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Asunto:NoticiasdelCeHu =?utf-8?B?MjcvMTMgLSDCv0VsIGZpbiBkZSB1bmEgdXRvcMOtYT8=?=
Fecha:Martes, 15 de Enero, 2013  14:30:14 (-0800)
Autor:Alexander von Humboldt <cehumboldt @.........ar>

NCeHu 27/13
 

¿El fin de una utopía?

 

Alfredo César Dachary

 

 

El uso intensivo de la naturaleza no es un tema nuevo, aunque en épocas pasadas no se considera que los recursos fueran finitos. En el siglo XII aparece la primera voz de alarma ya que la mayoría de los bosques de la Europa Atlántica estaban agotados y debido a ello, y a que la madera era una materia prima fundamental, se comenzó a dar un proceso de reforestación.

Un ejemplo posterior de estas situaciones de conflicto hombre-naturaleza lo tenemos en 1547, en que los habitantes de un pueblecito en la actual Francia solicitaron al juez episcopal, un dictamen judicial ante la existencia de una plaga de gorgojos que comían sus vides, y ello generó un fallo histórico donde el magistrado dijo que al ser los gorgojos criaturas creadas por Dios tienen el mismo derecho que los hombres a comer las plantas.

En el siglo XIX, en el territorio en expansión del actual Estados Unidos se crea un fuerte movimiento de conservacionismo en medio de situaciones contradictorias a lo que sería su fundamento, ya que está en medio de una guerra de exterminio contra los pueblos originarios, la fiebre del oro en California y el agotamiento de grandes recursos desde los bosques a los bisontes, focas y nutrias se daba en paralelo con el gran auge de la revolución industrial, en el marco de un capitalismo salvaje transformado en el motor de desarrollo de ese país y orgullo de su sociedad.

Tampoco es casual, o quizás para ratificar una tendencia, que la primera zona a conservar era, lo que luego se transformó en el Parque Nacional Yosemite, tierra de los miwok, que fueron masacrados por el ejército y los sobrevivientes expulsados de esta región, al igual que los pobladores originarios que vivían en la zona del Parque Nacional Yellowstone, como lo plantea Colchester.

En el siglo XX hay otros estudios que suman al redescubrimiento de esta problemática sobre el Valle de Mosa, en Bélgica, contaminación y muerte de más de sesenta personas en 1930; en Donora, Pensilvania, Estados Unidos, donde una nube contaminada afectó a 14,000 personas y en Londres en 1953 y 1954, las primeras muertes masivas por esmog.

Entre la definición y primer desarrollo de la ecología a mediados del siglo XIX a 1935, cuando el biólogo inglés  Arthur Tansley distinguió el objeto propio de ésta, el ecosistema, se van sumando ideas y experiencias que van a ser parte del patrimonio de los futuros movimientos en defensa de la naturaleza.

La segunda gran guerra mundial concluye con el lanzamiento de dos bombas atómicas en Japón y según el U.S. Strategic Bombing Survey en su informe oficial aclara que “…se eligieron como objetivo a Hiroshima y Nagasaki debido a la concentración de actividades y población”.

El presidente Harry S. Truman dijo en ese momento al pueblo de Estados Unidos que había sido arrojada una bomba sobre una base militar, Hiroshima, que tenía 40,000 soldados y más de 200,000 civiles, detrás de la bomba había una estrategia y una encuesta Gallup que se había hecho en el país donde el 13% de la población era partidaria del exterminio de los japoneses.

Desde la primera ley del año 1881 sobre control de humos al año 1910 en que aparece la palabra esmog o la tragedia de 1930 en el  Valle de Mosa, Bélgica, donde enfermaron un gran número de personas con 60 fallecimientos, a las famosas Dust Bowl (Bolas de polvo), más de 200 tormentas de polvo en las grandes llanuras, que llegaron a oscurecer el día y crear taludes de hasta seis metros de altura, en plena crisis del 29 en Estados Unidos, el mundo no ha dejado de tener tragedias por su ambición sin límites.

En 1956, en Londres mueren 1,000 personas por las trágicas inversiones térmicas, que para muchos es el comienzo o despertar de la conciencia ecológica y en Minamata, Japón, 2,000 afectados y 600 muertos por envenenamiento con mercurio en el mar; mientras W. L. Thomas publicaba un libro de denuncia de esta situación “El papel del hombre en el cambio de la faz de la tierra”.

El 22 de abril de 1970 se decreta y festeja el Día de la Tierra, un esfuerzo que fue coordinado por Denis Hayes y que se dio en muchas ciudades de Estados Unidos y que para muchos es el comienzo de la formación del movimiento ecologista moderno.

