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Asunto:NoticiasdelCeHu 294/13 - VIAJANDO: A Río Cuarto por el Congreso de Geo grafía de Universidades Nacionales
Fecha:Jueves, 30 de Mayo, 2013  02:55:04 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 294/13
 
  

A Río Cuarto por el Congreso de Geografía de Universidades Nacionales

 

Entre los días 5 y 8 de junio de 2007, se realizaba en la Universidad Nacional de Río Cuarto, el Primer Congreso de Geografía de Universidades Nacionales. Así que junto con Omar y Martín partí desde la terminal Retiro hacia la provincia de Córdoba.

A la mañana siguiente, al llegar a la ciudad de Río Cuarto, nos encontramos con una gran cantidad de periodistas por todas partes. Evidentemente no estaban allí esperándonos a nosotros, pero tampoco se habían concentrado a causa del Congreso de Geografía, sino que lo que los había convocado era que esa semana se levantaba el secreto de sumario en la causa por el asesinato de Nora Dalmasso, ocurrido  siete meses atrás, y se tenía la sospecha de que estaría imputado su hijo Facundo. Y ese era el único tema del cual se hablaba por la calle, lo que le robó cámara a la actividad académica referida a la Geografía Nacional.

Río Cuarto era la segunda ciudad en importancia de la provincia de Córdoba, situada al este de la sierra de Comechingones, a orillas del río Cuarto, también conocido como Chocancharava. Tenía en ese momento una población de alrededor de trescientos mil habitantes, siendo el centro comercial y de servicios de una pujante región agrícola-ganadera. También su economía se basaba en industrias alimentarias, como frigoríficos y lácteas, y agromecánicas. Por otra parte, la universidad le daba un empuje muy particular dada la cantidad de estudiantes provenientes de toda la región. Y además constituía un nudo de comunicaciones entre la región Pampeana y Cuyo, y entre el Atlántico y el Pacífico. Sin embargo, nunca la ciudad había estado en los titulares de los diarios, como por el famoso crimen. Sinceramente una injusticia.

Luego de instalarnos en un buen hotel céntrico partimos hacia el campus universitario que quedaba en las afueras de la ciudad sobre la margen norte del río Cuarto. Y allí nos esperaban los organizadores, estando entre ellos, Ricardo Agüero, José María Cóccaro, Jorge González, Mayra Puigdomenech, Elina Sosa, Cristina Valenzuela… Y como era de esperar, excelentes anfitriones.

En todo este tipo de actividades, además de las cuestiones académicas, aprovechamos para encontrarnos y compartir gratos momentos con colegas y amigos con los que no nos veíamos asiduamente, y esta ocasión no fue la excepción.

Durante el transcurso del Congreso se expusieron gran cantidad de ponencias sobre diversidad de temas, se realizaron plenarios con la participación activa de estudiantes, se rindió homenaje a geógrafos destacados y se hicieron reuniones programando actividades a futuro. Y además, se desencadenaron discusiones muy provechosas.

Pero como nada puede ser perfecto, tuvimos un pequeño incidente. En esa época mi hijo Martín tenía dieciséis años y permanecía conmigo en las aulas mientras se hacían las exposiciones. A él lo entretenía el hecho de que se proyectaran imágenes y por tal motivo, se mantenía tranquilo. Pero en un momento en que yo estaba moderando una mesa, entró al aula alguien de seguridad increpándolo y pidiéndole de mala manera, que se retirara. Él se quedó mirándolo fijo. No entendía nada, y quienes estábamos allí, tampoco. Entonces yo le dije al hombre que lo dejara, que era autista y que estaba conmigo, además de preguntarle qué era lo que pasaba. El respondió que alguien lo había ido a buscar porque el muchacho estaba molestando. ¡Quedamos absolutamente perplejos! Todos los presentes le respondieron que eso no era cierto. A lo sumo hacía un ruidito constante con la correa de la mochila, pero de ninguna manera era razón para llamar a alguien de seguridad. Lo que más nos indignó fue que quien lo había acusado no diera la cara.

El jueves 7 hicimos un viaje de estudio dirigido por docentes de la Universidad, donde recorrimos ambientes de llanura y de sierras, viendo las condiciones de uso del suelo rural y del urbano, y los problemas medioambientales emergentes del proceso de organización del espacio.

Primeramente visitamos Sampacho, que era una localidad que contaba en ese momento con menos de diez mil habitantes. Su nombre, derivado del quechua, significa “lugar débil o flojo”, y podría estar relacionado tanto por el constante movimiento de los médanos como por los continuos temblores que ocurrían en la zona como lo atestigua el terremoto de 1934 que dejó al pueblo parcialmente destruido.

El origen de Sampacho se remontaba a fines del siglo XVIII cuando Rafael de Sobremonte, gobernador de Córdoba, en su deseo de proteger y dar mayor seguridad a las rutas que se habían abierto en la zona, mandara a erigir el fuerte San Fernando, que fuera destruido más de una vez por los Ranqueles, con el fin de defenderse de la invasión de los blancos. Y como la zona contaba con un arroyo de abundante caudal que se desplazaba por una llanura fértil, las autoridades consideraron que el lugar se prestaba para la fundación de un poblado, lo que se concretara a partir de las tierras donadas por un estanciero. Y fue a fines del siglo XIX que llegaronn los primeros colonos de origen italiano, para arribar posteriormente otros, también procedentes de tierras europeas.

Luego continuamos viaje hasta Achiras, conocida como “La Linda del sur cordobés”, por estar enclavada en las últimas estribaciones de las sierras de Comechingones, a 850 m.s.n.m. Y por esa razón se había convertido en el centro turístico más importante de la región, contando en ese entonces con solo dos mil habitantes permanentes, pero que aumentaban considerablemente todos los veranos.

Se trataba de una localidad más antigua que Sampacho, ya que las primeras menciones se remontaban a 1570, y que continuaron con la Posta de Los Nogales, ubicada a la vera del Camino Real. Por esto y por otros importantes acontecimientos, su historia nos pareció muy rica. De hecho el pueblo contaba con varios museos y edificios de gran valor. Uno de ellos era la Casa de los Oribe, donde además del Archivo Histórico había un enorme salón denominado Teatrino donde participamos de una actividad cultural. Y en esa ocasión nos hicieron saber la trascendencia que había tenido Achiras en la campaña libertadora, ya que el General San Martín, en su paso hacia Cuyo, allí había reclutado hombres y se había hecho de diversos elementos necesarios para el cruce de los Andes.

Caminamos por sus callecitas con sus construcciones de adobe y piedra para luego llegar hasta la plaza Roca, que fuera el lugar de asentamiento del fuerte que sirvió durante la Campaña al Desierto, entre los años 1832 y 1869. La plaza resultó ser el reducto interior de la fortificación, perimetrada por edificios militares, civiles, religiosos y particulares, que daban su espalda al exterior y abrían sus puertas a un espacio cerrado que brindaba amparo al vecindario, todo coronado por el edificio de La Comandancia.

Ya habiendo pasado largamente el mediodía, nos instalamos a la vera de uno de los dos cursos de agua que tenía el pueblo, donde había mesas y bancos de cemento, teniendo  nuestro merecido almuerzo en un ambiente de gran camaradería. Y ya cansados pero muy satisfechos regresamos a la ciudad de Río Cuarto.

Todas las actividades del Congreso continuaron normalmente y como despedida nos ofrecieron un asado con espectáculo y baile en los salones de la Sociedad Rural de Río Cuarto. ¡Espectacular! Y si bien la comida fue excelente y muy abundante, lo que se logró durante el baile, fue sensacional.

El Congreso había tenido como logo unas manos, cuya reproducción en cartulina había sido repartida previamente entre los asistentes para luego utilizarlas lúdicamente. De esa manera todos nos integramos y divertimos muchísimo, sumándole un gran valor a la reunión científica.

 

 

Ana María Liberali