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Asunto:NoticiasdelCeHu 626/12 - La moda sigue de moda
Fecha:Sabado, 6 de Octubre, 2012  18:44:41 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 626/12
 

 

La moda sigue de moda

    

“El gasto demostrativo como medio para significar un rango, para suscitar admiración y exponer estatus social”. T. Veblen.

                                                               

 

Alfredo César Dachary

 

 

         El mundo de la moda es como otras cosas aparentemente “light” , como el turismo, que son vistas desde las formas y no desde el fondo, desde su presentación y no desde su significación, por ello como dice Gilles Lipovetsky, autor de uno de los clásicos sobre el tema “El imperio de lo efímero”, en la intelectualidad el tema de la moda no se lleva, provoca reflejos críticos y se la evoca para fustigarla, marcar distancia, deplorar la estupidez de los hombres y lo viciado de sus asuntos: la moda son siempre los demás.

         Pero hoy en el siglo XXI, donde todo aparece tergiversado, usar ropa aparentemente “gastada o rota” es más caro que romperla en el trabajo y llevar algo que haga “juego” es tan difícil como entender hacia dónde va la moda. Y es que el tema salió hace mucho del límite de las pasarelas para centrarse en el sujeto como totalidad y la sociedad como unidad global de consumo.

Como sostiene Lipovetsky, la moda no es un placer estético, un accesorio decorativo de la vida colectiva, es su piedra angular. Estructuralmente la moda ha acabado su carrera histórica, antes era periférica hoy es hegemónica, al remodelar la sociedad entera a su imagen.

La moda se encuentra al mando de nuestras sociedades, en menos de medio siglo la seducción y lo efímero han llegado a convertirse en los principios organizativos de la vida colectiva moderna, ya que vivimos en sociedades dominadas por la frivolidad, último eslabón de la aventura plurisecular capitalista-democrática-individualista.

Éste es el reino último de la seducción que aniquila la cultura, conduce al embrutecimiento generalizado, al hundimiento del ciudadano libre y responsable y por ello es que la moda es el agente por excelencia de la espiral individualista y de la consolidación de las sociedades liberales.

Y es que estas nuevas democracias frívolas  carecen de armas para afrontar el futuro, pero en el presente éstas disponen de recursos inestimables, y es que están formadas por un material humano mucho más flexible de lo que se piensa, que ha legitimado para sí este profundo cambio, por lo que ha renunciado a otras visiones del mundo, que anteriormente eran opcionales.

Esto es observable ya que bajo el reinado de la moda estas “democracias constreñidas” disfrutan de un consenso universal respecto a sus instituciones políticas, dominadas por las minorías del poder económico que han logrado imponer el ocaso de las ideologías y reemplazarlas por el pragmatismo eficiente del mundo empresarial.

Esta sociedad paradójica tiene nuevas características, ya que cuanto más se despliega la seducción, más tienden las conciencias a lo real, y cuanto más arrebata lo lúdico, más se rehabilita el ethos económico y ello se sintetiza en que cuando más gana lo efímero, más estable son las democracias, menos desgarradas y más reconciliadas con sus principios pluralistas.

         Pero la moda no es algo que ha tenido una historia tan larga como la humanidad; se podría decir que es moderna y muy occidental y allí está el misterio de la moda, en la unicidad del fenómeno, en la emergente instauración de su reino en el occidente moderno y en ninguna otra parte.

Pero la moda no emerge sola sino que lo hace en el seno de nuevas ideas que empiezan a ser planteadas al comienzo de la modernidad, cuando concluye la era encantada bajo el dominio de la religión. Entre estas ideas destacan la pena por envejecer, la nostalgia de la juventud y la toma de conciencia de la vida limitada; todas éstas sirven para aterrizar otras y así aumentar el goce y el placer de la vida.

De allí que la naciente moda pueda traducir un amor apasionado por la felicidad y la vida, una exasperación del deseo de disfrutar los placeres terrenales, ahora posible gracias a los valores caballerescos, a la sociedad cortesana, así como a una sensibilidad moderna en la que apuntan ya la melancolía del tiempo y la angustia de abandonar la vida.

