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Asunto:NoticiasdelCeHu 642/12 - VIAJANDO: En Cracovia
Fecha:Jueves, 11 de Octubre, 2012  13:28:56 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 642/12
 

 

En Cracovia

 

Desde Sandomierz, todos los participantes del Congreso de las Religiones, nos trasladamos a Cracovia, ciudad que se encuentra al sur de Polonia, también a orillas del río Vístula.

La historia de Cracovia es similar a la del resto de las ciudades polacas, que sufriera traspasos entre diferentes estados; con el privilegio de que durante la dominación austríaca (en el siglo XVIII), mucho más tolerante que la prusiana y la rusa, que ejercían en otras zonas de Polonia, la ciudad se transformó en el principal centro cultural polaco.

Durante la Primera Guerra Mundial, Cracovia fue la sede de un Cuartel General Germano y zona de un “estado polaco” pro-alemán. Pero al finalizar la guerra, fue una de las zonas constituyentes de la resurgida Polonia independiente.

Si bien en 1997 la ciudad ya estaba muy extendida, con casi tres millones de habitantes en el área metropolitana, nosotros nos dirigimos al Centro Histórico, que está conformado prácticamente por la “Stare Miasto”, la ciudad medieval amurallada, con fortificaciones edificadas durante los siglos XII al XIV. En ese sector la arquitectura es muy rica, de estilos renacentista, barroco y gótico.

Caminamos por sus calles admirando uno y otro edificio hasta llegar a “Rynek Glówny”, la Plaza Mayor de Cracovia o Plaza del Mercado. Es una plaza seca de doscientos metros de lado, construida en el siglo XIII, y es considerada la más grande de Europa. Allí había una gran cantidad de puestos de flores, donde predominaban los girasoles. Nuestros guías nos explicaron que era el lugar de las conquistas amorosas, ya que las mujeres jóvenes se paseaban por la plaza, y cuando un hombre quería iniciar una relación, le obsequiaba girasoles a su elegida.

En el centro se encontraba el gran mercado de telas o Lonja de los Paños (Sukiennice en polaco), edificio gótico-renacentista del siglo XIV ocupado ahora por diferentes tiendas, donde todos concurrimos para llevar algún recuerdo de la ciudad. En la primera planta se podía visitar la Galería del Arte, una de las secciones del Museo Nacional.

Al lado de la Lonja de los Paños se encontraban la Torre Solitaria del Ayuntamiento, de setenta metros, lo único que quedara del edificio del siglo XIV destruido en 1820, y la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora.

Hacia el sudoeste estaban los edificios más antiguos, uno de ellos el de la Universidad Jagellónica, fundada por Casimiro III en 1364. Allí fuimos, ingresando al Collegium Novum, donde pudimos ver las antiguas aulas, con una tarima para el profesor y los amplios bancos de madera lustrada para el alumnado. Pero lo más interesante que nos comentaron, fue que en esa universidad estudió Nicolás Copérnico, entre los años 1491 y 1494, razón por la cual había una escultura de su figura en los jardines. Copérnico fue el padre de la teoría heliocéntrica, que revolucionara al mundo de la astronomía;  y en el recinto se mantenía una frase escrita por el más destacado de sus visitantes, el astronauta Neil Armstrong, que decía: “Si no fuera por Copérnico, no hubiese podido pisar la Luna”.

En el sector oriental de la plaza pudimos ver la Basílica de Santa María (siglo XIII) con dos torres de diferente altura, y la estatua de Adam Mickiewicz, destacado poeta y patriota polaco.

Una de las características de la ciudad es el colorido, que se manifiesta en iglesias y palacios a través de vidrieras, pinturas y esculturas. También hay museos donde se exhiben obras de Rembrandt y de Leonardo da Vinci.

Cracovia también es la ciudad de la cual Juan Pablo II fuera obispo y posteriormente arzobispo, lo cual el ejercicio de su papado contribuyó a profundizar la tradición católica de un vasto sector de la ciudad.

Luego nos dirigimos al núcleo medieval de Kazimierz, ciudad fundada por Casimiro III de Polonia en 1335, sobre una isla formada en el brazo norte del río Vístula, al sur de Cracovia que era en ese entonces ciudad capital del reino polaco. Hoy día no existe el brazo norte del río y por lo tanto no hay ninguna separación física entre Kazimierz y el casco antiguo de Cracovia, debido a sucesivas obras de drenaje que suprimieron el pequeño cauce. Desde sus inicios, Kazimierz fue esencialmente una ciudad mercantil que competía con la vecina capital.

