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Asunto:NoticiasdelCeHu 614/12 - VIAJANDO: En Varsovia
Fecha:Lunes, 1 de Octubre, 2012  21:18:35 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 614
 

 

En Varsovia

 

Desde la estación de Varsovia (Warszawa), a pesar de la lluvia, conseguí un taxi, y por suerte, el chofer sabía algo de inglés. Así que le indiqué el hotel que tenía reservado y marchamos. Pero cuando llegamos, me dijeron que la habitación no estaba lista y que podría ingresar recién después de la una del mediodía.  Eran recién cerca de las nueve de la mañana, así que a pesar de mi cansancio, dejé el equipaje y salí a caminar…

Varsovia es una verdadera ciudad herida, no solo desde el punto de vista arquitectónico, sino fundamentalmente a partir de la pérdida de vidas humanas a lo largo de su historia. Es la ciudad donde se desarrollara la famosa batalla de 1920 en que el Ejército Rojo fuera expulsado del país, deteniendo así a las fuerzas bolcheviques, y por ende, pospuesta la expansión del socialismo hacia el este de Europa.

Durante la Segunda Guerra Mundial se produjo el asedio de Varsovia, muriendo alrededor de diez mil personas y quedando heridas más de cincuenta mil. Los alemanes hicieron un saqueo cultural de la ciudad, y muchos habitantes fueron enviados a campos de trabajo o campos de concentración. La población judía fue establecida en el tristemente famoso gueto de Varsovia, donde miles murieron de hambre, enfermedades y hacinamiento antes de ser enviados a los campos de la muerte. Posteriormente, coincidiendo con el acercamiento del Ejército Rojo, el Ejército Clandestino Polaco inició un alzamiento contra los alemanes, muriendo entre ciento cincuenta y ciento ochenta mil personas durante el conflicto.

Se cree que en la Segunda Guerra Mundial murieron entre seiscientos y ochocientos mil varsovianos, destruyéndose además el treinta por ciento de la ciudad. Pero al finalizar la ocupación alemana el Castillo Real fue destruido, las principales bibliotecas incendiadas, así como museos, iglesias, palacios y otros edificios culturales, perdiendo cerca del ochenta por ciento de sus edificios.

En enero de 1945, los soviéticos entraron a Varsovia, y el 1ro. de febrero fue proclamada la República Popular Polaca, creando de inmediato una oficina de reconstrucción. Y si bien algunas calles, edificios e iglesias históricas fueron restaurados a su forma original, siendo declarado el Barrio Histórico Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la mayor parte de las viviendas tuvieron un carácter más pragmático y no se han destacado por su estética, como ha ocurrido en todos los casos de construcción de emergencia, sumado al rígido estilo soviético.

También allí, en 1955 se firmó el Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua, más conocido como Pacto de Varsovia, liderado por la Unión Soviética que consistía en un acuerdo de cooperación militar entre los países del Bloque del Este.

No sé si ese olor a tragedia que se percibía a cada paso, o a las viviendas tipo cárceles, o a que el día estaba demasiado oscuro, o tal vez todo al mismo tiempo, es que sinceramente no me gustó. Todo me pareció muy tétrico, y la gente, muy desconfiada y agresiva. Prácticamente nadie sabía inglés, tampoco en los negocios; y a nadie parecía interesarle hacerse entender o comprender lo que se le decía. La mayoría tenía cara de haber desayunado con vinagre.

Regresé al hotel toda mojada. Cuando llegué, la conserje me ofreció un vodka para recomponerme. Se lo agradecí pero le dije que con poder ocupar la habitación me alcanzaba…

A la mañana siguiente continuaba lloviendo pero con menor intensidad. Y en un momento en que las nubes se disiparon un poco, volví a salir. Le pedí a un taxista que me llevara a hacer una recorrida general de la ciudad para poder ver lo que se consideraba más importante. Pero nada me atrajo. Era un muchacho joven y me habló con entusiasmo de Juan Pablo II, primer papa polaco, quien apoyara al Movimiento Solidaridad, de fervor anticomunista. Hizo varios comentarios a favor del nuevo sistema político y económico, y destacó la importancia de varias nuevas obras, en especial la del metro, inaugurado apenas dos años atrás.

Volvió a llover fuerte, pero yo debía estar de todas maneras en el aeropuerto a eso de las ocho de la noche, hora en que arribarían los representantes de Japón e Israel, y seríamos trasladados en una combi hasta la localidad de Sandomierz, donde se realizaría el Congreso sobre Geografía de las Religiones, de la Unión Geográfica Internacional.

La distancia que debíamos recorrer no era mucho mayor a doscientos kilómetros, pero ya era entrada la noche, el camino era angosto y estaba poceado, y la lluvia no paraba, por lo que fuimos a paso de hombre en muchos tramos… ¡Y llegamos casi a medianoche!

Todos sentíamos un gran cansancio, pero en la residencia donde nos íbamos a alojar, nos esperaban el Profesor Witold Wilcynski y otros organizadores. Estábamos en ayunas y nos sirvieron un vodka. Yo no lo quería pero se ofendían… Y en cuanto lo probé…, se me pusieron coloradas hasta las orejas. Iba tomando de a sorbitos, y al rato, vinieron con la comida. Era una sopa de remolacha, y una especie de escalope con papas; y todo acompañado por un té, sin ninguna otra bebida: ni agua, ni gaseosa, ni vino, ni cerveza, ni nada… Y cuando terminamos de cenar, ¡nos ofrecieron otro vodka! Pero todos preferimos ir a dormir. Nos llevaron a cuatro habitaciones individuales compartiendo el baño. Todo muy sobrio, y sobre todo, extremadamente limpio.

 

 

Ana María Liberali