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Asunto:Re: NoticiasdelCeHu 313/12 - VIAJANDO: Paris en primavera
Fecha:Lunes, 25 de Junio, 2012  06:25:32 (-0700)
Autor:Norma Pedrotti <egeobach @.....com>
En respuesta a:Mensaje 14308 (escrito por Noticias del CeHu)

Ana María me encanta que ahora escribas cuentos....soy profesora de geografía jubilada y estoy haciendo lo mismo.Si me envias tu correo te envío algunos de mis cuentos.Gracias

De: Noticias del CeHu <noticias@centrohumboldt.org>
Para: humboldt@eListas.net
Enviado: Domingo, 24 de junio, 2012 11:57 P.M.
Asunto: NoticiasdelCeHu 313/12 - VIAJANDO: Paris en primavera
NCeHu 313/12
 
 
Paris en primavera
 
Desde el aeropuerto Charles De Gaulle me dirigí a la Gare du Nord (Estación del Norte). Ya era de noche y preferí hospedarme en un hotel cercano. Eso me permitiría tener facilidad de movimientos, ya que desde allí tendría acceso a todo tipo de locomoción. Es decir que primó la posición al sitio. El barrio no era muy agradable, tenía el estilo del de  Constitución en Buenos Aires…
Estaba cansada y sentía hambre… No eran todavía las once de la noche, pero todo estaba cerrado. Y a pesar de la desolación del lugar volví a caminar hacia la estación. Encontré un bar de copas. Todos estaban sobre una barra tomando diferentes bebidas alcohólicas. De todos modos entré y pedí un sándwich de jamón y queso con una gaseosa. Me miraron raro pero cumplieron con mi pedido. ¡Era el desubique! Y el colmo de un geógrafo es desubicarse. Pero mi estómago pudo más.
Regresé al hotel. Ya era la medianoche, y por la ventana vi cómo cerraban el prostíbulo de enfrente. Se iban todas las trabajadoras y el jefe. Llavearon todo, se despidieron y todo terminaba a esa hora.
Encendí el televisor y estaban haciéndole una nota a la cantante inglesa Jane Birkin, quien junto con Serge Gainsbourg, en 1969 fuera la intérprete del famoso tema Je t’aime, moi non plus, que fuera traducido como “Yo te amo, yo tampoco”, y prohibido por el Papa por tratarse de la grabación de un acto sexual. Justamente eso le generó más ventas en todo el mundo, y mis amigos y yo no habíamos sido la excepción. Ahora se encontraba muy desmejorada y haciendo un recordatorio de su vida, comentó la vergüenza que le había dado grabar ese tema, pero su esposo la había presionado para que lo hiciera. Vi otros programas de carácter político y me dormí.
A la mañana bien temprano pasé al desayunador. Me sirvieron un café con leche con croissants (un poco más grandes que las medialunas argentinas), pero la gran diferencia era que estaban secas. Entonces me quejé. Y la respuesta fue que si las quería frescas, debía consumirlas por la tarde; porque el pastelero no se iba a levantar a la madrugada para que yo las comiera esponjosas. Que el sindicato no lo permitía. Ergo, las mojé en el café con leche y las comí sin chistar. Y mientras tanto me puse a leer el diario en el cual una de las noticias de primera plana era el comienzo de una huelga del Sindicato de Trabajadoras del Amor, debido a la muerte de algunas merectrices en los últimos días.
Tomé el metro y fui hasta la iglesia de Notre Dame y luego caminé por la ribera del Sena donde compré algunos paños de pinturas con motivos parisinos. Y desde allí a  la Societé de Geographie a conversar con el Prof. Jean Bastié, quien continuaba siendo su presidente, y después, a recorrer el Boulevard Saint-Germain.
Luego de un refinado almuerzo regresé el sector histórico, el que ya había conocido unos años atrás. Ahora podía disfrutar un poco más de los paseos, en especial de los Champs- Élysées y de los principales monumentos, no solo porque la temperatura era sumamente agradable sino porque la ciudad estaba florecida y no la invadían turistas de todo el mundo como me había pasado durante el mes de julio. Pero sobre la torre Eiffel volví a tener la misma impresión que la primera vez, que es un montón de hierro sin gracia alguna, pero tal cual el Obelisco de Buenos Aires, se ha convertido en el ícono de la ciudad a nivel mundial.
Continué caminando y visitando lugares famosos y cuando me sentí cansada entré a un bar enfrente del Arco del Triunfo con el fin de tomar un refrigerio. Y cuando estaba terminando mi merienda, de pronto veo frente a mí, una laucha… Primero quedé paralizada, pero como el roedor no se movía, recurrí rápidamente a mi diccionario para saber cómo se lo llamaba en francés, y le grité al mozo: “-¡Un souris! ¡Un souris!”
El mozo vino tranquilamente y no sé si para que me calmara, o para que no se generara pánico en el resto de los comensales, me contestó sonriente: -“C’est notre mascotte.” Fuera o no cierto lo de la mascota, el asunto es que rápidamente pagué y abandoné el lugar.
Desde allí fui al cine. Daban la película “Trafic”, que trataba de la problemática de la droga en la frontera entre México y los Estados Unidos. Estaba doblada al francés, y debido a que a la empleada de la boletería le había hecho repetir varias veces lo que me decía, de muy mala manera, me dijo que no la viera porque no la iba a entender. Le dije que no tenía problemas de comprensión, salvo que no pronunciaran correctamente, que era su caso. Me vendió la entrada de mala gana, y ante mi pregunta, me confirmó que era portuguesa.
Al día siguiente estaba lloviendo, pero me compré un paraguas y salí a caminar igual. La lluvia era muy finita lo que todo tenía un encanto especial…
Deambulé por una zona de casas de moda, y de pronto vi en una vidriera varios modelos de pilotos que me gustaron. Me acerqué y descubrí que pese a que eran similares, los precios variaban bastante entre unos y otros. Entonces entré a la boutique y pedí tocarlos para determinar la calidad, comprobando que todos eran absolutamente impermeables. Entonces le pregunté a la vendedora a qué se debía la diferencia de precio, y ella me dijo que los más caros incluían el mismo modelo hecho a medida para mi perro.
-“¿Pour mon chien?” –le pregunté asombrada.
-“Oui, Madame, pour votre chien”, contestó ella.
Yo le dije que no tenía perro, entonces ella me dijo que podían hacerlo para mi gato. Y cuando le aclaré que tampoco tenía gato, insistió en que le diera las medidas de mi mascota, cualquiera que fuera… Y no pudo creer que no tuviera ninguna. Compré entonces el más económico y cuando salí a la calle observé que mucha gente llevaba perros de diferentes razas y tamaños, con los conjuntos idénticos a los de sus amos. ¿Vida de perros?
Entré a un bar y pedí en el mostrador: -“Un café au lait avec croissants”. La chica me dijo que no me entendía. Lo repetí y tampoco… Lo volví a decir cuidando más la pronunciación y señalando la figura que estaba en un inmenso cartel. ¡Tampoco…! Entonces, como me di cuenta de que era mala onda, fui a la caja y expliqué lo que pasaba. El cajero me dijo que la disculpara porque era española. Y cuando él estaba por ordenar mi pedido, volví hacia ella y en perfecto español le grité: “¡Quiero un café con leche con croissants, estúpida!” Se puso colorada y sin decir palabra rápidamente trajo todo. Me dio mucha bronca, porque contrariamente a lo que suele decirse, no había tenido ningún inconveniente con los franceses, muy por el contrario, intentaban entenderme si pronunciaba mal. Y en muchos casos, aceptaban que lo dijera en inglés. Pero los únicos problemas los había tenido con dos inmigrantes agrandadas, tal cual ocurre con cierta gente del Interior cuando va a vivir a Buenos Aires, y se vuelve realmente insoportable con sus comprovincianos.
Por la tarde hice algo que es habitual en mí cuando quiero recorrer a fondo ciudades que no conozco, y es tomar ómnibus urbanos hasta el fin de su recorrido. Así hice con varias líneas pudiendo ver varios barrios y suburbios que no figuraban en ningún folleto turístico, además de observar comportamientos y conversar con la gente de la calle. Y en una de esas idas y venidas le pude tomar una fotografía al Moulin Rouge, el afamado cabaret parisino.
Cuando oscureció, el ómnibus comenzó a perder los  pasajeros que venían de la zona céntrica, subiendo solo prostitutas, travestis y jóvenes drogados muy agresivos. Pronto ingresó a un gran parque de más de ochocientas hectáreas que no contaba con iluminación alguna. ¡Justo en la Ciudad Luz! ¡Una boca de lobo! Se trataba del Bois de Boulogne (Bosque de Bolonia), algo semejante a los Bosques de Palermo en Buenos Aires, con diferentes atracciones y reserva de animales. Cuando llegamos a la terminal de la línea le pregunté al conductor si podía regresar en el mismo coche porque me daba temor bajarme. Me dijo que no habría problema, pero ¡cómo se me ocurría pasear por esa zona a las nueve de la noche!
Ya en el hotel vi un programa de preguntas y respuestas, y con satisfacción advertí que había un nivel de instrucción muy parejo, no solo entre hombres y mujeres, sino también entre mujeres profesionales y amas de casa. También había visto que en el metro y en los ómnibus muchas mujeres iban leyendo diarios o libros al mismo nivel que los hombres, cuyo nivel de lectura se notaba muy por encima de otros países.
A la mañana siguiente fui hasta la Gare De Lyon, una de las seis estaciones de Paris, desde donde salían los trenes hacia Marsella, ciudad que pretendía conocer. Pero al llegar allí me encontré con la novedad de que el personal del ramal sur estaba en huelga debido al despido de algunos operarios. La estación era un caos, porque estábamos en Semana Santa, que para muchas actividades en Francia se toma la semana entera y para otras, hasta quince días. Había familias con niños, mascotas y mucho equipaje, pero solo se quejaban los turistas, en especial los españoles. La mayoría de los franceses se interiorizaba sobre los motivos de la “greve”, y considerando que era justo, sacaban pasajes para otros destinos.
Y cuando yo ya había decidido quedarme en Paris unos días más, fui a un cyber a revisar mi correo y me encontré con la invitación de mi amiga Alejandra Bonazzi, para que fuera a pasar la Semana Santa a su casa en Suiza. Así que inmediatamente acepté y tomé el tren rumbo a Neuchâtel.
 
 
Ana María Liberali
 
 


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