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Asunto:NoticiasdelCeHu 178/13 - VIAJANDO: Desde Rosario hasta El Impenetrable
Fecha:Domingo, 31 de Marzo, 2013  03:15:47 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 178/13
 

 

Desde Rosario hasta El Impenetrable

 

En el año 2008, aprovechando el feriado del 9 de Julio, en que en la Argentina se conmemoraba el 192 aniversario de la Independencia, fuimos a Rosario con el fin de avanzar con la organización del Encuentro Humboldt, que se realizaría tres meses después.

Llegamos sobre el mediodía, que estaba absolutamente gris, y después de dejar nuestro equipaje en el hotel, fuimos a almorzar a “La Marina”, tal como lo habíamos hecho en viajes anteriores. Y al salir, vimos que a pocos pasos, en el Monumento a la Bandera, había una manifestación. 

 

Manifestación en el Monumento a la Bandera

 

 

Nosotros caminamos hacia el río, donde había mucha gente paseando y comprando artesanías a tobas y wichis, que provenían de la región chaqueña. Yo me puse a conversar con ellos y me dijeron que la mayoría se había radicado en Rosario porque a pesar de tener que asentarse en barrios marginales, consideraban que sus condiciones de vida eran mucho mejores que las que tenían en sus lugares de origen. Les comenté que iría al Chaco en esos días, y me dieron una serie de datos para que me resultara más sencillo llegar hasta El Impenetrable.

Y como era esperable, la lluvia se avecinaba, retomamos el camino hacia el hotel, Y al pasar por el Palacio Municipal, vimos que los manifestantes se habían concentrado allí, que era el lugar hacia donde iban dirigidos los reclamos.

 

Palacio Municipal de la ciudad de Rosario

 

Durante esa tarde y el día siguiente tuvimos reuniones con estudiantes y colegas que colaborarían en la organización del Encuentro.; y desde allí, seguí viaje rumbo al Chaco, donde debía recorrer varios puntos con el fin de hacer un diagnóstico para varios trabajos de investigación que tenía en curso.

El micro salió de Rosario a la medianoche, atravesó todo el norte de la provincia de Santa Fe, y casi diez horas después arribábamos a la ciudad de Resistencia, capital de la provincia del Chaco.

 

En esa oportunidad no tendría tiempo para permanecer allí ya que mi interés estaba en el interior, así que enseguida me dispuse a averiguar horarios para desplazarnos hacia el noroeste. Y después de un suculento almuerzo en la misma terminal, partimos hacia Juan José Castelli.

 

 

Poblado a pocos kilómetros de Resistencia

 

 

Primeramente tomamos la ruta número 16 con destino a Presidencia Sáenz Peña, segunda ciudad de la provincia, para luego continuar por la ruta 27, hasta llegar a destino.

 

 

Restos de la cosecha en un campo sobre la ruta 16

 

 

En el camino pasamos por áreas totalmente destinadas a la agricultura. Muchas de ellas que otrora fueran algodoneras, estaban siendo reemplazadas por producción de soja, ocasionando mayores perjuicios ambientales y sociales.

 

Zona algodonera reconvertida a sojera

 

 

El Chaco ha tenido una historia catastrófica en referencia tanto a su ambiente natural como social. De hecho, de haber sido un lugar cubierto por bosques de quebrachos, luego de la tala indiscriminada llevada a cabo por empresas británicas, pasó a ser un área de monocultivo del algodón, con el consecuente deterioro de los suelos, y supeditada a los vaivenes de los precios internacionales .

 

Los árboles son el testigo de la vegetación original

 

 

El clima de la región es subtropical con estación seca en invierno, presentándose cada vez más extremo a medida que nos dirigíamos hacia el oeste.

 

Establecimiento cercano a la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña

 

 

La falta de cobertura vegetal de gran porte, ha generado a lo largo de todo el siglo XX y hasta la actualidad, períodos de extrema sequía con inundaciones en la estación contraria.

 

Rastrojo de la cosecha y vegetación achaparrada detrás

 

 

Y si bien algunos campos estaban dedicados a la ganadería, debido a las elevadas temperaturas y a la falta de humedad en gran parte del año, las pasturas se presentaban poco tiernas, lo que no contribuía para nada a la buena alimentación de los animales.

 

Caballos alimentándose en la sabana con pastos amarillos en el seco invierno

 

 

Muchos establecimientos estaban localizados en los bordes del bosque para luego continuar abriendo paso  a nuevas tierras, cuando las otras se agotaran.

 

Producción junto al borde del bosque a lo largo de la ruta 27

 

 

Durante el verano las temperaturas de esta zona superan lo 45ºC, mientras que en el invierno se mantienen cercanos a los 25ºC durante gran parte del día.

 

En épocas de sequía los caminos se tornan polvorientos

 

 

Y pese a los riesgos por la falta de agua, continuaban utilizando la técnica del rozado para ganar campos a los cultivos. Ésta consiste en la quema del bosque y su posterior “limpieza”.

 

Quema del bosque y pastizales en proximidades de Juan José Castelli

 

 

La desaparición de la vegetación existente, por más que se trate de un bosque espinoso y achaparrado, genera escurrimiento a gran velocidad, y por ende, mayores inundaciones en el período estival.

 

Bosque próximo a ser totalmente quemado

 

 

A este proceso lo denominan “pampeanización” de la región chaqueña, pero lejos de tener las mismas condiciones, agrava a mediano y largo plazo, las condiciones naturales de la región.

 

Campo semejante a los pampeanos, pero con altos costos ambientales

 

 

Finalmente arribamos a Juan José Castelli, la puerta de entrada a El Impenetrable, cuando todavía era de día. Buscamos un lugar donde alojarnos que, sin duda, tenía condiciones bastante limitadas, y desde ya, muchísimo olor a insecticida. Y prontamente fuimos a conocer la ciudad, que más que ciudad era un pueblo grande. De hecho tenía cerca de treinta mil habitantes, lo era todo un acontecimiento, ya que todos decían entusiasmados que la población se había duplicado respecto de los años 90, en que apenas alcanzaba a poco más de doce mil. Pero esto ponía de manifiesto el fuerte éxodo rural que se estaba produciendo debido al desplazamiento de las familias por el crecimiento del área sojera.

 

Avenida principal de Juan José Castelli, con mucho movimiento

 

 

 

Los pueblos originarios del lugar eran los tobas y los wichis, pero la mayor parte de la población urbana actual desciende de alemanes del Volga, y en menor medida, de otras nacionalidades europeas. Esto se reflejaba en las calles a nivel étnico, ya que podían verse rostros muy blancos con pelo rubio, y en un número muy reducido, mestizos gauchos y población indígena.

 

 

Monumento al gaucho, al indio y al inmigrante

 

 

Y si bien en el monumento aparecen los tres grupos que conforman la sociedad castelense, de manera igualitaria, la realidad distaba mucho de esa representación.

Por la avenida andaban los blancos en camionetas cuatro por cuatro, autos de alta gama y paseaban por las veredas vistiendo ropas de marca. Entraban a negocios puestos al mejor nivel, a casas de ropa deportiva con precios idénticos a los de Buenos Aires, y se sentaban a tomar algo fresco en lugares paquetes.

Los gauchos, vestían sus ropas típicas, camisa, bombachas, alpargatas y sombrero tradicional, y circulaban en viejos vehículos destartalados. Y antes de que cerraran, entraban a negocios de venta de productos del campo, o bien, los hombres solos se sentaban en algún viejo bar a  jugar a las cartas y tomar alguna bebida blanca.

Pero a los indígenas no les quedaba otra opción de la de salir a vender por la calle sus artesanías o permanecer en sus casas, teniendo como única distracción los programas de televisión, procedentes de Buenos Aires o películas de Hollywood. Por esa razón, muchos de ellos preferían migrar, ya que el desprecio al que se veían sometidos en ese pueblo, era muy superior al de una ciudad mayor. Y como gran parte de la población del Litoral, Rosario les significaba un paso muy importante.

Les compré algunos bellísimos objetos realizados en madera, y al pedirles algunos más me dijeron que fuera al día siguiente a sus casas, pero que lo hiciera en absoluto secreto, ya que solo podían vender una pequeña parte en forma directa al público, ya que las organizaciones eclesiásticas les compraban casi toda la producción, aunque a un precio mucho menor. Por esa razón cada tanto bajaban a Rosario o a Buenos Aires, donde uno de ellos había ganado un premio del Fondo Nacional de las Artes, y en las ferias podían tener un rédito algo mayor.

 

Artesano wichi hincha de Newell’s Old Boys de Rosario

 

 

En la provincia del Chaco se venían registrando desde tiempos ha, los mayores indicadores de pobreza del país, y generalmente esto estaba directamente ligado a la población originaria. Pero en los últimos tiempos, también los mestizos y algunos de los descendientes de inmigrantes cayeron en los peores niveles de marginalidad.

 

Viviendas precarias y carpas en la periferia de Juan José Castelli

 

 

Ya de por sí vivir en una tapera genera serios problemas en cualquier parte del mundo, pero en las condiciones climáticas del Chaco, la situación se agrava considerablemente. Y es aquí donde los fríos números estadísticos se ponen de manifiesto. ¿Cómo no van a producirse tantas muertes infantiles por diarrea estival en estas condiciones? ¿Y cómo no va a haber deshidratación y neumonías durante los inviernos? Y ambos casos, se trata de causas absolutamente evitables. Esto pudo haber sido un determinismo geográfico en otro momento histórico, pero no en el pleno siglo XXI. Y no se trata de otra cosa más que de una decisión política.

 

El problema no es clima sino las condiciones de las viviendas

 

 

Algunos, con mucho sacrificio, pueden construir sus casas de ladrillos, pero de todas formas, se les hace muy complicado acceder a los servicios mínimos como agua potable, electricidad para refrigerarlas o combustible para cocinar los alimentos.

 

Algunas familias construyen sus casas “a pulmón”

 

 

El gobierno provincial ha llevado a cabo planes de vivienda, pero de ninguna manera han cubierto las necesidades de los más postergados.

 

Barrios construidos por el gobierno provincial

 

 

 

Sin duda la pobreza ha traído aparejadas otras consecuencias como el trabajo o la trata infantil, abusos de todo tipo, violencia familiar… Y esos son los aspectos que intentaba resolver la Fundación Gotas de Amor, organización cristiana de origen italiano, que tenía una de sus sedes justamente en Castelli.

 

Fundación “Gotas de Amor” dedicada fundamentalmente a los niños de la calle

 

 

Nunca había visto dentro de Argentina una situación tan extrema, en que los niños corrían a los autos, como si fueran perritos, para que alguien les tirara monedas, comida o algo con qué jugar. Y esto me resultaba mucho más repulsivo pensando en el bienestar al que accedieron los dueños de los campos, que lucían su “era sojera” como el mejor de los tiempos. Y habiéndoles robado sus campos y sus esperanzas, se quejaban de esta pobre gente, pauperizada aun más en los últimos años, porque se enganchaban al cable de luz, tal cual como hacen en muchos barrios cerrados del Gran Buenos Aires los que más tienen. Si no contaran con electricidad, la mortalidad temprana sería aun más elevada que la registrada, que está entre las más altas del país.  

 

Los ricos acusan a esta pobre gente de robar la electricidad

 

 

Todo lo que aparece en números en las estadísticas, responde a una realidad que debiera avergonzar a más de uno. Sin embargo, las denuncias son escasas y las soluciones prácticamente inexistentes.

 

Aunque parezca increíble, esta era una vivienda

 

 

Y después de recorrer la periferia de Juan José Castelli, a mitad de mañana  fuimos hasta una especie de quiosco donde vendían los pasajes para el único ómnibus que salía rumbo a la Misión Nueva Pompeya, corazón de El Impenetrable, a 285 kilómetros de allí.

Tomamos la ruta 9, que era de tierra y al recorrer casi cien kilómetros hizo una parada para que podamos comprar algo ligero para comer y beber, e ir a una letrina llamada baño, ya que el micro no contaba con ese servicio.

 

Parada del micro en el kilómetro número noventa y cuatro de la ruta 9

 

 

 

Lo que más me llamó la atención en ese lugar, fue que debido al prácticamente nulo tránsito, los pájaros volaban, gorjeaban y los loritos hablaban a sus anchas. Y ese es el otro aspecto que no se toma en cuenta cuando se talan los bosques o se eliminan humedales, y es la desaparición repentina de la fauna.

 

 

Pequeños pájaros que gorjean alrededor de su nido en un árbol caducifolio

 

 

 

Aparentemente, mi hijo Martín y yo éramos los únicos ajenos al lugar. Pero de pronto vi a una persona que me resultó conocida, y resultó ser un hombre muy parecido a Maradona, que se viste como él para sacarse fotos con los turistas en la excursión que hacen a Caminito, en el barrio de La Boca, en Buenos Aires. Cuando le comenté que lo había visto en ese lugar, se sorprendió muchísimo, y me contó que él era de la Misión Nueva Pompeya y estaba yendo a visitar a su familia y a buscar artesanías para vender en Buenos Aires.

 

Mi hijo Martín en remera, debido a que la temperatura llegaba casi a los 25ºC

 

 

Continuamos viaje hacia el noroeste, y si bien los lugareños se pusieron a dormir la siesta, nosotros permanecimos expectantes de cuanto ocurriera. Pero todo era extremadamente monótono, y entre las incomodidades del micro, el calor, y la tierra que entraba por todas partes, el trayecto se nos hizo demasiado largo.

 

 

Camino de tierra entre Juan José Castelli y la Misión Nueva Pompeya

 

 

 

En esa zona las temperaturas oscilan entre los 23 y los 46ºC en verano, y entre los 10 y los 23ºC en invierno, aunque se han registrado años de mínimas absolutas de algunos grados bajo cero. Y las precipitaciones, entre 600 y 800 mm anuales, pero concentradas entre los meses de octubre y abril. Esto generaba salinización en los suelos debido a que en el momento del año en que abundan las lluvias, eran evaporadas por las elevadas temperaturas, lo que no permitía regular las actividades convenientemente.

 

 

Parque chaqueño, con presencia de yaguaretés, mulitas y guazunchos

 

 

 

A medida que avanzábamos los arbustos se volvían más espinosos, característica de todas las xerófilas, ya que sus hojas se comprimen para así evitar así  la evapotranspiración. Pero la densidad del bosque no disminuía.  Los árboles que lo formaban eran quebrachos colorado y blanco, algarrobos, palos borrachos, guayacanes, mistoles, palosantos, urundayes, entre otros; y los abundantes cactus, arbustos, enredaderas, claveles del aire y orquídeas conformaban un sotobosque imposible de atravesar, lo que le diera el nombre de “Impenetrable.

 

 

Vegetación xerófila y enmarañada en El Impenetrable

 

 

Y como integrantes del bioma podían encontrarse pumas, guazunchos, tapires, loros, carpinteros, charatas, águilas coronadas, halcones blancos, y caranchos, entre muchos más. Además, la región albergaba especies seriamente amenazadas como el yaguareté, el tatú carreta, y el oso hormiguero.

 

 

El Impenetrable es hábitat de varias especies en vías de extinción

 

 

Si bien se decía que en El Impenetrable vivían cerca de sesenta mil personas, todavía no habíamos visto un alma en todo el recorrido. Y de pronto, en medio de esa soledad apareció un importante signo de presencia humana: una improvisada cancha de fútbol, que fue para mí como para los arqueólogos encontrar una vasija.

 

Arcos de una improvisada cancha de fútbol en medio del monte, sinónimo de presencia humana

 

 

El micro comenzó a parar cada vez más seguido y había quienes se bajaban en el medio del monte; hasta que por fin llegó a la entrada de la Misión Nueva Pompeya. Ya eran casi las tres de la tarde y nos aclaró que a las cinco pasaba nuevamente por la ruta y que era el único servicio.

Caminamos unas pocas cuadras y llegamos a la plaza principal, o mejor dicho a la plaza, porque era la única. Y nos sorprendió lo verde del lugar y lo bien cuidada que estaba. ¡Pero no había nadie! Era sábado a la tarde y todos dormían. Todo estaba absolutamente cerrado. Parecía un pueblo fantasma.

 

 

Plaza de la Misión Nueva Pompeya, muy verde y cuidada

 

 

 

Los únicos seres vivos que encontramos estaban en la puerta de la Casa Misional, monumento histórico que también estaba cerrado.

El edificio fue construido con fuerza de trabajo indígena y es el más antiguo exponente de la arquitectura que subsiste en la provincia del Chaco. Y pertenece a las primeras reducciones franciscanas establecidas allí con el propósito de evangelizar a los indios. La fundación de la Misión fue promovida por el Gobierno Nacional como expresión de la presencia nacional en los territorios del norte argentino. Pero además de los servicios religiosos y pedagógicos, los misioneros realizaron una explotación económica llegando a exportar productos agrícolas y obras de carpintería.

La Misión Nueva Pompeya adquirió su traza actual en 1903, cuando se demarcaron cuarenta manzanas y un ejido de veinte mil hectáreas. La Misión decayó luego de varios períodos de sequía, que provocaron el abandono del poblado y el deterioro del conjunto del edificio original. Pero el verdadero origen había sido un fortín que formaba parte de la línea de defensa de la frontera con el Paraguay y con Bolivia, aunque el verdadero sentido, era el de frontera con el indio, al que se consideraba salvaje e indomable. De hecho, el nombre de la localidad era el de Fortín Pérez Millán, en honor al Teniente Coronel Polinicio Pérez Millán, quien perteneciera  al ejército argentino a mediados del siglo XIX.

 

 

La Casa Misional, construida con fuerza de trabajo indígena a principios del siglo XX

 

 

 

 

En ese momento la población no alcanzaba a los dos mil habitantes, sin embargo, esto implicaba la duplicación de la que el pueblo tenía a comienzos de los ’90. De hecho, si la mayor parte de la población de El Impenetrable era en su mayoría nativa, fundamentalmente wichi o toba, campesinos y productores rurales, que se dedicaban a la cría de ganado vacuno o caprino, o bien a la recolección de frutos, miel del bosque, caza, pesca, o trabajaban en obrajes madereros, la deforestación había  provocado la imposibilidad de su subsistencia, por lo que parte de ellos migraran hacia el pequeño centro urbano, amén de todos los que se habían ido a localidades de mayor tamaño.

Por otra parte, el gobierno provincial ha otorgado subsidios para proteger la actividad artesanal de alfarería, tejidos y talla de madera, y quienes pertenecieran a las comunidades originarias, siendo todo demasiado insuficiente.

Muchas de estas cosas me las contó la gente que estaba en la puerta de la Misión, hasta que una camioneta los pasó a buscar para llevarlos hasta sus viviendas, en plena zona rural.

 

 

Capilla y torre de la Misión Nueva Pompeya

 

 

 

Recién después de las cuatro de la tarde comenzó a salir gente de sus casas, y en un almacén pudimos comprar gaseosas que calmaran nuestra sed acumulada por el calor, la sequedad del ambiente y la tierra que se nos había pegado en los labios durante el camino.

El pueblo contaba con Registro Civil, Juzgado de Paz, Hospital Rural, varias escuelas allí mismo y en los alrededores, y otras dependencias tanto de carácter provincial como nacional, que evidentemente eran las principales fuentes de empleo para el escaso sector de clase media. Por otra parte, con la instalación de la antena parabólica podían acceder a la programación de televisión de varias localidades, única actividad de recreación posible para la mayoría de los pobladores.

Y mientras yo deambulaba por los alrededores contemplando las fachadas de los edificios públicos, Martín aprovechó la soledad de la plaza para hamacarse a su gusto.

 

 

Antena parabólica detrás del conjunto de hamacas

 

 

El ómnibus pasaría a las cinco, pero no quería irme del lugar sin poder hablar con alguien más y conocer otros detalles del lugar, por lo que decidí regresar en remis aunque el costo fuera sustancialmente mayor.

La gente nos saludaba como si nos conocieran de toda la vida, pero era bastante reticente a darme información acerca de sus vidas. Y lógicamente les resultaba sospechosa nuestra visita. Querían saber a qué habíamos ido, qué buscábamos… Me preguntaban si pertenecía al gobierno provincial o al nacional, o a alguna iglesia. Yo les dije que iba en busca de artesanías porque no iban a entender lo que significaba la investigación en la universidad, y tampoco quería que se sintieran como conejitos de la India.

Y viendo que ya se estaba haciendo tarde y que no iba a lograr más datos, les pregunté a unos muchachos que estaban jugando a la pelota en plena calle, de tierra, como todas las demás, dónde había una remisería.

Y uno de ellos me dijo:

-“Espere que le digo a mi mamá”. Y salió corriendo para entrar en una casa, que como tantas otras, tenía las puertas abiertas de par en par.

Enseguida volvió y nos dijo:

-“Por favor pasen. Dice mi mamá que se sienten y la esperen”.

Entramos al living y nos ubicamos en sendos sillones. Hasta ese momento yo pensaba que allí hacían los viajes, como suele suceder en los pueblos chicos. ¡Pero no! Cuando la mujer apareció, disculpándose porque se había demorado, nos dio la bienvenida como si fuéramos parientes o amigos de siempre. Y nos preguntó en qué podía ayudarnos.

Yo le dije que necesitábamos un remis para regresar a Juan José Castelli porque ya el ómnibus había pasado. Ella entonces se comunicó con un familiar que haría el viaje unas horas después ya que llevaría también a otra gente. Acepté la propuesta aunque no sabía qué haríamos hasta ese momento. Pero antes de que yo dijera algo, nos trajo galletitas y bebidas frescas.

