Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 15025 al 15044 
AsuntoAutor
208/13 - VIAJANDO: Noticias
Re: NoticiasdelCeH Norma Me
Re: NoticiasdelCeH antoniol
209/13 - LA ESCUEL Noticias
210/13 - La Dama d Noticias
211/13 - ESPECIALI Noticias
Antipode busca lib Jeronimo
212/13 - Convocato Noticias
213/13 - ESPECIALI Noticias
214/13 - IX Jornad Noticias
215/13 - Para res Noticias
216/13 - Presentac Noticias
217/13 - IV Congre Noticias
SOLICITA ANTECEDEN Noticias
1V CONGRESO INTE Hernando
Re: NoticiasdelCeH Elias An
LA GRAN MANCHA DE Geóg. Ho
218/13 - Pueblos o Noticias
SOLICITAÇÃO DE APO Elias An
219/13 - V JORNADA Noticias
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 15351     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 218/13 - Pueblos originarios, cultura y olvido en turismo
Fecha:Lunes, 29 de Abril, 2013  00:46:59 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 218/13
 

 

Pueblos originarios, cultura y olvido en turismo

 

“Robar a un hombre su lenguaje, en nombre de ese mismo lenguaje: allí comienzan todos los asesinatos legales”. Roland Barthes.

 

                                                                  Alfredo César Dachary

 

Cuando partimos para visitar un testimonio del desarrollo de los denominados pueblos originarios, generalmente, nos encontramos con edificios o restos de ellos que, según sea el responsable y el desarrollo del país, se encuentran en diferentes niveles de conservación.

En el camino que sale de la carretera principal hacia estos lugares históricos, lo primero que vemos es la señalética, que claramente expresa “Ruinas”, como si fueran desechos del pasado o rastros de un exterminio planificado como el que se dio en muchos pueblos de América y en el resto de los continentes colonizados y no edificios históricos.

Lo segundo que nos llama la atención es que cuando el visitante llega a estos lugares se ven muy bien, con un césped recién cortado, iluminaciones y a la noche con efectos especiales “regresan” los antiguos pobladores y hacen una representación de su vida, pero no de la tragedia de la conquista.

¿Por qué se representan a los pueblos originarios por grandes pantallas, luces o a veces actores, cuando muy cerca de allí viven los mismos, sus descendientes, herederos del estigma colonial y por ello reinan en medio de la pobreza y la marginación?

Báez en un relato maravilloso sobre el saqueo cultural en América Latina, comenta que la estatua de la diosa Coatlicue de más de tres toneladas que fue “descubierta” en 1970, había sido inicialmente revisada en el siglo XVI por teólogos y eruditos, que deciden sepultarla nuevamente porque la rechazan por lo que la misma representaba, la diosa dueña de la vida y la muerte de los hombres.

En 1804, el barón Alexander von Humboldt, pidió verla y la desenterraron y luego la volvieron a enterrar como a todo el fantasma del mayor genocidio del actual México, la conquista Tenochtitlan.

¿Qué relación puede haber entre los que hoy muestran las culturas originarias, como algo que ya murió y se exponen sus restos como en un velatorio permanente para que la gente no se olvide del fin de estos pueblos y la realidad?

¿Quiénes son los encargados de separar el pasado del presente y no buscar una lógica que los una en un mismo relato?

Hay una corriente entre los arqueólogos, que trabajan recuperando los basamentos y demás vestigios de ciudades y monumentos, que no están de acuerdo con la transformación de éstos en parques temáticos al estilo Disney, como está sucediendo desgraciadamente en el caso de Machu Picchu y otros lugares emblemáticos, muchos de los cuales son declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Hoy el turismo, como un modelo económico dentro del capitalismo hegemónico, tiene una relación compleja por no decir de enfrentamiento con los pueblos originarios, ya sea los que sobreviven en la selva, como son los guaraníes o como los que también sobreviven pero más diluidos en la sociedad pero que no se les reconoce continuidad, como es el caso de los mayas.

Los primeros son grupos que hoy viven en las zonas más aisladas, los que expulsados de las tierras productivas están en la montaña o en medio de la selva a la que aún no llega “el progreso” y con éste el capitalismo como sistema, que transforma todo en productos para el mercado desde las tradiciones, la cultura a las formas productivas, en un complejo proceso de borrar la identidad.

En este primer grupo, a los pueblos originarios se les asigna, sin que lo pidan, un papel de guardabosques, deben cuidar los ecosistemas, para que éstos se puedan mostrar para deleite de quienes hoy tienen como motivo de atracción la naturaleza.

Los que planifican estas estrategias, mayoritariamente ONG´s, disocian la realidad y ponen al bosque o la selva como algo mágico que ha sobrevivido per se y no gracias a estos pueblos que han tenido una relación de equilibro; ellos no son ecologistas, forman parte de los ecosistemas y como tales mantienen una lógica de manejo equilibrado: cazan para comer y recolectan por igual función, por ello estas selvas están vivas.

En este mismo grupo están los conservacionistas que prefieren que la gente que vive allí se vaya, para dejar eso sólo para el “disfrute” del hombre civilizado, estos grupos encabezados por WWF controlan a través de diferentes tipos de reservas y zonas protegidas cerca del 10% del territorio del planeta y han sido responsables de la expulsión de miles de pobladores de diferentes grupos que hoy sobreviven en la miseria rural o urbana y en medio de un profundo proceso de pérdida de la identidad.

El segundo grupo son los que disocian totalmente los testimonios inmobiliarios y culturales diversos de las grandes civilizaciones de nuestra América de los actuales descendientes de éstos; pensaron que con la conquista y genocidio se olvidarían de su pasado, pero no es así y hoy reclaman mayor respeto y su lugar en este continente.

El turismo, cuyo eje está en la venta de una realidad transformada a fin de que el turista la pueda disfrutar sin más razonamiento que el placer, es el modelo ideal para continuar con este proceso de neocolonización o de “colonización actualizada”.

Para ello utiliza diferentes estrategias, que van desde la transformación de estos lugares en parques temáticos, donde se hace de la realidad un cuento de fácil comprensión que le permite al visitante sacar una idea simplificada y “despolitizada” de lo que vio,  disociando la realidad y la historia y acorde con el modelo de amansamiento del hombre.

 Otra manera es armando un circuito de pueblos “muertos”, cuando los descendientes están a pocos kilómetros de estos lugares, como es el caso de los vestigios o ruta de las misiones de los jesuitas y el pueblo guaraní, donde hoy viven sus descendientes en la marginación total mientras sus vestigios expresados en obras inmobiliarias generan ganancias con el turismo que los visita.

La ruta maya es algo similar, los cinco países que la integran venden el pasado, sin pensar en la realidad de los mayas del presente, perseguidos, expulsados de sus tierras y estigmatizados por exigir sus derechos.

 Estas son las dos caras de un modelo turístico, que siempre han existido pero que hoy se tuvo que reconocer en México, cuando se planteó la denominada “Campaña contra el hambre” en la cual los principales destinos turísticos están en la lista de los 400 municipios con mayor marginación social.

Lo dramático de esto es que están encabezados por los municipios que alojan las ciudades más ricas e importantes del turismo, como es el caso de  Cancún en el municipio de Benito Juárez, Acapulco e Ixtapa y, en todos ellos, las grandes masas de pobres son descendientes de estos pueblos originarios.

La otra forma de vender el pasado es a través de los museos, haciendo necesario una distinción entre los museos clásicos y los museos turísticos, que son una especie de pantomima de la realidad ya que están hechos para entretener y no educar, el turista no tiene tiempo para eso, quiere diversión y no complicaciones o cuestionamientos, está en momento de ocio pleno, no acepta que se lo recorten con historias reales.

Los museos deberían ser verdaderos monumentos a la identidad y la memoria, pero la memoria legítima se funda sobre filosofías que han configurado en la modernidad una determinada relación con el pasado, promoviendo un relato homogéneo asociado a una idea de dominio, que fue construido a partir de los centros del poder colonial.

No puede haber identidad sin memoria, de allí que la obra de Benjamín, nos permite pensar una crítica al museo tal como se constituye en la modernidad y así como al fenómeno de la museización creciente que viven nuestras sociedades contemporáneas.

En el turismo, los museos reconstruyen la historia del lugar sin darle más significado que el que la sociedad ha tomado como historia oficial, solamente que se le adosa un poco más de ingenio para hacerlo más atractivo, menos intensivo y más digerible por el viajero que no siempre dispone de mucho tiempo.

En las historias modernas que alimentan nuestra idea de nación, los pueblos originarios son los otros, por más que digamos lo contrario, y actuemos como tal, con un racismo diluido, pero no menos nocivo. Por ello en el turismo también se repite esta narración de partes diferentes, de historias separadas, donde la conquista y la colonia se diluyen en la resistencia de estos pueblos a la dominación.

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx