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Asunto:NoticiasdelCeHu 324/12 - VULNERABILIDAD SOCIAL Y FRAGMENTACIÓN TERRITO RIAL EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES
Fecha:Miercoles, 27 de Junio, 2012  21:11:29 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 324/12
 

VULNERABILIDAD SOCIAL Y FRAGMENTACIÓN TERRITORIAL EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES.

ALCANCES Y DESAFÍOS PARA SU ESTUDIO

 

 

Lic. María Eugenia Goicoechea

 

 

1.            INTRODUCCIÓN.

 

Desde finales del siglo pasado la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) viene conformando uno de los polos transnacionales de la economía mundial, tras una reconversión de su estructura económica orientada a la actividad de servicios en detrimento de la industrial. Comienzan entonces a registrarse múltiples consecuencias que implican desde el surgimiento de nuevas dinámicas de urbanismo, hasta intensos cambios en la estructura tradicional de clases; haciéndose manifiestas nuevas situaciones de polarización social y fragmentación socio-territorial. La hipótesis que atraviesa el presente trabajo plantea que, más allá de la clásica división norte-sur que caracteriza a la Ciudad de Buenos Aires, la inserción de la ciudad en el esquema económico mundial trae aparejados cambios en el mapa social, que comienza a evidenciar procesos de fragmentación en escalas territoriales cada vez menores.

 

En este sentido, bajo un contexto socioeconómico signado por los procesos globalizantes y las mutaciones socio-territoriales de las principales ciudades metropolitanas, a continuación se presenta  una investigación que se desarrolla en el marco de las estrategias cuantitativas y que tiene como fin estudiar las nuevas dinámicas de asentamiento de los diversos sectores poblacionales dentro de la CABA. Para ello se toman las nociones de Vulnerabilidad Social y Segregación Socio Residencial, como conceptos centrales para indagar acerca de las formas en que la sociedad se estratifica y asienta en el territorio. Asimismo, se recurre al empleo de diversas fuentes de información socio-estadística para analizar los resultados; al tiempo que se evalúan las potencialidades explicativas de los conceptos y utilidad de los datos disponibles.

 

 

2.            MUNDIALIZACIÓN DE LAS CIUDADES. MARCO SOCIOECONÓMICO.

 

El proceso de urbanización en las sociedades capitalistas occidentales, y en menor medida en las periféricas, se consolidó principalmente en torno al desarrollo industrial y a la densificación poblacional de las ciudades (Jaramillo, 1990). No obstante, las transformaciones demográficas y urbanísticas recientes han llevado a la búsqueda de nuevos paradigmas explicativos que den cuenta del crecimiento de las urbes y la  estratificación social. Autores como Sassen (1999) y Ascher (2004) señalan el surgimiento de un nuevo modelo de crecimiento urbano basado en una economía mundial espacialmente dispersa pero globalmente integrada, que da como resultado la preponderancia estratégica en las grandes ciudades y la sobrerrepresentación del poblamiento metropolitano.

Sin embargo, siguiendo a Francesc Muñoz (2008), puede observarse un doble proceso de urbanización caracterizado: por un lado,  por las tendencias concentracionistas propias del modelo productivo fordista (donde la ciudad era signada como el ámbito de producción); y por el otro, por las tendencias de desconcentración económica y territorial, que se dan en forma simultánea y paralela al fortalecimiento de las sobre-centralidades.

En este marco, una inquietud inicial del presente trabajo refiere a cómo impactan la dinámica de valorización estratégica de la ciudad; los cambios en la estructura económica y las transformaciones urbanas, sobre las pautas de asentamiento de población residente en la CABA y que expresión material toman las nuevas dinámicas de polarización social sobre el territorio de la ciudad. Destacadas investigaciones científicas analizan esta nueva dinámica de las ciudades (Améndola, 2001; Ciccollela, 2004; De Mattos, 2007; Sassen, 1999) y concuerdan en que los cambios en el modelo productivo implican otro tipo de necesidades de consumo y otro mercado de trabajo, donde todos los grupos sociales son necesarios para el sostenimiento de la sociedad globalizada. Con ello, el desarrollo de las ciudades globales viene atravesado por una dinámica urbana de polarización inherente, donde conviven en forma cada vez más estrecha sectores integrados a la economía mundial (a partir del consumo y la producción) con sectores desanclados del sistema.

En otras palabras, se observa un proceso de profundización de la polarización social, la exclusión y la fragmentación socio-territorial metropolitana: “La dualización de la ciudad avanza a causa de la marcada selectividad territorial de las inversiones de fin de siglo, que están construyendo un nuevo mapa del desarrollo metropolitano. Se trata de un mapa con microdiferencias territoriales, a diferencia de los mapas con macro-diferencias que conocíamos” (Ciccolella, 1999).  Por ello, cabe preguntarse cómo impacta este proceso sobre las pautas de interacción de los distintos sectores y cómo incide sobre la integración social en las ciudades. Sin embargo, las investigaciones respecto a los efectos y alcances de los problemas de fragmentación sobre los niveles de interacción de la población no han sido profundamente desarrollados aún (Rodríguez, 2008).

En América Latina, las medidas de desregulación de la economía y de impulso al proceso de mundialización implementadas desde finales del siglo pasado, han alterado la relación entre las principales ciudades metropolitanas de la región y la economía mundial. Las ciudades tendieron a englobar las principales actividades de servicios con detrimento de las industriales (De Mattos; 2007), trayendo consecuencias sobre el sistema urbano que empieza a identificar una nueva lógica de concentración espacial en torno a las actividades productivas más dinámicas de la economía moderna.

En el caso de Buenos Aires, esta dinámica de modificación del perfil productivo puede rastrearse a partir de la década del noventa, tras la implementación de las políticas de corte neoliberal que promovieron la inversión de capitales privados y la progresiva desindustrialización. A partir de 2008 la CABA ingresó en los listados de la GaWC como ciudad mundial Alfa[1] y analizando las estadísticas macroeconómicas de los últimos años puede observarse la tendencia macrocefálica en torno a la ciudad porteña y la posterior reconversión de la estructura productiva. Para el año 2007 el Producto Bruto Geográfico de la CABA representó alrededor de la cuarta parte del Producto Bruto Interno del país, evidenciando su dinamismo. A su vez observa un predominio de las actividades de servicios (que representan el 66% del PBG) en detrimento de las comerciales e industriales. El sector de los servicios financieros representó el 9,4% del PBG, siendo la actividad donde la Ciudad de Buenos Aires tiene mayor participación dentro del PBI (78% del valor agregado nacional) y la que registró mayor variación interanual respecto al 2006 (18,2%).

 

Autores como Muñoz (2008) analizan estos procesos de transformaciones en la CABA generados a partir de la aplicación de medidas estatales:  “Unas políticas justificadas con el argumento de estabilizar la economía, sanear el déficit público y mejorar la calidad de las infraestructuras, pero que tuvieron impactos directos sobre la ciudad y el espacio metropolitano produciendo, en sólo una década, una espiral de especialización territorial y dualización de la estructura social acelerada y sin precedentes”. Consecuentemente, podría observarse que este posicionamiento en el sistema global conlleva a una revalorización selectiva de ciertas áreas de la ciudad. Comienzan a evidenciarse alteraciones respecto al patrón tradicional de distribución de la población, históricamente caracterizado por el asentamiento de sectores pobres al sur de la ciudad, en torno a las actividades portuarias e industriales; y por el de sectores de estratos socioeconómicos altos, al norte.

En los últimos tiempos pueden destacarse proyectos inmobiliarios impulsados tanto por capitales privados, como por las administraciones públicas locales, en el marco de las denominadas estrategias de “marketing city” (De Mattos, 2007). Estos se orientan a revalorizar zonas dispersas de la ciudad, ubicadas tanto al norte como al sur, al oeste y al este de la misma: fortalecimiento de las Central Business District y de la hotelería internacional; proliferación de clusters productivos para industrias tecnológicas (polo tecnológico, polo farmacéutico, distrito tecnológico); descentralización de las divisiones de gestión de las empresas; formación de nuevas centralidades o subcentralidades en materia de distritos de negocios; ampliación de la red de autopistas que conectan con otras zonas metropolitanas; entre otros. Comienzan a coexistir entonces, espacios comunes de la globalización con barrios de residencias tradicionales; viviendas precarias; countries verticales; shoppings y antiguas zonas residenciales degradadas sujetas a “planes de revitalización”.

 

3.                  PLANTEO TEÓRICO – METODOLÓGICO.

 

La inserción mundial de la ciudad trae aparejados nuevos desafíos epistemológicos desde el punto de vista de las ciencias sociales para lograr captar de manera acabada y en toda su complejidad los nuevos procesos. Las ciudades se vuelven más complejas en la medida en que la dinámica de la economía de mercado y el consecuente desarrollo de la división técnica y social del trabajo, dan lugar a procesos de diversificación de las funciones de los grupos y los individuos en el seno de una misma sociedad (ASCHER, 2004).

Desde el punto de vista epistemológico, siguiendo a Zigmunt Bauman los procesos de globalización pueden entenderse como “la compresión tiempo/espacio, que engloba la continua transformación multifacética de los parámetros de la condición humana” (2009); y desde esa perspectiva concluir que los cambios en los usos del tiempo y el espacio exigen reinventar categorías de análisis que permitan abordar fenómenos nuevos también en el campo urbano: “Las categorías que antes intervenían en la idea de ciudad deben revisarse para actualizarlas o debatirlas ¿Qué ha pasado hoy con la noción de límite y cómo se conciben los espacios cuando la distinción entre ciudad y campo, entre público y privado, entre interior y exterior se difumina? ¿Qué ocurre con las nociones de distancia, continuidad, densidad, diversidad, hibridez, cuando las velocidades de desplazamiento de bienes, informaciones y personas aumentan de forma considerable?” (ASCHER, 2004).

 

A las dificultades epistemológicas puntuales que plantean estos cambios de coyuntura socioeconómica global se agregan los propios de las ciencias sociales con inscripción territorial. En su libro Urbanismo y Desigualdad, Harvey destaca la complejidad inherente a las ciudades y observa que los procesos urbanos no pueden ser conceptualizados partiendo desde las actuales estructuras disciplinarias (sociología, geografía, psicología) que sólo toman al espacio como escenario donde comprobar sus hipótesis y se encierran en sus específicos mundos conceptuales. Propone que una teoría que se proponga el estudio de la ciudad, debe relacionar de algún modo los procesos sociales en la ciudad con la forma espacial que esta asume. Retomando a Mills (1959), él plantea que este proceso de integración de las ciencias equivale a construir un “puente entre los estudiosos con imaginación sociológica y los dotados con conciencia espacial o imaginación geográfica”. Aboga por una “filosofía del espacio social” a partir de la cuál desarrollar un marco conceptual adecuado para comprender los fenómenos urbanos, tomando los fundamentos tanto de la geografía como de la sociología[2]: “Salvar la distancia entre los dos significa utilizar los dos lenguajes simultáneamente o, mejor aún, inventar una especie de metalenguaje que absorba las características más importantes entre ambos lenguajes” (HARVEY, 2007:16).