La ciudad se caracteriza por sus casas apiñadas y por haber estado dividida en dos sectores: uno cristiano al oeste y uno hebreo al este. Y durante siglos fue una zona repleta de iglesias y sinagogas donde católicos y judíos vivieron pacíficamente.

En el siglo XIX ante el crecimiento urbano, Kazimierz quedó convertida en un barrio de Cracovia, y los judíos de mayor poder adquisitivo se mudaron hacia el sector occidental de la gran ciudad junto a la creciente burguesía. Este hecho causó que a inicios del siglo XIX la población de Kazimierz estuviera integrada casi exclusivamente por los judíos más pobres o más conservadores, lo que permitió que la mayor parte de los edificios antiguos del barrio se preservaran y no fuesen destruidos para dar lugar a construcciones modernas.

Durante la Segunda Guerra Mundial los judíos del barrio fueron trasladados por los nazis desde Kazimierz al Gueto de Cracovia, precisamente al otro lado del río Vístula. La mayor parte de la población judía fue asesinada durante la liquidación del gueto o pereció en los campos de exterminio a los que fueran trasladados los supervivientes. Este gueto fue uno de los cinco más grandes creados por los nazis en el Gobierno Central, durante la ocupación en Polonia. En él se separaba a las personas capaces de trabajar de las consideradas solo dignas de ser ejecutadas. Antes de la guerra, Cracovia había sido un influyente centro cultural para los setenta mil judíos residentes en ella. Uno de los supervivientes es el director de cine Roman Polanski, quien recuerda su experiencia de niño en sus memorias, que publicara con el título de  “Roman”. También Cracovia fue el lugar donde el especulador alemán Oskar Schindler fue para aprovechar la mano de obra del gueto. Seleccionó empleados para que trabajaran en su fábrica y comenzó a simpatizar con ellos. Al observar cómo eran brutalmente conducidos a los campos de exterminio, intervino personalmente para salvarlos aunque eso le costara la pérdida de su posición económica, lo que fuera relatado por el cineasta Steven Spielberg, en su película La Lista de Schindler.

Después de la guerra el viejo barrio de Kazimierz quedó abandonado por su población original, que de varios miles de individuos se había reducido a unos escasos cientos de judíos, sobrevivientes que no volvieron a sus casas. Durante casi todo el período comunista, Kazimierz se convirtió en una zona de mala reputación, tachada como refugio de vagabundos o delincuentes, pero esta situación comenzó a cambiar a partir de la década de los ’90 debido a un proceso de gentrificación, convirtiéndose en una zona de moda en la que se asientan jóvenes bohemios, universitarios, artistas, así como numerosos cafés, restaurantes de comida judía y pubs que coexisten con las placas de memoria de los Shoah.

Sus principales monumentos son Wolnica o Plaza del Mercado, con el ayuntamiento, la Iglesia de Santa Catalina del período gótico al igual que la Iglesia del Corpus Christi, la Skalka o Iglesia de Piedra de San Estanislao, de estilo barroco, la Sinagoga de Remuh, aun en actividad, junto al Cementerio de Remuh, la Antigua Sinagoga, la Sinagoga de Isaac, la Sinagoga de Kupaj, y la Sinagoga de Tempel, convertidas en museos.

Todos visitamos la Sinagoga de Remuh, pero solo algunos, en especial los representantes de Israel, el cementerio y una muestra referida al genocidio judío. ¡Yo no pude! Solo con lo que nos habían relatado fue suficiente para que más de uno quedara fuertemente impactado. Pero Izhak y Haim, quienes habían perdido allí a sus abuelos, dijeron que se sentían aliviados por haber podido cumplir con una visita a la que consideraban como una deuda con sus seres queridos.

Para finalizar nuestro periplo nos llevaron a la colina de Wawel en las afueras de Cracovia. Allí se encontraban el Castillo Real y la Catedral de San Wenceslao y San Estanislao. Este castillo ha sido residencia de la mayoría de los reyes de Polonia, y conserva más de cien tapices del siglo XVI. Ambos edificios están rodeados de amplios y cuidados jardines, donde se pueden hacer caminatas o bien disfrutar del silencio y el aire puro.

En 1978, la ciudad antigua de Cracovia junto con el barrio completo Kazimierz y el Castillo Real de Wawel, habían sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

 

 

Ana María Liberali