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Asunto:NoticiasdelCeHu 291/12 - VIAJANDO: De Paris a Madrid
Fecha:Domingo, 17 de Junio, 2012  23:08:43 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 291/12
 

 

 

De Paris a Madrid

 

Siendo miércoles 24 de julio del ’96, partimos de la estación Paris Austerlitz en tren rumbo Madrid. La distancia a recorrer era de alrededor de 1.200 kilómetros, y el tiempo de viaje estipulado era de trece horas. Yo supuse que era directamente proporcional al kilometraje recorrido, ¡pero no! Desde Paris a la frontera, recorrimos alrededor de 800 kilómetros en solo cuatro horas; mientras que en el sector español hicimos 400 kilómetros en nueve horas.  Lo que ya desde el principio era una muestra de las grandes diferencias existentes entre un país y otro.

El primer tramo de la campiña francesa presentaba una densidad mucho mayor de la que estamos acostumbrados los argentinos, pero no pude hacer observaciones con detenimiento debido a la gran velocidad en la que nos trasladábamos. Por lo que la primera estación donde pude ver algo más detallado fue Bordeaux, desde la cual lentamente fue aproximándose al mar, para pasar la frontera en un paso donde los Pirineos ya han perdido altura.

Y allí tuvimos que bajar y cambiar de tren, ya que las trochas no coincidían. Bueno, en realidad, no coincidían ni las trochas, ni la calidad y velocidad del tren, ni la atención, ni nada… Y si bien los precios del lado español eran considerablemente más bajos, nos quisieron estafar con el cambio de francos a pesetas en el puesto fronterizo, por lo que eso causó mi primer disgusto en la Puta Madre Patria. Pero la bronca se me pasó rápido ante el bello paisaje de San Sebastián.

Los campos tampoco ofrecían el mismo trato que del lado francés, y para colmo de males, a alguien se le ocurrió quemar pastizales sin tomar en cuenta la sequedad de la maleza y los vientos predominantes, así que el incendio llegó a la vía y estuvimos un largo rato parados hasta tanto pudieran apagar el fuego. ¡Una verdadera gallegada!, por más que estuviéramos en el País Vasco.

Y a ese ritmo llegamos más tarde de lo prevista a Madrid, más precisamente a la estación Chamartín, al norte de la ciudad. Y como allí no encontramos referencias de hoteles, como sí había ocurrido en Paris, tomamos un taxi y le pedimos al chofer que nos llevara a un alojamiento económico de la zona céntrica.

El hombre se dirigió al Paseo de la Castellana, una de las principales avenidas de Madrid. Ya era de noche y el tránsito comenzó a hacerse lento, cada vez más, hasta que prácticamente no se podía avanzar. Lo que ocurría es que estábamos cerca del estadio Santiago Bernabeu, nada menos que el del Real Madrid, y todo el tránsito estaba congestionado por la actividad que allí se estaba desarrollando. Nosotros pensamos que se trataba de un partido muy importante, pero no, solo estaban presentando al equipo, y había gente de toda España que había ido a verlo, y supongo que de otros lugares de Europa también.

El hotel recomendado estaba dentro de un edificio de departamentos antiguo, y solo el tercer y cuarto piso estaban adaptados para hospedaje. Había muchas habitaciones, todas ellas amplias y con techos muy altos, pero sin ningún equipo de refrigeración, por lo que pedimos ventiladores que nos entregaron con bastante fastidio.

Como ya era bastante tarde salimos prontamente a cenar en un lugar no muy bueno, donde nos sirvieron todo envasado, incluso el postre y ni se molestaron en pasar la comida a un plato.

Y después de caminar un poco, y viendo que no había demasiado para hacer, volvimos al hotel donde nos pusimos a escuchar un programa de radio donde primeramente pasaron la noticia de la muerte de un torero en pleno ruedo, haciendo referencia a los status de esa desagradable actividad, y las condiciones de vida de quienes recién comenzaban, que era el caso de la víctima de ese día. Y en segundo lugar hacían bromas referidas a psicólogos argentinos, que en España constituían una verdadera plaga. Ellos les decían a las madres que hicieran lo que quisieran con sus hijos, total de todos modos, el psicólogo argentino las iba a culpar igual de todos los problemas que ellos tuvieran. Y eso fue todo en ese día de calor sofocante.

Mi primera impresión sobre tierras españolas fue bastante negativa debido a que después de haber estado en Inglaterra y Francia, y acostumbrarme a que todo funcionara bien y que me trataran como persona, bruscamente me encontré con hostilidades de todo tipo. Seguramente que si llegaba desde Argentina no hubiera notado tanto el cambio, porque como algunos dicen: lo que se hereda no se roba.

 

 

Ana María Liberali