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Asunto:NoticiasdelCeHu 409/03 - Una inundacion tiene causas mas politicas que naturales
Fecha:Miercoles, 14 de Mayo, 2003  13:58:17 (-0300)
Autor:humboldt <humboldt @...............ar>

NCeHu 409/03

A FONDO / CLAUDIA NATENZON, GEOGRAFA

"Una inundación tiene causas más políticas que naturales" 

Control y prevención. Desde que inventó la técnica, el hombre actúa sobre la
naturaleza para aprovecharse de ella o minimizar su daño. Sabe que corre riesgos,
pero también que con el dato justo en el momento adecuado se evitan dolores
mayores. Esa capacidad de operar, intrínsecamente política porque implica tomar
las decisiones eficaces para proteger a la sociedad, es el déficit mayor en la
catástrofe que vive Santa Fe.



Analía Roffo. De la Redaccion de Clarín.

 




   


Así opina la geógrafa Claudia Natenzon, egresada de la UBA y con doctorado en la
Universidad de Sevilla. Titular de dos cátedras en la UBA, dirige también allí el
Programa de Investigaciones sobre Recursos Naturales y Ambiente y dicta cursos en
Flacso.

Cuando uno lee o ve por TV la catástrofe de Santa Fe por las inundaciones, le
parece que está en medio de "La vorágine" de José Eustasio Rivera, que es, por
antonomasia, la novela latinoamericana de la naturaleza desatada. Pero ese libro
es de 1924. ¿Casi un siglo después el hombre sigue sin poder controlar la
naturaleza?

—No, el hombre puede controlar la naturaleza. De hecho la está encauzando desde
que inventó la técnica, nada menos que en los tempranos inicios de la
civilización.


Pero esta vez, en Santa Fe, no supo o no pudo controlarla.

—Hay procesos naturales que son complejos y para los que es imprescindible estar
más atento y tener más información. La naturaleza es cambiante, por lo que cada
sociedad debe tener un registro histórico de esas variaciones. Para empezar a
entender lo que ocurre en Santa Fe hay que caracterizarlo como un problema social
y político antes que natural. Una inundación suele tener causas más políticas que
naturales. Porque la forma en que una sociedad advierte, enfrenta y resuelve una
catástrofe no es "natural", sino que tiene que ver con cómo resuelve todos sus
problemas —y uno de ellos es el ambiental—, incluso en la normalidad.


Usted prefiere no darle categoría de "natural" a una inundación como la de Santa
Fe, pero los funcionarios provinciales se escudan en que nunca antes había
ocurrido algo así. La magnitud del desborde del Salado y de las lluvias es única
y, por lo tanto, eso dificultaba cualquier prevención, aducen.

—Yo creo, como mucha otra gente que investiga en el tema ambiental, que siempre
hay posibilidades de prevenir, aun cuando las situaciones sean tan novedosas como
ésta. Quizá no se puede ser exacto, pero uno puede aproximarse. Claro que cuando,
como ocurre en Santa Fe, los sistemas de toma de datos están muy desarticulados
porque se ha perdido una gran cantidad de estaciones, todo es infinitamente más
complicado. En el caso del río Salado, es cierto que nunca había ocurrido un
desmadre igual, porque históricamente nunca había habido una configuración como
la actual, con tal cantidad de población viviendo en ese lugar, con tantas
intervenciones sobre la naturaleza, con tal desaprensión oficial por los cambios
en la dinámica hídrica en los últimos veinte años, con tanta incapacidad del
Estado para regular. Es cierto que se conjugaron muchas causas para desembocar en
esto. Pero, realmente, decir que viviendo en el lecho de inundación del río
Paraná en su confluencia con el Salado
  no se sabe que puede haber este problema es pecar de ingenuidad peligrosa y
dolorosa.


Usted hace hincapié en el conocimiento previo para mitigar los hechos. ¿Qué
falló, qué se desconoció en Santa Fe?

—Lo fundamental para evitar catástrofes es la voluntad política para que la toma
de datos tenga continuidad en el tiempo. Porque esa voluntad política se va a
traducir en el sostenimiento de los programas y los equipos de trabajo que puedan
ir haciendo una propuesta integral para controlar la naturaleza. Segundo, es
fundamental también saber que no hay soluciones únicas. Cada zona tiene una
configuración diferente. Hay líneas generales de trabajo, pero hay que respetar
las particularidades. Y también hay que saber que la descripción meramente
geográfica no alcanza.


¿En qué sentido?

—Hay que construir cierto modelo de análisis para entender por qué se repiten, a
lo largo del tiempo, situaciones de catástrofe en la zona más rica del país. ¿Qué
lógica hay detrás? Por eso digo que la descripción meramente geográfica es apenas
una razón para lo que está pasando. Levantando la mirada, encontramos respuestas
en lo que se llama teoría social del riesgo. Esta teoría social plantea que el
riesgo es parte inherente de nuestra sociedad moderna, y por eso es
imprescindible basarse en el conocimiento para tomar decisiones racionales y para
desarrollar la tecnología. Es simple: en la Edad Media se confiaba en Dios; hoy,
en la ciencia. No sabemos cómo funciona un ascensor, pero subimos, aunque sabemos
que el ascensor se puede caer. Corremos el riesgo, porque conocemos los
beneficios de la técnica y porque también sabemos que esos riesgos han sido
minimizados. Claro que cuando todas esas precauciones no han sido tomadas o son
muy endebles, ya uno no enfrenta un riesgo c
 ontrolado, sino que se derrumba en la incertidumbre.


¿Cómo y por qué lo que podía ser un riesgo acotado se transformó en Santa Fe en
incertidumbre y catástrofe?

—Es que para que eso no ocurra, primero hay que conocer la amenaza. Si yo
conozco el comportamiento del sistema hídrico de la región, voy a poder prever
qué es lo que va a pasar. Y ese conocimiento, en Santa Fe y en otras regiones del
país, no está siendo sostenido de manera permanente. Los esfuerzos de la
Universidad del Litoral son extenuantes, porque los equipos no están protegidos
ni alentados como correspondería. La Universidad del Litoral tiene una de las
escuelas más importantes de recursos hídricos del país y está reconocida
internacionalmente. Gran parte de los funcionarios y de los técnicos que hoy
trabajan en temas referidos a los recursos hídricos de la Argentina han salido de
sus aulas. No hay duda de que ellos conocen el tema del Salado. Pero, ¿por qué
ese conocimiento experto, técnico, no impregna la toma de decisiones?


Esa incapacidad en la correa de trasmisión aumenta la vulnerabilidad de una
sociedad, me imagino.

—Por supuesto. Toda sociedad tiene una determinada configuración en la
normalidad. En esa normalidad, hay grupos diferentes que pueden responder de
distinta manera al peligro desencadenado. Es decir, ¿en qué condiciones está cada
uno de los grupos sociales para enfrentar ese peligro? No es lo mismo enfrentar
la erupción de un volcán a pie, con un caballo o con un helicóptero. Que yo esté
a pie, con un caballo, o con un helicóptero habla de mi situación previa en la
normalidad. Marca cómo construí mi economía, en qué sector social nací, cómo pude
elevarme si es que lo he hecho.


¿Santa Fe estaba pie, a caballo o con un helicóptero?

—Santa Fe tenía una vulnerabilidad potencial que terminó en catástrofe porque
estaba "a pie", como muchas otras ciudades de un país cada vez más inequitativo y
con más ciudadanos pobres. Santa Fe está deteriorada económicamente, con alto
desempleo y con lazos sociales también heridos. Ese clima implica asimismo
descreimiento en las regulaciones y en las normas de convivencia, quizá porque ya
uno se ha acostumbrado a la ausencia del Estado y vive en la incertidumbre, sin
tener elementos de juicio para saber qué hacer. Esa es la realidad de Santa Fe:
sin demasiado conocimiento de la historia ambiental del lugar, sin información
previa acerca de lo que podía pasar, no hubo prevención sino ignorancia. La gente
ignoraba que estaba viviendo en un lugar que podía ser peligroso y no pudo
decidir si estaba dispuesta a correr el riesgo o no.


No todos los lugares del mundo son ideales ni mucho menos, pero las ciudades se
instalan y crecen. ¿Cómo se hace para manejar la incertidumbre?

—La única vía es la política, dicho en un sentido amplio. Es la política la que
toma decisiones y determina quién asume el riesgo y con qué costos. En Santa Fe,
la mayoría de la gente ha recibido el impacto de decisiones que se tomaron mal o
que directamente no se tomaron. Claro que no todo el mundo padece tanta
incertidumbre: la Unión Europa reconoce el derecho de todo ciudadano a saber qué
riesgos corre por vivir en el lugar que vive.


En el Litoral había habido, años atrás, inundaciones muy fuertes. ¿Por qué cree
que la experiencia no sirvió?

—Claro que había habido inundaciones fuertes y progresivas. En ocasión de la de
1983 se dijo: "Es la que ocurre una vez cada cien años". Pero después vinieron la
del 92 y 98, a partir de las que muchos expertos dijeron: "No, acá hay algo que
no es accidental; tenemos que pensar que esto es ya una tendencia que va
configurando la normalidad del sistema hídrico y del sistema climático y que por
eso va a volver a ocurrir". A partir del 92, entonces, todos empezamos a creer
que la normalidad —y no el accidente— es la inundación. Pero no bastó con que
todos alertaran: no se operó políticamente y éstas son las consecuencias.


¿Qué hubiera sido operar políticamente?

—Algo muy concreto. Se había colocado en el Presupuesto Nacional un rubro para
análisis y estudio de los problemas de inundación en todos los centros urbanos a
lo largo del litoral fluvial. Era todo un logro, porque, sabemos, lo que no está
en el Presupuesto Nacional no existe. Pero, bueno, vino la crisis del tequila con
sus innumerables recortes presupuestarios, y el entonces ministro Cavallo eliminó
los 400 mil dólares previstos ese año para hacer los estudios sobre qué obras
eran convenientes y cuáles no en los centros urbanos que más se habían inundado.
Operar políticamente también hubiera sido no dejar solos a los técnicos. La
incertidumbre que nosotros tenemos no es técnica sino política. Hay calificados
elementos de juicio que tienen que ser mejor conocidos y sobre los que hay que
tomar decisiones políticas. El sistema de alerta, técnicamente, está bien
montado. Incluso, la gente que está en el INA —el Instituto Nacional del Agua—
está más que capacitada. Hay una perso
 na, por ejemplo, que tiene toda la historia del sistema hídrico del Paraná y
tiene a su cargo el sistema de alerta hidrológico. Hace su trabajo aun con toda
la pérdida de las redes de comunicación, con los problemas de no pago a las
instituciones que se hicieron cargo de manera privada de la toma de las
mediciones, etcétera, etcétera. A pesar de eso, esa persona y todos los otros
técnicos van rebuscándoselas y están dando un buen servicio. Pero, le repito, el
sistema de alerta no puede ser sólo un recurso técnico. Si la política no lo
sostiene, seguiremos viviendo estas catástrofes.


Pero cuando la política sostiene, es redituable para la gente y para la
dirigencia misma. Sin ir más lejos, Gerard Schroeder fue reelecto canciller de
Alemania, entre otras cosas, por la eficacia con que enfrentó las inundaciones de
agosto del año pasado.

—Exactamente. Es que hay una historia en todo esto y nada se construye de un día
para otro. Alemania —la Unión Europea en general— ha respondido siempre con
eficacia en situaciones como éstas. Quizá porque la dirigencia política asumió
las responsabilidades que le correspondían y escogió el riesgo calculado y
previsto y no la incertidumbre y la desprotección de la gente.


Fuente: Diario Clarin, del 11 de mayo de 2003. Buenos Aires - ARGENTINA.





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