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Asunto:NoticiasdelCeHu 523/13 - VIAJANDO: Conociendo algo más de Moscú
Fecha:Domingo, 18 de Agosto, 2013  21:32:56 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 523/13
 

 

 Conociendo algo más de Moscú

 

Al llegar a la capital rusa, junto con otros participantes del Congreso de la Federación Internacional de Estudios sobre América Latina y el Caribe, compramos una excursión a San Petersburgo para la semana siguiente. Pero a los pocos días nos percatamos de que nos habían vendido sólo el pasaje de ida. Cuando hicimos el reclamo, nos contestaron que nosotros habíamos requerido ir a esa ciudad y visitar sus principales atractivos, pero que en ningún momento hicimos referencia a que pretendíamos volver a Moscú. ¡Una verdadera estafa! Y lo peor, era que se trataba de la empresa de turismo contratada por los organizadores del evento. ¡No quieran pensar el escándalo que hicimos! Pero lo único que logramos, fue que nos devolvieran el dinero, aunque se quedaran con una parte, como que era un problema nuestro rechazar un viaje ya programado. De inmediato, varios fuimos hasta la estación de trenes que salían para San Petersburgo, pero era la temporada más alta del año, ya que estábamos a fines de junio, momento de mayor luz en esas latitudes. Y la respuesta fue que ya no había más pasajes, a menos que los compráramos en el mercado negro a precios siderales. Algunos optaron por esa posibilidad, pero yo preferí dejarlo para otra oportunidad, y quedarme más tiempo en Moscú para conocerla mejor, ya que los días en que debía atender las actividades de la Academia de Ciencias, mis tiempos eran sumamente limitados.

 

Copia (3) de 01- MOSCÚ 010

Los trenes no eran modernos, pero funcionaban

 

 

Sin duda, el advenimiento del capitalismo había causado estragos en diversos ámbitos, y como no podía ser de otra manera, la corrupción también se había hecho carne en el área de la educación. Las universidades privadas se habían expandido como hongos después de la lluvia, y sus representantes estaban tratando de “vender el producto” en el ámbito del Congreso. Y fue así como un grupo de peruanos me propuso conocer estos nuevos establecimientos y hacerme una nota referida al Centro Humboldt de Buenos Aires, al cual yo representaba. Primeramente dudé porque me dieron la impresión de ser unos chantas, pero posteriormente acepté por dos razones: Una porque quería confirmar que no era un prejuicio mi impresión sobre la educación privada; y la otra, porque suelo utilizar todos los medios que me den voz, aunque no comparta su ideología, mientras no me pongan limitaciones en el discurso.

En un vehículo muy caro me llevaron a visitar las instalaciones de una de las nuevas universidades. Por fuera el edificio parecía un gran galpón, pero al ingresar, las oficinas estaban bastante bien puestas. Y prontamente me hicieron pasar a un moderno estudio de televisión, donde de inmediato vinieron a asistirme una peluquera y una maquilladora. Yo pensé que simplemente me iban a acomodar un poco el pelo y hacerme una base para disimular defectos de la piel; ¡pero no! Consideraron que no estaba bien que una profesora universitaria de mi edad utilizara el pelo suelto, así que me hicieron un rodete bajo, como usaba mi abuela, y me pintaron la cara al mismo estilo. El presentador me hizo algunas preguntas disparadoras y me pidió que hablara lentamente porque se iba a traducir al ruso para pasarse en las sedes de todo el país. Y allí me vino temor de que la traducción no fuera muy fidedigna, en especial, sobre algunas ideas con las que seguramente no iban a coincidir demasiado. Pero ya estaba en el baile, y no podía dejar de bailar… Cuando finalizó la actuación me llevaron a conocer las aulas. Todo absolutamente precario, con tabiques móviles endebles y algunas puertas de madera terciada sin terminar. Pero lo más terrible era que no había biblioteca ni librerías o lugares de venta de apuntes en los alrededores. Y cuando pregunté a las autoridades sobre aspectos académicos, hacían aguas por todos lados, llegando a confirmarme que como se trataba de una educación post-moderna, los alumnos simplemente estudiaban con las imágenes en power point que sus profesores colgaban en la intranet. Sin duda que trataba de una universidad privada…, privada de seriedad, privada de infraestructura, privada de nivel… Yo hasta entonces no entendía el motivo por el cual me habían invitado, pero pronto afloró la causa. Pretendían que les vendiera los postgrados universidades argentinas, y establecer un sistema de intercambio. Y si bien quedé en contestarles, sinceramente me daba vergüenza plantear eso en Buenos Aires, ni siquiera en los establecimientos de menor reconocimiento.

Al salir de allí, con el ánimo de recomponer mi visión académica sobre Rusia, fui a conocer la famosa Universidad de Lomonosov donde existía una Facultad de Geografía, cuya excelencia se había puesto de manifiesto a través de mis colegas que habían llevado sus investigaciones a diversos congresos internacionales. Allí también, como en casi todo el mundo, las universidades estatales continuaban siendo las más prestigiosas.

 

Copia (2) de 01- MOSCÚ 008

Torre de la Universidad de Lomonosov, estatal, y la más prestigiosa del país

 

 

Frente a Lomonosov vi la cartelera del famoso Circo de Moscú, al que yo había asistido desde chica en el estadio Luna Park de Buenos Aires, durante sus giras. Pero en su lugar de origen tenía un edificio estable y muy moderno, a pesar de haber iniciado las funciones en 1880. Fui corriendo a sacar entradas, ¡pero no! Me dijeron que estaban agotadas y que las podía encontrar a otro precio mediante las agencias de turismo o bien en la calle. Con fastidio se lo comenté a mi amiga Ludmila, por lo que ella, tan solícita como siempre me regaló los tickets para que fuera con mi compañera cordobesa. Según dijo, no había más que dos, pero me temo que las haya pagado muy caras, resignando su presencia.

 

01- MOSCÚ 008

Con mi amiga Ludmila en los jardines del edificio del Circo de Moscú

 

 

La totalidad del espectáculo fue alucinante. Y si bien siempre lo había disfrutado muchísimo, desde ya, que cuando se trasladaban fuera del país no podían trasladar a tanta gente y a tantos animales. Por lo que fue mucho más completo y más complejo de lo que ya conocía. Como era previsible, hicieron una presentación con banderas de la Federación Rusa, que el público infantil aplaudió a rabiar. Además de los trapecistas, lo que más nos impactó fue el número de los siete tigres, y en especial el estado físico de sus dos domadores.

 

 

Copia de 01- MOSCÚ 008

Modernísimo edificio estable del Circo de Moscú

 

 

Al salir del Circo fuimos a tomar algo a una linda confitería decorada con vitrales con la imagen de la Catedral de San Basilio.

 

 

Copia (3) de 01- MOSCÚ 008

Vitrales de la Catedral de San Basilio

 

 

Después de la muerte, en 1924, de Vladimir Ilich Ulianov, más conocido como Lenin, el gobierno decidió preservar su cuerpo para generaciones futuras siendo embalsamado para ser exhibido ante el pueblo. Ya durante mi primera visita a la Plaza Roja, había intentado entrar al Mausoleo de Lenin, pero ya estaban por cerrarlo, porque el horario era muy limitado. En una segunda oportunidad, hice una larguísima fila por más de una hora, pero tuve que abandonarla porque se me hacía tarde para ir a la Academia de Ciencias a exponer mi trabajo. Así que el sábado 30 de junio, ya finalizado el Congreso, junto con un profesor de Letras de México, decidimos tomarnos todo el tiempo que fuera necesario, y llevar a cabo ese objetivo.

Ya a mitad de mañana la cola era muy larga, y cuando llevábamos más de media hora de espera, una guardia pasó a controlar los objetos que teníamos encima. Nos indicaron en inglés que no sólo que no podríamos tomar fotografías en el interior del mausoleo, sino que debíamos dejar las cámaras en una especie de guardarropa que quedaba a no menos de dos cuadras.

Cuando llegamos al lugar indicado, había bastante gente antes que nosotros, por lo que, al leer en un cartel que se cobraba un arancel un poco alto por cada bulto que se dejara, coloqué mi máquina de fotos y la de mi compañero en mi mochila. Pero de muy mala manera, la mujer que la recibió, la abrió, sacó las cámaras, las volvió a guardar, y nos cobró como tres bultos. Con fastidio regresamos a la fila, que ya se había alargado considerablemente con un enorme contingente de japoneses llevados por una agencia de turismo local.

 

Copia (3) de 01- MOSCÚ

Larga fila de gente de todo el mundo ante el Mausoleo de Lenin en la Plaza Roja

 

 

Y después de dos horas de plantón bajo un sol calcinante, ingresamos a la cripta, que si bien no era subterránea, tenía toda la apariencia. El lugar era muy oscuro, y en el centro, tras una vitrina reforzada, delicadamente iluminada, se hallaba el cuerpo de quien fuera el máximo líder de la Revolución Rusa. Todos, respetando el orden que traíamos desde la calle, debíamos caminar en silencio a su alrededor, sin detenernos ni por un segundo. Los guardias, que eran muchos y de mal carácter, lo hacían cumplir estrictamente.

Ya en ese mismo momento me arrepentí de haber ido. No le había encontrado sentido, y hasta me pareció morboso que el cuerpo de una persona, cualquiera que fuera, estuviera a la vista de todo el mundo. Y me puse mucho peor, cuando un turista japonés, le preguntó a la guía: -“¿Who is he?” (¿Quién es?)

De hecho, había ciertos sectores que pretendían darle sepultura, pero tanto los socialistas, que consideraban que quitarlo de allí era también decirle definitivamente adiós al período soviético, como los capitalistas que obtenían grandes fortunas por parte de millones de turistas de todo el mundo, no tenían intenciones de cumplir con su noble deseo de ser enterrado junto a su madre en San Petersburgo.

Durante el Congreso, un urbanista ruso había presentado una ponencia donde se mostraba que los capitalistas estaban creando una “nueva Moscú” cambiando nombres de espacios públicos y quitando todos los símbolos soviéticos para ser reemplazados por nuevos monumentos y alegorías. Y a pesar de que no acordábamos con ese tipo de acciones, nos había reconfortado que por lo menos, no las destruirían sino que las colocarían en el cementerio de estatuas caídas, cerca del río Mockba. Pese a eso con mi compañero mexicano decidimos salir a tomar fotografías de las que aún quedaban en pie, que eran muy pocas. Algunos de ellos habían quedado cercanos a sitios absolutamente ajenos a las personalidades homenajeadas, como el caso de la de Lenin que terminó quedando junto a uno de los nuevos casinos.

 

Copia (3) de 01- MOSCÚ 009

Estatua de Lenin frente a uno de los casinos de Moscú

 

 

Otro de los escasos lugares donde quedaban resabios del período soviético eran algunas estaciones de metro, inaugurado en 1935 como símbolo del avance tecnológico e industrial del sistema político. El Metro de Moscú era el “Palacio del Pueblo”. Participaron los más importantes artistas de la época y se utilizaron lujosos materiales procedentes de todos los rincones del país, queriendo simbolizar la unidad de los pueblos soviéticos. Las estaciones estaban revestidas con mármoles, granito y ónice, y fueron decoradas con pinturas, mayólicas, vidrieras, murales, mosaicos y grupos escultóricos. Y era justamente allí donde aún podían verse bajorrelieves con la hoz y el martillo.

También quería conocer el Teatro Bolshoi, por lo que el domingo, junto con un grupo de mexicanos, fuimos hasta la boletería a comprar las entradas. Pero nos encontramos con el muchas veces repetido: -“¡Niet!” Supuestamente ése era el día de descanso de la compañía, y el resto de la semana estaba todo vendido. Nuevamente se lo comentamos a Ludmila, quien nos dijo que no nos preocupáramos porque en ese momento las estarían vendiendo a un precio muy alto en el mercado negro, pero que si íbamos a último momento, cuando los re-vendedores las devolvían por no poder ubicarlas, las conseguiríamos al valor oficial que era muy accesible. ¡Y así hicimos!

Felizmente el lunes, alrededor de las seis de la tarde, única función del día, logramos nuestros tickets para ver danza moderna. Yo hubiese preferido ballet clásico por considerar que era el mejor del mundo, pero no estaba en cartel en ese momento. De todos modos, sentía una gran ansiedad por entrar a un teatro tan reconocido a nivel mundial. Sin embargo, a pesar de que la palabra “Bolshoi”, que en ruso significa “Grande”, me llevé una decepción en cuanto a su tamaño, ya que era mucho más pequeño de lo que había imaginado. Tenía sólo dos tercios de la superficie del teatro Colón de Buenos Aires, y su capacidad era de trescientas butacas menos. Por eso pensamos que íbamos a estar ubicados hacia la mitad de la platea, mientras quedamos casi al final. Pero su antigüedad era superior al argentino, ya que el Bolshoi se inauguró en 1825, mientras que el Colón en 1908. Por lo demás, era magnífico, tanto en su decoración como en su acústica. Y los bailarines, como era de esperar, ¡sensacionales! El gran detalle era que aún permanecía el mismo telón de la época soviética, que tenía fondo rojo con el estampado que representaba la hoz y el martillo en dorado. Al salir, compré una máscara para mi hija Fernanda y una remera con el dibujo de una bailarina clásica para mí.

 

01- MOSCÚ 010

Vista lateral del Teatro Bolshoi, inaugurado en 1825

 

 

Otra gran sorpresa fue el ancho de las avenidas moscovitas. Yo siempre había creído en quienes decían que la avenida 9 de Julio de Buenos Aires era la más ancha del mundo. Pero si lo afirmaban, era porque no conocían Moscú. En 2001, mientras Buenos Aires tenía trece millones de habitantes, la capital rusa sólo tenía diez millones; sin embargo, no sólo que la avenida Stalingrado tenía ciento sesenta metros de ancho contra ciento cuarenta de la 9 de Julio, sino que la primera contaba con dieciséis carriles sin boulevares, ni calles paralelas que se integraran como parte de la vía. Pero además, no era la única de grandes dimensiones, sino que la Avenida de Lenin, contaba con ciento veinte metros, imposibles de ser atravesados a pie, por no tener nada en el medio que permitiera hacer una breve pausa. De hecho, en muchas de estas calzadas, estaba prohibido atravesarlas en superficie, sino que debía hacerse a través de sendos túneles. Y también varias otras superaban la anchura de las demás avenidas de la capital argentina.

 

Copia (3) de 01- MOSCÚ 003

Una de las tantas anchas avenidas de Moscú

 

 

Por varios días más continué paseando y conociendo diferentes aspectos, barrios y curiosidades de una ciudad en la que me sentí absolutamente alejada de mi realidad cotidiana, mucho más de lo que me había ocurrido en Tokyo o Seoul.

 

 

Ana María Liberali

 

 

 

 

 





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