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Asunto:NoticiasdelCeHu 350/13 - Crónica desde Sao Paulao - La fiesta ciudadana
Fecha:Lunes, 24 de Junio, 2013  23:26:16 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 350/13

Crónica desde Sao Paulo

La fiesta ciudadana

Mário Augusto Jakobskind

Viento Sur

Sábado 22 de junio de 2013

La capital financiera encendió la mecha de las protestas, y en tan sólo un día más de 300 mil brasileños salieron a la calle. El miércoles conseguían cumplir el primer objetivo de sus movilizaciones. Y de repente, en la selva de piedra había esperanza.

Hace más de tres décadas que Brasil no vive una semana con la intensidad de esta última. El lunes llegó con urgencia; el martes se instaló el desconcierto; en la última hora del miércoles aparecía la euforia; el jueves, el regocijo del trabajo bien hecho. ¿Y el viernes? ¿La inquietud de lo que vendrá después?

Doce días de movilizaciones y seis jornadas de manifestaciones masivas han conseguido algo mucho más valioso que la anulación del aumento del transporte público. Durante estos días los brasileños han recuperado una noción de ciudadanía con la que llevan peleándose algo más de cien años. De una forma un tanto inesperada e intuitiva se han "reestrenado" como ciudadanos por la puerta grande.

La violencia que descargó la policía sobre los manifestantes el pasado jueves 13 no sólo dejó heridas a centenas de persona, sino que movió los cimientos de una sociedad más cercana al conformismo que a la acción.

El pasado fin de semana el Movimiento Pase Libre (MPL), que inició las manifestaciones contra el aumento del precio del transporte público en San Pablo, había ido anunciando en redes sociales como Facebook la que sería la gran manifestación del lunes. La movilización ("pacífica", puntualizaba) ya no era sólo por el aumento del boleto, sino por el derecho a protestar.

Un halo de misterio rodeaba el encuentro. La cita era a las cinco de la tarde, a las puertas de la gran avenida Brigadeiro Faria Lima, donde se concentra el centro financiero de San Pablo. El recorrido sólo se conocería minutos antes del inicio, para evitar que la policía estuviera demasiado preparada.

A las cuatro de la tarde 234 mil personas habían confirmado a través de Facebook su participación. Como una epidemia, la convocatoria, que en principio era tan sólo en San Pablo, empezó a repetirse a lo largo del país.

A las cinco en Largo da Batata no cabía un alma. Una veintena de mujeres concentradas bajo una pancarta que decía "Madres" cantaban, aplaudían, se sacaban fotos. "Esto no lo pude hacer en la dictadura, y me encanta que mis dos hijos estén aquí peleando por sus derechos", le decía a Brecha Marilia Gonçalves, profesora de liceo. Otro docente, esta vez un chileno que vive en Sao Paulo hace más de 40 años, contaba con los ojos compungidos: "Yo estoy aquí porque la semana pasada les pegaron a mis alumnos y los llamaron vándalos por manifestarse, eso no se puede permitir".

El clima era festivo. Los amigos se encontraban y desencontraban. A medida que pasaban los minutos llegaba más y más gente. Un hombre llevaba una pancarta en la que pedía a los coches que tocaran bocina si apoyaban la protesta, y los cláxones sonaban descompasados. Más de 65 mil personas desfilaban por Faria Lima. "El pueblo ha despertado", gritaba la banda sonora de una manifestación que duró más de seis horas y que terminó con el colofón final de ocupar el Palacio Bandeirantes, sede del gobierno de la ciudad.

El "despertar" tiene que ver con problemas muy concretos: "Estoy aquí porque tenemos un transporte carísimo, las infraestructuras públicas no funcionan, no hay hospitales buenos, la educación es nefasta", decía Milton Teixeira, ingeniero de 45 años. Las pancartas denunciaban la falta de inversión pública frente al despilfarro económico del próximo Mundial: "Si tu hijo se enferma, llevalo al estadio. Los estadios están prontos, ahora falta construir el país", o "Brasil, despierta, un profesor vale más que Neymar", eran algunas de las más incisivas.

De villanos a héroes

El martes 18 amaneció con una resaca de emoción, excitación y sobre todo desconcierto. Más de 300 mil personas de todo Brasil habían salido a la calle para mostrar su indignación. Desde el movimiento Diretas Já, de 1984, o desde las manifestaciones por el impeachment a Collor de Mello, en 1992, no se veía nada parecido.

Los manifestantes que en las tres primeras movilizaciones habían sido tildados de vándalos pasaron a ser descritos como héroes. Blogueros y periodistas expresaban su asombro y alegría. "Nos sentimos ocupantes provisionales de la metrópoli. Con el tiempo, estas manifestaciones serán tan comunes como en otros países del mundo. El paulistano está perdiendo la vergüenza de tomar las calles", decía en su blog el periodista independiente Leonardo Sakamoto.

La presidenta Dilma Rousseff, que días antes había declarado con cierta condescendencia que "las manifestaciones son típicas de los jóvenes", pasó a apoyarlas sin displicencias: "Brasil amaneció hoy más fuerte. La grandeza de las manifestaciones de ayer comprueba la energía de nuestra democracia, la fuerza de la voz de la calle y el civismo de nuestra población".

Los éxitos del lunes hacían pensar que la convocatoria para el martes no tendría gran acogida. Pero la plaza de la Catedral da Sé colapsó, y 50 mil paulistas tomaron el centro de la ciudad acabando el sexto día de protestas en la mítica Avenida Paulista.

El MPL había advertido que las protestas se mantendrían hasta que consiguieran la rebaja del boleto. Y el miércoles continuaron. A primera hora de la mañana trabajadores de la periferia de San Pablo cortaron la autopista Anchieta, que comunica los suburbios con la capital. Hasta la región de San Bernardo do Campo, feudo del lulismo, salió a la calle pidiendo más infraestructuras públicas.

El miércoles 19 al mediodía el alcalde de Sao Paulo, Fernando Haddad, después de una reunión de urgencia con Rousseff y el ex presidente Lula, declaró en rueda de prensa que era factible la rebaja del boleto, pero que hasta el viernes no podría confirmarlo.

A las cuatro de la tarde en Fortaleza la selección brasileña jugaba contra México. Dos horas antes del partido 30 mil personas se reunían en los alrededores del Arena Castelão exigiendo "Más escuelas y menos estadios".

Poco después de terminar el partido, Haddad, el gobernador del estado, Geraldo Alckmnin, y el alcalde de Rio de Janeiro, Eduardo Paes, hacían un anuncio conjunto: Sao Paulo y Rio de Janeiro bajaban la tarifa de ómnibus.

Objetivo cumplido. Las redes sociales echaban humo celebrando la victoria. Pero si los alcaldes pensaban que su medida traería calma, la realidad fue bien distinta. La manifestación que se tenía programada para ayer jueves en el caso de que no se hubiera rebajado el boleto, decidió mantenerse, sería la concentración de la victoria. Había que mantener encendida la llama. Los mensajes de los internautas aseguraban que era sólo el principio. El jueves sería la gran fiesta y la preparación de próximas reivindicaciones.

Paz en el cementerio

A lo largo de la semana se han repetido dos preguntas muy concretas: ¿quiénes son estos jóvenes?, y ¿por qué protestan ahora? Por qué salen a la calle después de diez años de un gobierno que ha disminuido la pobreza y que ha llevado al país a una situación de casi pleno empleo. El politólogo Jorge Almeida, profesor de la Universidad Federal de Bahía, señalaba en el diario Valor que lo que estaba sucediendo en este tiempo era "una paz en el cementerio". Según Almeida, con la llegada de Lula al poder hubo un debilitamiento de los movimientos sociales, que pasaron a apoyar al gobierno y dejaron de movilizar a sus bases. A su vez, con el PT la burguesía y las clases medias bajas empezaron a enriquecerse. Para Almeida, estos jóvenes han llenado el espacio que quedó vacío. A ello se une el descontento de un sector de la izquierda que ve cómo el PT da la espalda a problemas sociales como la lucha indígena o el cuidado del ambiente, y negocia con partidos evangélicos, políticos corruptos como Maluf o se da la mano con la derecha en aras de la gobernabilidad. "¿Cuándo íbamos a pensar que la derecha iba a estar contenta con el PT en el gobierno y la izquierda se vería contrariada?", decía en su columna la periodista de Carta Capital Cynara Menezes.

El perfil de los jóvenes es de lo más variado. Al igual que en el 15M de España, se declaran apartidistas y aseguran luchar por sus derechos como ciudadanos. Parte de la izquierda teme que la derecha se apropie de este movimiento, pero por ahora sólo hay especulaciones. Todas las preguntas quedan en el aire y un latido de esperanza resuena en la selva de piedra.

Dilma bajo turbulencias

Las elecciones presidenciales brasileñas tendrán lugar en bastante más de un año, el 1 de octubre de 2014, pero la campaña ya está abierta, y bien abierta. El reciente rechazo del ex presidente y todavía símbolo Lula da Silva a candidatearse a un nuevo mandato ha colocado a la presidenta Dilma Rousseff casi en la obligación de ser candidata a la reelección para que el partido de ambos, el PT, tenga posibilidades de seguir controlando el gobierno. Los resultados de una reciente encuesta pueden haber sonado como una señal de alerta para la actual mandataria. Por primera vez en mucho tiempo Dilma bajó en su nivel de popularidad, que pasó de 65 a 57 por ciento. Habría factores económicos que explicarían esa caída: el aumento de la inflación, un crecimiento del PBI a ritmos más lentos que en los últimos años y sobre todo la disminución del crédito bancario, al que los sectores de renta media, media baja e incluso baja se habían acostumbrado a obtener con relativa facilidad. Ese "crédito fácil" estuvo en la base del alto nivel de acceso a bienes de consumo de todo tipo registrado en Brasil en los últimos años, comprendidos los 36 millones de ciudadanos que según los registros oficiales dejaron de ser pobres.

El gobierno "se está desmembrando, producto de sus propios errores", aprovechan a repetir dirigentes de los partidos de la oposición de derecha como el diputado Roberto Freire, un ex comunista que lidera un nuevo partido llamado Movilización Democrática. En el PT en cambio, se sostiene que una caída de ocho puntos tras dos años en el gobierno no deja de ser normal, sobre todo partiendo de la base de que Dilma sigue teniendo un saldo ampliamente favorable en la "opinión pública". Máxime cuando otra encuesta dice que si las presidenciales fueran hoy Rousseff arrasaría, ganando en primera vuelta con 51 por ciento de los votos, por delante de la ex senadora y ex ecologista Marina Silva, el senador del PSDB Aécio Neves y el gobernador del estado de Pernambuco, Eduardo Campos. En este sondeo fue manejada la candidatura del actual presidente de la Suprema Corte, Joaquim Barbosa, un hipermediático magistrado que ocupó las primeras planas de la prensa, sobre todo de oposición, cuando el proceso por el llamado mensalão, en el cual fueron condenados varios dirigentes del PT. Para sorpresa de muchos, en caso de que Barbosa se enfrentara a Rousseff, sería barrido de un plumazo por la presidenta.

Aloizio Mercadante, ministro de Educación y articulador de hecho del gobierno, considera que en este 2013 la economía volverá a mostrar índices de crecimiento fuertes que permitirán la consolidación de la candidatura de Dilma. Hay una súper zafra agrícola en ciernes, el desempleo llegará a sus mínimos históricos, el sector industrial estará aun más fuerte que ahora, y la inflación caerá, sueña Mercadante, que también prevé un "efecto deporte" positivo, por el "derrame" del Mundial de 2014. Pero eso era antes de las movilizaciones iniciadas la semana pasada en Sao Paulo.

La solidez política de la presidenta aparece amenazada también por otro factor: la división profunda que presenta el mayor partido brasileño, el PMDB, principal integrante de la base aliada del gobierno, en cuanto a si seguir o no ligados al PT.

21/6/2013

http://brecha.com.uy/







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