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Asunto:NoticiasdelCeHu 622/12 - Pasajeros de Proa: LOS INMIGRANTES EN SALTA
Fecha:Sabado, 6 de Octubre, 2012  01:09:16 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 622/12
 

LOS INMIGRANTES EN SALTA


Muestran el camino recorrido por las corrientes de extranjeros llegados desde 1850.

Reconstruyen la historia de LOS INMIGRANTES EN SALTA.

Una vitrina con objetos de la muestra "Los que bajaron de los barcos".

Por primera vez exponen fotos y documentos sobre la vida de los que vinieron en grandes olas desde Europa. A fines del siglo XIX, la provincia se promocionaba en el viejo continente como destino para emigrar. Jimena Granados El Tribuno.

En 1889 había casi tres mil europeos recién llegados a Salta que, entre otras cosas, cambiaron el comercio, difundieron los ideales de la masonería, introdujeron el colectivo y trajeron la primera bicicleta. La población de inmigrantes seguiría creciendo con sucesivas olas que ingresaron hasta después de la segunda guerra mundial, en gran parte porque la provincia se publicitaba en el exterior como un buen destino para emigrar. Una muestra en la UNSa reconstruye la vida de los extranjeros que eligieron Salta y las huellas que dejaron en la historia. Se estima que sólo entre 1881 y 1919 vinieron a vivir a Argentina unos 6 millones de personas del exterior. La Constitución nacional de 1853, establecía que el gobierno federal debía "fomentar la inmigración europea". Desde entonces, distintas políticas oficiales facilitaron la radicación de ciudadanos del viejo continente en el territorio nacional. Las elites gobernantes consideraron que sólo la inmigración europea ayudaría al enriquecimiento del país. Incluso una ley de 1876, dictada durante la presidencia de Avellaneda, reconoce como inmigrantes con iguales derechos que los ciudadanos nativos únicamente a "los que vienen de ultramar". La afluencia de viajeros originarios del otro lado del océano parecía algo deseable para el adelanto de la ciencia, la industria o la actividad agropecuaria en todo el país y Salta no se quedaba afuera. Un folleto que repartían agentes oficiales argentinos en naciones europeas hacia 1888 publicitaba a la provincia como destino para emigrar destacando que "en la mayor parte de los departamentos hay minerales como oro y plata". El documento, exhibido en estos días en la muestra "Los que bajaron de los barcos" de la UNSa, también contenía mapas y detallaba en diferentes idiomas los derechos de los inmigrantes. Primer colectivo Lilia Pérez, coordinadora del museo de la UNSa y docente de historia, explicó que las olas masivas de europeos empezaron a venir desde la década de 1850 y la última se produjo luego de la segunda guerra mundial. De los que llegaron del exterior, la mayoría se quedó en Buenos Aires, pero muchos eligieron el Norte. En 1889 la provincia tenía 142.000 habitantes. De este total, 2.835 eran europeos que habían llegado en barco a Buenos Aires y luego vinieron por tierra a Salta. Los inmigrantes dejaron su marca en el arte, el transporte público y el comercio además de extender la masonería a nivel local. Los italianos y franceses iniciaron la logia General Belgrano 250, cuyo centro de reuniones estaba en la calle San Luis 514. La organización tenía como objetivos buscar la justicia y la libertad. El francés Juan Peyret estuvo al frente de la logia además de desempañarse como comisario inspector de la Capital y empresario. En su función pública, hizo supervisiones para evitar que las construcciones se hicieran con materiales inflamables. Peyret también quedó en la historia por haber trabajado en el traslado del la imagen del Cristo que actualmente se encuentra en la cima del cerro San Bernardo desde la iglesia La Viña, donde se hallaba inicialmente. Otro emigrado de Francia e integrante de la logia General Belgrano 250, Fermín Delclaux, introdujo en 1910 el primer colectivo de pasajeros de la ciudad junto al argentino Ramón Barbarán. También practicante de la masonería, el italiano Luis Bartoletti fue el dueño de un emblemático comercio de la ciudad. Su negocio, ubicado en la peatonal Florida frente a la casa de Moldes, era a la vez ferretería, armería y almacén de ramos generales. Antonio Ravizza, otro inmigrante de Italia, trajo a Salta la primera bicicleta en 1891. El medio de transporte tuvo una gran aceptación y años después se fundó el club "Unión de ciclistas". El altar y el púlpito de la iglesia La Merced fueron tallados por el italiano José Buccianti. Esta obra es sólo una muestra de lo que hicieron en muchas viviendas sus compatriotas, que se caracterizaron por sus habilidades manuales. De hecho, muchos vinieron para dedicarse a la carpintería y ebanistería. Mario Del Pin, que emigró en 1927 desde la región de Friuli Venecia Giulia, trabajó la madera en un local de Pueyrredón 1.118. Más tarde compró en remate una funeraria de la Municipalidad y la transformó en la empresa La Piedad fabricando él mismo los cajones. La firma aún hoy pertenece a su familia.

Porcentaje de población no nativa de Salta entre 1869 y 2001 de acuerdo a los censos

 Año Porcentaje de población no nativa

1869 1,40%

1895 0,50%

1914 0,50%

1947 1%

1960 1,50%

1970 1,10%

1980 1,30%

1991 1,70%

2001 2,6%

 

Inmigrantes que había en Salta en 1889 por país de procedencia.

Lugar de procedencia Cantidad de inmigrantes

Italia 1.200

España 1.000

Alemania 500

Francia 80

Inglaterra 45

Suiza 6

Austria 2

Portugal 2

Total 2.835*

 

La población total de la provincia en 1889 era e 142.200 habitantes. La legislación de la época sólo consideraba inmigrantes a los que venían "de ultramar".

 

La emigración hoy.

Según datos del censo 2001 en Salta hay 28.477 extranjeros. La mayoría proviene de Bolivia: desde allí arribó el 81 por ciento del total. Siguen en orden de importancia Chile, con 1232 emigrantes hacia Salta, Paraguay con 706, Uruguay con 220 y Brasil con 141.El porcentaje de inmigrantes en la población de Salta tuvo altibajos a lo largo de la historia. Hoy la proporción de habitantes extranjeros en la provincia no es muy diferente a la de fines del XIX, cuando el Gobierno fomentaba la llegada de europeos, pero hubo un vuelco en la procedencia. De los inmigrantes que actualmente habitan en la provincia, el 89 por ciento vino de países limítrofes y el 11 por ciento del resto del mundo. En 1.889, en cambio, los 2.835 europeos que se habían establecido en la provincia eran casi los únicos extranjeros. Los nacidos en el exterior que hoy viven en Salta representan a un 2,6 por ciento del total de la población y a fines del XIX eran el 1,9 por ciento.

 

Los árabes.

Los árabes, libaneses y sirios llegaron partir de 1880 pero su presencia se afianzó desde 1900. Pusieron su empeño para aplicar los conocimientos que traían sobre agricultura y comercio. Como la mayoría de los inmigrantes que ingresaron en grandes corrientes, venían atraídos por las noticias que hablaban de las posibilidades de trabajar y crecer en América. Muchos fueron vendedores ambulantes a pie y a lomo de mula, extendiendo esta forma de comercio en los diferentes departamentos. Se cree que eligieron Salta porque tenía paisajes similares a los de sus tierras. Se calcula que hoy existen alrededor de 3.500.000 personas entre árabes y descendientes en el país. Entre 1945 y 1974 las olas migratorias sirio-libanesas hacia Argentina aumentaron por la guerra civil en El Líbano.


La exposición.

Desde el 12 de octubre y hasta el 9 de noviembre el museo histórico de la UNSa -en Buenos Aires 177- exhibe "Los que bajaron de los barcos". La exposición se hizo en base a fotos, antigüedades y documentos que relatan lo vivido por los inmigrantes desde que llegaban al puerto de Buenos Aires hasta que se establecían en Salta. La muestra se habilitó el viernes a las 20. Luego de la inauguración se oficializó el nombre de "Eduardo Ashur", para este espacio de la UNSa. Ashur fue un docente que impulsó la creación de este ámbito dedicado a la preservación y exhibición del patrimonio de la ciudad y falleció este año. La recopilación sólo reconstruye la parte de la historia vinculada con la inmigración europea, por eso no incluye datos de los que vinieron de países limítrofes.

 

La vida despúes del barco.

