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Asunto:NoticiasdelCeHu 359/13 - Brasil: la rebelion quema etapas (Osvaldo Coggiola)
Fecha:Sabado, 29 de Junio, 2013  00:24:34 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>



NCeHu 359/13

Brasil: la rebelion quema etapas

Osvaldo Coggiola
Prensa Obrera
Buenos Aires, 27 junio, 2013

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Las movilizaciones en Brasil comenzaron el 6 de junio, con dos mil manifestantes en el centro de San Pablo contra el tarifazo del transporte en esa ciudad. La represión, ordenada por el gobierno estadual (de derecha) y apoyada por el gobierno municipal (PT), fue violentísima. Dos semanas después, los manifestantes habían superado los dos millones (un millón en Rio de Janeiro el jueves 20), en casi todas las capitales y ciudades importantes del país. El tarifazo fue retirado y hoy es casi una anécdota. Varias otras capitales y ciudades, que también habían anunciado aumentos del transporte dieron marcha atrás, sin que mediara el planteo explícito de una reivindicación en ese sentido. El anuncio del gobierno paulista que retiraba el tarifazo, el cual buscaba vaciar las calles, fue festejado como una gran victoria. El propio MPL (Movimiento Pasaje Libre), que fue uno de los que convocaron la primera movilización, retiró los llamados a la movilización. Sin embargo, no provocó el efecto deseado: el viernes 21, más de dos millones de personas salieron nuevamente a las calles brasileñas. Varias capitales fueron literalmente paralizadas. El pueblo y los trabajadores han iniciado una movilización histórica.

La lucha contra el tarifazo se transformó en una movilización contra todo el régimen político. La juventud fue a las calles con reivindicaciones sobre transporte, salud, educación, contra la represión, contra el gobierno y contra la corrupción del oficialismo y de la oposición. La presidenta Dilma Rousseff fue silbada estridentemente en la inauguración de la Copa de las

Confederaciones y después cerró el pico por dos semanas. El régimen político quedó en estado catatónico. La policía (militar, federal, estadual, civil, etc., todo el impresionante aparato represivo montado bajo la ditadura) recibió la orden de observar y sólo intervenir en caso de depredaciones. Recién el viernes 21, Dilma consiguió abrir la boca, anunciando que los royalties del petróleo pre-sal (petróleo submarino que el gobierno del PT privatizó) serán consagrados a la educación (no dijo cómo, desde luego). Convocó a una reunión de gobernadores y algunos intendentes (la mayoría representantes de la derecha más podrida, represiva y corrupta) para organizar una respuesta del régimen en su conjunto. Un tiro que le puede salir por la culata.

Las principales centrales sindicales (CUT-PT, Fuerza Sindical, CGT), la federación estudiantil oficialista (UNE), acompañadas del coro habitual de ONG y entidades “progres” de todos los colores, emitieron una declaración recién dos semanas después de manifestaciones y combates callejeros. Después de la habitual cháchara progresista, plantearon “la realización con urgencia de una reunión nacional, que envuelva a los gobiernos estatales, a los prefectos de las principales capitales y a los representantes de todos los movimentos sociales (…) esa reunión es la única forma de encontrar salidas para enfrentar la grave crisis urbana”. El MST (sin tierra) también firmó este pedido de coalición de toda la reacción política brasileña para contener la rebelión popular.

En medio de las movilizaciones aparecieron, como era de esperar, grupos de criminales saqueadores (infiltrados por provocadores policiales, los P2), grupetes fascistas y grupos identificados como “sin partido”. Algunos, aliados a skinheads neonazis, hostilizaron a partidos de izquierda (PSTU, PSOL, PCB). El fin de semana (22 y 23 de junio) se realizó una reunión para discutir cómo combatir a esos grupos. Jóvenes de las periferias más pobres (negros o mulatos en su mayoría), ya se están organizando para romper la cabeza de los grupejos skinheads racistas. Los “sin partido”, que cantan el himno y llevan banderas brasileñas, son otra cosa: son un síntoma del derrumbe de la organización social y política de Brasil después de diez años de gobierno de frente popular -la alianza del PT y la central sindical que controla (CUT) con el PMDB y la derecha evangélica.

La rebelión brasileña no es todavía una movilización de clase, es el primer episodio de lo que viene. Desnuda el carneraje asqueroso de la burocracia de las organizaciones obreras (la CUT en primer lugar). La Conlutas -pequeña central sindical clasista (dirigida por el PSTU)- ha llamado a movilizaciones a partir del jueves 27. Algunos de sus sindicatos (Andes, sindicato de docentes universitarios, por ejemplo) han llamado, desde el inicio, a movilizarse junto a los jóvenes del MPL. El planteo de un plenario nacional de trabajadores y jóvenes luchadores para organizar la lucha comienza a abrirse paso. Los docentes de las universidades federales realizaron, el año pasado, una gigantesca huelga general de varias semanas.

La izquierda del régimen se apuró a denunciar una maquinación golpista: los manifestantes serían “idiotas útiles”. El propio MPL cedió a esas presiones. Varias movilizaciones se realizaron (en Brasilia, por ejemplo) después de que sus convocantes las hubieran suspendido. Los “progres” brasileños se encuentran ahora en la excelente compañía del premier turco Tayyip Erdogan, quien también denuncia una conspiración internacional contra su gobierno y el de Brasil. El imperialismo se habría complotado para derrocar a sus aliados: es lo que dirán en Estados Unidos cuando comience la movilización contra los atropellos de Obama.

Las movilizaciones internacionales en solidaridad con Brasil son impresionantes, por el número de ciudades en que se realizan y por la solidaridad de la población local. En Brasil no se está enfrentando a una dictadura ni a un gobierno derechista, sino al gobierno símbolo mundial de la izquierda “progresista” y de los programas sociales compensatorios -que el capital mundial presenta en términos elogiosos. La clarificación política que produce esta lucha tiene alcance internacional.

La burguesía brasileña ha comenzado a discutir la urgencia de una reforma política y hasta la posibilidad de una asamblea constituyente. Reconoce, de este modo, que no estamos frente a una revuelta pasajera. La izquierda revolucionaria sólo se puede forjar dando una respuesta de conjunto a todos los problemas políticos planteados no solamente acompañanando la rebelión popular. En Brasil asistimos a otro embate de las masas, en el contexto histórico del derrumbe del capitalismo, para romper los eslabones de la cadena imperialista mundial e inaugurar una etapa definitiva de la revolución socialista mundial.


 





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