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Asunto:NoticiasdelCeHu 516/13 - VIAJANDO: En el Kremlim y la Plaza Roja
Fecha:Jueves, 15 de Agosto, 2013  01:16:34 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 516/13
 
 

                                                                                                                         

 

En el Kremlim y la Plaza Roja

 

El martes 26 de junio tomé un ómnibus que tenía un recorrido paralelo al río Mockba, nombre ruso de Moscú, que se extendía por gran parte de la ciudad, conformando una serie de meandros. Pasamos por jardines y zona de edificios de diferente estructura, hasta que en determinado momento a través de un puente, lo cruzamos.

 

Puente sobre el río Mockba

 

 

Y desde el río, a lo lejos, descubrí la cúpula dorada del Templo Catedralicio del Cristo Salvador (Redentor) del Patriarca de Moscú, de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que había sido construido en el siglo XIX, y demolido en 1931 por orden de Stalin, para dar lugar a la construcción del Palacio de los Sóviets, lo que nunca llegó a concretarse. La iglesia fue reconstruida durante la década de 1990 y consagrada nuevamente en el año 2000, apenas un año antes de mi visita.

 

Con cúpula dorada, a la vera del río se encontraba la Catedral de Cristo Salvador (Redentor) de Moscú

 

 

Llegué así al radio céntrico, siendo lo primero que vi la Catedral de la Intercesión de la Virgen en el Montículo, más conocida como Catedral de San Basilio, con sus características cúpulas multicolores acebolladas, en forma de bulbo, lo que era bastante frecuente en la arquitectura islámica y bizantina, teniendo la ventaja de evitar la acumulación de nieve.

 

Catedral de San Basilio al llegar al Centro Histórico

 

 

La construcción de la iglesia fue ordenada por el zar Iván el Terrible entre los años 1555 y 1561. El concepto inicial era construir un grupo de capillas, cada una dedicada a los santos en cuyo día el zar había ganado una batalla en pos de la conquista del Kanato de Kazán, pero la edificación de una torre central unificó los espacios convirtiéndolas en una sola catedral. En 1588 el zar Fiódor Ioánnovich ordenó que se agregara una nueva capilla sobre la tumba de San Basilio el Bendito, santo que le diera el nombre popular a la catedral. San Basilio se encontraba en el extremo sudeste de la Plaza Roja, justo frente a la Torre de Constantino y Helena, y de la Torre Spásskaya (la Torre del Salvador) del Kremlim.

Esta catedral pretendió ser destruida por las tropas napoleónicas, sin lograrlo; y ni siquiera Stalin se animó a hacerlo, a pesar de haberlo cerrado y convertido en un museo como ocurriera con casi todos los templos durante la etapa de la Unión Soviética. Al ingresar, me sorprendí de que me cobraran un ingreso para nada barato; pero lo tomé como lo que realmente era, un verdadero museo y terminé comprendiéndolo. Era realmente magnífica, pero indescriptible. Al salir, le compré a un pintor de la calle, un dibujo de la iglesia, que lo convertí en un cuadro para disfrutarlo en las paredes de mi casa.

 

Torre de Constantino y Helena, Torre Spásskaya (la Torre del Salvador) y la Catedral de San Basilio

 

 

Finalizada mi visita a San Basilio, bordeé la Muralla del Kremlim paralela al río Mockba. Se trataba de un extenso paredón de color rojizo almenado, que unía diferentes torres que habían tenido función defensiva, cuya construcción databa del siglo XV, reemplazando a la del siglo XII, que era una simple valla de madera con garitas de guardia.

Desde el puente del río me detuve en observar algunas de las torres, que daban al sur del Kremlim, siendo la primera de ellas la denominada Petrovskaya tal como la Iglesia Metropolitana de Peter, que era parte del Monasterio Ugreshi, situado cerca de la torre del Kremlim. Fue destruida en varias oportunidades y reconstruida, y utilizada como edificio de servicios por los jardineros. Luego le seguía la Segunda Torre Sin Nombre, que fuera construida originalmente durante el siglo XV; tenía funciones defensivas y a fines de siglo XVII se le agregó una torre de vigilancia en la parte superior, siendo coronada con una cúpula de cuatro aguas y una veleta. Le seguía la Primera Torre Sin Nombre, construida también a fines del siglo XV; y también luego de ser destruida en varias oportunidades, volvió a reconstruirse. Y antes de llegar a la esquina, se encontraba la Torre Taynitskaya, que contaba con un túnel subterráneo secreto que conducía al río Mockba, que fuera tapiado por los soviéticos en la década de 1930. Detrás de la muralla se veían el Campanario de Iván el Grande, la cúpula de la Catedral del Arcángel Miguel, las de la Catedral de la Anunciación y el Gran Palacio del Kremlim, residencia oficial del presidente de Rusia.

 

Torres Taynitskaya, Primera sin Nombre, Segunda sin Nombre y Petrovskaya

 

 

Aunque a partir de la época de la Unión Soviética el Kremlim pasara a ser sinónimo del gobierno, en realidad se trataba de un conjunto de edificios civiles y religiosos situados en el corazón de Moscú.

 

 

 

Continué caminando a lo largo del muro observando con detenimiento cada una de las torres que presentaban destacadas diferencias, hasta llegar a la Tumba del Soldado Desconocido.

 

1941 – Para los que han caído por la patria - 1945

 

 

El monumento al Soldado Desconocido estaba dedicado a todos aquellos soldados anónimos que murieron durante la Segunda Guerra Mundial. El pórfido rojo oscuro en este monumento estaba decorado con una escultura de bronce de una rama de laurel y el casco de un soldado colocado sobre un estandarte. Delante de la lápida conmemorativa, saliendo de una estrella de bronce de cinco puntas ardía una llama eterna que iluminaba una inscripción en ruso que significaba: “Tu nombre es desconocido, tu hazaña es inmortal”. Una guardia permanente cambiaba a cada hora.

 

Guardia y llama eterna en el monumento al Soldado Desconocido

 

 

Y ese era el punto de entrada para los Jardines Alexandrovsky, el primer parque público de Moscú, que fuera construido sobre una antigua ribera que rodeaba al Kremlim en 1819. Me resultó muy agradable pasear por allí, no solo por su gran cobertura de flores, sino porque debajo de sus árboles podía calmar un poco el agobiante calor que ya estaba comenzando a hacer en la ciudad.

 

Jardines Alexandrovsky, con flores multicolores en la estación estival

 

 

Y mientras caminaba vi pasar una fila de hombres que se ocupaban de mantener corto el césped. Y rápidamente recordé cuando en el verano de 1989, había visto casi la misma cantidad de hombres barriendo la plaza de Belén, provincia de Catamarca. Y era imposible evitar las comparaciones. Belén era una localidad que en ese momento no llegaba a los diez mil habitantes, y su plaza era de sólo una hectárea frente a la gran extensión de los Jardines Alexandrovsky; además, estos trabajadores estaban  prolijamente uniformados con jardineros verdes, mientras los otros vestían harapos, contando aquí con sendas modernas máquinas, mientras los catamarqueños utilizaban viejas escobas.

 

 

Los jardineros del Parque Alexandrovsky

 

 

Y ya en el extremo nordeste del gran Muro del Kremlim, la Torre Arsenalnaya marcaba el comienzo de la Plaza Roja. Y allí me detuve.

 

En la Plaza Roja, con el marco de la Torre Nikolskaya y el Museo Estatal de Historia

 

 

La Plaza Roja separaba el Kremlim del Kitái Górod, el barrio más antiguo de Moscú; y no sólo se la consideraba como el centro de la ciudad sino también de todo el país, por ser el lugar del cual partían todas las vías, carreteras y autopistas de la gigantesca Rusia. ¡El kilómetro cero del país más grande del mundo!

Yo siempre había creído que su nombre provenía del color de sus edificios o de su implicancia con el régimen comunista, pero nada más lejos de la realidad. Resultó que el término ruso Krasnaia-Krasnaya, que significa “roja”, tenía otro significado antiguamente, que era el de “bonita”, siendo ése su verdadero nombre: “Plaza Bonita”.

Sentí una impresión muy especial por todos los hechos que habían tenido lugar allí; no sólo de importancia para la historia de Rusia sino para la historia del mundo. Imaginé la coronación de los zares, la invasión napoléonica de 1812, a Lenin, la puja entre Stalin y Trotski, al Ejército Rojo desfilando, los festejos del final de la Segunda Guerra Mundial cuando las banderas nazis fueran arrojadas a los pies del Mausoleo de Lenin… Y enseguida recordé que el geógrafo mexicano Ángel Bassols Batalla me había contado que en esos momentos él estaba allí, en medio de la Plaza Roja, junto a su padre, quien era embajador de México en la Unión Soviética. En esos momentos Bassols Batalla tenía dieciocho años y comenzaba sus estudios de Geografía en la Universidad Lomonosov.

El espacio era inmenso, como casi todo en Moscú. Tenía casi setecientos metros de largo y ciento treinta de ancho, totalizando algo más de noventa mil metros cuadrados, absolutamente libres de obstáculos; lo que hiciera posible que en 1987, una avioneta CESNA conducida por el alemán Mathias Rust, la utilizara como pista de aterrizaje, para trasmitir deseos de paz, todavía durante gobierno soviético.

Continué bordeando el Kremlim y me encontré con una larga fila de gente. Se trataba de quienes estaban por ingresar al Mausoleo de Lenin. Pretendí hacerlo yo también, pero ya no admitían más gente por ese día porque cerrarían pasado el mediodía. Pero justo detrás, estaba la Necrópolis del Muro del Kremlim, donde se encontraban sepultados líderes y personajes relevantes como Josef Stalin, el escritor Máximo Gorki, el cosmonauta Yuri Gagarin, John Reed quien fundara el Partido Comunista de los EEUU, y algunos altos jefes militares. Los entierros se habían iniciado en 1917, cuando doscientas cuarenta víctimas pro-bolcheviques de la Revolución de Octubre fueran enterradas en fosas comunes en la Plaza Roja; y el último funeral había tenido lugar en 1985, siendo el de Konstantín Chernenko, quien fuera máximo dirigente de la Unión Soviética. Lo que realmente me sorprendió y me causó mala impresión, fue que Stalin tuviera más ofrendas florales que los demás.

Atravesé la plaza hasta llegar a la Catedral de San Basilio, desde donde había partido, para tener una visión panorámica. Y desde allí centré mi vista en la Torre Nikolskaya, de estilo neogótico con cúpula de color verde. Como casi todas las demás, había sido destruida en varias oportunidades y posteriormente reconstruida; y en 1935 los soviéticos le habían instalado una estrella roja sobre la cúpula. Y como elegante edificio que realzaba semejante espacio tan importante desde el punto de vista político del país, se ubicaba el Museo Estatal de Historia. Y a su lado, la Puerta de la Resurrección, que unía la Plaza Roja con la Plaza del Manège (Manezh) o Manéshnaya.

 

 

Torre de Nikolskaya, Torre Arsenalnaya, Museo Estatal de Historia y Puerta de la Resurrección

 

 

Justo enfrente del Mausoleo de Lenin, se encontraba el GUM, que traducido al castellano vendría a ser “Principales Tiendas Universales”, donde estaban presentes todas las mayores marcas internacionales de lujo. ¡Si Lenin se levantara…! Si bien previamente al período soviético funcionaban cerca de mil tiendas, luego el edificio se destinó a oficinas del estado y como grandes almacenes donde se daba el racionamiento a los ciudadanos.

 

Fachada de los almacenes GUM, donde se destacaba la marca italiana de lencería La Perla

 

 

Ya habiendo pasado el mediodía, muy cansada y agobiada por el intensísimo calor, busqué un lugar donde comer.  Y como no tenía más fuerzas para continuar caminando, me senté bajo una sombrilla de las mesas de la calle en un restorán español perteneciente al GUM, donde los precios eran demasiado elevados para la mayoría de los moscovitas, pero que para mí, aún en período de la convertibilidad, eran soportables. Desde allí pasé un rato por el casino, que por ser las primeras horas de la tarde, se encontraba casi vacío.

Y ya repuesta física y mentalmente me dirigí a la Academia de Ciencias para escuchar exposiciones de colegas latinoamericanos.

 

 

Ana María Liberali

 





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