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Asunto:NoticiasdelCeHu 169/13 - VIAJANDO: Semana Santa en Victoria y Rosario
Fecha:Jueves, 28 de Marzo, 2013  09:05:26 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 169/13
 

 

 

Semana Santa en Victoria y Rosario

 

En la Semana Santa del 2008, fuimos a descansar en familia a la localidad de Victoria, en el sudoeste de la provincia de Entre Ríos.

Llegamos casi al mediodía del jueves 20 de marzo, y una vez instalados en un hotelito sencillo, salimos a caminar. La ciudad se presentaba tranquila, por lo menos para quienes llegábamos desde Buenos Aires, ya que su población apenas superaba los treinta y cinco mil habitantes.

 

Tranquila calle próxima al Centro de Victoria

 

 

La plaza central era sencilla pero muy limpia y cuidada. En el sector central estaba el monumento al General San Martín y el de la Madre.

 

Plaza central de Victoria con los monumentos al General San Martín y a la Madre

 

 

Si bien la ciudad se caracterizaba por predominar bajas casonas, ya habían comenzado a aparecer algunos edificios de cierta altura, que para mi gusto, eran elefantes blancos.

Y justo a las doce, los negocios comenzaron a cerrar y el tránsito a disminuir rápidamente, así que nos refugiamos en una especie de quincho y degustamos una espectacular carne asada. Y, después de almorzar, como era de esperar, la ciudad se vació totalmente, ¡todos se fueron  a dormir la siesta! Así que imitamos a los locales, y recién volvimos a las calles cuando bajó el sol.

 

 

Viejas casonas y nuevos edificios

 

 

A la mañana siguiente dormimos hasta tarde, y luego salimos a la ruta provincial número 11, desde donde pudimos ver algunas áreas de producción rural, como colmenares y gran cantidad de ganado vacuno. Esa vía había sido siempre el único vínculo con una ciudad relativamente grande, Paraná, capital de la Provincia, a 118 km al NNW.

 

 

Estrecha ruta provincial número 11

 

 

A la vera de esa ruta, y sobre una de las siete colinas de la ciudad de Victoria, se encontraba la Abadía Benedictina del Niño Dios, que contaba con más de cuatrocientas hectáreas de bosques y jardines. Fue fundada por monjes benedictinos llegados de Francia en 1899.

 

 

Interior de la Abadía Benedictina de Victoria

 

 

Era de gran importancia para la ciudad, no solo como lugar histórico, sino también como fuente de ingresos económicos derivados del turismo.

En la abadía se realizaban retiros espirituales, y además, los monjes producían su propia línea de productos comestibles como quesos, dulces, miel, licores y cerveza.

 

Abadía Benedictina del Niño Dios

 

 

Esa noche de Viernes Santo se iba a realizar una procesión de antorchas, pero mi madre y yo, cometimos la herejía de optar por ir a conocer el casino. Y como toda vez que concurrimos a algún lugar por el estilo, ganamos poca plata o perdemos poca plata, porque nunca llevamos demasiado. Así que conocimos el casino, y cuando juntamos unas cuantas fichas, decidimos retirarnos antes de que nos cambiara la suerte. Y ese dinero nos alcanzó para pagar un almuerzo  y comprar algunos regalos para el resto de la familia.

Todos los habitantes de Victoria hablaban permanentemente sobre los cambios que les habían producido el puente que los conectaba a Rosario, inaugurado en 2003, y la instalación del casino, que databa de 2005. Muchos de ellos destacaban los beneficios que ambos les habían significado, pero otro grupo no menos importante, tomaba a ambos como factores totalmente negativos.

