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Asunto:NoticiasdelCeHu 147/13 - VIAJANDO: En la isla de Puerto Rico
Fecha:Sabado, 16 de Marzo, 2013  01:26:08 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 147/13
 

 

En la isla de Puerto Rico

 

Durante el desarrollo del Encuentro de Geógrafos de América Latina, fue escaso el tiempo que tuvimos para recorrer la ciudad de San Juan, así que solo nos hicimos algunas escapaditas hasta algunos lugares emblemáticos.

Y fue así como una mañana, cuatro mujeres tomamos un taxi y acordamos cuánto debíamos abonar para que nos dejara en la plaza del Viejo San Juan. Pero al llegar, el conductor adujo que el tránsito estaba bravo y nos cobró bastante más.

El Viejo San Juan es el nombre que se le da al distrito histórico, que está localizado en la Isleta de San Juan, unida a la isla principal de Puerto Rico mediante puentes. Esta zona se caracteriza por su plaza central, con la catedral enfrente, sus calles de adoquines y edificios coloridos que se remontan a los siglos XVI y XVII, cuando la isla era una colonia española.

Caminamos, tomamos fotografías e ingresamos a algunos comercios con el fin de comprar productos típicos. ¡Nada tenía precio a la vista! Preguntábamos cuánto costaba, y si decidíamos adquirirlo, al llegar a la caja, nos pedían más. Y si nos quejábamos, decían que se habían equivocado… Al principio, dejábamos la mercadería y nos íbamos, pero como eso ocurría en todas partes, cada vez que nos daban un precio, automáticamente le calculábamos un veinte por ciento más, y decidíamos si valía la pena llevarlo o no. Lo que ocurría era que en la zona circulaban muchos empresarios norteamericanos con sus “secretarias”, que estaban dispuestos a pagar cuanto les pidieran.

Desde allí fuimos hasta la cima del Antiguo San Juan, donde encontramos el Fuerte San Felipe del Morro, construcción del siglo XVI, hecha para proteger a la ciudad de los ataques por mar. El nombre se lo debe al rey Felipe II de España y se asemeja a fortificaciones encontradas en otras islas del Caribe. Entre los episodios más importantes están el del famoso corsario Sir Francis Drake en 1595, el de Holanda en 1625, el del Conde de Cumberland en 1598 y el de Estados Unidos en 1898.

Al regresar, pasamos por algunas playas, y nuevamente otro taxista nos cobró más de lo previsto. Ese tema de los precios mutantes, nos sucedía cada vez que íbamos a comer. Decían que los precios de la lista no estaban actualizados, o bien, si éramos un grupo grande, aparecían en la cuenta más bebidas o platos de los que habíamos consumido.

Pero en los restoranes se nos presentaba otro inconveniente, que tenía que ver en parte con la especificidad de la cocina portorriqueña, que de hecho no conocíamos, por lo que debíamos preguntar en qué consistía cada uno de los platos. Por ejemplo el mofongo, que se trata de una especie de pasta de plátanos con ajos y pequeños trocitos de chicharrón. Pero también existía una gran diferencia en la forma de denominar las comidas o bebidas conocidas.

En una oportunidad yo pregunté:

-“¿Qué es un chino?”

-“Jugo de china”, me contestó el mozo.

-“¿Y qué es una china?”, volví a consultar.

-“Una fruta redonda, anaranjada. ¡Es una orange!” –me respondió.

Así que se trataba de un simple jugo de naranja. Y después de eso, ya siempre pedía el menú en inglés.

Varias noches habíamos ido a bailar al hotel Marriott, pero evidentemente ese ambiente era de turistas de alto nivel, y de hecho, para nada representativo de la vida nocturna local. Entonces le pedimos al chofer del micro de la Universidad de Puerto Rico que nos llevara a vivir una verdadera noche de San Juan.

Así que en una especie de combi alquilada, salimos un grupo de geógrafos latinoamericanos. Los habíamos de Argentina, Chile, Uruguay y Venezuela, dispuestos a romper la noche, ¡aunque casi la noche nos rompe a nosotros!

Primeramente el chofer nos llevó a un lugar donde funcionaba una academia de baile, donde estaban ensayando salsa, merengue y otros bailes caribeños, con el fin de participar de un espectáculo. Bailarines de primera, con un ritmo y una técnica impresionantes.

Después fuimos a cenar. El lugar no presentaba ninguna característica particular, salvo que era prácticamente de concurrencia local. En una larga mesa nos ubicamos y saboreamos diferentes platos tradicionales. Y cuando ya estábamos a punto de servirnos el postre, de repente, se abrió la puerta, e ingresaron varios policías diciendo que iban a hacer una requisa por denuncia de venta de estupefacientes, y que nadie podía moverse de allí hasta tanto finalizaran. Varias personas del grupo nuestro se desesperaron, y les dijimos a los cacos que no teníamos nada que ver con el lugar, que todos éramos extranjeros y solo habíamos ido a cenar; pero quien dirigía el procedimiento, afirmó que no era posible que alguien se ausentara y cerró herméticamente la puerta. Pero, paralelamente a esto, nuestro chofer pidió hablar con el superior y después de varios llamados, logró que uno a uno abandonáramos el sitio, subiendo silenciosamente a nuestro vehículo.

Rápidamente partimos rumbo a la zona de los boliches, pero custodiados por dos motos que abrían paso al denso tráfico que tenía el mismo destino. ¡Y ahí descubrimos que nuestro guía resultó ser cana!

En pocos minutos llegamos a una zona donde los travestis ofrecían sus servicios en plena calle, abundando boliches bailables y bares que ofrecían todo tipo de tragos. Entramos a uno de ellos y bailamos hasta cansarnos, pero además, allí había unos periodistas recién iniciados que aprovecharon que éramos extranjeros para hacernos una nota, y lucirse un poco. Todo transcurrió con tranquilidad y al día siguiente volvimos a las actividades académicas como si nada hubiese pasado.

Al finalizar el Encuentro, todos disponíamos de un fin de semana libre, por lo que nuevamente le pedimos al chofer que nos llevara a hacer una recorrida, pero esta vez más extensa. Le propusimos dar la vuelta a la isla de Puerto Rico, pero nuestra idea  era demasiado ambiciosa, así que el sábado 27 de marzo salimos muy temprano a la mañana, bordeando la costa y parando en algunas playas, rumbeando hacia Ponce, una ciudad de gran importancia histórica en el sur de la isla.

Primeramente nos dirigimos a la Plaza de las Delicias, en cuyo centro se encuentra la catedral, dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe, que divide la plaza en dos. Frente a ésta se encuentra el Parque de Bombas. Es un museo en conmemoración al Cuerpo de Bomberos de Ponce. Esta antigua estación data de 1883. Tiene dos pisos. En el primero se encuentra la maquinaria antigua utilizada para combatir incendios, entre ellas, su carro de bomberos y varios estanques portátiles de agua. Y en el segundo, se exhiben diferentes artefactos que utilizaban los bomberos y cuadros de quienes se han destacado por su valor y entrega.

Pasado el mediodía nos detuvimos a almorzar platos típicos del lugar, y más tarde cada uno tomó rumbo propio. Algunos visitaron museos, hubo quienes  aprovecharon el hermoso día de sol para disfrutar de las playas cercanas, y algunos nos dedicamos a tomar fotografías de la singular arquitectura, que tal como en algunas ciudades de España, contaba con esquinas achaflanadas.

Y al caer la noche, nos dirigimos a La Parguera, más concretamente a la bahía Fosforescente, donde pudimos ver la bioluminiscencia. Se trata de un fenómeno común en mar abierto, ocurriendo rara vez en las bahías costaneras. Cuando las aguas son agitadas por el oleaje, sea por el paso de un bote, por alguien que nada, por un simple cardumen, o por acción de la lluvia, se produce un tipo de luz fría. La luz o brillo en el agua es el resultado de una reacción química entre sustancias presentes en ellos, los cuales al combinarse, destellan. Esto se debe a que esas aguas están pobladas de millones de micro-organismos conocidos como dinoflagelados, entre los cuales el más abundante es el Pyrodinium (pyro-fuegp y dinium-que gira), si bien ocasionalmente otros organismos de mayor tamaño pueden contribuir a las emisiones de luz que notamos en la Bahía. La bahía Fosforescente tiene una entrada muy estrecha, y es como una trampa en la cual estas poblaciones se concentran. Alrededor de la orilla se generan sustancias vitamínicas que son requisito indispensable para la reproducción y el mantenimiento de las poblaciones de los organismos causantes de la bioluminiscencia. En sendos botes nos internamos en la bahía, y con la mano movimos las aguas que parecían encenderse con cientos de luciérnagas. Un espectáculo observable en muy pocos lugares del mundo.

Cenamos y prontamente emprendimos el regreso hacia San Juan, ya que algunos debían tomar el vuelo de regreso a su país en horas de la mañana. Todos estábamos muy cansados, pero el chofer no estaba mucho mejor que nosotros, además de haber consumido bastante alcohol. Y para colmo de males, conducía a gran velocidad. Algunos sentimos tanto temor que no pudimos pegar un ojo a pesar de  tener mucho sueño. Pero felizmente arribamos sanos y salvos a San Juan, y por eso hoy lo estoy contando.

 

 

Ana María Liberali