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Asunto:NoticiasdelCeHu 767/12 - VIAJANDO: En Milano
Fecha:Sabado, 1 de Diciembre, 2012  16:20:13 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 767/12
 

 

 

En Milano

 

Después de una noche de merecido descanso, salí a recorrer Milán (Milano), ciudad que se encuentra en el norte de Italia en la zona intermedia entre los Alpes y los Apeninos.

Tenía conocimiento sobre sus características de capital industrial y de su importancia financiera en toda la región; pero, a la vez, consideraba que el principal atractivo era sin duda el famoso Duomo, o Catedral. Y no me equivoqué.

El Duomo di Milano es una catedral gótica que puede albergar a cuarenta mil personas. Está construida en ladrillo y recubierta con mármol rosado. La palabra Duomo deriva del latín Domus Dei, que significa Casa de Dios. El plano de la ciudad, que muestra las calles que salen en forma de radio desde el Duomo, o circundándolo, ponen de manifiesto que ya constituía el centro desde la antigüedad, a pesar de que la primera piedra fuera colocada recién a fines del siglo XIV y cuya fachada se terminara a principios del siglo XIX cuando Napoleón estaba a punto de ser coronado como rey de Italia. Tanto por el estilo como por la altura es realmente imponente, ya que la nave central alcanza los cuarenta y cinco metros.

Caminé por las cinco naves admirando sus monumentos y obras de arte, y después me senté en uno de los últimos bancos. Eran horas de la tarde y muy pocas personas nos encontrábamos en semejante edificio. Todas en silencio. Algunas rezando y otras, como yo, observando con detenimiento todo el entorno. Cuando de pronto se me acerca un hombre y en voz baja me dice: -“¿Faciamo l’amore?”

¡Quedé perpleja! No solo por lo directo, sino por el hecho de estar dentro de una iglesia. Ante mi negativa, se lo propuso a otra mujer que estaba en un asiento cercano, y al no hacer aceptado, probó suerte con una tercera, con quien salió rápidamente del templo.

La Piazza del Duomo es la plaza principal y está rodeada de varios palacios y edificios importantes como la Galleria Vittorio Emanuelle II y el Palacio Real de Milán. La galería y las recovas que la rodean albergan diferentes comercios de gran nivel como librerías, casas de arte, joyerías, y muy especialmente de alta costura. Y algunos de ellos se especializan en perfumería, incluso solo en fragancias masculinas.

Aprovechando la agradable temperatura de lo avanzado de la tarde, me senté a tomar un refresco en uno de los bares con mesas al aire libre. Y a poco de estar, nuevamente vi a alguien que se acercaba a las mujeres para invitarlas a hacer el amor. Y cuando llegó a mí, le di la misma respuesta que había alcanzado a escuchar de las anteriores: -“No, grazie”, tal como si se tratara de alguien que viniera a vender algún  producto.

Al día siguiente conocí otros distritos donde predominaban los edificios de altura y los parques industriales. Y en términos generales, me pareció una ciudad muy desagradable, y con gente tan soberbia como insolente, por lo que mantuve una discusión a cada paso, y donde a mí también se me calentó la sangre tana contestándoles de la misma manera.

Milán es la ciudad natal de Silvio Berlusconi, apodado “Il Cavalieri”, quien allí comenzara su carrera empresarial convirtiéndose primero en un pulpo multimedio para luego acceder al cargo de primer ministro de Italia, destacándose por su grado de corrupción.

Con la intención de dejar de sentirme tan incómoda, decidí abandonar el lugar y tomar el tren hacia Venecia. Fui hasta la estación Milano Centrale, saqué mi boleto en segunda clase y con el ticket en mano, me subí al primer tren que tenía ese destino. Me acomodé al lado de la ventanilla en un compartimento con otras cinco personas, y permanecí en silencio admirando el paisaje. Todo muy bien hasta que llegó el guarda y pidió los boletos. Y cuando yo entregué el mío me dijo que no estaba validado porque no lo había pasado por la máquina amarilla. Yo le contesté en italiano que no conocía ese procedimiento, pero no me creyó y me quiso hacer una multa que superaba por lejos el valor del pasaje. Insistí en mi ignorancia aclarándole que no era de allí. A lo que replicó que en toda Italia el sistema era el mismo. Le dije que no era italiana. ¡Tampoco me creyó! Evidentemente mi pronunciación debió ser buena porque tuve que mostrarle el pasaporte argentino para poder evitar pagar lo que me pedía.

Ese hecho permitió que un pasajero me explicara que los tickets se vendían sin fecha y debían ser marcados en una máquina antes de subir al tren. Ese hombre era oriundo de Bangladesh. Trabajaba como pintor en una fábrica de automóviles y estaba ahorrando dinero para volver a su país, poner un comercio y casarse con una mujer de su cultura. Él afirmaba que las europeas eran todas unas putas y para nada sumisas como él pretendía, agregando que las españolas se acostaban con cualquiera para poder pagarse las vacaciones en las playas italianas.

Continué conversando sobre otras cuestiones y me sorprendí sobre los conocimientos que tenía sobre la Argentina, en especial en relación a las sofisticadas payasadas que Menem había hecho durante sus viajes a Europa. Y al cabo de alrededor de tres horas llegamos a la estación Venezia Santa Lucía.

 

 

Ana María Liberali