Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 14027 al 14046 
AsuntoAutor
Re: NoticiasdelCeH Noticias
Re: NoticiasdelCeH Geóg. Ho
Aportes para el pr Gerardo
Re: NoticiasdelCeH Gerardo
325/12 - LIBRO DE Noticias
324/12 - VULNERABI Noticias
323/12 - Pasajeros Noticias
320/12 - Trayector Noticias
319/12 - Pasajeros Noticias
322/12 - VIAJANDO: Noticias
321/12 - EXCLUSÃO Noticias
318/12 - Argentina Noticias
RE: Notici asdelCe Carlos A
326/12 - PROCESOS Noticias
RE: Notici asdelCe Miguel C
327/12 - Concurso Noticias
RE: Notici asdelCe Vicente
328/12 - Argentina Noticias
Re: NoticiasdelCeH Esteban
329/12 - Pasajeros Noticias
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 14338     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:RE: Notici asdelCeHu 322/12 - V IAJANDO: E n la Unive rsidad de la Bretaña Occidenta l
Fecha:Jueves, 28 de Junio, 2012  11:55:36 (-0300)
Autor:Carlos Armando Ezequiel Luppi <ezequielluppi @.......com>

Estimada profesora, no suelo comentar estos relatos, pero sinceramente los deboro con placer, soy estudiante de geografia y me encanta leer sus experiencias

atte.

Ezequiel Luppi


Date: Wed, 27 Jun 2012 21:40:09 +0400
From: cehumboldt@yahoo.com.ar
To: humboldt@eListas.net
Subject: NoticiasdelCeHu 322/12 - VIAJANDO: En la Universidad de la Bretaña Occidental

NCeHu 322/12





En la Universidad de la Bretaña Occidental



Llegué a Brest bien entrada la tarde del domingo de Pascua y me hospedé en un hotelito económico. Salí a cenar cuando todavía era de día en un restorán cercano, y tempranamente me fui a dormir.

A la mañana bien temprano desayuné y fui a la Université de la Bretagne Occidentale donde debía realizar mi actividad académica. Pero al llegar la encontré cerrada. Ya eran las ocho y creí que todo comenzaría un poco más tarde, por lo que di unas vueltas por la ciudad y regresé una hora más tarde. ¡Y nada…! Entonces llamé al Prof. Joël Le Bail, que era quien estaría a mi cargo, para preguntarle qué pasaba. Y él desde el otro lado del teléfono, me dijo: -“Ils sont de Pâques”. Yo le contesté: -“¡Las Pascuas fueron ayer!” Entonces él me explicó que los días siguientes a determinadas fiestas no había clases porque de lo contrario la gente no podría festejar sabiendo que al día siguiente tendría que trabajar. ¡Increíble!

¡Los franceses no trabajan nunca! Ya en Paris había visto que los lunes a la mañana no abrían determinados comercios, como ciertas boutiques, casas de colecciones y otros por el estilo, porque consideraban que la gente no concurría generalmente en ese horario; y por lo tanto, era preferible darle la mañana libre a sus empleados. Y en todo los demás puestos de trabajo, incluso en la administración pública, nadie permanecía más de seis horas. ¡Ni un minuto más! Y se veía muy mal que alguien lo hiciera. No solo por considerar que se le quitaba trabajo a otro, sino que no se descansaba lo suficiente ni se tenía tiempo para gastar lo que se ganaba. Y de esa manera, no habría consumo en otros sectores. Por eso, cuando algunos afirman que los latinoamericanos somos vagos y que a eso le debemos el subdesarrollo, ¡no saben lo que dicen!

A la tarde Joël me pasó a buscar, me llevó a un hotel de tres estrellas frente a la Universidad, y luego salimos a recorrer Brest en su auto.

La ciudad era pequeña, no llegaba a los 150.000 habitantes, y las edificaciones para nada atractivas. Él me contó que eso se debía a que durante la Segunda Guerra Mundial fue bombardeada y prácticamente destruida en su totalidad, por lo cual la reconstrucción había sido rápida y sin estilo.

Lo único que quedaba en pie como monumento histórico era el llamado Castillo de Brest, que se encontraba en la desembocadura del río Penfeld, en el centro del puerto naval. Ese edificio había pasado de ser castellum romano (fortaleza en el siglo IX) a ciudadela de Vauban (en referencia al ingeniero que dirigiera la construcción del puerto militar hacia fines del siglo XVII). Fue Richelieu quien determinó la instalación allí del puerto militar y Luis XIV quien estableció el primer gran puerto de la Marina Real. Por eso se dice allí: “Brest, idea de Richelieu, mano de Luis XIV”. Y si bien tuvo un gran tráfico durante todo el siglo XVIII, el gran apogeo se produjo con la Revolución Industrial, entrando en decadencia durante la Segunda Guerra Mundial debido a su destrucción, y renovando su importancia posteriormente por sus modernas instalaciones de reparación de grandes buques y de base de submarinos.

Ese sitio era uno de los pocos atractivos turísticos existentes, y si bien había algún que otro comercio destinado a satisfacer los requerimientos de los visitantes de la fortaleza, como en toda zona de puerto, predominaban los burdeles destinados a los marineros de todo el mundo. Realmente no encontré en la ciudad ningún lugar que fuera de mi agrado.

El día finalizó con una cena que la Universidad nos ofrecía en un restorán de lujo a un profesor canadiense y a mí como cordial bienvenida. Eso sí fue excelente. Y volví a probar pato agridulce, un plato exquisito acompañado por un vino de delicado bouquet. Y en esa oportunidad Joël no probó ni un sorbo de alcohol porque tenía que conducir, lo que todos respetaban a rajatabla.

Al día siguiente fuimos a la Universidad. Había huelga de estudiantes de Psicología. Las inscripciones en los pizarrones mostraban los argumentos y no ingresaban a las aulas. El petitorio consistía en reducir a treinta el número de estudiantes por aula, tal como ocurría en las demás carreras, ya que en el caso de ellos, se dictaban clases con sesenta alumnos. Para resolver la situación el rector había viajado a Paris, solicitando el nombramiento de más docentes y así poder desdoblar los cursos.

Mientras tanto, Joël me llevó a recorrer toda la Universidad. Y para mi sorpresa me encontré con que los profesores tenían llaves para poder subir a los ascensores destinados a ellos. Y si bien en la Argentina también sucede que los alumnos ocupan los elevadores quedando los docentes a la espera, la mayoría nos resignamos a subir por las escaleras para no llegar tarde a los cursos.

Él me presentó a los integrantes de los grupos de investigación de Geografía y me indicó cuáles serían mis actividades.

Esa misma tarde se haría una asamblea general con los estudiantes de Psicología, donde Joël Le Bail, quien en ese momento era el vice-rector, debía presidirla e informarlos acerca de las noticias procedentes del Ministerio de Educación. Él les explicó que en París consideraban que había demasiados psicólogos y pocos ingenieros; y que muchos estudiaban Psicología porque sabían de antemano que no tendrían empleo y que de esa manera se sumarían a los parados para cobrar un subsidio. Por lo tanto, no habría más presupuesto para ellos. Desde ya que se armó una gran batahola, y justo en ese momento de gran tensión, Joël les dijo que se retiraba y que continuaría con la discusión más tarde porque tenía que pasear al perro. Y acto seguido me pidió que lo acompañara. ¡Yo no lo podía creer!

Le dije que en la Argentina, si una autoridad de la universidad suspendía una asamblea para ir a pasear al perro, lo lincharían. Pero él me respondió que allí era todo lo contrario, ya que les hubiese parecido muy mal que dejara al pobre animal esperando… ¡Fuimos hasta su casa, buscamos al perro y lo llevamos a un parque donde había otros profesores paseando a los suyos! Y al regresar, los estudiantes habían decidido continuar con la medida de fuerza.

Mientras tanto yo debía dar una charla a los estudiantes de Geografía y posteriormente quedarme en la universidad para evacuar todas las consultas que me hicieran quienes decidieran hacer sus tesis sobre temas de la costa atlántica argentina.

Cuando ingresé al curso y hablé sobre los ciclos económicos y el proceso de poblamiento argentino, lo primero que me preguntaron fue: “¿Pourquoi Cavallo?” Esto era porque pocos días atrás había recibido los superpoderes dejando a un costado las decisiones de la legislatura, hecho que se consideraba muy malo para la buena salud de una democracia. Pero además, tenían un profundo conocimiento de quién era Cavallo, y de sus desatinos cuando fuera Presidente del Banco Central durante la última dictadura militar, como también de su cargo de Ministro de Economía en la etapa menemista. Me decían que no podían entender lo que estaba sucediendo. Y mi respuesta fue que sinceramente, yo tampoco…

Mientras tanto los estudiantes de Psicología habían salido a la calle. Y si bien estaba terminantemente prohibido cortar el tránsito, se consideraba que la senda peatonal era justamente privilegio de los peatones, por lo que marchaban por allí, se sentaban un rato, ponían en ese lugar las pancartas, y nadie podía decirles nada… Les mostraban las pancartas a los automovilistas y después los dejaban avanzar, para hacérselas leer a los siguientes, y así sucesivamente… En determinado momento, una chica se corrió unos pasos de la senda peatonal y una policía la tomó fuertemente del brazo y la sacudió. Y entonces, los profesores que estaban cerca y vieron lo sucedido, armaron tal escándalo, que la agente desapareció.

Durante los días siguientes muchos estudiantes me vinieron a consultar diferentes temas, pedido de bibliografía y asesoramiento respecto de su posible estadía en la Argentina. Pero mi permanencia en la universidad era sólo de media jornada, teniendo el resto del día libre.

En los mediodías tenía el almuerzo en el comedor autoservicio de la universidad junto con mis colegas y los estudiantes. Y todas las noches cenaba en la casa de Joël con su familia y su perro, que era un integrante más y ocupaba un lugar en la mesa. Y luego hacíamos torneítos de ajedrez con él, su hijo y el profesor canadiense. Escuchábamos música y conversábamos sobre todo. ¡Excelentes veladas!

Brest no tenía demasiado para hacer y las calles estaban muy vacías. Solamente algunos paseando a sus perros y no mucho más. Caminé por la zona comercial donde había buenas casas de ropa, perfumerías, jugueterías, muchos artículos náuticos y máquinas expendedoras de preservativos en algunas veredas…

Todo muy aburrido…, ¡hasta que descubrí las librerías! Había textos en muchos idiomas y de una gran variedad temática. Además, se contaba con cómodos sillones para tranquilamente hojear los libros antes de elegir cuál comprar. Y eso significó que gran parte de mis días los pasara allí. Estaban colmadas de personas de todas las edades. El hábito de la lectura trascendía los centros educativos, ya que también en las peluquerías las mujeres leían libros y no revistas pedorras.

¡Un día las calles se llenaron de gente! Había llegado la orden desde el Ministerio de Educación en Paris, que si los estudiantes de Psicología no ingresaban al aula, perderían el año. Eso era imposible ya que si todos repetían no tendrían vacantes para los nuevos ingresantes. Pero toda la ciudad salió a acompañarlos, y ya nadie respetó la prohibición de ocupar la calzada. Yo tomé algunas fotografías y le preguntaba a la gente si tenía sus hijos en la carrera de Psicología. La mayoría me contestó que no, pero que se trataba de una causa justa. Incluso algunos me dijeron que tenían bebés, y que no querían que veinte años después les pasara lo mismo…

El viernes a las tres de la tarde los bancos de la universidad ya estaban patas para arriba, porque nadie hacía más nada hasta el lunes siguiente. No me podían creer que nosotros dictábamos clases hasta las once de la noche, y muchas veces gran parte del día sábado. “¡Ustedes trabajan demasiado!”, -me dijeron. Y resulta que en la Argentina, todos dicen que los docentes somos vagos.

Durante el fin de semana Joël me llevó en el auto a recorrer diferentes pueblitos bretones donde sí se conservaban construcciones antiguas ya que la guerra no los había afectado. Él iba escuchando, y cantando a la vez, la Misa Criolla de Ariel Ramírez; y su suegra también ya la había aprendido.

Con el profesor canadiense visitamos Oceanópolis, el gran acuario de Brest, que además de la gran variedad de fauna y la forma original de exponerla, contaba con una serie de juegos que permitían que niños y adolescentes se divirtieran mientras aprendían.

El lunes volvimos a la universidad, me incorporé al equipo de investigación sobre la Patagonia Argentina y así pasé otra semana más.

Y el sábado siguiente, cuando Joël me acompañó a la estación para tomar el tren que me llevaría nuevamente a Paris, simultáneamente recibió a los nuevos profesores de Psicología que venían a desdoblar los cursos.

Desde la estación Paris Montparnasse fui directamente al aeropuerto a tomar el vuelo de Air France que me llevaría de vuelta a Buenos Aires. Y en esa oportunidad, además de libros, mi valija estaba cargada con perfumes y prendas de gran calidad.





Ana María Liberali







--------------------------------------------------------------------- 
Tu dirección de suscripción a este boletín es humboldt-alta@eListas.net. 
Para darte de baja, envía un mensaje a  
humboldt-baja@eListas.net 
Para obtener ayuda, visita http://www.eListas.net/lista/humboldt