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Asunto:NoticiasdelCeHu 49/13 - De la igualdad al marketing: neoliberalismo y sexo (Primera parte)
Fecha:Lunes, 21 de Enero, 2013  11:49:49 (-0800)
Autor:Alexander von Humboldt <cehumboldt @.........ar>

NCeHu 49/13
 

De la igualdad al marketing: neoliberalismo y sexo

(Primera parte)

 

 

Alfredo César Dachary

 

El siglo XX fue el escenario de grandes cambios. De todos ellos, el que tiene  mayor significación por el universo que abarca, la mitad de población del planeta, es sin duda la revolución femenina, que estalla en la década de las grandes rebeliones, los años sesenta, aunque sus antecedentes se remontan desde fines del siglo XIX con las sufragistas femeninas a la apertura sin retorno de todos los puestos y responsabilidades de trabajos posibles durante la segunda guerra mundial.

En el siglo XXI es muy difícil que un hombre, con un mínimo de conocimiento, ponga en duda la igualdad entre hombres y mujeres, salvo el excepcional grupo de misóginos que aún no entienden que el mundo ha cambiado.

Haber aprendido por una nueva práctica social a construir una relación igualitaria y asumirla, no como pose sino como principio, no basta en el mundo actual en donde vemos que el tráfico de personas, especialmente mujeres va en ascenso y los feminicidios, México es un ejemplo, no cesan sino que se incrementan y, en general, aún se reconoce que las mujeres tienen por iguales trabajos menor remuneración que los hombres.

Al analizar la televisión, el tema central es el marketing y hoy el sexo es un recurso de marketing, en diferentes niveles hasta llegar al absurdo de la televisión brasileña que organiza, como la colombiana y la panameña, grandes concursos de pompis (colas), que tienen más seguidores que los programas con más alto rating.

Ningún otro concurso tiene tanto arrastre como el popular concurso nacional Miss Bum Bum, una competición online para encontrar al mejor trasero femenino y donde las jóvenes mujeres que representan a 26 estados brasileños, compiten por la gran final. El “bum bum”, como los brasileños llaman a las “colas” de las mujeres, tiene un enorme significado simbólico en la cultura de ese país, donde se baila meneando con un ritmo y velocidad no muy comunes en el resto del mundo.

¿Qué está pasando? Annie Lennox, cantante escocesa y dirigente de un grupo feminista habla del descrédito que vive hoy el feminismo y se lamenta por vivir en un mundo cada vez más “sexualizado”. En el año 2010 ganó el premio Barclays del año, y en el acto lleno de mujeres pidió que se pararan las que eran feministas y la mitad se quedaron sentadas, lo cual la llevó a pensar que algo malo estaba ocurriendo, porque los que no se paraban habían concurrido a alentarla a festejar su premio como líder feminista.

Gilles Lipovetsky, uno de los sociólogos con mayor penetración en la actualidad, autor entre otros de dos libros clásicos: “El imperio de lo efímero” y “La tercera mujer”, sostiene en una entrevista hecha por Miryam Audiffred, que “hoy nos hallamos en una fase de posfeminismo, que no requiere salir a la calle a protestar,…el combate de las mujeres debe darse en todos los niveles de la vida cotidiana”.

Para el sociólogo francés, la revolución de lo femenino está casada con la perpetuación de la tradición y con la consolidación de una nueva figura social, la “tercera mujer” que implica la combinación de un ascenso de la igualdad con una persistencia de la diferencia.

Agrega que si bien es evidente que las “mujeres pueden llevar una vida sexual fuera del matrimonio, hacer el amor sin la obsesión de quedar embarazadas y experimentar el placer sin avergonzarse, con el advenimiento de la “mujer sujeto” no ha significado el desplome de los mecanismos de diferenciación social de los sexos”.

Pero ocurre que estas grandes transformaciones han dejado intacto el “ideal de feminidad” tan despreciado por las feministas de los setenta y las más radicales de la actualidad. Por ello, “las mujeres que hacen estudios, están diplomadas, trabajan y ganan dinero reivindican la eterna idea de feminidad al querer ser bonitas, hacerse cirugías estéticas, ponerse silicón en los senos, comprar ropa interior muy sexy y adoptar actitudes que por décadas fueron repudiadas por las que no querían ser consideradas objeto”.

Pero si esto ha subsistido es “porque obedece a las dinámicas del sinsentido de las identidades sexuales y de la autonomía subjetiva”.

El otro tema que aborda la periodista en su entrevista es el del poder, que hace que las mujeres se quejen de no estar suficientemente representadas en el mismo, y a lo cual el sociólogo afirma que “… la sexualidad masculina implica una cierta relación con el poder porque a través de éste los hombres encuentran su afirmación”.

Pero no sólo estos dos personajes tiene una visión crítica de la actual situación de la mujer sino que las mismas líderes históricas del feminismo mundial hoy son muy críticas, y entre los libros más interesantes está el de Sheila Jeffreys, inglesa, pero académica de la Universidad de Melbourne, quién en la actualidad dirige la sede australiana de la Alianza contra el Tráfico de Mujeres.

Para esta luchadora social, de los grupos más radicales de la lucha por los derechos de las mujeres, hoy en el siglo XXI se deben enfrentar a un tema que debería haber desaparecido cuando se comienza a reconocer la igualdad de derechos y es lo que históricamente se ha denominado “la profesión más antigua del mundo: la prostitución”.

¿Por qué se logró una libertad sexual sin más límites que los que las personas le asignan? ¿Por qué si no hay ya prohibiciones respecto de la libertad sexual, hay un “renacimiento de la prostitución”?

¿Qué lleva a los hombres a la búsqueda del placer a través de la compra de un tiempo sexo con una mujer, travesti, niña u otro ser que está cautivo en los galerones de la esclavitud de los prostíbulos o anclado en las calles controladas por los gánsteres que manejan este negocio?, ¿por qué?

Las feministas de los años sesenta y setenta pensaban que la prostitución era un resabio de las sociedades machistas. La simplificación de los planteamientos de conflicto de género ocultaba la verdadera contradicción a la cual la mayoría de ellas no entendía o podía entender: la contradicción central del sistema capitalista.

Como un castigo les llegó de pronto la verdad como realidad y de manos de una mujer, Margaret Thatcher, el neoliberalismo que transformó la libertad sexual en libre mercado del sexo, para construir a partir de allí las nuevas industrias del sexo nacionales y transnacionales que, integradas a las grandes redes de la economía criminal, controlan más del 15% del PIB del planeta, crecen alentadas por la sociedad del consumo, hija dilecta del neoliberalismo.

El neoliberalismo liberó las fuerzas maléficas del mercado que transformaban el delito en sus diferentes versiones en productos para un mercado global y a sus operadores los sacaba del anonimato y, por el dinero que representaban, los integraba a una sociedad que los juzga por lo que tienen y se demuestra.

Todos los cambios van entrelazados ya que unos sostienen o promueven a los otros y es que la sociedad de la producción y el trabajo fue remplazada por la del ocio y el placer y, en ese camino, el ocio dejó de ser patrimonio del sujeto para ser mercancía del mercado. Así, la industria naciente del ocio tomó al sexo como una de sus grandes oportunidades y los clubes de Striptease, los bares con barras  para mujeres bonitas que estaban en exposición, los café atendidos por bellas mujeres en trajes de baño y todo lo que rodea a estos negocios, crecen y reciben el apoyo del Estado en la gran mayoría de los países.

¿Qué ha pasado? La globalización de la prostitución permite traer mujeres de todos los países en crisis o regiones de pobreza a las zonas de riqueza a ofrecerlas como productos exóticos, para que moralistas padres de familia, eminentes políticos o industriales, tengan un ocio placentero, en un nuevo mundo donde el dinero es el único elemento que permite regular lo que es posible o no, inclusive la muerte, destino de muchas mujeres que son tomadas como objetos descartables para una noche.

La nueva industria que eclosiona en el neoliberalismo tiene sus antecedentes como organización en los países en donde hubo guerra y a partir de ésta, los ejércitos organizaron, controlaron y promovieron la prostitución. Estados Unidos y Japón en la segunda guerra mundial, la continuación en los nuevos frentes: Corea, Filipinas y Tailandia. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), esta industria genera entre el 2% y el 14% del PIB  en Filipinas,  Malasia, Tailandia e Indonesia.

En Corea del Sur (gran base militar de Estados Unidos) hubo involucradas en esta industria un millón de mujeres y hay formas de prostitución difíciles de rastrear. En la economía globalizada, el tráfico de mujeres, como el de personas que van a trabajar afuera de su país, generan una gran derrama a partir de las remesas que éstas mandan, ya sea fruto de la prostitución, trabajo legal (explotación), pornografía y todo tipo de actividades factibles de estar en el mercado.

Esposas que se compran por correo, mujeres que son llevadas de un país a otro, niñas y niños secuestrados y trasladados para diferentes destinos en todo el globo muestran a una industria del sexo globalizada y adecuada a una sociedad que consume, sin límites morales ni éticos, todo lo que considera placer.

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx