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Asunto:NoticiasdelCeHu 763/12 - Relatos de un caminante. Episodio Nº 8: Caf é Caribe
Fecha:Martes, 27 de Noviembre, 2012  15:08:28 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 763/12
 

Relatos de un caminante

Episodio Nº 8: Café Caribe

 

Paisaje “paisa”

 

Aquí nos avenimos, amigos míos, por vez penúltima, a relatarles alguna que otra historia, dibujada con nuestros pies e ilustrada por la realidad de la dimensión latinoamericana. 

Nos situamos en Departamento de Risaralda, 5º de latitud norte, centro del eje cafetero de Colombia, 1500 metros sobre el nivel del mar, zona de temperatura media de 24º C con una precipitación de 3400 milímetros anuales. Estos factores junto a la gran fertilidad de las tierras generan las condiciones necesarias para la producción de uno de los mejores cafés del mundo. Estamos en la tierra de los “paisas”, en su mayoría inmigrantes españoles llegados a fines del siglo XIX, misturados con indios Quimbayá e instalados en la cordillera central del país en las ciudades de Medellín, Manizales, Pereira y Armenia, zona sumamente accidentada conformada por valles y faldas, tierras duras, esforzadas pero muy ricas. Es hoy esta región la más dinámica, moderna y  próspera de Colombia. En casi cualquier lugar del país se encuentra un negocio en crecimiento llamado “El paisa”. La labia ágil de estos personajes y su capacidad de empresa les permite prosperar rápidamente en el comercio en todas las regiones.  

Dormimos en una carpa ubicada en el living de una casa que no tiene paredes. No son necesarias, el clima así lo permite. Solo vemos a nuestro alrededor el verde de la tupida vegetación y oímos el canto de los animales. Las plantas de banano, los altos y gruesos bambúes, los helechos y las palmeras conforman el decorado. Colombia es verde y exhuberante, es alegría mezclada con rencor y sufrimiento. Es tierra generosa, amable, extrovertida, es música constante, es gente emprendedora y luchadora, ingeniosa y locuaz. Colombia es vida y es muerte en estado puro. Los militares fuertemente armados se observan en la ciudad y en el campo conviviendo con una nutrida policía. Los grupos paramilitares, por su parte,  defienden los intereses de las grandes burguesías del país las cuales controlan territorios enteros. La guerrilla lejos de estar desactivada reúne aún a 10.000 combatientes armados y cuenta con ingentes redes de apoyo civiles. Ambos, controlan una gran parte del territorio del país y del negocio de la coca, produciendo hoja o comprando a pequeños productores, procesando y vendiendo a gran escala. Esto convive con la presencia estatal quien aumentó su control del territorio en el último período gracias a las alianzas con los EE.UU las cuales le valieron armamento, instrucción militar y presencia norteamericana efectiva con bases propias  y apoyo directo en bases colombianas.     

Es difícil resumir y concluir acerca de tantas dudas e interrogantes que se nos plantean en un escenario tan vasto, complejo y contradictoro, dejaremos esta tarea para nuestro próximo y último relato tratando de extraer algunas conclusiones. Ahora vamos a situarnos en el Caribe, a relatar alguna anécdota y a observar los resultantes del litigio entre Nicaragua y Colombia en torno a la soberanía del archipiélago de San Andrés en el mar Caribe el cual obtuvo fallo de La Haya hace unos días.

Regresemos al Caribe.

 

 

Paisaje de corales

 

La Isla Colombiana de Barú tiene una extensión es de 6.000 hectáreas (60 km²) y está ubicada entre las islas del Rosario y Cartagena.  Se puede llegar a sus playas por barco en una excursión que incluye el almuerzo y cuesta unos 40 dólares o se puede llegar por tierra por unos 7 dólares. Para esto, se debe tomar un bus desde Cartagena hasta un canal de escasa profundidad, el separa al continente de la isla de Barú, el cual antiguamente se cruzaba a caballo y que hoy se cruza en una balsa para llegar, en la otra orilla, al pueblo de “Pasacaballos”. Desde allí, se debe seguir en moto-taxi hasta el sector turístico de Playa Blanca. Este hermosa playa de aguas turquesas y arenas blancas fue ocupada por nativos de la isla de Barú y erigida luego como punto turístico hacia los años 70´. Hoy, el Estado colombiano quien quiere vender o dar en concesión esta área. Ya lo hizo con un sector de la playa donde se instaló un hotel de la cadena Decameron All Inclusive (los vemos por las mejores playas de América Latina con hoteles de hasta mil habitaciones, incluyen todo lo que uno pueda consumir durante la estadía y apuntan a un público masivo). Este hotel cuenta con luz eléctrica y agua corriente, lo cual falta en Playa Blanca. Un alambrado separa al sector costero, sobre el cual se instalan numerosas barracas que ofrecen alojamiento y comida económica, del los terrenos interiores de la isla los cuales ya han sido apropiados por el Estado y hoy son custodiados por el ejercito y por seguridad privada. Lo gracioso del caso es que hemos  visto a los soldaditos que custodian estas tierras,  fuertemente armados,  fumando algún que otro canutito de maconia.

De barú debido al viento de leva que sopla de mar a tierra durante tres días, agitando el Caribe y no permitiendo la navegación, debimos nuevamente irnos de a pié y lo hicimos a bordo de un camión volquete que nos devolvió, balsa mediante, al continente para seguir camino hacia la antigua ciudad de Santa Marta y desde allí al Parque Nacional Tayrona.

La ciudad de Santa Marta  y el Parque Tayrona se encuentran al pie de la Sierra Nevada de Santa Marta la cual capta la humedad traída desde el noreste por los vientos Alisios y desarrolla un tupido bosque tropical húmedo. A medida que avanzamos por la costa Caribe colombiana hacia el noreste el clima va haciéndose cada vez más árido y la vegetación conforma un bosque tropical seco primero y un desierto espinoso ya en la Guajira.

 

 

Paisaje de espinas y mar

 

La Guajira es la más septentrional de las penínsulas sudamericanas, situada entre el extremo nororiental de Colombia y el extremo noroccidental de Venezuela. Tiene una superficie cercana a los 25.000 km² extendiéndose desde la bahía de Manaure, en el mar Caribe, hasta la ensenada de El Calabozo, en el golfo de Venezuela. Políticamente su mayor parte pertenece al departamento colombiano de La Guajira y una estrecha banda costera al sur pertenece al estado venezolano de Zulia. Hasta finales del siglo XIX estaba en disputa su soberanía entre Venezuela y Colombia pero luego del laudo arbitral de 1881 gran parte de esta pasó a Colombia, ratificándose posteriormente por el tratado limítrofe de 1941. Entre los accidentes geográficos más importantes de la Guajira se encuentran Punta Gallinas (punto más septentrional de sud-América) y el Cabo de la Vela, terreno desértico habitado en su mayoría por el pueblo indígena wayúu quienes llaman a este lugar Jepirra, que en sus conocimientos tradicionales, es el espacio sagrado donde los espíritus de sus difuntos llegan para pasar a lo desconocido. El cabo de la Vela posee una de las playas más bonitas de Colombia y se ha constituido en los últimos años en importante punto turístico de la costa al cual no es fácil acceder debido a la pobreza de las carreteras. Para llegar al Cabo de la Vela hay que viajar en bus a la capital del Departamento de la Guajira, Riohacha, para desde allí tomar un taxi colectivo hasta la ciudad de Uribia, capital indígena de Colombia, separada por 50 km de desierto del Cabo de la Vela. Desde allí hasta el Cabo el único transporte son camionetas Ford F150 que salen del mercado. A las 8 de la mañana nos prometieron que pronto saldría una, pero pasaron más de tres horas en las cuales la camioneta fue lentamente cargada con cajones de cerveza y grandes conservadoras que llevan hielo hacia el cabo. Hasta que no se completara el cupo de 10 pasajeros el viaje no comenzaría. Bajo el sol intenso de la Guajira esperamos hasta que al fin partimos. Pero a solo unos kilómetros de la largada la baqueteada Ford se rompió por primera vez, el embriague. El conductor nos aseguró que rápido sería reparada con un repuesto que traerían de Uribia. Tres gringos que viajaban se bajaron ofuscados y cruzaron a un bolichito en la esquina a tomarse una cerveza bajo un techito que los protegía de un sol bien radiante. El conductor y dueño de la camioneta insultaba a su ayudante quien estaba tirado debajo y no le daba a la tuerca con la llave. Luego de una hora el desperfecto fue súbitamente arreglado y el viaje continuó. Solo unos kilómetros más adelante, una caja mal amarrada se desprendió de la carga y una centena de cajas de medicamentos quedaron desparramados por el desierto. El conductor y su ayudante se volvieron unos doscientos metros para juntar los remedios que se repartían entre la ruta y la banquina. Seguimos viaje. Unos 30 kilómetros más adelante el motor de la camioneta se detuvo mientras el chofer dale que dale intentaba volver a darle marcha, y nada. Casi media hora intentando hasta que… mágicamente, la incansable máquina volvió a tomar camino y así seguimos hasta llegar finalmente al Cabo casi a las 4 de la tarde.