Habían permanecido absolutamente aislados de una ciudad como Rosario, que en línea recta distaba menos de sesenta kilómetros, pero que por los brazos del río en la zona del pre-delta, no les era factible atravesar. Y eso les había permitido llevar una vida pueblerina donde todos se conocían y no había prácticamente delitos. Pero tampoco había posibilidades de estudio y trabajo para los más jóvenes que terminaban migrando a centros urbanos de mayor jerarquía, por lo que ese sector de la sociedad consideraba una gran oportunidad poder ir y venir a estudiar o trabajar en Rosario, y utilizando a Victoria como ciudad dormitorio. Pero la gente mayor sentía que todo se le iba de las manos, y afirmaban que el ingreso permanente de rosarinos que llegaban en busca del casino, les había aportado también una cuota de delincuencia. Por otra parte, los hoteleros y comerciantes dedicados a la venta de servicios y productos a los turistas, nunca se habían visto más beneficiados; mientras que quienes solo se vinculaban con el mercado local, se lamentaban de que las mujeres gastaran sus excedentes en el casino y no en prendas, bijouterie o cosméticos, como lo habían hecho en otros tiempos.

 

Ingreso a la conexión vial que une Victoria con Rosario

 

 

El puente que une Victoria, en la provincia de Entre Ríos con Rosario, en la provincia de Santa Fe, forma parte de la red vial de accesos, cuya traza se encuentra sobre la ruta nacional número 174, a lo largo de sesenta kilómetros.

 

Zona de bañados a poco de salir de Victoria

 

 

En realidad, se trata de doce puentes menores que parten desde Victoria, que atraviesan las islas pre-deltaicas, más uno principal que llega a la localidad de Granadero Baigorria, al norte de la ciudad de Rosario. El conjunto recibe el nombre de Conexión Vial Rosario-Victoria. El tramo oriental de la obra, junto a Victoria corresponde a una carretera de un solo carril por sentido, mientras que el occidental, de acceso a la ciudad de Rosario, es una autopista de dos carriles por sentido de circulación.

 

 

Brazos del área pre-deltaica del Paraná frente a Victoria

 

 

Mientras cruzábamos las islas podíamos ver el predominio de pasturas características de un clima templado húmedo, como es el de toda la región pampeana, pero con una selva en galería, producto de las semillas que el Paraná arrastra desde sus nacientes en Brasil, para depositarlas en las fértiles tierras de su desembocadura. Y es así como crecen las mismas variedades que en el norte, donde los climas son tropical y subtropical, pero con menor desarrollo a causa de condiciones no tan favorables.

Por otra parte, ya a lo lejos se visualizaban los edificios rosarinos que contrastaban totalmente con las casas bajas de Victoria.

 

 

Selva en galería y edificios de Rosario a la distancia

 

 

Y ya llegando al brazo principal del río, se podía ver con mayor nitidez la selva en galería en la margen izquierda, mientras que la urbanización de la margen derecha se encontraba sobre una zona de barrancas. Contrariamente en el curso superior del Paraná, hasta la latitud de la ciudad de Santa Fe, las barrancas se estaban en la margen derecha, y la zona baja, en la izquierda. Por esa razón las ciudades de Posadas, Corrientes y Paraná están edificadas en terrenos relativamente elevados, mientras que Encarnación del Paraguay, Resistencia y Santa Fe, están asentadas en tierras bajas sumamente inundables.

 

 

Brazo principal del río Paraná frente a la ciudad de Rosario

 

 

 

Desde el puente principal, se podía ver el color del Paraná, marrón rojizo, producto de la gran cantidad de sedimentos que llevaba en suspensión.

 

 

Vista del Paraná desde el puente principal Nuestra Señora del Rosario

 

 

 

Al arribar a Rosario, prontamente fuimos al Monumento a la Bandera ya que era horario de ascenso al mirador de la Torre. Y desde allí pudimos tener una vista panorámica del resto del complejo viendo en primer plano el Propileo Triunfal de la Patria, en el centro el Pasaje Juramento, a la izquierda la Catedral y a la derecha el Palacio Municipal en su parte posterior.

 

 

Monumento a la Bandera desde el mirador de la Torre

 

 

Entusiasmada por la hermosa vista y la diafanidad del día, comencé a tomar fotografías hacia todos los puntos cardinales. Y girando hacia el norte, pude ver a lo lejos, el puente principal Rosario-Victoria, que acabábamos de cruzar.