 

Milton Santos también se ubica en esta línea de trabajo y en su obra “La metamorfosis del espacio habitado” reflexiona acerca del desafío de encontrar las categorías de análisis que permitan un conocimiento sistemático sobre la estructura espacial.  Entiende que el espacio no es ni una cosa ni un sistema de cosas, sino una realidad relacional: cosas y relaciones juntas. El contenido (de la sociedad) no es independiente de la forma (los objetos geográficos); cada forma encierra un conjunto de formas que contienen fracciones de la sociedad en movimiento. Las formas, pues, tienen un papel en la realización de lo social (1995).

 

Partiendo de estas consideraciones teóricas, y con el propósito de abordar las transformaciones socioterritoriales de la CABA, se seleccionaron los conceptos “Vulnerabilidad Social” (VS) y “Segregación Socio Residencial”  (SSR) dado su potencial semántico para involucrar cuestiones multidimensionales, integrando tanto dimensiones sociales como físicas de las ciudades. Ambos conceptos parten de una disciplina dentro del conocimiento pero en su alcance pueden lograr traspasar sus límites y comprender otros lugares dentro de otras disciplinas. Siguiendo a Harvey, se trata de dos nociones que podrían operar como “metalenguaje” y dar cuenta, en forma simultánea de los aspectos físicos y sociales que intervienen en las dinámicas de integración social de la ciudad. Con ello se espera avanzar en el conocimiento de las nuevas dinámicas de emplazamiento de los distintos grupos sociales que habitan la ciudad.

 

El término Segregación Socio Residencial (SSR) puede ser entendido partiendo de una definición neutra y básicamente geográfica que concibe la existencia de segregación cuando se observan algunas áreas con sobrerrepresentación y otras con infrarrepresentación de un grupo poblacional determinado. Desde una perspectiva más sociológica, la segregación también refiere a la falta de interacción entre los grupos sociales. Sin embargo, autores de países centrales indican que existe una correlación entre la distribución desigual y la ausencia de interacción social; e investigadores de la región latinoamericana como Katzman coinciden en que las sociedades segmentadas e inequitativas, al tiempo que expresan las diferencias  sociales, constituyen el cemento sobre el que las diferencias se asientan, reproducen y agravan (Rodríguez, 2008).

 

En este sentido, la noción de SSR puede ser considerada partiendo de la relación espacial entre los hogares, pero también se ve afectada por la condición socioeconómica de dichos hogares. La SSR urbana aparece como producto del mercado de la vivienda y como reflejo de las políticas redistributivas que se adoptan en cada momento y lugar (gasto social territorializado, infraestructura urbana, entre otros). Se relaciona entonces con la capacidad de acceso al mercado inmobiliario; acceso que puede verse condicionado por los recursos que dispone la población y por el valor diferencial de la renta. En este último punto entran en juego las inversiones realizadas y potenciales; privadas o públicas, en urbanización y en mejoras del suelo. De forma complementaria el planeamiento urbano, también influye en la renta al definir usos futuros o potenciales a los territorios, cualificando el suelo y orientando el mercado.

 

Por otro lado, la diferenciación de los grupos poblacionales a partir de la noción de Segregación Socio Residencial no sólo está basada en situaciones socioeconómicas, sino también en particularidades culturales, religiosas, étnicas o educativas, que llevan a diferentes estilos de vida

 

La operacionalización de este concepto a partir de estrategias cuantitativas dio lugar a importantes corrientes de estudio que desarrollaron valiosos instrumentos de análisis para identificar la segmentación de grupos dispersos en el territorio. A partir de 1940, surgen una serie de indicadores cuantitativos, entre los que se destacan los trabajos sobre los índices de interacción (Bell, 1954) y el estudio de los índices  de disimilitud (Duncan, Duncan, 1955a, 1955b). Recientemente,  durante los años 80 u 90, otros autores (Jakubs, 1981; White 1983, 1986; Morrill, 1991, 1995; Wong, 1993, 1998, 1999) han elaborado los denominados índices espaciales de segregación residencial. Estos índices permiten clasificar y comparar la situación teniendo en cuenta las particularidades de las zonas de cada ciudad, permitiendo así la comparación en el espacio y en el tiempo.

 

Finalmente, las transformaciones en las metrópolis y el desarrollo de las ciudades duales enunciadas en apartados anteriores, hacen de la segregación un atributo cada vez más presente en las metrópolis y asume especificidades modernas que requieren ser estudiadas. La disputa en el mercado de la vivienda constituye una instancia más de puja por la distribución del ingreso entre los diferentes sectores sociales, dada la necesidad de permanecer y coexistir en un espacio que se vuelve cada vez más estratégico.