El cabo mistura un desierto de cactus y especies arbustivas con un mar turquesa y misterioso, en lo más alto de Sudamérica, a 12º de latutud norte, a la altura de la costa de Nicaragua con quien mantiene Colombia históricos diferendos limítrofes por la soberanía del archipiélago de San Andrés y Providencia.

 

 

Paisaje insular

 

El archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina  son un conjunto de islas, cayos e islotes que se localizan sobre una plataforma volcánica del Caribe suroccidental, a unos 720 km del noroeste de la costa colombiana y a 110 kilómetros de la costa nicaragüense y que tienen una superficie de 52,5 km². Este archipiélago pertenece a Colombia desde el año 1822 habiendo siendo poblado alternativamente por ingleses y españoles durante la colonia y habiendo acabado este período con domino español. Pronto, en la independencia fueron adheridas a la Gran Colombia en 1822 y desde allí fueron dominadas por Colombia.  Por medio del tratado de Esguerra-Bárcenas de 1928 se reconoció la soberanía Colombiana en 7 islas del archipiélago. Nicaragua presentó en 1997 el caso a la corte internacional solicitando su soberanía en las islas. La corte de la Haya se expidió el lunes 19 de noviembre de 2012.  El límite marcado por el tratado establecía que todo lo que estaba al este del paralelo 82º era de Colombia. Sin embargo, existen dos pequeños cayos que  no eran nombrados por el tratado. Quitasueño y Serrana.  La corte decidió que si bien la soberanía de estos cayos no se discute, el agua que las rodea luego de las 12 millas, deja de ser de Colombia y pasa a ser de Nicaragua. Es decir que Nicaragua penetra por vez primera en el atlántico más allá del paralelo 82º accediendo a nuevos recursos pesqueros y petrolíferos en un área de 75.000km2 en el denominado Mar de los siete colores. Colombia quien prometió apelar la medida debe comenzar a negociar cómo accederá a sus cayos los cuales configuran, desde ahora, un enclave en mar nicaragüense. Allí un nuevo escenario geopolítico que puede generar tensiones en el futuro próximo.  

Bueno amigos, hasta aquí llegamos

Solo queda un episodio de esta historia y será en viaje de regreso.

 

Gracias nuevamente por su compañía.

 

Viva, libre y pura América Latina. 

 

Su cronista

 

Gonzalo Yurkievich