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Asunto:Re: NoticiasdelCeHu 208/13 - VIAJANDO: En silla de ruedas
Fecha:Jueves, 18 de Abril, 2013  20:20:09 (-0300)
Autor:antoniolegeren <antoniolegeren @.........ar>
En respuesta a:Mensaje 15334 (escrito por Noticias del CeHu)



El 2013-04-18 15:54, Noticias del CeHu escribio:

> NCeHu 208/13
>
> En silla de ruedas
>
> El 14 de agosto de 2012 a las 20,10 tomé el micro de la empresa
> Silvia rumbo a la ciudad de Gualeguay, al sur de la provincia de
> Entre
> Ríos. Al día siguiente debía dar una conferencia sobre
> ‚ÄúAgrot√≥xicos en la Cuenca del Plata‚ÄĚ, en el marco del S√©ptimo
> Congreso Nacional del Pensamiento Argentino Interdisciplinario:
> Historia, Econom√≠a Pol√≠tica, Cartograf√≠a, Biolog√≠a, Matem√¡tica,
> Física y Tratados Internacionales, invitada por la Asociación Mutual
> de Trabajadores del Arte, la Cultura y Actividades Afines (AMTAC).
>
> Al salir de la terminal de ómnibus de Retiro la lluvia era torrencial
> y el viento muy intenso y arremolinado; y al llegar a la Panamericana
> pr√¡cticamente √≠bamos a paso de hombre. Pero el peor momento lo
> vivimos al cruzar el puente Z√¡rate-Brazo Largo, en que parec√≠a que
> el ómnibus era simplemente un papel en medio de semejante tormenta,
> ya que el viento y la lluvia le pegaban por todos lados. Pero pasado
> ese tramo, las condiciones meteorológicas mejoraron y pude dormir un
> buen rato.
>
> A las doce de la noche, con media hora de atraso, llegamos a destino
> y
> mediante un remis, me dirigí al hotel Jardín, que los organizadores
> me habían indicado.
>
> El conserje no se destacaba por su simpatía. En realidad, era un
> carac√ļlico y parec√≠a fastidiado por tener que llevarme la valija por
> escalera hasta la habitación del primer piso que me había asignado.
> Le ped√≠ que me llamaran a las siete de la ma√Īana y sin perder tiempo
> me fui a dormir.
>
> Siete menos cuarto me desperté sola, encendí el televisor para ver
> las noticias, y luego de asearme me vestí. Entre una cosa y otra se
> habían hecho casi las siete y media, y recién entonces sonó el
> teléfono con el fin de despertarme.
>
> Y antes de partir hacia el lugar del evento, me dirigí al
> desayunador. Pero al bajar la escalera, en el preciso lugar donde ya
> no tenía baranda desde donde sostenerme, pisé con toda la fuerza un
> reborde del piso justo debajo del √ļltimo escal√≥n, que era de solo un
> cent√≠metro, ¬¡y me ca√≠!
>
> Foto de la escalera del hotel Jard√≠n, tomada de su p√¡gina web
>
> Se me dobló el tobillo de tal manera que no me podía levantar. Y
> ante mis quejidos, algunos de los que pasaban por el lobby vinieron a
> ayudarme. Y el conserje de la ma√Īana, nada que ver con el de la
> noche, adem√¡s de llamar a una ambulancia, r√¡pidamente me trajo
> hielo.
>
> El hospital estaba repleto, pero me atendieron de maravillas. Me
> tomaron varias radiografías y el traumatólogo diagnosticó
> ‚Äú_esguince de tobillo_‚ÄĚ. Me dio un antiinflamatorio y un calmante;
> me prohibió apoyar el pie, lo que en realidad me era totalmente
> imposible, y me dijo que debía hacer reposo absoluto durante un mes
> m√¡s la rehabilitaci√≥n.
>
> Yo llamé a DOSUBA (la obra social de la Universidad de Buenos Aires)
> para ver de qué manera podían ayudarme y me ofrecieron una
> ambulancia para trasladarme a Buenos Aires recién al día siguiente.
> ¬¡Nooooooo! Yo quer√≠a regresar ese mismo d√≠a, pero iba a ser muy
> difícil conseguir pasaje en la parte inferior del micro, ya que no
> podría subir las escaleras hacia el piso superior.
>
> Con la ambulancia del hospital me llevaron nuevamente al hotel, pero
> como yo no podía subir las escaleras, las mucamas tuvieron que juntar
> todo el desparramo de cosas que había dejado pensando que volvería
> pronto; y me instalaron en una habitación en la planta baja.
>
> Esas andanzas ocuparon toda la ma√Īana. Los organizadores hab√≠an
> tratado de comunicarse a mi celular, al que yo no contestaba, porque
> como suele ser mi costumbre, lo había dejado olvidado en la
> habitación. Y cuando se enteraron de lo ocurrido, me fueron a buscar
> con una silla de ruedas y me llevaron a almorzar junto con la
> periodista e historiadora Elena Gonz√¡lez Baz√¡n, quien tambi√©n
> participaba de la actividad, present√¡ndome adem√¡s a otros miembros
> de la mutual.
>
> Ellos dijeron que quedaba a mi criterio dar o no la conferencia, pero
> a mí me parecía una falta de respeto no hacerlo. Habían hecho
> muchos esfuerzos para llevarme hasta Gualeguay y habían convocado
> p√ļblico de toda la provincia. Pero para que no se me fuera el efecto
> de los calmantes, Elena me cedió su espacio para que yo expusiera lo
> antes posible.
>
> Fui conducida hasta el local de los bomberos, lugar donde se llevaba
> a
> cabo el Congreso. El salón de actos estaba en el primer piso y no
> había ascensor por lo que me subieron con la silla de ruedas al
> montacargas que usaban para subir mangueras y otros elementos, ¬¡pero
> no tenía paredes! Menos mal que no sufro de vértigo.
>
> Cuando llegamos al pie del escenario, que era bastante alto, entre
> dos
> bomberos grandotes me levantaron con silla y todo. Y ahí sí que me
> asusté al verme en el aire. Pero ellos muy seguros me dijeron:
> -‚Äú_Tranquila se√Īora, sabemos lo que hacemos‚ÄĚ_.
>
> Di la charla bajo los efectos del ibuprofeno 600 y tuvo muy buena
> recepción, por lo que después me hicieron varias preguntas.
>
> Luego expuso Elena, quien se refirió a la historia de las mujeres
> obreras, y finalizó con una frase de las anarquistas: _“Ni dios, ni
> patr√≥n, ni marido‚Ķ‚ÄĚ_ ¬¡Excelente! Esa es la receta. Pero el
> p√ļblico qued√≥ mudo, en especial el sector masculino.
>
> Antes de partir, muchos se nos acercaron a hacernos comentarios y
> preguntas, pero nos habían conseguido pasajes, y debimos irnos
> apresuradamente.
>
> Primeramente pasamos por el hotel y les quisieron cobrar medio día
> por la habitación que me habían dado para que me recostara un rato
> mientras me venían a buscar, porque no querían que me quedara en el
> lobby para que los otros pasajeros no se enteraran de lo que había
> ocurrido. No fue m√¡s que media hora y ni siquiera hab√≠a desarmado la
> cama. Pero estaba el conserje de la noche anterior, y de muy mala
> manera les dijo que si no pagaban no podrían retirar las cosas.
> ¬¡Justamente ellos que ten√≠an algo en malas condiciones ni siquiera
> tuvieron esa mínima atención! Pero pareció ser una característica
> de la ciudad, donde la demanda superaba a la oferta, ya que quienes
> se
> habían alojado en otro lugar, también habían recibido un trato
> fuera de lugar.
>
> Al llegar a la terminal nos informaron que el ómnibus estaba
> retrasado en m√¡s de dos horas porque se hab√≠a roto en el camino. Y
> esto causaba dos grandes problemas en las personas de las cuales yo
> dependía. Por un lado Eduardo Espiro y un muchacho de la
> organización se tenían que quedar con nosotras para poder
> devolverles a los bomberos la silla de ruedas; y por el otro, uno de
> mis familiares debería ir a buscarme pasada la medianoche de un día
> de semana. ¬¡Qu√© garr√≥n!
>
> Pero no est√¡bamos dispuestos a llorar sobre la leche derramada, as√≠
> que pese a lo molesto de la situación, tratamos de tomarlo lo mejor
> posible e hicimos tiempo comiendo algo al paso y conversando
> amigablemente.
>
> Con mi amiga Elena en la terminal de ómnibus de Gualeguay
>
> En la terminal de √≥mnibus de Retiro estaba esper√¡ndome mi hijo
> Joaquín quien consiguió allí mismo una silla de ruedas con la cual
> transportarme hasta un taxi. Por suerte nos hizo reír bastante
> mientras llevamos a Elena hasta su casa, para luego continuar hasta
> el
> sanatorio Dupuytren, que se especializaba en traumatología. El
> diagnóstico fue exactamente el mismo que el del hospital de
> Gualeguay, así que me tuve que quedar una semana con el pie en alto,
> hielo y medicamentos que me produc√≠an sue√Īo y me destru√≠an el
> estómago. Y para movilizarme dentro de mi departamento usaba la silla
> con rueditas del escritorio.
>
> Nunca es oportuno tener un accidente o enfermedad de cualquier tipo,
> pero mucho menos cuando estaba comenzando el segundo cuatrimestre en
> todas las universidades, y debido a esto tendría que sobrecargar de
> trabajo a mis ayudantes. Al principio me desesperé. Pero no tenía
> opción y todos ellos me cubrieron espectacularmente. Así que como
> nunca ha sido mi estilo ver la mitad del vaso vacío, me puse a pensar
> en todo lo que podía hacer, y no en lo que no podía.
>
> Siete días después, en una silla de ruedas alquilada, Joaquín me
> llevó a la peluquería y después al especialista en pie. Pero
> después del encierro y con el efecto de los calmantes, me parecía
> que se me venía todo el mundo encima. Sentía terror cuando mi hijo
> me llevaba por calles angostas como Montevideo y Tte. Gral. Perón
> porque el pésimo estado de las veredas lo obligaban a esquivar
> permanentemente desniveles que hubiesen trabado las ruedas, y en
> consecuencia autos y motos nos pasaban demasiado cerca.
>
> Cuando entramos al consultorio el médico preguntó qué me había
> pasado. Y antes de que yo pudiera decir algo, Joaco con su permanente
> sentido del humor, le dijo que me había accidentado jugando al
> ajedrez.
>
> ¬¡¬¿Jugando al ajedrez?! ‚Äď pregunt√≥ el galeno.
>
> S√≠, - √©l contest√≥ muy serio: -¬¡La pate√≥ un caballo!
>
> La otra excursión en silla de ruedas fue a la Facultad de Ciencias
> Económicas para exponer una ponencia en las Jornadas de Economía
> Crítica.
>
> Omar me llevó haciendo zigzag por la ancha vereda de la avenida
> Córdoba, en parte para esquivar gente y en parte para quitarle
> dramatismo. Todo fue muy bien porque tomó la rampa de ingreso, pero
> al llegar a uno de los pasillos de la planta baja, nos encontramos
> con
> que antes de llegar al ascensor, había diez escalones imposibles de
> evitar. Así que me bajé de la silla, y entre él y un agente de
> seguridad, me ayudaron a subirlos a los saltitos en un solo pie.
> Volví a la silla, y con el ascensor hasta el primer piso, donde para
> pasar al aula que tenía asignada, debía subir un escalón muy alto,
> circular por una pasarela colgante donde no habría lugar para otra
> persona que viniera de frente, y antes de salir de allí, bajar otro
> terrible escalón. Para lo cual me había tenido que bajar de la silla
> y volver a subir en cada caso. Y para poder entrar al aula, tuvieron
> que correr varios bancos de iglesia, y acomodarme en el frente aunque
> no fuera mi turno en ese momento.
>
> Después de semejante viaje, presenté el trabajo que había elaborado
> con Omar y Solange, particip√© con preguntas en las dem√¡s
> exposiciones, ¬¡y me fui! Mi intenci√≥n era almorzar y quedarme en las
> jornadas de la tarde, pero de solo pensar en volver a hacer dos veces
> m√¡s semejante periplo, desist√≠ y una vez en mi casa dorm√≠ una
> merecida siesta.
>
> Casi al mes comenzaron mis salidas en taxi y con bast√≥n con el √ļnico
> fin de asistir a las sesiones de kinesiología. Y de a poco, comencé
> a caminar muy lentamente por la calle. ¬¡Todo un suplicio! Los
> automovilistas me tiraban el coche encima a pesar de las sendas
> peatonales, y los peatones me empujaban para poder adelantarse debido
> a mi paso lento.
>
> Y allí tomé real conciencia de que a pesar de que a la ciudad de
> Buenos Aires se la considere como bastante amigable para quienes
> sufren limitaciones físicas, evidentemente no era tan así.
> Comenzando por el propio edificio donde vivía, en cuya entrada había
> cuatro escalones sin rampa paralela, que me obligaban a salir siempre
> con alguien quien tuviera la suficiente fuerza para ayudarme a
> sortearlos. La Facultad de Ciencias Económicas, donde había sido
> construida una rampa desde la calle hasta uno de los pasillos para
> cumplir con la formalidad exigida a nivel municipal, no contaba con
> dispositivos de desplazamiento adecuados hasta las aulas u oficinas.
> Los pocitos y baldosas rotas o levantadas en las veredas, sumados a
> las ra√≠ces salientes de algunos √¡rboles hac√≠an imposible circular
> con sillas de ruedas o muletas. Los bares y restoranes, que en su
> mayor√≠a ten√≠an los ba√Īos en el primer piso, no ofrec√≠an opciones
> en la planta baja. La mayoría de las líneas de colectivos no
> contaban con unidades de piso bajo y sistema de accesibilidad para
> discapacitados. Gran parte de las estaciones de subte que tenían
> ascensores, o como era muy habitual, no funcionaban. Y las bajadas de
> las veredas, supuestamente especialmente dise√Īadas eran mi gran
> terror, ya que por la pendiente demasiado pronunciada de muchas de
> ellas, la silla rodaba r√¡pidamente hacia la calle sin tener la
> posibilidad de sostenerme desde ning√ļn lado, am√©n de las motos y
> bicicletas que subían a las veredas por esa vía.
>
> Todo esto me sirvió para tomar conciencia en carne propia de todas
> las trabas que tenía una persona con movilidad reducida, tema no
> suficientemente estudiado, y que ameritaba realizar alguna
> investigación sobre la geografía urbana de la discapacidad,
> incluyendo a no videntes, hipoac√ļsicos y otras limitaciones que las
> personas pueden sufrir, incluso simplemente por su edad.
>
> Ana María Liberali
>
> -------------------------
Profesora:
Buenos Aires es una "selva de cemento" (Ortega y Gasset lo
pens√≥ hace m√¡s de cincuenta a√Īos y es fiel exponente de
la "desaparición de la
comunidad" y crecimiento del individualismo, como tan bien lo relata
Zigmund Bauman. Los que tenemos m√¡s de sesenta a√Īos sentimos terror
frente a la deshuanización de la vida en las ciudades.
Prof Antonio Legeren
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> [1]
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