 

Asimismo, el concepto de segregación también plantea serios desafíos para ser estudiado. Décadas atrás, Castells (1974) definía a la segregación urbana como un fenómeno específico y no sólo como el reflejo de la estratificación social. Su estudio permitiría comprender la fusión entre la condición social de los grupos y su localización particular en la estructura espacial de la ciudad. Sin embargo, las nuevas configuraciones urbanas de las metrópolis y el fin de la sociedad salarial que caracterizó la obra de Castells, ponen de manifiesto la necesidad de actualizar el planteo teórico-metodológico para el abordaje de dicho fenómeno. Autores como Ascher (2004)  señalan el debilitamiento de la estructura de clases e identifican a las sociedades actuales como “sociedades hipertexto”, dando cuenta de las múltiples pertenencias sociales que detentan los individuos. Se puede pertenecer simultáneamente a diferentes estratos sociales y los niveles de interacción pueden variar en escala y tiempo. Las tipologías aparecen en grupos cada vez más pequeños: sus costumbres, sus sistemas de valores, sus decisiones individuales son el resultado de circunstancias diversas y de un proceso reflexivo que tiende a pluralizar las opciones.

 

Bajo este enfoque, el estudio de la segregación se ve complejizado por la dificultad de identificar las categorías sociales por las cuales puede fragmentarse la población. La sociedad hipertexto plantea el desafío de hallar nuevos paradigmas explicativos a las nociones de identificación y desigualdad social; y por extensión, de segregación en el plano espacial. Frente a ello, esta investigación propone la noción de Vulnerabilidad Social, como factor multidimensional que contemple sintéticamente en una estructura de desigualdades o riesgos, las variadas pertenencias sociales de los individuos.

 

La Vulnerabilidad Social (VS) puede ser entonces, el concepto que ayude a clasificar a la población en términos de su bienestar social, para a partir de entonces analizar su distribución espacial y dar luz sobre los procesos de fragmentación social de la CABA.

Entendida en términos de Castel (1995), la VS viene a conformar la zona intermedia entre la desafiliación y la integración social, donde comienza a evidenciarse la conjugación de la precariedad del trabajo y la fragilidad de los soportes de proximidad. Sin embargo, la crisis de la sociedad salarial ha llevado al surgimiento de nuevas formas de vulnerabilidad y desigualdad social que no se asocian necesariamente con la posición dentro del mercado de trabajo y el individuo puede recurrir a otros activos que le permitan garantizar su bienestar.  La condición social de riesgo actual implica una diversidad de situaciones complejas y multidimensionales que configuran el espiral de desventajas que pueden llevar a una persona o grupo humano a un estado de desprotección frente a posibles amenazas (tanto sociales como naturales). Por ende el estudio de la vulnerabilidad social a partir de los distintos tipos de riesgo que la componen, permite adentrarnos en ese gran espacio de límites difusos y móviles que constituye la compleja estructura socioeconómica actual:

 

·                    Situación laboral. Por un lado, la situación ocupacional brinda las bases materiales sobre las que se organiza la vida cotidiana de las personas, siendo que el lugar que estos ocupen en la estructura socio-ocupacional incidirá en sus niveles de ingreso.

Por el otro, la flexibilización laboral se transforma en un mecanismo a partir del cual las empresas (portadoras de capital) transfieren los riesgos de la reproducción de los trabajadores (y su hogar) a estos últimos, no asumiendo los costos que ello implica. La precariedad laboral, entendida como retracción en los derechos del trabajo (en cuanto a los aportes jubilatorios, cobertura ante accidentes, atención de salud, asignación familiar) provoca una elevada variabilidad de los ingresos de los hogares, haciéndolos poco predecibles frente a situaciones adversas.  Como se mencionaba en apartados anteriores, el debilitamiento de la sociedad salarial (y por ende, de los empleos formales) implica el surgimiento de otras dimensiones de riesgo en otros niveles de la vida social.

 

·                    Condición del Hogar. La composición del hogar en función de sus diferencias de tamaño, jefatura, etapa del ciclo vital e integrantes del mismo; condiciona su capacidad de adaptación a ambientes deteriorados así como la posibilidad de convertir sus recursos en activos.

Los hogares deben desarrollar una serie de estrategias de “resistencia” para proteger y, de ser posible, incrementar sus niveles de consumo y bienestar. Para ello deberán combinar unas acciones que permitan “extender” el poder de compra de los ingresos y otras que permitan reducir el gasto. Asimismo, pueden identificarse condiciones del hogar que estructuralmente afectan la percepción de ingresos. Por ejemplo, el índice de dependencia, entendido como la proporción de no perceptores de ingresos respecto al hogar.

 

·                    Educación. La posesión de certificaciones educativas representan un capital al hogar cuyos beneficios potenciales son elevados pero inciertos. Sin embargo, puede identificarse una correspondencia del nivel educativo respecto al lugar de pertenencia en la red social de contactos que podrían resultar una fuente de recursos a activar frente a amenazas; al tiempo que expresa la calificación de la fuerza de trabajo.

 

·                    Accesibilidad. En las ciudades, la situación de vulnerabilidad social adquiere mayor complejidad ya que el mercado del suelo urbano se agrega a la batería de factores de riesgo. Los suelos son más o menos valuados en función de sus externalidades, entendiendo estas últimas como los recursos de infraestructura urbana que posibilitan y facilitan la vida en sociedad. El nivel efectivo de ingreso de los habitantes de una urbe se encuentra condicionado también por su facilidad de acceso a dichos recursos y a los “beneficios supletorios” que estos representan. La ciudad lejos de ser un espacio pasivo y estático donde se emplazan los sectores sociales, se constituye en un plano más de tensión y lucha en la distribución del ingreso.

 

·                    Condición habitacional. Refiere a los aspectos que constituyen la forma de tenencia, tipo y calidad de la vivienda, así como también los servicios en general.

 

·                    Salud. Esta dimensión puede comprender la cobertura de salud, el acceso a centros de salud y las condiciones sanitarias. Se considera que cuanto menos dotado de estos recursos se encuentre el hogar, mayor será el impacto ante posibles amenazas.

 

En síntesis, el estudio de la vulnerabilidad permite conocer la situación de los hogares en un estado de “normalidad” y comprender cómo enfrentarán una posible situación de amenaza. Asimismo, además del componente espacial, posee un componente temporal; por lo que se debe analizar la situación previa, simultánea y posterior al suceso peligroso. De esta forma, es posible analizar las condiciones de las sociedades para enfrentar la amenaza en los tres momentos referidos.

 

 

4.            APLICACIÓN DE LAS VARIABLES DE ESTUDIO Y RESULTADOS ALCANZADOS

 

Para el estudio aplicado de las nociones de VS y SSR en la CABA, fueron seleccionadas las dos fuentes de información oficial mayormente utilizadas, provenientes de diversos organismos públicos, que dadas sus diferencias en cuanto a características y temporalidad, poseen fortalezas y debilidades: La Encuesta Anual de Hogares (Onda 2008), desarrollada por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires;  y el Censo Nacional de Población 2001, realizado por el gobierno nacional. A continuación se detalla el trabajo generado con cada fuente de información y los resultados alcanzados.

a. Encuesta Anual de Hogares (EAH).

LA EAH presenta información con una actualización anual y los datos son dispuestos a partir de una matriz donde cada hogar[3] encuestado ocupa un registro, en el que se corresponden los diversos atributos relevados: tipo y tenencia de vivienda, jefatura de hogar, composición del hogar, etc. Asimismo se identifica una base de las personas vinculadas a cada hogar, en donde se distinguen otras variables: máximo nivel educativo alcanzado, sexo, etc.

La particularidad de la disposición de los datos permite la construcción de indicadores específicos que puedan identificar a cada hogar bajo un nivel específico de Vulnerabilidad Social. Bajo esta metodología, se construyó un ÍNDICE DE VULNERABILIDAD SOCIAL[4] a partir del cual las variables  referidas a situación laboral, composición del hogar, educación, condición habitacional, entre otras, pueden ser combinadas y ponderadas. Cada hogar asuma un valor específico en función de su capacidad para afrontar las situaciones de amenaza que inhabiliten e invaliden, de manera inmediata o en el futuro, la satisfacción del bienestar (en tanto subsistencia y calidad de vida). El riesgo implica, entonces, el aspecto medible de la vulnerabilidad. Cada categoría asumió un valor teórico otorgado según el riesgo de VS que podría representar a los hogares. Todos los activos y atributos tienen relativa importancia entre sí, y la falta de alguno de ellos puede implicar una situación de vulnerabilidad. Las distintas dimensiones que operacionalizan dichos activos asumen ponderaciones similares entre sí, para no sobrerrepresentar ninguna sobre el resto. El análisis de los hogares para cada uno de los atributos contemplados arrojó un valor sintético que los clasifica entre 30 y más de 400 puntos, en función del nivel de riesgo. De esta forma, no sólo es posible identificar aquellos hogares que afrontan una situación de vulnerabilidad social, sino también establecer un rango según el nivel de vulnerabilidad.

 

Posteriormente, ese valor sintético que clasifica a cada hogar fue organizado en cuatro grupos en función de cortes teóricos en consonancia con las ponderaciones otorgadas a las dimensiones incorporadas en el índice: Vulnerabilidad Social alta (VSa); media (VSm); baja (VSb) y muy baja (VSmb).  Para mayor información consultar Anexo I.

 

 

Cuadro 1. Hogares de según Comuna y Nivel de Vulnerabilidad Social. CABA 2008

 

 

Fuente. Elaboración propia sobre datos de la EAH-2008.

 

 

 

 

 

 


 

La clasificación de los hogares según su nivel de vulnerabilidad social a partir del Índice propuesto, permitió distinguir 4 grupos: dos bajo situaciones extremas (de Vulnerabilidad Social Alta -VSa-  y Vulnerabilidad Social Muy Baja –VSmb), donde se concentran la minoría de los casos; y dos grupos de niveles medios de VS, que refieren a la mayoría de los hogares: Vulnerabilidad Social media –VSm- y Vulnerabilidad Social baja – VSb-.

La atención sobre los grupos extremos permite evidencias las características de las diversas comunas en relación a los procesos de segregación. Las comunas 1, 3, 4, 7 y 8 poseen los mayores porcentajes de hogares bajo situación de VSa en relación a la ciudad; mientras que las comunas 2, 11, 13 y 14, los mayores porcentajes en cuanto a VSmb.

Analizando al interior de cada comuna pueden observarse aquellas comunas cuya población resulta más homogénea en términos de VS. En este sentido se destacan las Comunas 10, 12 y 9, cuya población con VSmedia y VSbaja representan el 94,5%; el 93,4%; el 92,4% y el 92%, respectivamente.

Finalmente, observando las comunas que concentran la mayor proporción de hogares con VSa, se destacan las Comunas 4 y 8, en correspondencia con la localización de los principales asentamientos precarios de la Ciudad.

La caracterización obtenida en términos de condición socioeconómica, arroja resultados similares a los identificados en la mayoría de los estudios de análisis socio-estadísticos de la CABA, en tanto resulta posible corroborar la validez del Índice de Vulnerabilidad Social.

 

En cuanto a la distribución espacial de los hogares, se observaron ciertas limitaciones en la escala de la información, dado que el bajo nivel de desagregación de la información no permite obtener mayor precisión sobre la distribución de la población al interior de las Comunas. Al no contar con información en una escala menor a las comunas, solo fue posible tomar estas últimas como las subunidades territoriales a partir de las cuales establecer comparaciones entre sí.

 

Inicialmente se aplicó el Índice de Disimilitud (ID) con el propósito de establecer en forma rápida y sintética, información acerca de la dispersión de los grupos poblacionales dentro de las subunidades que conforman las comunas y su nivel de interacción.

 

Analizando la distribución de los hogares de VSa, el Índice de Disimilitud arrojó un valor del 35%. Ello significa que para concentrarse en forma proporcional dentro de la ciudad, más de la mitad de los hogares de nivel de VSa deberían trasladarse a otras comunas. Asimismo,  para los hogares con VSmb, la proporción alcanza el 21% y para los de VSb, el sólo el 9%. De ello puede inferirse que el emplazamiento de los hogares no vulnerables entre las distintas comunas de la Ciudad resulta más homogéneo que el de los vulnerables.

 

Por su parte, el Coeficiente de Localización (QL) establece una comparación entre la proporción de un grupo poblacional en la Comuna y la media de ese grupo en la Ciudad. En este sentido, la aplicación del índice da cuenta de una intensidad mayor de las comunas con sobrerrepresentación de grupos con VSa en comparación a las comunas con  sobrerrepresentación de grupos con VSmb. La Comuna 2, con un QL superior al 2 presenta la proporción más elevada de hogares con VSmb respecto a la Ciudad; mientras que la Comuna 8 alcanza un QL superior al 3,5 para los hogares con VSa. Mayor información acerca de los índices de segregación se encuentra disponible el Anexo II.

 

Mapa 1. Comunas según Coeficiente de Localización de Hogares con VSmb. CABA  2008.

 

Mapa 2. Comunas según Coeficiente de Localización de Hogares con VSa. CABA  2008.

 
 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Elaboración propia. EAH 2008.

 

Fuente: Elaboración propia. EAH 2008.

 
 

 

 


b. Censo Nacional de población. 2001.

Si bien el último operativo censal en la Argentina se llevó a cabo en el año 2010, aún no se disponen los resultados del relevamiento, en tanto los datos a considerar en el presente trabajo corresponden al Censo 2001, implicándose de esto grandes consideraciones en cuanto al nivel de desactualización de los datos.

El Censo permite complementar los problemas de escala observados respecto a la Encuesta Anual de Hogares, dado que en este caso, la caracterización socioeconómica de las unidades de análisis (vivienda, hogar, población) alcanza el nivel de fracción o radio censal.   Sin embargo la forma en que se disponen los datos, a los cuales se accede utilizando el Sistema informático REDATAM (al tiempo que la base central se presenta encriptada),  dificulta la aplicación del Índice de Vulnerabilidad Social utilizado en el apartado anterior. A diferencia de la EAH, los valores para cada variable analizada se encuentran agregados para las distintas unidades geográficas. Con ello, no es posible identificar los diversos valores que un hogar puede asumir, para las distintas dimensiones contenidas en las situaciones de Vulnerabilidad Social. Asimismo, al momento las herramientas socio-estadísticas utilizadas en las áreas de estadísticas argentinas, no incorporan directamente indicadores formales de medición de la Vulnerabilidad Social.

Dadas las limitaciones observadas, debió hallarse una metodología alternativa a la medición de la Vulnerabilidad Social, como factor estratificado de los diversos grupos sociales que componen la población de la CABA. Para ello se optó por emplear algunos de los métodos de medición de la Pobreza, ya que en sus definiciones teóricas incorporan algunas nociones sobre los riesgos sociales y poseen un enfoque multidisciplinario.

No obstante, entre las principales diferencias respecto a las mediciones de VS se observa que, desde el punto de vista metodológico, el concepto de pobreza es esencialmente normativo; se considera pobre a quien no obtiene o no puede procurarse recursos suficientes para llevar una vida mínimamente decorosa, de acuerdo con los estándares implícitos en el estilo de vida predominante en la sociedad a la que pertenece (INDEC, 1985). Como resultado, se obtiene una primera gran clasificación de la población en términos de “pobres” (que a su vez puede subclasificarse en niveles coyunturales o estructurales de pobreza) y “no pobres”. Por lo tanto, no es posible establecer subdivisiones entre los diversos grupos que componen el grupo de “no pobres”, como se realiza a partir de las mediciones de Vulnerabilidad Social.

 

La medición de la pobreza de los hogares para el presente trabajo fue realizada a partir de los métodos de  “Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI)” y "Privación Material del Hogar (IPMH)”.

 

El método de Necesidades Básicas Insatisfechas –NBI- identifica los hogares que no satisfacen al menos una de las siguientes condiciones, que con frecuencia se hacen presentes en situaciones de bajos ingresos y asociadas con otras dimensiones de las necesidades básicas:

 

 Hacinamiento: más de tres personas por cuarto.

 Vivienda inadecuada: pieza de inquilinato, vivienda precaria u otro tipo, lo que excluye casa, departamento y rancho.

 Condiciones sanitarias: ningún tipo de retrete

 Menores no escolarizados: al menos un niño de 6 a 12 años que no asiste a la escuela.

 Capacidad de subsistencia: cuatro o más personas por miembro ocupado y cuyo jefe de hogar no haya completado el tercer grado de escolaridad primaria.

 

Este método ha alcanzado gran difusión debido a que permite su aplicación a distintas escalas territoriales y la comparación entre unidades espaciales. Sin embargo, entre las principales debilidades detectadas se destaca que:  la cantidad de pobres que se identifica depende de la cantidad de indicadores que se utilizan para definir la población con NBI (Boltvinik, 1997); no es posible la distinción entre grados de satisfacción de necesidades dado que la metodología incorpora indicadores que sólo captan situaciones extremas, considerándose a la pobreza como un fenómeno único y homogéneo, sólo susceptible de una clasificación dicotómica: pobre-no pobre (INDEC, 1994; Minujín 1992).

Mapa 3. Fracción Censal según cantidad de Hogares

con presencia de al menos una condición de NBI

 
 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

distribución de los hogares pobres entre las distintas fracciones censales da cuenta de una Ciudad claramente dividida en sentido norte-sur. Sólo en algunas zonas dispersas del norte se observa presencia de hogares con NBI, destacándose entre éstas  el emplazamiento de la Villa 31, en el barrio de Recoleta. Mientras que el sur de la Ciudad comprende, en toda su extensión, una fuerte  presencia de hogares pobres.

Fuente. Elaboración propia. Censo 2001

Por otro lado, el Índice de Privación Material de los Hogares (IPMH) propone corregir las limitaciones señaladas respecto al método del NBI. En este sentido, supera la dicotomía entre pobres y no pobres, tendiendo a captar la heterogeneidad de la pobreza mediante la distinción de categorías basadas en la disponibilidad de recursos materiales según dos dimensiones: recursos corrientes y patrimoniales. En la primera dimensión se considera la pobreza debida a la insuficiencia de recursos corrientes –más ligada a las fluctuaciones del ciclo económico-; y la segunda está referida a la pobreza patrimonial o estructural. Así, pueden identificarse cuatro categorías de hogares en función de su nivel de privación material:

 

 

PRIVACIÓN DE RECURSOS CORRIENTES

SI

NO

PRIVACIÓN

PATRIMONIAL

SI

Privación convergente

Sólo privación patrimonial

NO

Sólo privación de recursos

Sin privación

 

 

 

 

 

 

 

 

La posibilidad de organizar a la población en más grupos a partir del IPMH permite observar que, si bien los hogares pobres se localizan en su mayoría en el sur de la ciudad, la disposición de los hogares sin privación material no observa igual dinámica, dado que se localizan en forma dispersa en distintas zonas de la Ciudad. Asimismo, la distribución de hogares con privación solo de recursos corrientes también comprende zonas del norte de la CABA.

 

Mapa 4. Fracción Censal según hogares con IPMH. CABA, 2001.

Fuente: Elaboración propia. Censo 2001.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HOGARES SIN PRIVACIÓN MATERIAL

 

HOGARES SOLO CON PRIVACIÓN DE RECURSOS PRIVACIÓN MATERIAL

 

HOGARES SOLO CON PRIVACIÓN PATRIMONIAL

 

HOGARES CON PRIVACIÓN CONVERGENTE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


En cuanto al análisis de la segregación de los grupos a partir del Censo 2001, el Índice de Disimilitud para los Hogares con NBI reporta valores similares a los arrojados para los hogares con VSa  relevados por medio de la EAH, si bien cabe destacarse las diferencias en escala de ambas fuentes de información. Analizando los valores que asume el ID para los hogares según IPMH también puede observarse que los Hogares más pobres (aquellos con Privación Material Convergente) se hayan localizados en forma segregada en un 73%; mientras que los Hogares sin IPMH sólo alcanzan un 20%.

 

 

 

ÍNDICE DE DISIMILITUD

MÉTODO DE NBI

MÉTODO DE IPMH

ü    El 40% de los hogares con NBI debería modificar su espacio de residencia hacia otras fracciones censales para lograr una ubicación homogénea.

ü    El 73% de los hogares con Privación material CONVERGENTE debería modificar su espacio de residencia hacia otras fracciones censales para lograr una ubicación homogénea.

ü    El índice de Disimilitud para los hogares con Privación material ESTRUCTURAL alcanza el 59%.

ü    El índice de Disimilitud para los hogares SIN IPMH alcanza el 20%.

 

Mapa 5. Fracción Censal según QL de hogares según IPMH o NBI. CABA, 2001.

Fuente: Elaboración propia. Censo 2001.

QL PARA HOGARES SIN PRIVACIÓN MATERIAL

 

QL PARA HOGARES CON PRIVACIÓN MATERIAL CONVERGENTE

 

QL PARA HOGARES CON NBI

 

QL PARA HOGARES SIN NBI

 

 

 



1.            REFLEXIONES FINALES.

 

La realización del trabajo permitió evidenciar alcances y limitaciones de las estrategias cuantitativas, ya sea para logar una operacionalización compleja de las variables de estudio, como para identificar el emplazamiento de las unidades de análisis en el territorio. La determinación del nivel de Vulnerabilidad Social en los hogares exige una compleja recolección de información, comprendiendo un abanico multidimensional de factores internos y externos de los sujetos y los ámbitos donde se insertan (educación, situación laboral, inserción social y cultural, nacionalidad, etnia, ciudadanía, tipo y tenencia de la vivienda, hábitat, conformación familiar, intervención estatal, entre otros). Asimismo, las limitaciones en cuanto a las modalidades de presentación de los datos estadísticos y a los niveles de escala geográfica de las fuentes de información, representan otro problema metodológico para analizar los procesos de fragmentación de los distintos grupos sociales.

 

Considerando la vinculación entre los problemas de segregación y de  interacción entre los grupos fragmentados, cabe destacarse que la perspectiva de análisis cuantitativa muestra falencias para indagar acerca de los niveles de interacción social entre los distintos grupos; con ello, si bien puede observarse cierta concentración de los hogares más pobres en torno a determinados enclaves dentro de la ciudad, sería conveniente incorporar otras estrategias metodológicas a fin de conocer las historias de vida de sus miembros y sus oportunidades de vinculación con el entorno.

 

La hipótesis planteada inicialmente sobre los posibles cambios en la escala y dinámica de la  polarización social (con su correlato espacial en nuevas formas de segregación socio residencial) no ha podido ser corroborada a partir del uso de la información socio-estadística disponible en la actualidad. No obstante ello, los resultados alcanzados al momento permiten concluir que mientras los hogares más pobres o con niveles elevados de vulnerabilidad social se encuentran localizados en determinados enclaves de la ciudad (mayormente en el sur); los hogares no pobres o con niveles bajos de vulnerabilidad social residen en forma dispersa y homogénea en la ciudad. En este sentido; la sobrerrepresentación de los hogares con VS alta en determinadas zonas no invalida la presencia de los hogares sin VS o no-pobres.

 

Los avances obtenidos al momento plantean el desafío de complementar la investigación con los aportes actualizados que brindarán los datos del Censo 2010. Sin embargo, como saldo positivo puede destacarse que los resultados alcanzados reflejan una aproximación al estudio de la situación socioeconómica y geográfica en la ciudad para períodos anteriores (correspondientes al 2001) y para períodos intercensales.

 

 

 

 


ANEXO I (Índice de Vulnerabilidad Social)

 

A continuación se expone el sistema de Variables y Categorías (disponibles en el Cuestionario de la EAH- GCBA) contempladas para la elaboración del Índice de Vulnerabilidad Social.

Si bien se refiere a los hogares en situación de vulnerabilidad Social, el índice toma en consideración otras unidades de análisis. Para las variables de educación y trabajo se trabajo con los jefes de hogar, y con menor ponderación, para el cónyuge (o en su defecto un miembro mayor de 18 años). En los hogares donde no se registra cónyuge o miembro mayor a 18 años, se ponderó considerando la composición de los hogares.

Si bien la alternativa más frecuente en estos casos consiste en ignorar el registro completo del caso, al tratarse de un índice que contempla múltiples variables, las omisiones de casos serían numerosas e impactarían en el resultado agregado del Índice. Es por ello que ante la no respuesta, se resolvió adjudicar un valor medio en relación al rango de la variable.

En cuanto a la fuente de recolección de datos, el diseño muestral de la EAH 2008 consiste en un muestreo estratificado según Comunas, dentro de las cuales fueron seleccionadas un total 9385 viviendas, distinguidas en función del tipo de vivienda: viviendas particulares (8553), viviendas en villas (410) y viviendas de tipo “Inquilinato-Hotel-Pensión- casa tomada”(422). Dada la metodología de la Encuesta Anual de Hogares, no se incluyen las personas en situación de calle, que según el último relevamiento efectuado desde el Ministerio de desarrollo social, para noviembre de 2008 arrojó un total de 1.103 personas en toda la Ciudad de Buenos Aires.




[1] El Grupo de Estudios sobre Globalización y Ciudades Mundiales (GaWC) realiza un estudio y en función de ciertos parámetros clasifica las ciudades según su nivel de mundialización. En 2008 Buenos Aires pasó a integrar el grupo de las ciudades más globalizadas.

[2] La metodología que Harvey establece para construir el puente entre la imaginación sociológica y la geográfica implica el empleo de ciertos conceptos y técnicas. Desarrollar una construcción analítica y una prueba empírica, y luego emplear métodos matemáticos y estadísticos para ver su correspondencia con los procesos reales.

[3] Cada hogar asume un factor de exposición a partir del cual los datos de la muestra son inferidos al universo.

[4] El mismo fue desarrollado por la autora en el año 2008, en el marco de un trabajo en el Ministerio de Desarrollo Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

 
 
 

 
Presentado en las VIII Jornadas de Geografía Económica. Facultad de Ciencias Económicas. Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires. Jueves 7 de junio de 2012.