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Asunto:NoticiasdelCeHu 520/13 - VIAJANDO: Los Nuevos Rusos, entre lujos y miserias
Fecha:Sabado, 17 de Agosto, 2013  01:53:46 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 520/13
 

 

Los Nuevos Rusos, entre lujos y miserias

 

Era el miércoles 27 de junio. Ya llevaba varios días en Moscú, y si bien había podido llamar a mi familia desde un teléfono público por muy poco dinero, estaba absolutamente aislada del resto del mundo por no tener acceso a internet. Mi amiga Ludmila me había ofrecido ir a su casa para conectarme, pero me parecía un abuso por tantas molestias que ya le había ocasionado. Y alguien en la Academia de Ciencias me dijo que sabía que muy cerca de la Plaza Roja había un cyber, aunque no sabía exactamente dónde.

Entonces, junto con la periodista cordobesa con quien compartía la habitación del hotel, regresé a la Plaza Roja, lugar que tanto me había conmovido el día anterior. Buscamos el cyber por los alrededores, pero no encontramos absolutamente nada. Por lo tanto, comenzamos a preguntarle a la gente que pasaba cuya gran mayoría sólo hablaba ruso, y si bien mi compañera algo entendía y llevaba un diccionario con las frases más frecuentes, nos encontramos con la dificultad de que nadie tenía ninguna intención de contestar absolutamente nada. En Argentina diríamos que eran caracúlicos.

Con el primero que pudimos establecer una conversación fue con el fotógrafo que se encontraba en la Plaza Roja, cerca de la Catedral de San Basilio, que por necesidad había aprendido inglés. Tenía un nivel de instrucción muy elevado, pero desde la llegada del capitalismo se había quedado sin trabajo fijo y seguro; y ya grande había tenido que recurrir a ese oficio para sobrevivir. Él nos dijo que no conocía ningún cyber en los alrededores y nos preguntó de dónde éramos. Le resultó extraño que hubiésemos llegado de tan lejos sin estar atadas a un tour organizado. Y realmente tenía razón, porque quienes arribamos por invitación de la Academia de Ciencias de Rusia, habíamos podido acceder al permiso que la embajada rusa daba en Buenos Aires para ingresar al país. Los trámites habían sido largos y complicados, porque de otra manera, tanto los precios como los espacios visitados hubiesen sido muy distintos. Por lo menos desde Argentina, y en ese momento, año 2001, no se podía visitar Rusia sino a través de una de las agencias de turismo mafiosas que regulaban los desplazamientos.

 

Copia de 01- MOSCÚ

Fotógrafo por necesidad en la Moscú capitalista

 

 

Continuamos nuestra búsqueda sin buen éxito. Hasta que, un muchacho joven que sabía inglés, nos dijo que tendríamos acceso a internet en el shopping. Y nosotras supusimos que se había referido al GUM, ya que no conocíamos otro. Así que entramos y lo recorrimos íntegro. Todas las grandes marcas internacionales estaban presentes y era más lujoso que otros establecimientos que habíamos conocido en otros países, pero no nos atrajo para nada. De todos modos mi compañera visitó varios locales, pero a mí los shoppings nunca me agradaron, sino que los considero lugares ajenos al resto de cualquier ciudad, y con una gran similitud entre sí. Así que como no logramos el objetivo que nos había llevado hasta allí, volvimos a la Plaza Roja.

 

Copia (2) de 01- MOSCÚ 003

Una de las galerías comerciales del GUM

 

 

Pero al salir del GUM, nos topamos con dos personajes, uno disfrazado de Marx y otro de Engels, que se ofrecían en varios idiomas para tomarse fotos con ellos, por algunos dólares, cifra que variaba según la procedencia del turista. Y como no aceptamos, fueron a buscar a otros dos, uno vestido de Zar y otra de Zarina, por si ellos eran de nuestra preferencia. Y si bien también los rechazamos, aprovechamos para preguntarles por el cyber. A lo que ellos nos indicaron que estaba en el shopping de la Plaza del Manège, pasando la Puerta de Resurrección. Les agradecimos el dato, pero uno de ellos nos dijo en perfecto español:

-“Ya no somos comunistas. Ahora la información tiene su precio. Son cinco dólares. Por cinco más las acompaño”.

Yo le dije que me parecía fuera de lugar, a lo que él me respondió que era traductor de varios idiomas y que ahora estaba sin trabajo. Entonces le di los cinco dólares, pero continuamos solas.

La Puerta de la Resurrección comunicaba la Plaza Roja con la Plaza del Manège, y había sido reconstruida en la década de los ’90, ya que Stalin la había hecho derribar para que pudieran organizarse desfiles militares.

 

Copia de 01- MOSCÚ 003

Puerta de la Resurrección

 

 

En seguida accedimos a la Plaza del Manège, que se llamó Plaza del Cincuentenario de la Revolución de Octubre, entre 1967 y 1990.

 

Copia (2) de 01- MOSCÚ 004

Plaza del Manége, en el Centro Histórico de Moscú

 

 

En el centro de la plaza vimos una gran cúpula vidriada, y antes de averiguar de qué se trataba, nos sentamos a su alrededor, al borde de la fuente de agua, para refrescarnos y descansar. La caminata en vano y el calor nos habían dejado exhaustas.

 

01- MOSCÚ 005

Nos sentamos a descansar al borde de la fuente que rodeaba una inmensa cúpula vidriada

 

 

Después de un rato, continuamos la marcha. Recorrimos todos los negocios de los alrededores, ¡y nada! Y como ya era el mediodía, decidimos tomar el metro e ir a la Academia de Ciencias donde continuaba desarrollándose el Congreso por el cual estábamos en esa ciudad. Y al consultar sobre dónde estaba la estación más cercana, nos indicaron que debajo de la cúpula que asemejaba un globo terráqueo de vidrio con la estatua de San Jorge, patrono de Moscú, justamente donde habíamos estado reparando fuerzas.

 

Copia (3) de 01- MOSCÚ 004

Cúpula con el globo terráqueo y la estatua de San Jorge

 

 

Al ingresar pudimos observar con más nitidez la cúpula con el globo terráqueo iluminada por el sol, que era mucho más llamativa que desde el exterior.

 

Copia de 01- MOSCÚ 005

Cúpula vidriada con el globo terráqueo

 

 

Pero la gran sorpresa se produjo cuando, además de haber un túnel para llegar al metro, nos encontramos con una galería que conducía a un shopping subterráneo de cuatro pisos, de un lujo excepcional.

 

Copia (2) de 01- MOSCÚ 005

En el shopping subterráneo de cuatro pisos de profundidad

 

 

Nunca habíamos visto algo así, tanto por el tamaño como por los escaparates que contaban con el más alto nivel internacional sumado a detalles que ya más que lujo, implicaban excesivo derroche, sobrecargados al punto de estar rayanos en el mal gusto. Se trataba del “Underground Okhotnyi Ryad Shopping Plaza”, un centro comercial construido en 1990, donde los precios eran exageradamente elevados.

 

 

Copia (3) de 01- MOSCÚ 005

Uno de los lujosos locales del Underground Okhotnyi Ryad Shopping

 

 

Pero allí no solamente eran lujosos los locales, sino que toda la gente lucía  prendas de muy buena calidad. Al principio notamos que no nos miraban demasiado bien, supusimos que porque no estábamos vestidas para la ocasión y porque nuestra actitud no se asemejaba a quienes se paseaban por las galerías para ser vistos por otros, quienes también iban para mostrarse. Por lo que decidimos hablar fuerte en inglés para que no vinieran a sacarnos por reservarse el derecho de admisión. Lo que ocurría que por allí circulaban solamente turistas y los “nuevos rusos”, sinónimo de los “nuevos ricos”.

Estos nuevos rusos surgieron a partir de la Perestroika iniciada por Gorbachov en 1987, por tener acceso a los negocios de exportación tales como el petróleo, o bien por ser beneficiados por la privatización de industrias y empresas estatales. Ese pequeño grupo, ya que representaba solamente al 1% de la población, amasó inmensas fortunas en muy poco tiempo, por monopolizar las riquezas comerciales y financieras; y se caracterizó como en todas partes, por la frivolidad, el exceso, el derroche y la falta de gusto. Pero a la vez, se creó una enorme brecha económica y social entre la élite y las masas.

 

01- MOSCÚ 007

Bellísima fuente en el mall más lujoso de Moscú

 

 

Nosotras, tal cual quien va por primera vez del campo a la ciudad, seguíamos sorprendidas por cada cosa que veíamos, y preguntábamos a todo aquel que veíamos con buena predisposición, cuál había sido el destino de semejante espacio subterráneo durante la etapa soviética, pero nadie supo respondernos con certeza.

Y mientras descendíamos largas escaleras, ¡encontramos el tesoro! ¡Allí estaba el cyber! No nos habían engañado los personajes de la Plaza Roja, como habíamos llegado a pensar. Así que dejando todo de lado, nos sumergimos en sendas computadoras, a un dólar la hora, el mismo precio que en Buenos Aires. Y a través de las redes, fue en ese momento en que me enteré, que tres días atrás había fallecido el geógrafo brasileño Milton Santos, a quien además de por su copiosa obra, había conocido  personalmente.

 

Copia de 01- MOSCÚ 007

INTERNET CAFÉ en el último subsuelo del Okhotnyi Ryad Shopping

 

 

Con un pequeño sanguchito y un café nos dimos por almorzadas, y tomamos el metro para ir hasta la Academia de Ciencias. Pero en el camino, nos encontramos con una de las tantas miserias de la llegada del capitalismo. Y fue que en uno de los pasillos del subterráneo, tocaba a la gorra, ¡nada menos que la Orquesta de Cámara del Bolshoi!

Por un rato nos quedamos escuchándolos y admirándolos, y además de colaborar, nos preguntábamos a qué podía deberse semejante situación. Y un señor del numeroso público que se había convocado, se nos acercó porque nos escuchó hablar, y como había estado en Cuba, nos dijo en español: -“Lo que ha ocurrido, es que lo primero que hicieron los capitalistas, fue partir el mercado. Antes, cuando aparecía algo nuevo, todos estábamos en condiciones de tenerlo, y todos podíamos disfrutar de las expresiones artísticas. Pero ahora, no sólo que los espectáculos son para los nuevos rusos, sino que los peores pagos, son los trabajadores del arte y de la ciencia. Estos muchachos no sólo vienen a tocar al metro por necesidad económica, sino para poder llegar a un público que aprecia lo que hacen. Los nuevos ricos no entienden ni de música, ni de nada. Sólo saben contar billetes y despreciar a quienes no los tienen…”

 

Copia (2) de 01- MOSCÚ 007

Orquesta de Cámara del Teatro Bolshoi tocando a la gorra en el metro de Moscú

 

 

A pocas cuadras de la estación del metro, nos topamos con gente viviendo en la calle, otra de las miserias sdas en los últimos años. Y si bien esta situación nunca cae bien, mucho menos cuando acabábamos de ver el otro extremo pocos minutos antes.

 

 

Copia de 01- MOSCÚ 004

Gente viviendo en la calle en la Nueva Moscú

 

 

Al llegar a la Academia de Ciencias, al primero que encontré fue al sociólogo y politólogo Theotonio dos Santos, con quien había estado conversando días atrás, y le comentarle el deceso de Milton Santos. Quedó visiblemente consternado, y rápidamente buscó al resto de la delegación brasileña que tampoco estaba enterada de lo ocurrido. No se habló de ninguna otra cosa en el resto de la jornada y se le rindió un sincero homenaje.

En el hotel habíamos conformado un grupo de latinoamericanos que nos poníamos a conversar todas las noches antes de retirarnos a nuestras respectivas habitaciones. Las más de las veces nuestras charlas se basaban en lo que habíamos escuchado en el Congreso, o bien sobre diferentes aspectos de Moscú o de nuestros respectivos países. Pero mientras tanto, habíamos observado a varias chicas bastante bien vestidas, incluso con portafolios o carpetas que indicaban que se trataban de estudiantes, que también permanecían en el lobby después de la cena conversando con diferentes pasajeros. Y a partir de nuestro seguimiento, llegamos a la conclusión de que se trataba de prostitutas con determinado nivel, que en muchos casos, se habían volcado a esa actividad, para poder pagarse los estudios.

Al día siguiente, cuando les comentamos a nuestros colegas rusos todas las experiencias vividas, y las grandes disparidades que habíamos observado, nos dijeron lo siguiente:

-“Con el comunismo no teníamos lujos, pero tampoco esas miserias”.

 

 

Ana María Liberali