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Asunto:NoticiasdelCeHu 228/13 - VIAJANDO: Volando por Thai
Fecha:Jueves, 2 de Mayo, 2013  09:59:40 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 228/13
 

 

Volando por Thai

 

Cuando Alcira me dijo que me había reservado un vuelo entre Bangkok y Seoul por Thai Airways, me quise morir. Le dije que pretendía volar lo más barato posible pero que no por eso me mandara en cualquier batata. Y ella se rió.

“¡No sabés lo que es Thai! ¡Una de las mejores empresas de aviación del mundo!” –exclamó. Sinceramente no debía ni haber dudado un segundo, ya que ella desde hacía años se especializaba en turismo asiático.

Todavía no había amanecido cuando me desperté en los cómodos sillones del aeropuerto Don Muang de Bangkok, y aunque no tenía ganas de levantarme debía seguir viaje. El hecho de haber estado todo un día dando vueltas por la ciudad, de dormir vestida y a la vista de todo tipo de público, no parecían los mejores indicadores de un buen descanso, por lo que ya tenía programado continuar adorando a Morfeo en el avión.

Seguí las indicaciones de los carteles luminosos, ya que las que daban en un extraño inglés por los altoparlantes eran inentendibles. Y cuando estaba por comenzar los trámites de migraciones, me encontré con la sorpresa de que debía abonar un impuesto aeroportuario que no estaba incluido. Así que a pesar de pretender discutir sobre la cuestión, tuve que volver sobre mis pasos y dejar algunos verdes en una ventanilla. Eso me mufó bastante, ya que según Ignacio Copani los argentinos por un dólar hacemos cualquier cosa, a pesar de que todavía estábamos en un tipo de cambio de uno a uno; pero en altas horas de la mañana mi humor nunca ha sido el mejor.

Fueron llamándonos para embarcar de a grupos pequeños, y eso tenía que ver con poder ayudarnos a colocar los bolsos en los portaequipajes y a acomodarnos sin apuros. El avión era tan moderno como el de British Airways que me había llevado hasta allí desde Londres.

Ya antes de despegar habían repartido los calcetines que invitaban a todos los orientales a flexionar sus piernas y poner los pies sobre los asientos, habían servido té a discreción, y nos habían preguntado montón de veces en diferentes idiomas si nos sentíamos cómodos o si necesitábamos algo, además de las lógicas y acostumbradas reverencias a cada momento. Yo llegué a la conclusión de que en el sudeste asiático han conseguido tener el vientre chato, por tantos abdominales que hacen permanentemente. La atención superaba todo lo conocido, inclusive la de los ingleses que son muy especiales. La música, tan suave, era una caricia para el oído, y la sonrisa de los azafatos todavía la tengo grabada en mi mente.

En cuanto finalizó la etapa de ascenso, comenzaron a ofrecer diferentes bebidas, muchas de ellas con alcohol, y dos menúes alternativos. Obviamente elegí el que no tenía nada de origen marino, y después me dispuse a ver una película de Richard Gere. Estábamos en el año 2000 y muy pocas aeronaves tenían pantallas de televisión individuales. Esta era una de ellas.

Debido a la fatiga acumulada me quedé dormida, y ese fue el momento en que apagaron mi pantalla y muy delicadamente me quitaran los auriculares. Todo sin que yo lo percibiera. Pero era verano en la región y había tormenta en ciernes, así que en la mitad del viaje comenzó la turbulencia. Entonces los azafatos, muy dispuestos y sin perder la sonrisa que ya parecía dibujada en la cara, nos pusieron toallas de tela blanca humedecidas con agua caliente sobre nuestras frentes y ojos. Prácticamente no pude dormir más por tanta atención extrema; pero al cabo de algo más de cinco horas y media, que se me pasaron volando, llegué al aeropuerto Gimpo de Seúl bastante despejada. Ya era  lunes 14 de agosto al mediodía.

 

 

Ana María Liberali