizaban actividades pecuarias, en especial de ganado caprino y ovino, de ahí la presencia de alambrados en gran parte del camino.

 

En camino entre San Martín de los Andes y Aluminé

 

 

Volvimos al paisaje de la estepa, pero teníamos como marco hacia el oeste, a la imponente cordillera de los Andes, de la cual sobresalía, permanentemente nevado, el volcán Lanin, de 3747 m.s.n.m.

 

Volcán Lanin sobresaliendo entre los cerros de la cordillera de los Andes

 

 

Y en poco tiempo más llegamos a Aluminé, una localidad que apenas contaba con cuatro mil habitantes, pero que era una preciosura por estar a 850 m.s.n.m. y rodeada de montañas. Todas las instituciones más importantes estaban concentradas alrededor de su plaza, y fue justamente allí donde nos bajamos para caminar un poco y comprar algo de chocolate para el largo trecho que nos esperaba a lo largo del día.

 

Plaza San Martín de la localidad de Aluminé

 

 

Al dejar Aluminé encontramos varios establecimientos agrícola-ganaderos, en las zonas aledañas al río, que constituía la fuente de regadío por excelencia.

 

Establecimiento agropecuario al norte de la localidad de Aluminé

 

 

Pasados los oasis de regadío, volvimos a un paisaje árido, que al estar a comienzos de la primavera, aún no había tenido el beneficio de las aguas de deshielo cordillerano.

 

Paisaje árido entre Aluminé y Villa Pehuenia

 

 

Las características de semi-desierto y vientos permanentes de alta velocidad, típicas de la Patagonia Extraandina, se manifestaban a través de los arbustos aislados de la estepa.

 

Arbustos espinosos a partir de los cuales se ponía de manifiesta la intensidad del viento

 

 

Pero había un árbol que aparecía cada vez con mayor densidad, y era nada menos que el Pehuén o Araucaria Araucana, especie protegida en el Parque Nacional Lanin. Se trataba de un árbol de hojas perennes muy duras y con tronco cilíndrico de hasta cincuenta metros de altura. Y ese era su hábitat ideal ya que crecía entre los 800 y 1700 m.s.n.m. resistiendo hasta -20ºC. Las semillas, llamadas piñones, eran comestibles y constituían la base de la dieta de los pehuenches, etnia de la cultura mapuche.

 

 

Pehuen o Araucaria Araucana

 

 

Era tan característico del lugar, que junto con el volcán Lanin formaba parte del escudo de la provincia del Neuquén, desde 1958.

 

File:Escudo de la Provincia de Neuquén.svg

Escudo de la provincia del Neuquén

 

 

Sin duda, ya nos estábamos acercando a Villa Pehuenia, debido a la mayor densidad de pehuenes, los árboles que le dieran el nombre a la población fundada en 1989, al pie de los Andes Patagónicos, a 1200 m.s.n.m., en el centro-oeste del Neuquén.

 

Camino entre Aluminé y Villa Pehuenia

 

 

Al llegar a la villa nos encontramos con un paisaje hermoso y casas desperdigadas, no todas ocupadas en forma permanente, ya que tenía como principal función, la de lugar de descanso para los residentes de la ciudad de Neuquén. Por lo que nos decían que era difícil saber a ciencia cierta, cuál era la población real, calculándola aproximadamente en cuatrocientos habitantes.

 

 

Vista parcial de Villa Pehuenia

 

 

Villa Pehuenia estaba situada en el medio de la costa norte del lago Aluminé, rodeada de montañas de alrededor de dos mil metros sobre el nivel del mar. Por lo que el clima era frío húmedo, mucho más riguroso que en otras localidades andinas de la provincia.

Casi al norte del pueblito se encontraba el volcán Batea Mahuida, de 1706 m.s.n.m., que mantenía nieves durante siete meses al año.

Sus antiguos pobladores habían sido los integrantes de la etnia huarpe llamada por los mapuche “pehuenche”, gente del pehuén. Hacia fines del siglo XVII los mapuche invadieron ese sector de la Patagonia Oriental y las poblaciones originarias fueron mapuchizadas, aculturadas. Y de esa manera su mantuvieron hasta fines del siglo XIX, en que tras la llamada “Conquista del Desierto”, arribaron criollos e inmigrantes europeos.

De la edificación originaria que aún se conservaba, estaban las “rucas”, viviendas típicas realizadas con algunas vigas de troncos, con paredes de adobe, techo a dos aguas, y con orientación de puertas y ventanas hacia los lugares de mayor luz solar y menor exposición a los vientos húmedos, predominantes del sudoeste.

En la década de los ’90, la comunidad puel, ya muy mixogenenizada con los blancos, comenzó la explotación cooperativa del Área Natural Protegida Batea Mahuida, como centro de deportes invernales.

 

Lago Aluminé en las proximidades de Villa Pehuenia

 

 

Dejamos Villa Pehuenia y avanzamos hacia el este, hasta llegar a la Meseta de Lonco Luán.

 

Camino entre Villa Pehuenia y la Meseta de Lonco Luán

 

 

En la Meseta de Lonco Luán nos detuvimos, y nuestras profesoras guías nos explicaron las causas del proceso de desertificación que estaba afectando el potencial productivo de esas tierras.

 

Desertificación en la Meseta de Lonco Luán, provincia del Neuquén

 

 

Pasando por la ciudad de Zapala continuamos rumbo a Neuquén Capital, donde arribamos casi a medianoche. Y allí nos despedimos del grupo de geógrafos con el cual habíamos pasado unos días inolvidables.

El lunes 13 por la tarde nuevamente estábamos tomando un micro que, vía valle del Río Negro, nos llevaría de vuelta a Buenos Aires.

 

 

Ana María Liberali