Hasta los siglo XIX y XX la indumentaria fue lo que encarnó mas ostensiblemente el proceso de la moda y no hay teoría e historia de la moda que no tome la indumentaria como punto de partida del estudio de la moda, cuya primera etapa dura cinco siglos desde mediados del XIV a mediados del XIX, que fue la fase inaugural de la moda, donde el ritmo precipitado de las frivolidades  y el reino de la fantasía se manifiestan de manera sistémica y duradera. Fue el estadío artesanal y aristocrático de la moda.

Pero la moda no es un placer estético, un accesorio decorativo de la vida colectiva; es su piedra angular, pasando a ser hoy hegemónica, al remodelar la sociedad entera a su imagen.

La moda es un sistema original de regulación y de presión social, donde sus cambios presentan un carácter apremiante y por ello se acompañan del deber de adopción y de asimilación, lo que los lleva a imponerse obligatoriamente en un medio social determinado. Esto es la dictadura de la moda cuya mayor “sanción” es la risa, la burla o la reprobación de sus contemporáneos.

Entre los “encantos” de la moda estuvo el hecho de que permitió disolver el orden inmutable de la apariencia tradicional y las distinciones intangibles entre grupos, lo cual favoreció audacias y transgresiones diversas, no solamente entre la nobleza sino también entre la burguesía, abriendo así el camino a esta yuxtaposición histórica que terminará siendo dominada por la gran burguesía emergente.

Históricamente, la moda fue un agente de la revolución democrática  porque se acompañó de un proceso que terminaría transformando a la sociedad; éste tenía dos extremos: por un lado, el desarrollo del Estado moderno y, por el otro, la ascensión de la burguesía, que a su vez recuperará a la aristocracia en sus excesos y la integrará en su etapa de caída, para permitir una trasmutación eficiente de las costumbres y ritos.

Por ello es que en la base del proceso de ascensión de la moda está el aumento del poder de la burguesía que siempre estaba buscando un mayor reconocimiento  social, a partir de tratar de imitar a la nobleza en decadencia, de allí que estas dos variables: la búsqueda del reconocimiento y la eterna competición están en la base de la explicación de la moda.

Esto era una cuestión piramidal ya que la imitación se derramaba de arriba hacia abajo, donde cada clase trataba de imitar a la que consideraba superior o digna de imitar y en su afán de no quedar “igualadas” con las imitadoras, comienzan a cambiar permanentemente sus modelos dándole dinamismo y valor a la emergente moda.

         Pero la competición dentro de las clases superiores, entre la burguesía y la aristocracia, es una vieja historia que duró largo tiempo y terminó siendo un tema de conflictividad, que se fue atenuando en la medida en que las alianzas de sangre, los matrimonios, fueron acelerando la transición transformando la competencia en venta o herencia a favor de la clase consolidada, la gran burguesía.

         El fenómeno se fue dando en paralelo en otros elementos del buen vivir como son los restaurantes, que emergen de los cocineros jefes de la aristocracia expulsada por la Revolución Francesa y que deciden quedarse y servir a la nueva clase emergente: la burguesía.

         Con los hoteles ocurre algo similar, ya que los más modernos emergen cuando el capitalismo comienza a crecer y los nuevos “capitanes de la industria”, los banqueros y otros nuevos y poderosos burgueses quieren imitar el mundo aristocrático y reproducen sus servicios y costumbres en los nuevos y muy lujosos hoteles, que crean artificialmente un clima fuera de época pero muy atractivo para los que logran el poder y el dinero.

Las estrategias de distinción social indudablemente aclaran los fenómenos de difusión y expansión de la moda, pero no los resortes de la novedad, el culto del presente social, la legitimidad de lo inédito, y ello lo recupera en su clásico libro “Teoría sobre la clase ociosa”, Thorstein Veblen, quién sostenía que el consumo de las clases altas corresponde al principio de despilfarro ostentoso a fin de conseguir la consideración y la envidia de los demás.

Para Veblen, el móvil que está en la base del consumo es la rivalidad de las personas, el amor propio que las lleva a querer compararse ventajosamente con otros y quedar por encima de ellos, pero la característica de la moda es que es pasajera porque es hasta tal punto grotesco y antiestético que no se puede tolerar mucho tiempo.

A finales del siglo XX, el ciclo de la moda evolucionó a pasos agigantados y ninguna tendencia logró presentar precedentes y hay una moda global asequible desde cualquier parte del mundo en constante transformación. A medida que cambia la actitud hacia la mujer, también lo hacían hacia la forma de vestir.

 

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx