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Asunto:NoticiasdelCeHu 328/13 - El nuevo canal interoceánico, una “utop ía” con historia (Primera parte)
Fecha:Lunes, 17 de Junio, 2013  09:20:31 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 328/13
 
 

El nuevo canal interoceánico, una “utopía” con historia

(Primera parte)

                                                                

Alfredo César Dachary

   

En esta primera quincena de junio, el Congreso de Nicaragua autorizó el convenio para construcción del canal interoceánico entre el Caribe y el Pacífico a través de Nicaragua, lo cual ha irritado al gobierno de Colombia, que detenta unas islas que geográficamente están en aguas territoriales de  Nicaragua, San Andrés y Providencia y que eso los tiene enfrentados en la Corte Internacional de La Haya.

La delimitación de esa frontera es, en este momento histórico, muy importante para Nicaragua porque esa es una zona muy rica en recursos y es un gran acceso al Atlántico por donde circula la mayor parte del comercio mundial. Por ello, Nicaragua reclama la soberanía de un espacio de 50,000 km2 en el Caribe que incluye las islas y cayos que, en su mayor parte, constituyen actualmente el Departamento colombiano de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

El gobierno nicaragüense alega que la franja en disputa está dentro de su plataforma continental y que el Tratado Bárcenas - Esguerra de 1928, que reconoce a Colombia su dominio sobre San Andrés, Providencia y Catalina, es nulo porque fue firmado durante la ocupación militar estadounidense a Nicaragua (1927-1933).

El gobierno derechista de Colombia ha llegado en su desesperación por mantener territorios ocupados, al extremo de no sólo ser uno de los aliados “preferidos del gobierno de Estados Unidos” y usado como ariete contra los gobiernos populares de América del Sur, sino que ha ido más allá y pretende integrar el país a la OTAN, a fin de tener aliados militares en un conflicto potencial, por esa región en disputa.

Pero éste no es un hecho nuevo sino que tiene una larga historia, como la mayoría de esa región tan disputada entre las potencias coloniales en el siglo XIX. En 1841, los británicos pretenden extender su dominio desde el reino de la Mosquitia (actual costa Atlántica de Nicaragua) hasta el actual Panamá, específicamente hasta la población de Boca del Toro. Este hecho, unido a las pretensiones inglesas en las costas de América del Sur hasta las bocas del Orinoco, según Selser (1975) lleva a que Estados Unidos comience a considerar la actitud inglesa como un serio peligro de competencia en el futuro poder.

Es así como en la cuarta década del siglo pasado los ingleses logran su mayor control y perspectiva de esta zona con el protectorado en la Mosquitia, el control de la isla de Roatán y el estallido de una guerra interna en Yucatán, de los mayas contra los mexicanos, que dejaba a toda la costa oriental de la Península bajo control maya - británico.

Esta guerra, promovida por el apoyo inglés, será la base de la consolidación de la futura colonia de Belice frente a un México invadido en el Norte y con un Yucatán en proceso de separación del país.

Esta explosiva situación será el punto de conflicto entre los británicos y los Estados Unidos, que ya temían perder el proyecto del canal interoceánico ante el control ejercido por los ingleses en la boca del río San Juan (límite actual entre Costa Rica y Nicaragua). Y es que la primera mitad del siglo XIX será para el Caribe continental un período de gran efervescencia a causa del enfrentamiento entre Estados Unidos e Inglaterra por el control de la zona para poder construir un canal o paso interoceánico.

El origen de esta disputa viene del siglo pasado, cuando ambas potencias comenzaron a estudiar esta posibilidad de canal interoceánico. En 1781 se había comisionado al ingeniero Manuel Galisteo para hacer un estudio sobre la posible canalización del istmo de Rivas. Cuatro décadas después, en 1829, el gobierno de Nicaragua había suscrito con el general Verveer, representante del rey de Holanda, un contrato de excavación para un canal, el cual nunca se pudo implementar.

En 1837, Morazán había mandado a hacer un plano a los ingenieros Baily y Batres, y seis años después el obispo de El Salvador había hecho gestiones para firmar un contrato de construcción con los franceses, primero, y los belgas, después. Esta situación llevó al cónsul inglés Chatfield a intentar un mayor reconocimiento de su gobierno al reino de la Mosquitia. Los estadounidenses habían mandado a David White a realizar un estudio, mientras en Londres se publica la obra de Luis Bonaparte  “El Canal de Nicaragua”.

La situación regional se agudiza con el descubrimiento de oro en California en 1848, lo que obligaba a Estados Unidos a buscar un paso para el Pacífico. Este país entra al conflicto con Inglaterra a partir de lograr un contrato de exclusividad, por medio de la Accesory Transit Company, para el transporte interoceánico a través del río San Juan, actividad que se inicia con el vapor Prometheus en 1850.

Antes de la inauguración del ferrocarril transoceánico de los Estados Unidos en 1869, los estadounidenses debieron hacer un largo periplo para llegar a California por la vía de Nicaragua, controlada desde 1848 por el estadounidense Cornelius Vanderbilt, una de las mayores fortunas de esa época y futuro dueño de los ferrocarriles.

Entre 1848 y 1868, hicieron el viaje a California 68,000 pasajeros, de ¡da, y de regreso 57,000, lo cual muestra la importancia de esta olvidada y aislada región. Para hacer posible este primer paso transoceánico, en Nueva York se habían formado cuatro compañías controladas por Vanderbilt, la primera era de los vapores marítimos de Nueva York a San Juan del Norte, que llegaban dos veces al mes; la segunda eran los vapores chatos que irían de San Juan a Granada a través del río y lago de Nicaragua. La tercera era el derecho de tránsito por tierra de Granada al puerto de El Realejo, en carros tirados por mulas mientras se construía un ferrocarril y la última era los vapores marítimos de El Realejo a California y otros puntos del Pacífico, que iban hacia California.

Esta compleja situación llevó a Estados Unidos de América a buscar una solución diplomática con los ingleses, quienes mantenían un proceso de expansión en la región que amenazaba sus intereses; lo que le permitiría a los estadounidenses transformarse en defensores de un nuevo orden republicano en América. Las reuniones entre el Secretario de Estado Mr. Clayton y el diplomático inglés Bulwer - Lytton se realizaron en Washington en 1850.

 

En 1852 se firma un nuevo tratado Webster - Crampton, por el cual se reconoce el dominio de los mosquitos sobre sus tierras, aunque pertenezcan a Nicaragua; una vez más Londres había logrado convencer a Estados Unidos de América y así seguir manteniendo sus territorios ilegalmente ocupados. Inglaterra cede a las presiones de Estados Unidos de América, en 1856, cuando firma el tratado Dallas - Clarendon, por el cual se mantienen los territorios en el actual Belice y está obligada a retirarse de Roatán, San Juan del Norte y la costa Mosquitia (Nicaragua).

Tras los acuerdos con Inglaterra aparece en escena William Walker, un aventurero originario del sur de Estados Unidos de América, cuya ambición era expandir las zonas de influencia de su país más allá de sus fronteras. Dos años antes, en 1855, Walker había invadido la Península de Baja California y había creado la República de Baja California, ampliada hasta el actual estado mexicano de Sonora. Walker, que representaba los intereses de los plantadores y esclavistas del sur de su país, invade Nicaragua para participar en favor de los grupos políticos nicaragüenses, enemigos de la política nacionalista de Fruto Chamorro, y termina en el poder, logrando incluso el reconocimiento de su mismo país., luego es derrotado y huye, regresa y es capturado y fusilado en el actual Honduras.

El fin de los conflictos con los ingleses se da en 1858, cuando el embajador William Gore Ouseley devuelve a Nicaragua el puerto de San Juan del Norte y firma un convenio en el que se reconoce la soberanía del país sobre la Mosquitia, sólo se consigna que se deberán pagar 5,000 pesos anuales al gobierno de los mosquitos y esta región se mantiene como una reserva autónoma.

En 1861, los mosquitos redactan una Constitución para su nueva reserva que les permite vivir hasta el fin de siglo con relativa autonomía, bajo el control económico de las grandes compañías inglesas y de Estados Unidos de América, que tenían intereses en la región.

A la retirada inglesa de la Costa Caribe, ésta se mantiene como una región autónoma de Nicaragua, poseyendo sus propias leyes y reglamentos hasta 1894, cuando el entonces presidente José Santos Zelaya declaró la reincorporación de la Mosquitia a Nicaragua, dominada por los intereses norteamericanos y para “combatirlos”, llevó inmigración del país. Pero los inmigrantes y funcionarios del gobierno nicaragüense desalojaron de sus tierras a los indígenas amerindios y afro-descendientes residentes en ellas e impusieron grandes multas a los nativos de la costa. Además, el gobierno abolió las leyes de la región e hizo construir las instituciones y estructuras gubernamentales nicaragüenses, formando así las escuelas, policías, gobierno etc. Esta imposición de que se construyeran dichas instituciones se hizo mediante el uso de la fuerza.

La costa nicaragüense siempre se mantuvo dominada económicamente por las empresas norteamericanas hasta la década del treinta y fueron gradualmente reemplazadas por el capital de la familia Somoza hasta 1979, año en que triunfó de la Revolución Sandinista. Pasará una década de gobierno Sandinista y en 1987 la Costa Caribe consigue la autonomía por parte del gobierno.

Los conflictos de los contras digitalizados por la embajada de Estados Unidos y la base de Palmerola en Honduras fue la última crisis entre sandinistas y los pueblos de habla inglesa, en general, proclives a una relación más abierta con sus amos colonialistas ingleses y de Estados Unidos.

Pero en el siglo XXI, la situación da un vuelco en el marco de una correlación de fuerzas en América latina, que buscan una salida independiente de Estados Unidos y otros un gobierno, más nacional y autónomo, en esa situación emerge la idea del canal interoceánico, que será liderado por empresas chinas, algo impensable por Estados Unidos en su “patio trasero”.

Por ello, el canal interoceánico será un parte aguas de la historia regional, en medio de una división cada vez más fuerte entre los países aliados a Estados Unidos, pacto del Pacífico y los que miran al Atlántico más Bolivia y Ecuador, la otra perspectiva de una salida autónoma frente al ocaso de la dominación y hegemonía de Estados Unidos.

 

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx