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Asunto:NoticiasdelCeHu Santa Fe: Reconstruccion o Refundacion?
Fecha:Viernes, 9 de Mayo, 2003  20:42:22 (-0300)
Autor:VDC <vdicione @..........org>

Inundaciones en Santa Fe
¿Reconstrucción o Refundación?

Cuando ocurren procesos catastróficos como las inundaciones de Santa Fe el compromiso prioritario e insoslayable no puede ser otro que contribuir para ayudar a los damnificados. Esta urgencia determina la relativa desatención del seguimiento científico de la catástrofe, el inventario o registro de los fenómenos, motivo por el cual no siempre es posible llevar a cabo su reconstrucción con buenos resultados, una vez desaparecidos los síntomas.

Sin desatender la prioridad del momento, las autoridades y las instituciones con incumbencias sectoriales deberían ocuparse del monitoreo de la geo-grafía y socio-grafía de la catástrofe. Es instrumentalmente necesario hacer una rigurosa “radiografía” (descripción) de los territorios y la sociedad de la catástrofe, como si fuera una enfermedad, registrando minuciosamente los “tumores” y síntomas mientras puedan observarse actuando.

Tratándose de una problemática compleja,  el monitoreo  de la situación debe forzosamente contemplar al mismo tiempo la identificación de las causas imputables al orden de la naturaleza y las que corresponden al orden de la cultura u orden social, asumiendo que ambos órdenes son absolutamente interdependientes y difícilmente discernibles si no se llevan a cabo estudios que contemplen y combinen aspectos puntuales, locales y regionales. No obstante, el monitoreo es necesario para establecer fundamentalmente cuales cuestiones o factores del conjunto son previsibles y cuáles no lo son teniendo en cuenta el estado de los conocimientos  y el actual desarrollo tecnológico en materia de previsión urbano-regional de este tipo de catástrofes. A tal efecto es indispensable incluir dentro de las prioridades el trazado riguroso de la geo-grafía y socio-grafía de la misma.

Obviamente, siguiendo la lógica del derecho positivo, es inevitable descubrir, conjuntamente con las causas, los “móviles” de las fuerzas y agentes responsables de la catástrofe. Lamentablemente la búsqueda de causas y la distribución de responsabilidades jurídicas deja entrever serios obstáculos, derivados de cierta cultura muy poco acostumbrada a la autocrítica, propensa a colocar afuera las causas y las responsabilidades. No es casual imputar a algún funcionario de carrera la supuesta falta de previsión o la falta de aviso sobre la supuesta imprevisión del comportamiento climático e hidrogeológico de la naturaleza.  Con motivos fundados, presupongo la inocencia de la naturaleza en esta catástrofe. No obstante, jurídicamente reconocemos que la naturaleza es un agente o sujeto inimputable, consideremos o no “loco” su comportamiento. Por el lado de las instituciones, la observación superficial de los recientes debates parece indicar que también son inimputables, aún sabiendo que su principal característica consiste en ser centros por excelencia del ejercicio de la “cordura” o racionalidad  instrumental  típica de las sociedades modernas. No es casual, entonces, inculpar a la naturaleza allí donde la misma emerge con inusitada violencia.

La búsqueda de las causas y la identificación de los agentes sociales responsables es importante. No obstante su importancia no radica en el reparto de castigos a diestra y siniestra, si ello corresponde. El castigo es un placebo funcional que deja intactas a la estructura de factores que operaron en la catástrofe. El castigo no elimina los tumores en los ámbitos de gestión sociales y políticos de la catástrofe. Los ratifica dejando intacto los lugares para nuevos rostros que habrán de repetirse en circunstancias futuras. Contrariamente,  la búsqueda debe llevarse a cabo seriamente mediante la investigación –científica y jurídica- que haga visible los factores estructurales que hay que remover para superar los vicios sociales que puedan dar lugar a la reiteración de procesos catastróficos similares. La investigación debe asumir plenamente que una catástrofe como la inundación de Santa Fe o cualquier otra solamente se supera cambiando los entramados de relaciones sociales, culturales, económicas, políticas, institucionales y estatales que determinan que una fuerza natural pueda tener las consecuencias sociales como las que se viven en Santa Fe.

Por tales motivos, la investigación no puede ser anecdótica, es decir, llevándose a cabo mediante la focalización fragmentaria de algunas parcialidades por importantes que fueran en los síntomas de la catástrofe: la precariedad de los terraplenes, la mayor previsión sobre el comportamiento del “lecho de inundación” del Río Paraná y la menor previsión sobre el comportamiento del Río Salado, la falta de ambigüedad estructural de la autopista Santa Fe-Rosario y otras obras viales relativas al carácter bifronte del sistema hidrológico de la geografía afectada (el aumento del Paraná y el escurrimiento continental de la cuenca del Salado), la ausencia de un sistema de monitoreo y “alarma temprana” o los ruidos y falta de comunicación entre las autoridades superiores y las oficinas públicas subalternas.

Es necesario una investigación integrada que contemple varios aspectos. En primer lugar debe llevarse a cabo mediante la conformación de un colectivo plural, de una instancia de gestión e investigación  que integre (re-ligue) la multiplicidad de disciplinas científicas y tecnológicas, las variadas y desiguales organizaciones de la sociedad civil  y los aparatos decisionales y técnicos del Estado que tienen incumbencia en la gestión o impacto de los diferentes aspectos involucrados. No hay ninguna cuestión física y natural de un fenómeno catastrófico que no implique la integración o concurrencia del comportamiento de personas, empresas e instituciones e, incluso, de valores sobre tales comportamientos y el de la misma naturaleza. Las diferencias de situaciones y de valores deben necesariamente integrarse a la instancia de gestión e investigación.

El colectivo puede conformarse mediante la profundización y extensión del recientemente constituido Comité de Emergencia o mediante cualquier otra iniciativa que garantice un horizonte de investigación y acción participativa (IAP) que integre solidaria y contradictoriamente al conjunto de protagonistas activos y pasivos. A tal efecto habría que revalorizar el rol de las universidades en el proceso de construcción del colectivo, en especial de la Universidad Nacional del Litoral.

En segundo lugar deberá tenerse en cuenta la multiplicidad de horizontes territoriales barriales, locales, municipales, regionales (cuencas hidrológicas), provinciales y federales de la catástrofe. Se trata de reconstruir la multiplicidad de geografías físicas y sociales que se implican como resultado de procesos globales y locales, asumiendo que en cada punto, fenómeno o lugar de la geografía de la catástrofe se superponen la multiplicidad de horizontes territoriales señalados. No hay cuestiones locales que no sean globales y tampoco cuestiones globales sin contenidos locales.

En tercer lugar es indispensable recomponer las formas de las relaciones entre la sociedad civil, la sociedad política y los gobiernos municipales o locales. Es preocupante que un régimen municipal como el de la Provincia de Santa Fe haya manifestado tanta debilidad de gestión en la previsión de la catástrofe en las áreas urbanas de la cuenca y en especial del curso inferior del Río Salado. La investigación integrada debe reafirmar la supremacía de los gobiernos locales en las gestiones de previsión de catástrofes, lo cual no implica correr de las responsabilidades al resto de las instancias estatales de gestión. Corresponde en primerísimo lugar a los gobiernos locales la regulación y vigilancia de las cuestiones territoriales y ambientales, tal como se registra en los textos constitucionales y en las cartas orgánicas de los gobiernos municipales.

En cuarto lugar las investigaciones deben recuperar el saber popular de los afectados. El saber popular es la única fuente que posibilita la profundización analítica de problemas que carecen de formalizaciones científicas y procedimientos de inventario adecuados, como lo son en general las problemáticas ambientales, urbano-regionales y geográficas. Sin embargo la importancia de la valorización de los conocimientos y experiencias populares radica en la relativa imposibilidad de involucrar a la gente en un proceso de mitigación y reconstrucción de catástrofes si se desestiman sus conocimientos, valores, imaginarios y habilidades prácticas para enfrentar las situaciones catastróficas.

Los cuatro aspectos son fundamentales para superar la brecha entre los diagnósticos y los planes de reconstrucción. El colectivo plural es simultáneamente el centro de la investigación y el centro o sujeto plural que organiza las fuerzas y los compromisos de reconstrucción de la sociedad. En las actuales circunstancias internas y externas la combinación de fuerzas y compromisos civiles, políticos y estatales es la única estrategia que garantiza una efectiva reconstrucción de Santa Fe más allá del período de emergencia.  En la medida en que la metodología subvierte las formas tradicionales de planificación urbano-regionales o, tal como de hecho aconteció, la falta de planificación o previsión, más que hablar de reconstrucción debería hablarse de una nueva refundación de Santa Fe. La refundación seguramente encontrará un nuevo equilibrio entre las fuerzas de la naturaleza y las fuerzas de la sociedad, haciendo más amigable a la naturaleza y menos naturales y menos agresivos ciertos comportamientos sociales que se reiteran en cualquier situación catastrófica.

Vicente Di Cione [El Palomar, 8 de mayo de 2003]