Me preguntó qué andaba haciendo por allí y le conté sobre mis proyectos de investigación en la universidad, lo que le interesó mucho porque ella resultó ser la directora de una escuela rural de la región.

Me contó las vicisitudes de los alumnos y sus padres, y que muchos maestros como ella habían ido a trabajar desde otros lugares, debido a los salarios muy superiores al resto de la provincia.

También me dijo que los artesanos habían realizado una gran cantidad de trabajos encargados por el Ministerio de Acción Social de la Nación, a cargo de Alicia Kirchner, y que nunca después los habían ido a buscar, por lo que los estaban vendiendo por cuenta propia. Y me ofreció ir a las casas de algunos artesanos, aunque muchos no estaban porque habían ido a hacer sus ventas a las ciudades, o a visitar a algún familiar en el campo. Solo encontramos a una mujer, que paralelamente a los objetos que realizaba en materiales de la zona, se ganaba la vida dando de comer a quienes estaban de paso.

Compré varias cosas y regresamos a la casa de la directora quien le regaló a Martín un rosario artesanal que ella había tenido colgado en la pared.

 

Vivienda y comedor de una de las artesanas de Nueva Pompeya

 

 

Cuando llegó la hora de partir, ella misma acompañada por sus hijos, me llevó en la camioneta hasta la casa del remisero. Y nos despedimos como si nos hubiésemos conocido de toda la vida.

En cuanto tomamos la ruta 9 se hizo de noche, lo que resultaba mucho más complicado que de día; y realmente era temible la situación por saber que no había absolutamente nada ni nadie en el trayecto que nos pudiera auxiliar en caso de tener algún inconveniente.

Casi a las once de la noche llegamos a Castelli. Nosotros fuimos directamente a dormir al hotel, pero el conductor debía regresar a Nueva Pompeya. Llevaba una vida muy sacrificada, como todos los demás.

A la mañana volvimos a recorrer la ciudad, y aunque anduvimos por barrios de un nivel medio, la mayor parte de las calles eran de tierra. ¡No quiero pensar lo que ocurriría en época de lluvias!

 

Un paisano camina por la calle de tierra de un barrio de clase media

 

 

Comimos algo rápido y después del mediodía tomamos un micro hasta Presidencia Roque Sáenz Peña, y desde allí otro directo a Buenos Aires.

Primeramente pasamos por la zona algodonera de la ruta provincial 95, rumbo a Villa Ángela, y en ese trayecto, a todos los males de la agricultura se le sumaban las chimeneas de algunas pequeñas plantas con grandes deficiencias en la combustión.

 

La zona algodonera de la ruta 95,  una de las más contaminadas del país

 

 

Como en el resto de la provincia, quedaban solo los rastrojos de la zafra, que en el caso del algodón había finalizado en el mes de mayo.

 

Rastrojos de algodón en un campo cercano a Villa Ángela

 

 

En esta zona como en El Impenetrable el deterioro del ambiente físico y de los seres humanos no han tenido límites. Y esto se veía a cada paso, no solo a través de la ventanilla sino entre los propios pasajeros, que mostraban diferentes improntas en sus cuerpos producto de la malograda vida que tenían que pasar.

Fue cayendo la tarde y lentamente el paisaje comenzó a cambiar. A medida que avanzábamos las pasturas se hacían más tiernas y comenzó a aparecer ante nuestra vista cada vez más ganado vacuno, y eso era signo de que ya estábamos abandonando la tierra chaqueña para ingresar al norte de la provincia de Santa Fe.

 

Ganado vacuno al sur de la región chaqueña en un deslumbrante atardecer invernal

 

 

Se hizo de noche y después de cenar casi todos se durmieron. Pero yo no podía pegar un ojo, y no porque no estuviera lo suficientemente cansada ni porque me incomodara el asiento del ómnibus, sino porque no podía dejar de pensar en la triste realidad que vivía la gente del Chaco. Y fue por esa razón que estaba despierta cuando hicimos una parada en Rosario, lugar donde se bajaron casi todos los pasajeros, chaqueños en su mayoría, que iban a esa ciudad en busca de una vida algo mejor.

Y entonces comprendí que nunca tan actual el pensamiento de Carlos Marx quien afirmaba que “…la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre.”

 

 

Ana María Liberali