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Asunto:NoticiasdelCeHu 528/13 - VIAJANDO: Presentando MERIDIANO
Fecha:Martes, 20 de Agosto, 2013  19:56:42 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 528/13
 

 

Presentando MERIDIANO

 

Los primeros días de agosto de 1995, a poco más de dos meses de la creación del Centro Humboldt en Buenos Aires, pudimos tener en nuestras manos el primer producto de nuestra organización: MERIDIANO – Revista de Geografía. Y eso tuvo que ver con el apoyo que de inmediato nos dieron varios colegas de diferentes partes del país.

El propósito había sido tener una carta de presentación para exhibir en el V EGAL (Encuentro de Geógrafos de América Latina) que se realizaba en La Habana entre el 31 de julio y el 5 de agosto. Pero la revista estuvo lista tan a último momento que no hubo tiempo de presentarla en la Argentina, siendo conocida primero no sólo en Cuba sino también en México, y por colegas de casi todo el resto de América Latina. Por lo tanto los meses siguientes los dedicamos a presentarla dentro de nuestro país.

 

 

Primer número de MERIDIANO con la portada de Iruya (provincia de Salta - Argentina)

 

 

La primera presentación, ya en el mes de setiembre, tuvo lugar en la Universidad Nacional del Sur, en la ciudad de Bahía Blanca. Allí fuimos Omar Gejo y yo. Él por ser Director de MERIDIANO, y yo por integrar el Comité Editorial como representante de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Los miembros del comité bahiense eran la Dra. Ana María Petagna y el Prof. Osvaldo Víctor Crespo, quienes se encargaron de organizar el evento.

Al margen de la actividad formal, el Prof. Crespo nos llevó a recorrer algunos lugares como los barrios Palihué y Patagonia, que a mí me resultaban más que conocidos por haber pasado gran parte de las vacaciones de mi niñez y adolescencia en esa ciudad donde tenía a la mayoría de mis familiares. Pero para Omar eran sitios absolutamente desconocidos.

Como era casi obligatorio, dediqué un día entero para que Omar conociera Guaite (forma en que los locales denominan al puerto de Ingeniero White). Y ahí sí que yo misma me asombré porque hacía un tiempo que no iba y me encontré con que Cargill prácticamente se había hecho cargo de todo, habiendo reemplazado a los estibadores por grandes mecanismos automáticos de carga y descarga de cereal, que podían funcionar a partir de una botonera. Y, como los barcos ya no estaban en puerto días sino horas, también habían casi desaparecido los prostíbulos dedicados al personal de abordo. Pero tampoco había casi cantinas del estilo de la Boca, como supo haber en otros tiempos.

Gran parte de sus habitantes trabajaba en la petroquímica instalada en Puerto Galván, que contaminara la playa a la cual yo concurría de niña, además de otras terribles consecuencias para el medio ambiente. La única planta que no era contaminante era Air Liquide, de origen francés, que producía oxígeno, no sólo para las demás, sino para hospitales y otros usos; pero no generaba casi empleos. Cuando la visitamos comprobamos que había más personal de seguridad que empleados, ya que en muchos momentos, los únicos dos ingenieros la controlaban por computadora desde sus casas. Uno de ellos era pariente mío.

Al mes siguiente viajé a Mendoza, para hacer la presentación de MERIDIANO, en la Universidad Nacional de Cuyo. Las representantes del Comité Editorial eran la Prof. María Estela Furlani y la Dra. Ana Álvarez, quienes tuvieron a su cargo todos los preparativos. Las atenciones fueron de primera, y a pesar de permanecer muy poco tiempo, Ana Álvarez me llevó a comer las mejores pastas de Mendoza con un excelente vino, algo típico por la cantidad de inmigrantes italianos que allí hicieron su historia. La ciudad estaba tan linda y limpia como siempre, que sin duda, era uno de sus mayores orgullos.

Desde allí tomé el TAC (Transportes Automotores Cuyo), y por la ruta nacional nro. 40, desemboqué en San Carlos de Bariloche, donde lo esperé a Omar que venía en micro desde Buenos Aires.

La ciudad estaba destrozada debido a la invasión de estudiantes absolutamente descontrolados. Pero, teniendo la paridad peso-dólar uno a uno, y siendo un destino tan caro hasta para los extranjeros, los viajes de egresados constituían el mayor seguro de empleo con buena parte de las plazas hoteleras ocupadas. Y de ahí la falta de límites.

 

Calle céntrica de San Carlos de Bariloche

 

 

Después de caminar por la ciudad en pleno período de deshielo, comprar algunas prendas de lana y varias cajas de chocolates, fuimos en colectivo de línea al Cerro Catedral, comprobando que los niveles de marginalidad de los barrios de los alrededores habían crecido de manera exponencial en los últimos años. Y si bien la mayoría de sus ocupantes eran de origen chileno, otros grupos estaban constituidos por habitantes del Norte Argentino que pensaban que la Patagonia era la gran solución a sus problemas. El agravante de vivir en esas viviendas precarias, eran las bajas temperaturas con presencia de nieve.

Subimos al Catedral en el teleférico para tener una visión general de un paisaje realmente maravilloso. No consumimos nada en la confitería del cerro debido a los precios exorbitantes a pesar de estar ya fuera de temporada de esquí; pero al bajar, se nos hizo inevitable tomar algo caliente, por lo que pagamos lo que no valía.

El domingo a la mañana quisimos hacer el Circuito Chico pero ya estaban cortados todos los accesos porque al día siguiente comenzaría la Quinta Cumbre Iberoamericana de Presidentes. Así que tomamos la excursión en lancha por el lago Nahuel Huapi, que partiera desde el muelle del Centro de Bariloche, visitando la isla Victoria y el bosque de Arrayanes. Ese domingo 15 de octubre era el Día de la Madre, y yo estaba lejos de mi madre y de mis hijos, por lo que a pesar de haber hecho sendos llamados telefónicos, no disfruté tanto de los paseos, porque los extrañaba muchísimo y no iba a poder compartir con ellos la reunión que año tras año hacíamos para esa fecha.

Ya entrada la tarde nos encontrábamos nuevamente en el Centro de la ciudad, y mientras estábamos deleitándonos con un chocolate y tortas de la región, vimos pasar un grupo de personas marchando en relación con la Cumbre de Presidentes. En esos momentos, en la Argentina estaba gobernando Carlos Saúl Menem, y asistirían, además de la mayoría de los presidentes de los países latinoamericanos, el de Portugal Mario Soares, el de España Felipe González, el rey Juan Carlos de Borbón y el titular de la Organización de las Naciones Unidas, Boutros Ghali. Pero sin duda, la gran estrella iba a ser el cubano Fidel Castro, y quienes ocupaban las calles, lo hacían en su apoyo. Rápidamente terminamos nuestra merienda y los seguimos.

 

Marcha en apoyo al presidente cubano Fidel Castro por las calles de Bariloche

 

 

En pocos minutos alcanzamos la plaza del Centro Cívico, lugar emblemático de Bariloche, donde se sumaron cientos de personas que procedían de diversos lugares y agrupaciones, protestando contra el F.M.I. (Fondo Monetario Internacional), y su principal representante en la Argentina, el Ministro Domingo Cavallo. Por otra parte se quería poner de manifiesto que en la Cumbre de la Menemtira, se mostraba un país ideal que no era tal, ocultando el desempleo y la pauperización que habían causado las medidas político-económicas entre las cuales estaba la privatización de los medios de producción.

Nosotros nos ubicamos junto a los sectores docentes que reclamaban no sólo por el presupuesto educativo sino que se oponían a la Ley Federal de Educación, causa central de la creación del Centro Humboldt. Pero si bien llenamos la plaza adyacente a la Municipalidad, en esos momentos éramos una minoría quienes enfrentábamos al gobierno nacional y a las medidas económicas de Cavallo. Y de hecho, ningún medio publicó absolutamente nada.

 

Populosa manifestación en el Centro Cívico de Bariloche en contra de la Cumbre de la Menemtira

 

 

El lunes 16 viajamos a la ciudad de Neuquén para hacer conocer MERIDIANO. Los miembros del Comité pertenecientes a la Universidad Nacional del Comahue eran la Prof. Elba Kloster y el Prof. Julio Anguita, quienes se esforzaron para que todo saliera bien.

Y si bien pudimos hacer una recorrida como para tener una idea más precisa de la forma en que se estaba extendiendo la ciudad, ya que era una de las que más lo había hecho en todo el país, debíamos regresar prontamente a Buenos Aires para continuar con el dictado de nuestras respectivas clases.

Sacamos pasaje en un vuelo de Austral, pero mi sensación fue de lo peor. Al subir al avión, recién llegado de Buenos Aires, todo estaba sucio, incluso con los papeles en el piso que habían sido tirados por los pasajeros anteriores. Y yo pensé: “Si esto es lo que veo, qué pasará con la atención de lo que no estoy viendo…” Por lo que desde entonces, sospechando sobre el deficiente mantenimiento de las aeronaves, he evitado volar dentro del país tanto como me fuera posible.

A pesar de esa mala impresión, como el día estaba soleado y sin viento, el vuelo fue excepcional y pude tomar fotografías de algunas zonas que me parecían particularmente interesantes, como la de cultivos y lagunas próximas a la ciudad bonaerense de Pehuajó, de donde era oriunda la tortuga Manuelita, lugar que solía ser castigado por frecuentes inundaciones.

 

Zona de cultivos y lagunas en las proximidades de Pehuajó, provincia de Buenos Aires

 

 

Y como el Aeroparque estaba sobrecargado, tuvimos que dar unas cuantas vueltas a su alrededor, pasando por el delta del río Paraná en su confluencia con el río de la Plata.

 

Zona deltaica del Paraná en su confluencia con el río de la Plata

 

 

Finalmente aterrizamos sin dificultades, pese a que yo sienta, cada vez que lo hago en el Aeroparque, que nos vamos a llevar por delante la arboleda próxima a la pista.

 

Próximos a aterrizar en el Aeroparque “Jorge Newbery” de la Ciudad de Buenos Aires

 

 

Después de esa mini-gira nacional, llevamos MERIDIANO bajo el brazo a cada reunión  científica donde asistiéramos, divulgándola por todo el país y en los cinco continentes.

 

 

Ana María Liberali

 





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