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Asunto:NoticiasdelCeHu 189/12 - Turismo y salud: ¿un amor de temporada? ( Tercera parte)
Fecha:Lunes, 16 de Abril, 2012  20:06:46 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 189/12
 

Turismo y salud: ¿un amor de temporada?

(Tercera parte)

 

                                                                           Alfredo César Dachary

 

         Los baños, antes de los de mar, fueron termales y tienen una larga historia, que en esta etapa de la modernidad coinciden con la emergencia de los baños de mar y también con los que recomendaban esta integración: los higienistas.

Las aguas, incluida la estación de Bath, se encuentran en el eje principal de la “revolución del turismo”, ya que el origen del turismo es en paralelo al redescubrimiento del termalismo en sus dos facetas nuevas, como los desplazamientos en busca de curiosidades o veraneo y la ritualización social que

reposa en la distinción y una sociabilidad particular.

Lo pintoresco es un factor importante en la fusión de lo termal y el turismo, y la estación termal se constituyó en cabeza de puente para la penetración de regiones antes olvidadas o no exploradas; así el termalismo se convirtió en un factor de descubrimiento del territorio.

Mientras tanto, los pintores se asientan alrededor de las ciudades balnearias y con su pintura de los valles y bosques “construyen el paisaje romántico” y fijan los tópicos turísticos. La atención en los balnearios viene del siglo XVIII, donde los SPA son las primeras formas de turismo asociado a la naturaleza, ya que la naturaleza pura se expresa en los manantiales y los bosques que los rodean.

De allí que tomar baños de estas aguas no es algo religioso, sino que se transforman en actos sociales, que además tienen las bellezas naturales que los circundan y se dan como productos turísticos accesibles vía excursión.

Se terminó el peligro y la naturaleza salvaje que se vende es ya dominada, dando lugar a nuevos descubrimientos, entre ellos, los del alpinismo que también salen de estos “refugios naturales” y hacen del termalismo un actor importante en el “descubrimiento de la montaña”. Muchos centros termales siguen desarrollándose al pasar a ser importantes centros de ski.

Existían dos tipos de estaciones termales, las pequeñas o las importantes por la actividad médica, a estas últimas se las denominaba “Villes d´eaux”. Éstas ya pensaban en la “diversificación de la oferta turística” y es así como las villas termales complementaban atractivos con cotos de caza, carreras de caballos y teatro o festivales. Junto a las termas monumentales, fuentes de aguas y galerías, están los casinos y hoteles.

 

Higienismo

El higienismo fue a lo largo del siglo XIX una poderosa corriente de pensamiento dentro de las ciencias médicas. Como campo de indagación científica, avanza en la salud pública e intenta explicar enfermedades endémicas y epidémicas y hace una amplia reflexión sobre la calidad de vida.

En las primeras décadas de ese siglo fueron los continuadores de la perspectiva ambientalista heredada de la ilustración y exploraron la influencia del medio físico, señalando el ámbito climático en el desarrollo de la morbilidad.

Se podrían considerar deterministas, deducir el carácter y la moralidad o estado físico de las poblaciones de una región a partir del conocimiento de sus condiciones geográficas; luego la teoría del determinismo geográfico, rechazada en el siglo XX, pero que aún se mantiene en el imaginario colectivo.

El origen de estas ideas está en Hipócrates, reelaboradas por Bodino y luego Montesquieu en el siglo XVIII y así pasaron a formar parte del pensamiento ilustrado e incidiendo en la geografía y la antropología y han influido en el determinismo físico de carácter etno-geográfico.

El origen eran los cuatro humores: frialdad, humedad, sequedad y calor; éstos eran la base de distintas complexiones de hombres: sanguíneo, melancólico, flemático y colérico, la combinación de ellas da el temperamento y el estado ideal de salud es el equilibrio entre éstas, que son influenciadas por los cambios climáticos y atmosféricos.

En el higienismo español destaca la “Topografía Médica de Logroño”, donde la localidad influye en la parte moral del hombre, mucho más el clima y la configuración del terreno tiene más poder que la temperatura, de allí que el habitante de la montaña tiene genio independiente y agreste. Los que moran en las extensas llanuras sin bosques ni ríos caudalosos son de carácter inactivo, débiles y sumisos.

En 1854, Fernando Weyler y Laviña publica su “Topografía físico - médica de las Islas Baleares”  donde sostenía la importancia de estudiar el clima, las costumbres y los alimentos que se consumen, ya que todos modifican las pasiones y temperamentos de la gente, influyendo en la salud.

