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Asunto:NoticiasdelCeHu 204/13 - VIAJANDO: Un tedioso viaje entre Porto Alegre y Buenos Aires
Fecha:Martes, 16 de Abril, 2013  04:52:01 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 204/13
 

 

 Un tedioso viaje entre Porto Alegre y Buenos Aires

 Siendo ya el viernes 27 de julio, emprenderíamos el viaje de regreso a Buenos Aires después de quince días de recorrer el interior de Brasil.

El micro, de la empresa Pluma, debía salir a las 17,30 de la terminal de Porto Alegre, pero esperábamos en la plataforma señalada y no aparecía. Desde ya que no éramos los únicos, pero sí los primeros en ir hasta la boletería para preguntar qué pasaba. Al principio nos dijeron que como venía de Curitiba y había mucho tránsito, iba a demorar un rato. Pero el tiempo transcurría y nada… Volvimos a consultar, y la cuestión se puso peor, porque anunciaron que había tenido un pequeño accidente, y que el tiempo de demora podría oscilar entre una y tres horas.

Cuando se hicieron las siete de la tarde decidimos comer algo, en especial para calmar a Martín que no solía tener paciencia cuando su estómago estaba vacío. Así que con un café con leche y un sándwich caliente de queso, que nos ayudaron a tolerar la espera y el frío, aguantamos hasta las ocho de la noche en que llegó el micro y pudimos partir.

En Brasil no estaba permitido que las empresas de ómnibus ofrecieran comida a bordo, por lo que a poco de andar se detuvo en uno de los paradores característicos de la región, en que vendían comida al peso, en sistemas de autoservicio, además de pan de queso caliente y algunos snacks. Y como ya habíamos digerido lo que habíamos consumido en la terminal, nos servimos sendos platos cargados con una gran variedad de alimentos.

Ya cansados volvimos a nuestros asientos pensando que el atraso nos permitiría llegar a la frontera a las seis de la mañana y no a las tres y media de la madrugada como estaba previsto por horario, lo que era mucho mejor tratándose además de un invierno muy crudo, ya que deberíamos bajar para los controles de documentación y de aduana. Por lo que dormimos plácidamente toda la noche, y cuando nos despertamos ya eran más de las ocho de la mañana, pero estábamos detenidos en Uruguaiana tras una larga fila de coches, sin saber por qué. Más tarde nos enteramos que lo que ocurría era que había una huelga del personal de aduanas de Argentina, así que recién a las diez de la mañana pudimos ingresar al puesto de Paso de los Libres. A las once y media de la mañana deberíamos haber estado en Buenos Aires, pero recién transitábamos por el sur de la provincia de Corrientes.

La mayor parte de los pasajeros eran brasileños, y muchos habían llevado provisiones para evitar gastar dinero en el camino; pero a esa altura, ya habían consumido todo lo que cargaban en sus cestas, por lo que les pidieron a los choferes que nos llevaran a algún comedor. Y como el almuerzo no estaba previsto, no conseguían ningún lugar en la ruta que pudiera proveer a tanta gente, así que nos tuvimos que conformar con algunos sándwiches improvisados y galletitas, hasta el final del viaje.

Alrededor de las dos de la tarde pasamos por el Palmar de Colón, cercano a la localidad de Ubajay, único relicto donde se conservaban las palmeras yatay, que se caracterizan por llegar a medir hasta doce metros de altura. Originariamente cubrían gran parte de la provincia de Entre Ríos, pero fueron taladas con el fin de ganar tierras para las actividades agropecuarias.

 

Palmeras Yatay en el sector oriental de la provincia de Entre Ríos

 

 

Continuando por la ruta nacional número 14, pasamos por una serie de establecimientos agroindustriales que le habían dado dinamismo a la región.

 

Establecimientos agroindustriales al sudeste de la provincia de Entre Ríos

 

 

Yo disfruto mucho observando la geografía del lugar a través de la ventanilla, aunque muchas veces el paisaje parezca aburrido para la mayoría de los pasajeros. Pero pese a eso, este viaje me resultaba tedioso por las largas esperas y las incomodidades de un coche semi-cama, algo antiguo y con asientos poco confortables.

Los brasileños parecían tener más paciencia que los argentinos, y a la vez mostraban menos complejos acomodándose libremente sin importarles demasiado lo que opinaran los demás.

 

Ante el cansancio del viaje, los pasajeros brasileños dormían a “pata ancha”

 

 

Antes de las cinco de la tarde habíamos llegado al  puente Zárate-Brazo Largo, pero nuevamente el micro se detuvo. Lo que ocurría era que se estaban quemando algunos campos, y la humareda impedía la visibilidad.

 

Quema de campos a la vera del puente Zárate-Brazo Largo

 

 

Se había producido más de un accidente y el puente permanecería cortado hasta tanto pudieran apagar el fuego o al menos, mitigar sus efectos.

 

Efectos del humo en un día soleado

 

 

Estuvimos parados cerca de una hora, hasta que lentamente pudimos comenzar a avanzar. Nuevamente divisamos el puente, pero los pastos quedaron negros a ambos lados de la ruta.

 

Campos quemados a ambos lados de la ruta

 

 

Resultó muy impactante ver cómo avanzaba el fuego a gran velocidad, a pesar de tratarse de una zona suficientemente húmeda. Y una vez apagado, una sensación de desolación y muerte invadía todo el paisaje.

 

Sensación de desolación y muerte en un ambiente dañado por el fuego

 

 

Pasamos la zona afectada, el viento del sudoeste se encargó de barrer pronto el neblumo, y volvimos  a ver en el cielo los pequeños cirros que se habían formado.

 

 

Zona aledaña al puente Zárate-Brazo Largo

 

 

Lo que no pudimos conocer fueron las causas del incendio. Como suele ocurrir en estos casos, son muchas las voces que hablan y pocas las que saben de qué se trata. Y fue así que hubo quienes afirmaron que era algo intencional como respuesta a las políticas impositivas a la producción agropecuaria; y quienes acusaban a algunos pequeños productores de utilizar la técnica del rozado sin tomar en cuenta los recaudos mínimos. Pero el hecho fue que nadie apareció como responsable, y cuando eso ocurre, generalmente se ha tratado de un pobre inocente absolutamente ajeno a la situación, denominado vulgarmente como “un perejil”.

 

Pastizales quemados parcialmente

 

 

En algunas zonas el fuego alcanzó los cables de trasmisión de electricidad

 

 

Finalmente logramos cruzar el puente. Y al llegar a la ciudad de Zárate, teóricamente ya estábamos a poco más de una hora de Buenos Aires, pero siendo sábado a la tarde, la Panamericana se veía muy complicada por el exceso de tránsito.

 

El majestuoso río Paraná desde el puente Zárate-Brazo Largo

 

 

¡Por fin llegamos a la terminal de ómnibus de Retiro el sábado 28 a las ocho de la noche!

Un viaje que debía haber durado dieciocho horas, que desde ya que no es poco, se fue a veinticuatro sobre el micro más las otras dos y media de espera antes de partir. Y si bien no pudimos negar nuestro cansancio, ¡quién nos quitaba lo bailado los días anteriores!

 

 

Ana María Liberali