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Asunto:NoticiasdelCeHu 83/13 - VIAJANDO: A California por la Humboldt Conference
Fecha:Martes, 19 de Febrero, 2013  01:35:06 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 83/13
 

 

 

A California por la Humboldt Conference

 

Junio del 2001. La situación económico-política en la Argentina era bastante caótica, pero aun estábamos en período de convertibilidad. Así que aproveché para concurrir a dos congresos internacionales que se realizaban en los Estados Unidos y Rusia, por lo que debía tomar una serie de vuelos que debían estar perfectamente combinados. El primero de ellos era uno de American Airlines con destino a Miami, el día jueves 14 por la noche y desde allí otro a San Francisco, desde donde iría por tierra hacia el norte hasta la localidad de Arcata. Pero Aerolíneas Argentinas, que se encontraba en manos de los españoles, estaba al borde de la bancarrota con ocho mil puestos de trabajo en juego, por lo cual los trabajadores adoptaron medidas de presión que incluyeron la interrupción de las actividades del aeropuerto internacional de Ezeiza. Por lo cual, recién pude partir el domingo 17 a la noche.

American Airlines tenía una ruta más corta que otras aerolíneas porque atravesaba de lleno el Amazonas, poniéndole solo ocho horas en lugar de nueve, pero con mayor turbulencia que los que iban por la costa del Pacífico. Pero ese viaje fue especialmente complicado. Ya al norte de Bolivia comenzó una terrible tormenta y duró hasta el Caribe, la cual el piloto pretendía evadir sin conseguirlo. En esas latitudes las capas de la atmósfera son más extensas y a pesar de llegar a los catorce mil metros de altura, con gran esfuerzo de los motores, el avión parecía una coctelera. Y ante semejantes sacudones, nadie podía dormir, algunos vomitaban y otros gritaban. Sinceramente yo llegué a pensar que ese sería mi fin y decidí relajarme y esperar lo peor, pero cuando ya estábamos próximos a aterrizar en Miami, las nubes se disiparon y el arribo fue normal. Extenuada por la situación vivida, tomé otro vuelo rumbo a San Francisco, y a pesar de la espléndida mañana de sol y sin ninguna nube, no me fue posible disfrutar del viaje porque me quedé completamente dormida.

Al llegar comí algo rápido que me cayó bastante mal. Si bien California me pareció maravillosa, no así la comida, que conjuga la fritanga grasienta de las comidas rápidas norteamericanas, con los picantes mexicanos.

Y sin tener tiempo para recorrer la ciudad, fui hasta la terminal de buses, que era pequeña y bastante descuidada. Al punto que en el baño había chicas drogándose y quedaban algunas jeringas tiradas en el piso.

El ómnibus era muy rudimentario, sin asientos reclinables, ni baño, ni televisión, ni nada. Casi lo que en la Argentina se utilizaba como micro escolar, conducido por un oriental que recorrió los más de trescientos cincuenta kilómetros a no más de ochenta kilómetros por hora. Una verdadera carreta para el target argentino, llegando a destino a las cinco de la tarde.

Arcata era una localidad de cerca de quince mil habitantes que se encontraba en la bahía de Arcata, en el sector norte de la bahía de Humboldt, en el condado de Humboldt. Muchas cosas se llamaban Humboldt, incluso la universidad.

Y como toda vez que llego de un largo viaje, mi pelo era un desastre, por lo que antes de hospedarme, pretendí pasar por la peluquería. Pero para mi sorpresa, siendo las cinco y media de la tarde, ya estaban cerrando, cuando en la Argentina esa es la hora en que concurre más gente.

Paré en un motel a la vera de la autopista. Al día siguiente, ya martes 19, a primera hora de la mañana, la crucé y tras caminar un trecho bastante descampado, ingresé a los jardines de la Humboldt State University, con el fin de concurrir a la Humboldt Conference 2001, cuyo lema era “Travel Literature to and from Latin America and from the Fifteenth through the Twentieth Centuries”.

Yo suponía que la organización provenía del Departamento de Geografía, pero cuando después de atravesar varios senderos y subir y bajar varias escaleras, di con ese lugar, me encontré con que no había absolutamente nadie. Tampoco había carteles que mencionaran el evento, así que anduve yendo de un lado para el otro, sin poder ubicar el lugar de la reunión, que ya había comenzado el día anterior. Hasta que de pronto alguien me dijo que dicha actividad era organizada por el departamento de Literatura, por lo que absolutamente agitada llegué al lugar indicado. Y en ese mismo momento, en la recepción me indicaron que solo veinte minutos después debía presentar la ponencia que había escrito con Omar Gejo, que se titulaba “By Humboldt Tracks”. Así que en el estado deplorable en que me encontraba, tuve que salir al ruedo exponiendo y recibiendo preguntas en inglés.

Pasada la presentación, ya más tranquila, tuve la oportunidad de escuchar trabajos sumamente interesantes en los cuales, a través de diferentes géneros literarios, se planteaban problemáticas muy importantes tanto a nivel histórico como de la actualidad, como migraciones y cuestiones políticas.

En los ratos libres salía a conocer la ciudad, que tenía más vida de pueblo que otra cosa, habiendo una alta participación de estudiantes en el total de la población. Y antes de regresar a San Francisco, una tarde me llegué hasta Eureka, al otro lado de la bahía Humboldt, también en el condado de Humboldt. Algo mayor que Arcata con alrededor de veinticinco mil habitantes. El lugar me pareció muy agradable, pero a las seis de la tarde, cuando estaba en una avenida esperando el ómnibus que me llevaría de vuelta, ¡ya no había absolutamente nadie en las calles! Era como si las langostas se los hubiesen comido a todos.

Las actividades académicas finalizaron el viernes 18 de junio, pero los organizadores decidieron hacer un picnic como despedida el sábado siguiente. Ellos llevaron todos los alimentos y bebidas y nos trasladaron a una zona de bosques muy tranquila, desde donde a partir de una corta caminata, veíamos el mar. Todo fue muy placentero y divertido.

 

 

Ana María Liberali