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Asunto:NoticiasdelCeHu 336/13 - VIAJANDO: De La Rioja Capital al dique Los Sauces
Fecha:Martes, 18 de Junio, 2013  01:53:37 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 336/13
 

 

De La Rioja Capital al dique Los Sauces

 

Finalizado el Encuentro Humboldt, Omar, Solange y yo decidimos dedicar un día a visitar algunos lugares fuera de La Rioja Capital.

Era el sábado 25 de setiembre de 2010. Salimos del hotel Naindo, y mientras esperábamos al auto con chofer-guía que habíamos contratado, nos paramos en la esquina y vimos una especie de monolito en el cual por ir y venir, no habíamos reparado. Se trataba de un autobombo. El Intendente Ricardo Quintela se lo había construido en propio agradecimiento por haber asfaltado a razón de una cuadra por día durante su primera gestión. Ni pintadas, ni pasacalle, ni propaganda televisiva le habían alcanzado, ya que todo eso era muy efímero. Necesitó de una obra de cemento y granito, con la respectiva placa, que pagaron los riojanos capitalinos de su propio bolsillo. ¡Eso era demasiado! Digno de una película de Fellini. Sin embargo, fue re-elegido.

 

Monolito en auto honor del Intendente Ricardo Quintela

 

 

Tomamos la RN 75 hacia el oeste para dirigirnos a la quebrada de los Sauces, y por un camino levemente sinuoso de tan sólo siete kilómetros, a la vera del cual había grandes residencias señoriales, arribamos al sitio denominado Las Padercitas.

Las Padercitas eran un conjunto de ruinas de barro conservadas tras una construcción de muros de piedra, y junto a las cuales persistía un templo donde se veneraba a San Francisco Solano.

 

Templo y muro de piedra de Las Padercitas

 

 

San Francisco Solano, español de origen, desarrolló lo más reconocido de su apostolado en el antiguo Tucumán, adonde llegó desde Lima a pie. En su camino visitó las ciudades de Santiago del Estero y Córdoba en cuyos conventos moró y edificó templos convirtiendo indígenas; pero lo más destacado ha sido su misión en La Rioja.

En 1593, varios grupos indígenas amenazaban con arrasar la ciudad recientemente fundada debido a que se sentían maltratados por los conquistadores europeos. Pero San Francisco logró que los naturales celebraran un tratado de paz, con la condición de separar de su cargo al alcalde que tanto daño les había hecho. Y a partir de ese momento los atributos de alcalde fueron transferidos al Niño Jesús, siendo ese preciso momento en que se instituyó la celebración del Tinkunaco, simbolizando el “encuentro” entre ambas culturas.

El 12 de octubre de 1992, al cumplirse quinientos años del descubrimiento de América, se inauguró en la plazoleta de Las Padercitas, el monumental Tinkunaco, obra de cemento y cerámica de siete metros de altura, perteneciente al plástico riojano Edgardo Mario Aciar. Dos bloques yuxtapuestos simbolizando España y América Indígena y una espiral lanzada al cielo para insinuar la nueva cultura americana, han pretendido simbolizar sincretismo religioso y un camino en común. ¡Nada más alejado de la realidad!

 

Monumento al Tinkunaco, “Encuentro de Gente” en quechua

 

 

San Francisco Solano fue el primer santo americano, canonizado por el Papa Benedicto XIII, en 1726.

 

Interior del templo de Las Padercitas, lugar de veneración a San Francisco Solano

 

 

Las ruinas de barro que se protegían tuvieron como principal función actuar como fuerte en el que los españoles se defendían de los ataques de los grupos más radicalizados de los diaguitas, y había sido mandado a levantar por don Pedro Jerónimo Luis de Cabrera en 1630.

 

 

Ruinas de barro correspondientes a un fuerte de defensa de los españoles ante los diaguitas

 

 

El 24 de julio de 1893 un grupo de devotos del convento de San Francisco quiso celebrar el tercer siglo de aquel suceso con una misa en el sitio, dejando como testimonio una gran cruz de madera que comenzó a ser venerada por la población riojana.

Hasta 1919 en el lugar sólo estaban las ruinas del fuerte español, cubiertas de maleza. Pero al llegar Fray Bernardino Gómez a La Rioja y su descubrimiento de la historia del convento franciscano, muy unida a la acción misionera de Francisco Solano, fue determinante para que las ruinas, que la gente visitaba espontáneamente en agosto, a partir de 1920 se convirtieran en el centro de una peregrinación organizada conduciendo las imágenes de San Francisco y el Niño Dios Alcalde, a pie desde el Convento hacia Las Padercitas, ida y vuelta. También él fue el impulsor de la construcción del templete que resguarda las ruinas, y de la capilla.

 

Entre los restos de Las Padercitas había paredes de barro muy anchas que originalmente habían sido muy altas, pero tres siglos de abandono deterioraron la antigua fortaleza que, a comienzos del siglo XX, empezara a ser restaurada y protegida.

 

Paredes anchas de barro

 

 

Al cabo de unos ocho kilómetros más y detuvimos antes de cruzar un túnel cavado en medio de la roca.

 

 

Túnel en la ruta nacional número 75, en la quebrada de los Sauces

 

 

Desde allí observamos las laderas del Velazco, en su sector oriental. La vegetación era xerófila y achaparrada, predominando las jarillas, los chañares y los algarrobos.

 

Omar junto al guía, haciendo un avistaje de la quebrada

 

 

A la distancia se distinguía el lago del dique Los Sauces, alrededor del cual se levantaban los cerros El Peñón, de 1.800 metros de altura, y el de la Cruz, de 1.600 m.s.n.m.

 

 

Lago del dique Los Sauces

 

 

La escasez de agua obligó a construir un reservorio. La obra de ingeniería fue planificada para embalsar las aguas con el fin de destinarlas al riego y al consumo de la capital provincial. Pero posteriormente, también se le dieron otros fines como la práctica de navegación a vela, el esquí acuático y la tirolesa. Los pescadores podían obtener buenas piezas de pejerrey; y tanto las familias de la zona como los turistas solían disfrutar de unos días de esparcimiento en el Camping Municipal que ofrecía asadores, piletas y sanitarios.

 

La vegetación coincidía con los cursos de agua temporarios

 

 

En los últimos años el dique había perdido capacidad de almacenamiento. De hecho, cuando yo lo había conocido, en el año 69, las aguas cubrían toda la superficie donde ahora veía sólo pastizales o rocas sedimentarias compactadas. Los grupos ambientalistas lo atribuían a que las mineras estaban operando en la cuenca superior, y consumían grandes volúmenes de agua, no pudiendo entonces abastecer al lago; y por otra parte, denunciaban el grado de contaminación que estaban sufriendo sus aguas.

 

 

Había campañas en contra de la explotación de uranio

 

 

Al bordear la margen izquierda del dique, primeramente la ruta era serpenteante pero relativamente llana.

 

Área desértica de la quebrada de los Sauces

 

 

Luego comenzamos a subir por un camino de tierra firme, desde donde vimos en el fondo del valle, una zona cultivada bajo regadío.

 

 

Un vergel en medio del desierto

 

 

Ascendiendo ya por una zona de cornisa, llegamos a la cumbre del cerro de la Cruz. Allí había una rampa de lanzamiento de aladeltas y parapentes, que según los baqueanos, se trataba de uno de los mejores lugares del mundo para desarrollar esas actividades por sus excelentes condiciones climáticas.

 

Cerro de la Cruz

 

 

Permanecimos un buen rato mirando el paisaje, fijando la mirada en la montaña azul, que se veía imponente, y tratando de poner la mente en blanco.

 

 

 

Copia de DE JUNIO A SETIEMBRE10 171

Vista panorámica de la quebrada de los Sauces desde el cerro de la Cruz

 

 

Y en esa mañana espectacular, continuamos nuestro paseo rumbo a la costa.

 

 

Ana María Liberali

 

 





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