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Asunto:NoticiasdelCeHu 676/12 - El ocaso del sueño americano (Primera par te)
Fecha:Sabado, 3 de Noviembre, 2012  20:56:55 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 676/12
 

 

El ocaso del sueño americano

(Primera parte)

                                                                

 

Alfredo César Dachary

 

Los imperios generalmente no colapsan por acciones externas a ellos sino que sus debilidades; las que los llevan a esta situación se generan desde dentro del mismo, lo cual lo enseña la historia de los grandes imperios desde los romanos en la antigüedad a los modernos, hasta llegar al corto e intensivo Imperio Británico, quizás el mayor que haya existido en este planeta.

Estados Unidos ya no es la excepción, porque su decadencia es cada vez más evidente, aunque la ceguera de sus políticos es cada vez más profunda y, a diferencia de los anteriores, requieren cerrar su ciclo como lo abrieron mediante la agresión a otros países, última justificación de la existencia del mayor aparato militar de la historia moderna.

Los análisis de esta decadencia, tampoco son nuevos o externos al país, ya que dentro de éste hay un sector pensante que cada vez ve con mayor escepticismo los síntomas irreversibles de la decadencia, desde el aumento de la pobreza a la justificación de la reducción al mínimo del Estado de derecho, y la emergencia de un Estado policial y persecutorio, como el que montó el Macartismo en la década de los cincuenta.

Morris Berman es quizás quien con mayor precisión describe, a partir de un estudio comparado con la caída del Imperio Romano, lo que él denomina la “fase final del imperio”, un cúmulo de evidencias muy difíciles de rebatir a este historiador que le preocupa el destino de su país.

Otros autores, como Joe Bageant, describen la decadencia de la sociedad en el centro, en el Norteamérica profundo, de los hijos de los que fueron a pelear a la segunda guerra, los veteranos de Vietnam primero y de otras guerras después, todos en un estado deplorable, que choca con las luces de Hollywood, la otra cara del sueño americano, la cara de exportación, la constructora de la primera Biblia virtual sobre qué es lo bueno o lo malo.

Hay muchos trabajos sobre la descripción de lo que se ha dado en llamar el final o el despertar del sueño americano, pero cuando esta tarea la realiza alguien que aún sigue creyendo en la grandeza del país que propone el sueño americano, la situación es más compleja porque significa que la crisis ha llegado muy adentro del espíritu de los norteamericanos.

Arianna Huffington, escritora y presidenta del Huffington Post Media Group, ubicada por la revista Time entre las 100 influyentes en el mundo en el 2006 y 2011, no es “crítica roja” del Imperio, sino una hija dilecta desencantada de su nueva realidad, porque al igual que los anteriores, teme por el destino de su país.

Parte de una nueva denominación peyorativa que se hace del imperio cuando se le denomina, “”Estados Unidos del Tercer Mundo”, que en vez de ser un sueño es hoy una pesadilla construida por los propios norteamericanos, en un país que al igual que los tercermundistas tiene dos clases sociales: los muy ricos y los demás.

Un ejemplo cercano lo da México, el país más inequitativo de la OCDE y de América Latina donde los ricos, entre ellos el número uno del mundo, viven atrincherados tras altos muros protegidos por ejércitos de seguridad privada, una forma de vida controlada aunque sea en medio del lujo.

Otro indicador importante es el de la base industrial que ha sido reducida al mínimo, ya sea por el proceso de deslocalización fuera del país en busca de mano de obra más barata, como por cierres o ventas de éstas al capital extranjero que las abre en sus respectivas geografías nacionales. Esta pérdida de fuentes genera la de empleos y con ello cae la razón fundamental de ese empleo estable y bien pagado que fue una de las bases fundamentales de una clase media, que era la que lograba el “American Way Life”.

Pero este dramático giro que plantea Huffington se origina y, en ello ésta coincide con Noam Chomsky, en la década de los 70´s. La decadencia de Estados Unidos entró a una nueva fase, la de una decadencia conscientemente auto-infligida, “…ya que desde los años setenta, ha habido unos cuantos planificadores, privados y estatales, que se volvieron hacia la financiación y la subcontratación al extranjero de producción, impulsada en parte por la tasa de beneficios en disminución en la manufactura en el interior”.

Estas políticas iniciaron un proceso en el cual la riqueza se concentró en el máximo 0.1% de la población, causando la concentración del poder político, que facilitó el desarrollo de esta política con la reducción de impuestos a las grandes corporaciones y cambio de normas que permitían grandes beneficios a los ejecutivos, como hoy se han visto en medio de la crisis desde el 2008. Esto repercutió en los salarios, que aumentó la carga laboral y con ello el endeudamiento familiar, lo que es la otra cara de esta situación del agotamiento del modelo de vida americano (American Way Life).

Desde dos perspectivas diferentes Chomsky y Huffington llegan a la misma conclusión, aunque esta última aún cree en un milagro para la recuperación del sistema, algo impensable para Chomsky. 

El otro gran tema que plantea la autora es el referente al actual sistema educativo que está en ruinas en Estados Unidos, un hecho que ya se veía venir y que era parte de la crisis general de la clase media, que al ver reducidos sus ingresos e incrementadas sus deudas, se ve imposibilitada de poder pagar la universidad a sus hijos, condenándolos a un retroceso social.

Coincidentemente, Chomsky también ve éste como uno de los grandes problemas, por ello en este 2012 las autoridades de la Universidad del Estado de California anunciaron planes para congelar las inscripciones la próxima primavera en la mayoría de los campus y poner en lista de espera a todos los aspirantes el siguiente otoño, con miras al resultado de las votaciones de noviembre sobre una iniciativa fiscal.

El desfinanciamiento similar está aconteciendo en todo el país y según informa The New York Times, los pagos de colegiaturas, no las asignaciones estatales, son lo que cubre gran parte del presupuesto, de tal forma que podría haberse acabado la era de universidades públicas accesibles de cuatro años, fuertemente subsidiadas por el Estado. Cada vez es más común que los colegios comunitarios enfrenten perspectivas similares  y los déficits se extiendan.

Esto no es casual, la visión individualista y no solidaria de esta sociedad basada en la competencia cree que como nación los beneficiarios de la educación superior son muy privilegiados y que, por lo tanto, éstos deberían pagar el costo total de su educación.

La infraestructura que integra al país: carreteras, puentes, acueductos, alcantarillados y sistema eléctrico se desmoronan; la falta de inversión y mantenimiento, dinero desviado para armas, tiene un costo a nivel país que no ven los dueños de las grandes empresas porque sólo viajan en vuelos privados.

La mayor amenaza para Estados Unidos son las deficiencias y el deterioro de sus puentes, sistemas de agua y de transporte, diques, carreteras y túneles, y   los desastres se deben a que el país más rico del mundo  ha dejado de invertir en infraestructura pública. Un informe de la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles emitido en 2005, donde se califica el estado de la infraestructura del país, asignó una calificación de D (el esquema de calificaciones académicas empleadas en este país es de A, la mejor; las notas aprobatorias son hasta D, menos de eso es reprobar). Pero, peor aún, se otorgaron calificaciones inferiores a D a sistemas de agua potable, tratamiento de aguas negras y vías acuáticas navegables del país.

Presas inseguras, líneas de transmisión eléctrica sobrecargadas, parques y playas públicas en malas condiciones y un grave deterioro de escuelas públicas también recibieron una calificación menor a D, todo ello debido a la decreciente inversión pública y a la disminución del presupuesto para infraestructura.

O'Sullivan de LIUNA (Unión de trabajadores de la construcción) sostenía en julio de este año que "…es tiempo para un diálogo a nivel nacional sobre cómo llegar a una meta final para construir los sistemas de transportación del país que un día fueron la envidia del mundo. Los 105 mil millones de dólares, de los 27 meses de Ley de Carreteras ofrecerá la inversión para carreteras, puentes y sistemas de transportación. Nosotros necesitamos un plan a largo plazo para generaciones futuras, no sólo para unos pocos años, ya que según la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles, el promedio de uso de un puente es de cuarenta y tres años, y en Estados Unidos peligrosamente se acercan la mayoría a los cincuenta años del tiempo de uso".

Con el ciclón Sandy, luego potenciado por un frente frío que asoló a Estados Unidos, primera potencia mundial, hay más fallecidos que en Haití, la isla solitaria y castigada por todos los males en el Caribe. ¿Qué está fallando en Estados Unidos, que un ciclón amaga con repetir el modelo de New Orleans, una tragedia típica del subdesarrollo?, aunque esta vez en la Norteamérica rica y pocos días de la elección nacional, lo que salvará a muchos del olvido.

Estos primeros síntomas tienen muchos más que veremos en la próxima columna, y que son parte fundamental en esa nueva definición del “Estados Unidos del Tercer Mundo”.

 

 

 alfredocesar7@yahoo.com.mx