 

Vista de Rosario hacia el norte

 

 

Hacia el sur, estaban los parques y la Torre Aqualina en construcción, ubicada en la esquina de San Luis y Leandro N. Alem. Este edificio, de ciento veintisiete metros de altura y cuarenta pisos de departamentos, era en ese momento el más alto de Rosario y el más alto de la Argentina fuera de Buenos Aires. En el diseño y estudios previos, se tomaron serios recaudos en cuanto a la resistencia a los vientos, considerando las tormentas que se producían en la zona con una recurrencia de cincuenta años; sin embargo no ocurrió lo mismo respecto a un posible movimiento sísmico, ya que si bien la frecuencia e intensidad son muy bajas, el hecho es que en 1888 se produjo el terremoto del río de la Plata, habiendo tenido un antecedente previo en 1848 y nuevos movimientos en 1988 y 1990, aunque mucho menores.

 

Torre Aqualina, que en 2008 estaba en construcción

 

 

Mirando al sudeste, se veía la zona parquizada de la avenida ribereña,  el Paraná y a lo lejos las islas.

 

La bandera argentina flameando a orillas del Paraná

 

 

Y cerrando el círculo en 360º hacia el este, pudimos ver de frente el Paraná, que en los puertos rosarinos tienen el límite para las embarcaciones de mayor porte, pudiendo continuar aguas arriba solo los que cargan menos de 1500 toneladas.

 

 

Brazo principal del Paraná desde el mirador

 

 

La Hidrovía Paraná-Paraguay, estructurada a lo largo de casi tres mil quinientos kilómetros desde el río de la Plata, límite entre Argentina y Uruguay, hasta Puerto Cáceres en el estado de Mato Grosso, Brasil, constituye la principal vía fluvial que proporciona una salida al océano a ciudades del interior de Argentina y Paraguay. El mantenimiento del dragado se realiza a través del cobro de peaje en relación con la tonelada de registro neto. La profundidad de la hidrovía es de 10,5 metros hasta Rosario (kilómetro 416), y de 7,5 metros hasta Santa Fe, (kilómetro 580).

 

 

Buques de gran porte llegando a los puertos rosarinos

 

 

Bajamos del Mirador y fotografiamos la escultura en homenaje a Manuel Belgrano que se encontraba en la parte inferior del Monumento a la Bandera.

 

Manuel Belgrano en el Monumento a la Bandera

 

 

Almorzamos en un restorán cercano, atendido por sus dueños, que eran de origen asturiano, denominado “La Marina”, donde además de gran variedad y calidad de platos, los precios eran muy accesibles.

Y después de comer, mientras los rosarinos se abocaban a dormir la siesta, salimos a hacer una lenta caminata cercana a la ribera, pasando por algunos arroyitos donde estaban amarradas pequeñas lanchas y veleros.

 

Pequeño arroyito con desembocadura en el Paraná

 

 

Pero lamentablemente, lejos de ser cristalinas, las aguas estaban contaminadas por ser la descarga de los efluentes de la ciudad.

 

Botes con motor de quienes tienen una economía de subsistencia

 

 

Y no podíamos irnos de Rosario sin dar un paseo por el Parque de la Independencia. Pero como estábamos bastante cansados y cortos de tiempo, lo hicimos a bordo de un taxi.

 

Lago del Parque de la Independencia

 

 

El Parque cuenta con cinco sectores principales. La plaza del laguito y un mirador que se denomina la montaña. Es uno de los sectores más visitados por la posibilidad de pasear en bote y ver la fuente de aguas danzantes. El resto está dividido en otros cuatro que representan a las principales comunidades europeas que formaron la ciudad. Esos están conformados por el Jardín Francés, semejante a los de los palacios y edificios más destacados de París; el Británico, integrado por importantes instituciones que identifican a la comunidad inglesa de principios del siglo XX, el club Newell’s Old Boys y el Hipódromo; el Español representado a través de un precioso paseo rosedal que forma la Plaza Española, con una fuente de cerámicos donados por la Corona Española; y el Italiano, que se identifica por la figura del gran libertador Giuseppe Garibaldi. El parque también cuenta con un centro de convenciones, con museos y otros clubes de fútbol.

Y con el mismo taxi nos dirigimos a la terminal de ómnibus para regresar así a Victoria.

 

 

 

El Parque de la Independencia al caer la tarde

 

 

En la mañana del domingo fuimos caminando hacia la Iglesia Catedral que estaba a pocas cuadras desde el hotel. Sin embargo tardamos bastante en recorrerlas porque nos parábamos en cada casa o edificio institucional a observar las rejas de las ventanas. Y es que a Victoria se la conoce como “la ciudad de las rejas”, y no es por la inseguridad, ya que todavía la mayoría de las casas permanecían con las puertas abiertas, sino por una cuestión de modas de sus primeros habitantes, a quienes gustó decorar los frentes con esa ornamentación.

En Argentina no existe un patrimonio de rejas tan grande y vasto como el que posee Victoria donde se fabrican desde 1848. Y esto se debió por una parte al estilo colonial de los españoles, sumado a la radicación de herreros italianos quienes fueron incorporando nuevos diseños de vanguardia, pasando a ser no solo italianas sino también de estilo francés, alemán y vasco.

 

 

Reja de una casa de familia de Victoria

 

 

Victoria es una especie de exposición artística permanente donde se exhiben elementos decorativos de distintas épocas y estilos. Los maestros de la herrería han dejado su arte a la vista de todos, y eso solo merece conocer la ciudad. Las líneas arquitectónicas van desde las más simples, horizontales y verticales de influencia ibérica de Castilla y su zona de influencia, hasta las renacentistas cuyas rejas, vitraux y otros ornamentos muestran una época en que el lujo era moneda corriente ya  que el trigo valía como el oro. Por esa razón las primeras rejas más complejas, hechas con hierro achatado, llegaron primero a las grandes estancias, y luego a las calles de las ciudades entrerrianas, siendo Victoria la más destacada de todas.

 

 

Simple pero tan bonita como todas las rejas de Victoria

 

 

Y como por mirar rejas se nos había pasado el tiempo, entramos a la iglesia apresuradamente para escuchar la misa de Pascuas. Y allí, ese día, mi hijo Martín tomó su segunda comunión.

 

 

Una de las torres de la Catedral

 

 

 

Recién al salir, reparamos en la arquitectura del templo, que es una pequeña joya arquitectónica. Tenía características del arte romántico del Medioevo, torres macizas, sólidas, con dos pequeñas ventanas ojivales perforadas, y un rosetón que imitaba al vitral clásico y simbolizaba el naciente de toda iglesia cristiana.

 

Frente de la Iglesia Catedral de Victoria

 

 

Anduvimos dando vuelta por la plaza como era la costumbre de todos los habitantes del lugar, aunque ahora se encontraban con un montón de gente que ya no conocían y eso, era una de las tantas cosas que no les gustaban de la fácil conexión con Rosario y el crecimiento del turismo.

 

Mi mamá y mi hijo Martín en la plaza de Victoria

 

 

Y como en toda ciudad hispanoamericana, además de la iglesia, frente a la plaza se encontraban los principales edificios públicos y las entidades de mayor importancia, como la Municipalidad.

 

Municipalidad de Victoria, frente a la plaza central

 

 

 

Pero pese a que la gente se quejaba de que la ciudad ahora era insegura y que se había convertido en un centro urbano con “mucho ruido”, a pocas cuadras del “Centro”, las calles continuaban siendo de tierra y manteniendo un estilo de vida absolutamente rural.

 

La periferia de Victoria a pocas cuadras de la plaza central

 

 

Y en ese sector, también se conservaban los antiguos caserones y almacenes de campo, que fueron los antecesores de los supermercados, ya que eran de “ramos generales” y se podían conseguir tanto alimentos, como ropa o elementos de ferretería.

 

 

Antiguo Almacén de Ramos Generales con vivienda incorporada

 

 

Muchos de esos edificios, al no existir agua de red, se proveían a partir de aljibes en sus patios centrales.

 

Aljibe en el patio de un antiguo caserón

 

 

Y al hacerse la noche de ese Domingo de Pascuas, la plaza comenzó a colmarse de gente porque la Banda Municipal iba a ofrecer un espectáculo a cielo abierto. Todos los integrantes tenían otros trabajos, como suele ocurrir en la Argentina con la mayoría de los músicos, por más buenos que éstos sean.

 

Banda Municipal de la ciudad de Victoria

 

 

Y por ser la última noche de nuestra estada, recorrimos los puestos de artesanos que se habían instalado en la plaza, y compramos algunos objetos como mates, carteras, monederos, llaveros, y hebillas para el pelo, hechos con cuero de pescado y con mondongo. Todos muy bonitos, y sobre todo, originales.

 

Trabajando el cuero de pescado y el mondongo

 

 

El lunes 24 de marzo a la mañana, tomamos el micro rumbo a Buenos Aires, pero al llegar a la altura de Gualeguay, nos encontramos con un corte de ruta por el famoso conflicto del campo, que paralizó gran parte de las actividades durante meses.

 

 

Corte en la ruta número once a la altura de Gualeguay

 

 

Estuvimos detenidos algunas horas, pero como se trataba de una protesta de la Sociedad Rural de Gualeguay, es decir, de un corte realizado por los ricos, al llegar el mediodía, cuando el asado estuvo listo, abandonaron el lugar dando paso a las larguísimas filas que se habían formado.

 

Corte de ruta por la Sociedad Rural de Gualeguay

 

 

 

 

La Sociedad Rural en la Argentina, siempre representó a los terratenientes, dueños de las mayores extensiones dedicadas, en su mayoría a la ganadería vacuna. Y constituyen el sector socioeconómico de mayor peso político e históricamente económico del país. Por eso siempre se ha dicho que la clase alta argentina tenía olor a bosta.

Sin embargo, en los últimos años, debido a los altos precios coyunturales de la soja, no han tenido reparo en destinar la mayor parte de sus tierras a esa oleaginosa, dejando de lado la producción de carne y leche, con las consiguientes consecuencias para los trabajadores del sector como para los consumidores, además del deterioro ambiental. Y pese a sus pingües ganancias, se estaban resistiendo al pago de mayores impuestos por sus exportaciones.

Ahora bien, esta es la clase de gente que acusa de vagos y de quitar el derecho de desplazamiento cuando los pobres cortan calles o rutas. Y la gendarmería, que a los más necesitados, reprimió siempre sin asco, ¡a estos personajes los protegía!

 

Uno de los pocos campos con ganado que perduraban en la zona

 

 

Cruzamos el puente Zárate-Brazo Largo e ingresamos a la provincia de Buenos Aires. Lo que en otras épocas fueran campos para la cría de ganado lechero o grandes trigales, estaban absolutamente reemplazados por el cultivo de soja. Y esas grandes extensiones verdes, además de deteriorar los suelos, no generan trabajo rural por estar totalmente mecanizado todo el proceso. Y una de las consecuencias era que los trabajadores rurales con sus familias habían pasado a engrosar los conurbanos más pobres de las principales ciudades.

 

 

Río Paraná desde el puente Zárate-Brazo Largo

 

 

Y ya en la ruta nacional número 9, más conocida como la Panamericana, atravesamos la zona de parques industriales más importante del país.

 

Planta automotriz de Ford en la ruta Panamericana

 

 

Ingresamos a la ciudad de Buenos Aires por el norte y bordeamos el Aeroparque “Jorge Newbery”, desde donde operan los vuelos de cabotaje.

 

Aeroparque “Jorge Newbery”, situado entre la vía del ferrocarril y el río de la Plata

 

 

Antes de llegar al puerto, encontramos gran cantidad de contenedores esperando ser cargados.

 

Contenedores que indicaban la proximidad al puerto de Buenos Aires

 

 

Pasamos por el acceso a una de las terminales del puerto de Buenos Aires, que ha perdido peso relativo desde la segunda mitad del siglo XX por el crecimiento de Santos, el puerto de Sao Paulo, y por el desvió del tráfico comercial desde el Atlántico hacia el Pacífico.

 

Uno de los accesos al puerto de Buenos Aires

 

 

Por último vimos la Casa de la Moneda de la Nación, lugar de emisión de monedas y billetes argentinos.

 

Casa de la Moneda de la Nación

 

 

Y finalmente, aunque con retraso por el corte de ruta, llegamos a destino y nos preparamos para comenzar las actividades de la semana con renovadas energías.

 

 

Ana María Liberali