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Asunto:NoticiasdelCeHu 367/13 - El nuevo canal interoceánico, una utopía con historia (Tercera de tres partes)
Fecha:Lunes, 1 de Julio, 2013  10:39:23 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 367/13
 
 

El nuevo canal interoceánico, una utopía con historia

(Tercera de tres partes)

 

 

 Alfredo César Dachary

 

 

El 1º de julio del 2010, el Congreso de Costa Rica autorizó, a altas horas de la noche, el ingreso a esta nación centroamericana (la única en América Latina  que no posee ejército) de 46 buques de guerra de la Armada de Estados Unidos, con el apoyo de 200 helicópteros y aviones de combate, para dar cobertura a 7,000 marines.

El sorpresivo desembarco, algo no esperado ni preanunciado y aparentemente no promocionado por la prensa de Estados Unidos, fue en el momento disfrazado de que la situación imperante en México había forzado a los cárteles de la droga a modificar sus rutas tradicionales de aproximación e ingreso a Estados Unidos y que con el fin de desbaratar esa maniobra era preciso garantizar el despliegue de un sólido contingente de fuerzas militares en el istmo centroamericano, dentro de los programas y alianzas que tiene el país.

En realidad, la explicación no tenía el menor nivel de credibilidad, dada la magnitud del desembarco de marines y equipo bélico, algo aceptado plenamente por el  gobierno que encabeza la derechista Presidenta Laura Chinchilla, política que ha estado estrechamente vinculada a lo largo de muchos años con la USAID y otras agencias de Estados Unidos.

La autorización que fue concedida por el Congreso de Costa Rica se extendía por seis meses, desde el 1 de Julio del  2010 a diciembre del mismo año, algo que luego se fue prolongando, lo que llevó a que el presidente Evo Morales, dijera que Costa Rica era el único país que no tenía ejército porque disponía del de Estados Unidos.

Este operativo militar, a escala mayor, se enmarca en el contexto de la Iniciativa Mérida que integran a México y Centroamérica bajo la dirección operativa de Estados Unidos y que es un proyecto que tiene metas pero no plazos, por lo cual la probabilidad de que las tropas americanas salieran de Costa Rica a fines de ese año de 2010 y retornaran a sus cuarteles en la metrópolis era prácticamente mínimo.

Para el sociólogo argentino Atilio Borón, el desembarco de los marines en Costa Rica tiene por objetivo reforzar la dominación norteamericana en la región, derrocar por diversos métodos a los gobiernos considerados enemigos, debilitar aún más a los vacilantes y ambivalentes gobiernos de la “centro-izquierda” y fortalecer a la derecha que se ha hecho fuerte en el litoral del Pacífico (Chile, Perú, Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras y México), reordenando de ese modo el “patio trasero” del imperio para así tener las manos libres y la retaguardia asegurada para salir a reafirmar la prepotencia imperial guerreando en otras latitudes.

El 20 de diciembre del 2011, la Legislatura de Costa Rica aprobó otro despliegue de 46 buques estadounidenses de la Guardia Costera, apoyados por 42 helicópteros artillados y 4,000 marines de barcos de Estados Unidos en su área marítima para los próximos seis meses, no desembarcaron pero se sumaron como fuerzas conjuntas.

En junio del 2012, la Asamblea Legislativa de Costa Rica, por 36 votos a favor y 12 en contra, otorgó permiso a la Armada de Estados Unidos para que 17 buques artillados y con aeronaves ingresen a las aguas y suelo nacional para combatir el narcotráfico; los 17 buques operarían en las aguas de la zona económica exclusiva de Costa Rica en el Océano Pacífico y el Mar Caribe, y en las cercanías de esta zona, y tienen como misión el apoyo a operaciones antidrogas en el cumplimiento del acuerdo marítimo bilateral “Acuerdo entre el Gobierno de la República de Costa Rica y el Gobierno de los Estados Unidos de América para la cooperación para suprimir el tráfico ilícito”, aprobado mediante Ley Nº 7929 del 6 de octubre de 1999, según lo indicó el Ministerio de Seguridad a los diputados.

Pero de acuerdo con el Convenio, solamente podrán ingresar navíos del Servicio de Guarda costas estadounidenses, aunque según el Gobierno, “los buques de la Armada vienen bajo el mando de éstos, ya que “en los Estados Unidos, dicho Servicio de Guarda costas está adscrito a las Fuerzas Armadas”.

El movimiento masivo y desproporcionado de fuerzas, equipos militares y apoyos diversos en Costa Rica son una demostración de fuerza de Estados Unidos para el istmo, el Caribe y el norte de Sudamérica, ante cualquier situación anómala que amenace su control, ¿incluido el canal interoceánico?

La pregunta es compleja y los escenarios cambian día a día, pero el espíritu beligerante de la potencia en el ocaso de su hegemonía es capaz de empujar los  hechos a una situación sin retorno, que podría terminar en una conflagración regional, el cual también serviría como un primer llamado directo de atención a China, sobre su “zona de influencia y control”.

En la otra punta de este complejo mapa está el río San Juan, que es la frontera natural entre Nicaragua y Costa Rica, y que según el tratado Cañas - Jerez de 1858, la soberanía del río San Juan corresponde a Nicaragua y a Costa Rica se le otorgó la libre navegabilidad del río, generando así un potencial conflicto por el uso y control de éste.

Nicaragua comienza en el 2010 a elaborar el plan de dragado del río San Juan a fin de recuperar la navegabilidad y darle profundidad y amplitud al mismo, pero el 12 de julio del mismo año el Canciller costarricense Carlos Roverssi exige “detener inmediatamente” ese plan de dragado del río, lo cual no fue aceptado por Nicaragua que ejercía así su soberanía. Por ello es que el 18 de octubre la draga “Soberanía” comienza las tareas de limpieza y desazolve del río San Juan.

En octubre, Nicaragua contesta la protesta de Costa Rica y denuncia la violación del territorio nicaragüense por las mencionadas tropas policiales de Costa Rica, pero ya las autoridades costarricenses habían avalado antes la presencia de 7,000 soldados norteamericanos en su territorio para “la lucha contra el narcotráfico”, una coincidencia excepcional.

A partir de este enfrentamiento ya se comenzaba a hablar de un futuro canal por el río San Juan para llegar al Pacífico, pero más como una idea o añoranzas de décadas de frustraciones por parte de Nicaragua. No se hablaba de un canal con apoyo chino, porque Ortega un viejo lobo de la política había tejido una compleja red para lograr al canal.

Primero Nicaragua tiene relaciones políticas con Taiwán, la denominada “isla rebelde”, algo atípico porque ya pocos países y gobiernos mantienen relaciones con esta ficción de país, pero Ortega mantenía relaciones comerciales con China, lo cual se explica porque la oferta la hace una empresa radicada en Hong Kong, un territorio relativamente autónomo dentro de China y la zona con mayor desarrollo capitalista de toda Asia.

Por ello es que no sorprende que la embajadora de Taiwán en Nicaragua, Ingrid Y. W. Hsing, dijera estar segura de que empresarios de su país están dispuestos a participar de la construcción del canal interoceánico nicaragüense, y la diplomática no vio el origen de la compañía como un impedimento, especialmente porque consideró que Taiwán tiene capacidad para esta misión.

Así mismo, comentaba que se nota que es un proyecto que puede atraer al sector financiero y de las tecnología, porque hay mucho qué hacer, y en Taiwán “somos en cierto modo conocedores de cómo trabajar un mega proyecto como éste”, y según la embajadora, es posible que técnicos de Taiwán terminen trabajando junto con los de China porque la construcción del canal "va a involucrar muchos países".

La embajadora también se refirió al presidente de HKND Group, Wang Jing, quien fue criticado por la oposición nicaragüense por falta de antecedentes en "mega proyectos", al sostener que es un personaje que seguramente en ciertos sectores le conocen por su profesionalismo, lo cual no cuestiona la embajada de Taiwán.

Este mega proyecto incluye además de un canal interoceánico más grande que el de Panamá, con vías húmeda y seca, aeropuertos, zonas francas y puertos de aguas profundas en las costas del océano Pacífico y el mar Caribe, un gran dique seco. La construcción se espera que esté terminada en diez años, a partir de la conclusión de los estudios técnicos que se consideran estarían terminados en el 2014, y en el cual participarán empresas de diferentes países, dado lo complejo de los mismos.

Para el grupo que posee la concesión y, por ende la operación, el HKND Group tiene, en sus estudios iniciales, proyectado que para 2030 el volumen de transacciones comerciales a través del canal de Nicaragua habrá aumentado en un 240% respecto a las cifras actuales, en un mundo donde más del 85% del comercio mundial es por esta vía.

Así es como el canal interoceánico sobre territorio nicaragüense se suma al canal de Panamá para incrementar el comercio hacia el nuevo mar hegemónico del siglo XXII, el Pacífico, diversificando los pasos e integrando los nuevos actores asiáticos encabezados por China.

 

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx