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Asunto:NoticiasdelCeHu 525/13 - VIAJANDO: Despidiéndome de Moscú
Fecha:Lunes, 19 de Agosto, 2013  15:37:43 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 525/13
 

 

Despidiéndome de Moscú

 

Durante la mayoría de los días en que asistí al Congreso de la Academia de Ciencias, los almuerzos habían consistido en un sándwich en el mismo lugar del evento. Pero cuando las actividades académicas finalizaron, tenía todo el tiempo del mundo para dedicarlo al gran placer de comer lentamente degustando cada bocado. Sin embargo, se me presentaron varias situaciones singulares respecto de la comida ya que debo reconocer que tengo grandes limitaciones de aceptación, a pesar de intentar probar en cada país que vaya, algo particularmente auténtico. Pero allí, por no entender el idioma desconocía lo que me estaban ofreciendo, y además, había una carga importante de alimentos procedentes del mar, que me complicaban bastante las cosas.

 

 

Copia de 01- MOSCÚ 011

Puestos de la calle donde vendían sándwiches y comidas rápidas

 

 

La gran opción era la pizza, pero debía cuidar de que no le pusieran caviar, como hacían con una gran variedad de platos o sándwiches, o bien las hamburguesas de Mc Donald’s, lugar preferido por todos los rusos y muchos turistas. Pero justamente yo no quería ni caviar, ni hamburguesas…

 

01- MOSCÚ 002

Mc Donald’s contaba con comensales a toda hora

 

 

Y como siempre me había rehusado a entrar a un Mc Donald’s porque tenía absolutamente todas las características contrarias a mis gustos, muchos mediodías iba a pasear por los canales paralelos a los Jardines Alexandrovsky, por donde caminaba sin prisa, tomaba fotografías, y me conformaba con una fruta comprada en la calle, no consumiendo comida basura ni cargándome de calorías ante las altas temperaturas reinantes.

 

Copia (3) de 01- MOSCÚ 011

Paseando por los canales del Jardín Alexandrovsky comiendo fruta

 

 

Aunque debería reconsiderar lo de la “comida basura”. Porque algunos llamamos así a algunos alimentos sumamente grasos, mientras que otros, que no podían acceder ni al caviar ni a las hamburguesas, sólo llevaban a su boca lo que se tira a los tachos de basura. Y si bien eso no lo vi personalmente en Moscú, varias personas me hicieron saber que ya estaba ocurriendo. Lo que sí pude ver fue que muchos ancianos que parecían estar esperando algún medio de transporte, muy tímidamente pedían a algún transeúnte que pasara, una moneda o algo para comer. El capitalismo había logrado introducir al mismo tiempo, el Mc Donald’s y el hambre.

 

 

Copia (2) de 01- MOSCÚ 001

Ancianos mendigando en las calles de Moscú

 

 

Entre paseo y paseo aproveché para hacer algunas compras. Una de ellas era el caviar, porque si bien a mí no me gustaba, a la mayor parte de los integrantes de mi familia, sí. Por lo que fui al GUM, el shopping que estaba en la Plaza Roja. Pero los precios eran excesivos, casi lo mismo que lo que costaba en Buenos Aires. Yo pensé que evidentemente eso estaba destinado a los turistas, porque si en Moscú le ponían caviar a todo, necesariamente su precio debería ser mucho menor. Así que cuando se  lo comenté a mi amiga Ludmila, ella me indicó que lo comprara en un supermercado de barrio donde costaba diez veces menos, así que pude cargar en mi valija unos cuantos frasquitos.

 

01- MOSCÚ 012

Galería del GUM, por donde transitaba gente de todo el mundo

 

 

Al salir del GUM aproveché para despedirme de la Plaza Roja, y de pronto vi a un pequeño grupo de personas, algunas de ellas muy mayores, que estaban cantando. Yo no entendía ruso, pero todo indicaba que se trataba de La Internacional. Y conversando luego con uno de los comerciantes del lugar, me dijo despectivamente: “¡Esos locos vienen todos los domingos a la misma hora!”

 

01- MOSCÚ 013

Gente desconcentrándose en la Plaza Roja luego de cantar La Internacional con el puño en alto

 

 

En locales formales compré algunos elementos religiosos y otros recuerdos muy propios de la región, como mamushkas, para algunos miembros de mi familia. Y sin salir del ámbito de la Plaza, le compré una remera con la imagen de la Catedral de San Basilio, a alguien que estaba sentado en el suelo, por 10U$S. En el momento me pareció muy barata, ya que en Buenos Aires ese tipo de prendas costaba más de 20 U$S. Pero unos días después las vi en otras partes a sólo 5 U$S.

 

01- MOSCÚ 011

Zona comercial con productos de menor precio que en la Plaza Roja

 

 

Sólo me quedaba hacer una compra muy específica, y eran discos para mis hijos Enrique y Joaquín, quienes se habían acostumbrado a que les llevara versiones de rock nacional de cada país que visitaba. Y como yo no entendía nada al respecto, le pedí ayuda a Olga, la hija de mi amiga Ludmila, a quienes invité a conocer el Underground Okhotnyi Ryad Shopping Plaza, el de la Plaza de la Manège, al cual nunca habían ido. Ellas me dijeron, que además de no estar a su alcance por los elevados precios, temían que les hicieran pasar un mal momento por no pertenecer a la clase de gente para la cual había sido destinado, por lo que aprovecharían mi extranjería para poder ingresar sin problemas. Y allí Olga no sólo me ofició de asesora musical sino también de intérprete, porque los que sabían de rock no hablaban en inglés. Y así fue cómo les compré sendos discos de Rock checheno que era el más contestatario de todos.

 

01- MOSCÚ 006

Recorriendo nuevamente el Underground Okhotnyi Ryad Shopping Plaza

 

 

La última noche salí con el profesor de Letras mexicano, y después de caminar por zonas comerciales y de espectáculos, siendo las siete de la tarde y aún con luz solar, fuimos a cenar a un lugar muy distinguido que nos recomendaran nuestros colegas rusos. Era uno de esos restoranes donde los platos son enormes y la comida se pierde en ellos, pero de una calidad excepcional. Me costó bastante encontrar algo que me agradara, pero por lo menos, tenía un menú en inglés que me permitió seleccionarlo adecuadamente, y lo disfruté muchísimo. Y como era tradicional, un grupo de violinistas interpretaron temas clásicos y románticos a lo largo de toda la noche, acercándose posteriormente a cada una de las mesas. Todo había sido perfecto, y antes de retirarnos, pasé por el toilette, que era tan espectacular como el resto. No sólo que la limpieza era destacable, sino que además de estar hecho íntegramente en mármol de carrara, los artefactos eran antiguos y estaban decorados con flores azules, el lavabo era de porcelana, y los espejos biselados. Una preciosura. Y eso era muy importante porque muchos dicen que para saber cómo es la cocina de un restorán, hay que conocer los sanitarios.

 

Copia de 01- MOSCÚ 010

Zona comercial iluminada durante los días más largos del año

 

 

Y así me despedí de Moscú, ciudad que a pesar de tener lugares puntuales muy atractivos, en términos generales no me resultara agradable; pero que como todo en el mundo, mereció ser conocida.

 

 

Ana María Liberali