Según Manuel Castells, si bien este movimiento se crea y desarrolla en medio de una verdadera revolución de la sociedad, la ciencia, la economía y la política, el mismo se caracteriza por ser la primera nueva idea global que se da sin alterar la esencia del sistema.

Quizás en esta afirmación de Castells esté el meollo del problema central del ecologismo, que el mismo autor lo divide en varios grupos diferentes, pero que se podrían simplificar a dos. El primero que es masivo y creador de conciencias es lo que denomina “Ecología de traspatio”, grupos sociales, organización en la ciudad, en el barrio, en la zona, que intentan mejorar la calidad de vida a partir de una serie de políticas de servicios, ordenamiento territorial y otras, que en muchos casos se logra y genera excelentes resultados.

Los otros, los ecologistas duros, desde los Pastores del Mar que se enfrentan a los balleneros japoneses a Greenpeace, serían los que enfrentan al Estado, pero no al sistema, haciendo una diferencia entre los políticos que son los operadores del sistema y el sistema mismo como algo “ajeno” a éste. El resultado es que logran algunas cosas muy evidentes pero los grandes cambios son imposibles desde el protocolo de Kioto a las grandes mineras, desde la explotación intensiva del mar a Monsanto, el destructor de la naturaleza en el mundo que nunca ha sido condenado.

Así han pasado cuatro décadas, desde la creación del día de la tierra tomado como punto de partida, muchas conferencias internacionales y el desarrollo sustentable se ha transformado en un programa vacío, que nadie aplica pero todos lo comentan o lo aceptan, aunque no crean que sea posible, por una sola razón: se enfrentarían al sistema y más a la potencia hegemónica en momentos en que ésta está en el irreversible camino a la pérdida del poder.

El discurso vacío del BM, del FMI, del BID y de la ONU rebota como lo que es, sólo palabras y mientras más se habla de cuidar la naturaleza más fuerte es el ataque a ésta, incluido los habitantes, ante la necesidad de lograr recursos para mantenerse en el poder.

El último gran ejemplo de lo que viene es el shale gas. Desde el año 2005 hasta la actualidad, Estados Unidos ha comenzado el desarrollo intensivo de extracción de un gas natural no convencional conocido como shale gas, el cual, hasta hace unos años, era inviable de producir económicamente, pero que ahora, gracias a los avances tecnológicos, existen 862 trillones de pies cúbicos que son factibles de extraer.

Lo controvertido de las nuevas tecnologías es su impacto en el medio ambiente. El escritor científico Chris Mooney en un artículo del 2011 destaca que “la fractura horizontal requiere de enormes volúmenes de agua y químicos, más de quinientos, y se requieren grandes estanques para almacenar el agua cargada químicamente que vuelve a la superficie tras la operación. Un solo pozo lateral requiere de 2 a 4 millones de galones de agua y 15,000 a 60,000 galones de químicos.

De allí, la voz de alarma de los críticos que alegan que la nueva tecnología amenaza con contaminar gravemente las aguas subterráneas, lo que se convertirá en una verdadera pesadilla ambiental. Los ejemplos abundan y en YouTube hay varios videos, destacando “Gasland”.

Esta es la primera gran revolución en recursos energéticos que poco se comenta ya que las grandes corporaciones saben el costo que se debe pagar y no están dispuestas a enfrentarse a la sociedad, pero ellos están de suerte, la crisis acalla las críticas y los gobiernos están dispuestos a explotar estos gases al costo que sea si les permite bajar su factura de compra de gas.

Los expertos en hidrocarburos señalan que la producción de gran parte de los pozos tradicionales de América Latina está en fase de declinación y que esta nueva opción hace renacer la esperanza en el sector energético de Latinoamérica, aunque ya se hablaba de la era post petróleo, ¿Qué pasó?, ¿dónde están los derechos humanos, la democracia, el cuidado de la naturaleza de los países centrales? Una falsedad más.

El informe de la Agencia Internacional de Energía (AEI) de 2011 reporta que Sudamérica y África, además de Rusia, son los territorios que tienen un gran potencial en reservorios no convencionales o de gas pizarra (shale-gas). En América Latina, Argentina tendría 6,037 TCF, Brasil 3,550 TCF, Perú 2,398 TCF y Bolivia 1,513 TCF. Pero los grandes yacimientos están en Estados Unidos y China, ¿casualidad?, ¿es necesario destruir los países para sobrevivir o hemos pasado cuatro décadas jugando a una verdad que no podemos asumir?

 

 alfredocesar7@yahoo.com.mx