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Asunto:NoticiasdelCeHu 420/12 - Londres 1851 - 2012: el espectáculo no termin a.
Fecha:Sabado, 4 de Agosto, 2012  18:15:46 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 420/12
 

 

Londres 1851 - 2012: el espectáculo no termina.

 

                                                                  Alfredo César Dachary

 

 

En estos días, Londres se ha puesto sus galas para la gran aventura olímpica. No hay que pensar en la crisis de Europa, en que la propia Gran Bretaña lleva meses en recesión, hay que recuperar el pasado, cuando es lo único que queda, la moderna y trágica historia del colonialismo inglés escrita con sangre en los cinco continentes.

La Inglaterra de 1851 era la imperial de la era Victoriana, hoy es un mal calco de algo que no existe más que en las pompas reales, últimos estertores de un imperio que comenzó su derrumbe a comienzos del siglo XX y hoy es sólo  escudero fiel de su ex colonia: Estados Unidos, acompañante en las más violentas aventuras militares, la mayoría fruto de la “diplomacia inglesa de las primeras décadas del siglo XX”.

Walter Benjamin ya definía con certeza a estas grandes exposiciones que son el universo de la mercancía, allí la moda prescribe un ritual según el cual se debe adorar al fetiche de la mercancía y, como la moda está en conflicto con lo orgánico, acopla el cuerpo vivo al inorgánico de la mercancía. La nueva mercancía de las olimpíadas es el cuerpo en todas su dimensiones, el nuevo culto del consumo moderno, allí las marcas y la moda imponen como en las exposiciones el ritmo de un tiempo determinado. 

La primera gran Exposición Universal fue a mitad del siglo XIX, en 1851 en Londres, siendo sus promotores la reina Victoria y su esposo Alberto, quienes ante la necesidad de construir rápidamente un gran espacio para alojarla le dieron el encargo a Joseph Paxton, jardinero del duque de Devonshire con gran experiencia en la construcción de invernaderos, quien logró la construcción en tiempo y forma de lo que se denominó Crystal Palace, sentando las bases de un modelo de pabellones para estas exposiciones.

En Londres 2012, la Villa Olímpica requirió de la expulsión de grandes grupos de casas de gente de bajos ingresos, las cuales “afeaban la vista de la villa y la ciudad”, y además aprovecharon el evento para expulsar a los pobres de zonas potencialmente de alto valor.

Sin embargo, hay quienes temen a la burbuja inmobiliaria que genera la olimpíada y deje grandes estadios y centros deportivos en el abandono, como fue en el caso de Grecia.

La Exposición Universal fue el primer gran evento mundial que da origen al turismo de eventos y convenciones, ya que recibió la excepcional cifra de 6.000,000 de visitantes, de los cuales había muchos turistas, incluso los grupos que organizaba el ya legendario Cook, excursiones o viajes con todo pagado, ¿el antecedente del todo incluido?

En el Londres del 2012, la situación es diferente, ya que unas 100,000 personas han llegado a la ciudad para presenciar las competiciones olímpicas, pero no es nada comparado a los 300,000 turistas que visitaban Londres cada verano. El mundo mediático que ha globalizado el espectáculo no sólo permite una mejor vista de las olimpíadas por televisión sino a un precio ínfimo frente a los altos costos de las entradas en los estadios.

Los viajeros que llegan a las olimpíadas no gastan lo esperado en compras, teatros, hoteles y museos, que son una derrama económica importante en la economía británica. Ante la caída del flujo de turistas, las ventas de las entradas a los teatros en las zonas cercanas a las instalaciones deportivas  como el West End bajaron en un 30%.

La primera Exposición Universal es la de Londres, porque ya Gran Bretaña podía hablar de algo universal porque sus dominios abarcaban los cinco continentes y el resto de los países de la Europa atlántica controlaban el resto, dejando continentes enteros bajo su dominio. Hoy, Gran Bretaña reducida en su tamaño y con los últimos estertores del colonialismo es una parodia de lo que fue ayer.

Desde el comienzo, la inauguración de la exposición de 1851 se trataba de un gran espectáculo al cual llegaban gente de todas partes del mundo y de todos los rincones de Londres, y al medio día una compañía de la Real Caballería acompañaba a la reina Victoria, el príncipe Alberto y a dos hijos para la inauguración. Un floreo de trompetas recibió a la entrada a la familia real que era esperada por los Reales comisarios y el obispo de Canterbury y de allí se pasó al informe a la reina realizado por Alberto y luego el coro entona el Aleluya de Handel, entre miles de participantes.  

Contrario a lo que se rumoraba no hubo ningún tipo de violencia ni atentado contra autoridad alguna; se hablaba de un atentado anarquista contra la reina y luego “la proclamación de la República Roja”, pero fue más la fantasía popular que la realidad. Durante las 23 semanas que duró la exposición sólo se denunciaron a 12 carteristas aprendidos y 11 personas intentando llevarse algún recuerdo. Por oposición, los Juegos Olímpicos de Londres están adquiriendo rápidamente el aspecto de una vasta operación militar terrestre y aérea, en vez de un acontecimiento deportivo internacional.

En lugar del sentimiento de fraternidad internacionalista que deberían encarnar los Juegos Olímpicos, en Londres reina una atmósfera amenazante de país en guerra con misiles tierra-aire desplegados en los tejados de viviendas, los acorazados de la Marina en estado de alerta y los cazas y helicópteros de las Reales Fuerzas Aéreas patrullando los cielos de la capital británica.

El espectáculo de la futura primera exposición universal había comenzado un año antes cuando miles de ciudadanos habían suscripto bonos para financiar la obra hasta llegar a 75,000 libras, de las cuales la reina dio 1,000 y el príncipe 500. Alberto estaba totalmente identificado con la idea de progreso y consideraba a esta exposición la síntesis del mismo logrado por la Gran Bretaña.

El Palacio de Cristal con sus 93,000 metros cuadrado de vidrio y 5,000 columnas y travesaños era un monumento a la modernidad, que el constructor logró hacerlo del dominio público al sacar en un periódico lo que sería éste, utilizado por primera vez la propaganda gráfica para promover una obra.

Los ingleses ubicados en el centro de la exposición lograron articular un discurso visual de integración colocando el pasado, la nostalgia y el glamour y el futuro que era el de las grandes máquinas. El pabellón medieval fue el pasado donde se exhibieron retablos y muebles estilo gótico, de allí se pasaba a la ferretería y de ésta a las máquinas, desde las locomotoras más rápidas de la época a los martinetes a vapor.

Había sin embargo algo más, especialmente para el público británico, los productos de vasto imperio, entre ellos las pieles de Canadá, canoas indias de corteza de abedul para veinte remeros y azúcar de arce. Australia mandó sombreros hechos por los presos; pero la India, el gran subcontinente, fascinó a la sociedad victoriana con las tallas de marfil, elefantes disecados con todos los toldos y ornato, el famoso brillante Koh-i-Noor, guardado en un artefacto de acero dorado a prueba de robos y chales de Cachemira, entre otros.

Todo el mundo estaba presente, se había logrado el milagro de la globalización, la transformación del tiempo y el espacio, allí en la exposición estaba el mundo de mitad del siglo XIX: el mundo del progreso, los países colonizadores y los grandes países y continentes colonizados, pero como en el turismo se presenta la cara bonita de la realidad y en este caso no podía ser diferente, porque se proponía conocimiento y ocio al visitante. 

China había mandado grandes muebles y artefactos de laca y demás piezas de jade; los Tunecinos levantaron una tienda nómade forrada con pieles de león, pero todo estaba en exposición y no se podía vender, una restricción que luego fue pasada por alto y se lograron ventas de productos exóticos a la burguesía coleccionista europea.

Hoy, las olimpíadas son una muestra de una nueva geografía del poder en el mundo con China a la cabeza y Estados Unidos, que reinó en las anteriores, ve con nostalgia que sus superhombres no sean los primeros en todo, por ello plantean para la próxima un nuevo deportista, con transformaciones que afectarán al cuerpo y lograrían nuevos superhombres. Una vez más Hollywood y el modelo del “soldado universal”, pretende regresar con el deportista universal.

Cuando el gran espectáculo, primero de los desfiles militares, luego de las grandes exposiciones, de los monumentos al “progreso” como la torre Eiffel desembocan en el deporte transformando a éste en un escarnio de lucha entre falsos nacionalismos y marcas en verdadera disputa, es porque la sociedad ya ha hecho del consumo el objetivo, fin y verdadero motivo de su vida, donde el entretenimiento es alienante y la información es manipulada.

Las Olimpíadas de Londres son la continuidad del espectáculo, pero con la diferencia que la sociedad que lo aloja está controlada por un Estado policial; la libertad que representó la Olimpíada en sus comienzos hoy está remplazada por la seguridad que representa al poder imperial agónico y, por ende, más peligroso.