Gianfranco recuerda la bebida verdosa que le dieron como primera merienda en Salta cada vez que comienza a contar su vida como inmigrante italiano. Después aprendería que era mate cocido y reemplazaría a la leche desde entonces. Así se iniciaba una de las miles de crónicas de extranjeros que vinieron a empezar de cero en el Norte del país. Un mapa de Friuli Venezia Giulia pegado en la heladera, ediciones apiladas del diario italiano "Corriere della Sera", fotos antiguas... En el restaurante de su familia donde Gianfranco recibió a El Tribuno, todo habla del lugar donde transcurrió los primeros años. El 28 de octubre de 1951, con 10 años, llegó al puerto de Buenos Aires tras 25 días de navegación. Luego de pasar tres noches en un hotel que alojaba momentáneamente a multitudes de recién venidos del exterior tomó el tren que lo dejaría la tarde del 2 de noviembre en la estación de Balcarce y Ameghino. En un castellano correcto que sin embargo revela su infancia en Italia, relató el camino que recorrió desde sus 10 años: "Salimos el 3 de octubre de 1951 de Génova en la tercera clase de un barco que ya había traído a muchos inmigrantes. Calculo que venían con nosotros más de 1.500 personas. Mi madre sufría mucho por los que quedaban allá. Después fueron tres días más en tren, con muy poca comida, hasta Salta". Gianfranco llegó con su madre, Gina del Pin, y dos hermanos menores para reunirse con su padre, Ciro Martinis, que vivía hace más de un año en Salta. Abandonó su país junto con la última ola masiva de europeos que vinieron a trabajar a Argentina después de la segunda guerra mundial. Tratando de dejar atrás la difícil situación económica que atravesaba Italia tras el conflicto bélico, los Martinis partieron de la región denominada Friuli Venezia Giulia, donde vivían de la agricultura a pequeña escala y el trueque. Buscaron suerte en Salta porque era la provincia hacia donde había emigrado en 1927 un tío de Gianfranco, Mario Del Pin. Del Pin ya tenía una carpintería en la calle Pueyrredón 1.118, una finca recién adquirida camino a Las Costas y luego compraría la firma fúnebre La Piedad, emprendimientos a los cuales se sumarían los parientes recién llegados."Un hervidero de gente". Una de las últimas imágenes que Gianfranco tiene de Italia son sus viñedos y plantaciones de trigo, panorama que contrastaría con el "hervidero de gente" que describe como lo primero que vio al bajar del barco en Buenos Aires. Quizás porque estaba acostumbrado a lo difícil, a Gianfranco le parecen un detalle menor los 8 kilómetros que tuvo que caminar todos los días para ir a estudiar desde que llegó. Vivía en la finca El Rosedal, camino a Las Costas, y la escuela a la que asistía, llamada El Paraíso, estaba en Caseros al 2.000.A sus días tampoco les faltó el capítulo del trabajo. "Apenas llegamos comenzamos a ayudar a los mayores en los cultivos. Y cuando salía del colegio, ofrecía verduras de nuestra huerta en los negocios", cuenta, para aclarar enseguida que "no era nada pesado". Habitó más de una década en la casa de campo, donde se producían alfalfares y vegetales, antes de mudarse a Tres Cerritos. Ciro Martinis también trabajó en La Piedad, en la calle Alberdi al 400.Su biografía dice que terminó el secundario en el Salesiano y estudió tres años de Ciencias Económicas en Córdoba. Fue empleado del Jockey Club y de la Contaduría General de la Provincia, donde llegó al cargo de Tesorero General del Gobierno. Se casó a los 28 años con Susana Mercado, una salteña descendiente de árabes que le dio cuatro hijos. Entre las reliquias traídas de su tierra conserva un cuaderno de primaria amarillento y un baúl donde llegaron todas sus pertenencias. Hoy está jubilado y pasa su tiempo en el local que uno de sus hijos tiene en la zona de la Balcarce. Allí se preparan platos típicos de la región de donde vino y se muestran objetos que cuentan parte de lo que vivieron miles de emigrantes de Italia. A los 66 años, dice que sólo tiene agradecimiento para Salta, aunque confiesa que su corazón quedó "allá", en el país que no volvería a pisar hasta 1978 en un recorrido turístico. Hoy es uno de los incontables extranjeros que vinieron buscando una salida y terminaron haciendo una parte de la historia.

 

 

(Diario El tribuno 22/10/07)

http://eltribunosalta.com.ar/edicion-salta/salta/20071022_190749.php