Otro higienista español, Blas Llanos, habla de la incidencia del arbolado  sobre el clima, la salud y el hombre, en su libro “Memoria sobre los medios de mejorar el clima de Madrid, restablecer su salubridad y fertilidad”, correlaciona la deforestación con la escasez del agua y la insalubridad del lugar.

Ellos  plantea tres ideas, muy repetidas en la literatura forestal del siglo XIX: los árboles tienen efectos beneficiosos sobre la salud pública en tanto que purifican el ambiente; los árboles sanean el suelo de sustancias químicas; y los árboles son reguladores térmicos evitando los cambios bruscos de temperatura.

Los higienistas y los médicos, en general, manejaban la salud pública y la higiene social de la población a base de estadísticas y con estudios monográficos eminentemente prácticos. El estudio de las enfermedades lleva a éstas al terreno sociológico: accidentes de trabajo, hábitos de vida y condiciones del hábitat.

Todos estos aportes son la otra cara de la moneda, ya que la salud y el turismo sirvieron mayoritariamente a las clases emergentes del capitalismo naciente, pero el higienismo además introdujo cuestiones fundamentales de la higiene social, realizando estudios en nichos cerrados: hospitales, cárceles y cuarteles, un aporte fundamental para la verdadera modernización de la sociedad, base para que el turismo pueda entrar sanamente a ellas.

Los románticos hicieron de la ribera un espacio simbólico de la fidelidad, idealizando las riberas herederas de la virgen oceánica condenada a vivir en una isla solitaria; así el mar calmo y controlado hace las delicias del ciudadano que asiste impávido al nacimiento de una nueva era.

La teoría médica de la época hablaba de beneficios que daba el mar a los jóvenes, y la playa se perfila como el lugar ideal para la prolongación de los cuidados de la infancia burguesa.

 

La playa y el espectáculo social

Luego de décadas de ir enriqueciendo las emociones, la estancia marítima se ha transformado en una de las modalidades del deseo. Entre los paseantes y los elementos se establece una nueva familiaridad frente a un mar que no es sólo un sublime espectáculo para contemplar en una visión dominadora.

El diálogo con las olas y las cavernas lo lleva a abandonar la posición de espectador e introduce el deseo de contacto próximo, preludio a la fusión imaginaria, así acompañado por la brisa, el paseante romántico disfruta la sensualidad de la playa mientras el bañista detalla nuevas sensaciones, no experimentadas antes.

Así comienza la gran modificación de las modalidades de la utilización de la playa, se pone de moda el viaje en barco costero para ver la ribera desde el mar: “El desfile de la costa espectáculo” y en Londres, en 1812, se funda el Royal Yacht Club y un año después William Daniel realiza un viaje alrededor de Gran Bretaña el cual ilustra con 308 acuarelas.

En 1826 se celebran las primeras regatas y, en Francia y Gran Bretaña, los pintores paisajistas multiplican los paisajes costeros a fin de ampliar el círculo de aficionados a las marinas. El auge de la pintura, la literatura y los viajes aumentan el interés por el espectáculo marítimo y ribereño.

Las cabalgatas por la costa, que eran una antigua costumbre de los terratenientes, toman más fuerza en esta época. Comienza un cambio con la valorización de las costas planas y sus grandes playas de arenas más tranquilas frente a la anterior del mar bravo con grandes olas.

El baño de mar se percibe como un enfrentamiento, imita la estética de lo sublime, y en las aguas más mansas del Mediterráneo se planteó el cruce del estrecho de Dardanelos. Byron, iniciador de la generación de 1815, traza el modelo poético del baño masculino, cabalgando entre las olas, combate contra la sumersión, de acuerdo con los enérgicos procedimientos de la natación de la época.

Entre los románticos, individualistas humanistas comienza una robinsoniada, la búsqueda de la intimidad, la delimitación del territorio, límites al espacio propio, como las islas, lo cual coincide con la búsqueda de la nostalgia interior, el repliegue que hacen los burgueses hacia su hogar, lo privado.

Las islas descubiertas son bellas hasta que las descubren muchos y se hacen famosas, en esta época comienza a reconsiderarse y valorarse lo privado frente a lo que siempre fue importante, lo público, y ello llegó al mar donde las playas eran de todos pero los lugares de los grandes capitanes de la industria y de la política eran exclusivos; lo público y lo privado han llevado al mar un nuevo escenario del espectáculo social.

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx