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Asunto:NoticiasdelCeHu 138/12 - Rusia: ¿por qué tanto temor de Estados Un idos?
Fecha:Sabado, 17 de Marzo, 2012  22:38:04 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

CeHu 138/12
 

 

 

Rusia: ¿por qué tanto temor de Estados Unidos?

                                                                         

  Alfredo César Dachary

 

El triunfo de Vladímir Putin en las elecciones presidenciales de Rusia con un 64% ha generado reacciones que ya se venían preparando a través de las tradicionales ONG “democráticas” financiadas por los “padres de la democracia”, aunque en Estados Unidos hubo grandes fraudes, como el que le otorgó el poder George Bush, en la primera década del siglo XXI.

Hoy, a las personas medianamente informadas no se les puede seguir vendiendo información similar en todos los noticieros y diarios del mundo, en la cual unos son buenos y otros malos; y a los malos, Estados Unidos y la Unión Europea los condenan y comienzan a perseguir a fin de que pudieran subir al poder los “títeres” tradicionales que responden a este grupo global de poder.

Esto no significa que se trate de querer justificar a Putin en sus aciertos y errores, sino que pretendemos enmarcar esta gran campaña mediática que seguirá unos meses más en su verdadera dimensión, que no es un problema de democracia sino de geopolítica, en momentos en que Estados Unidos ha entrado en la declinación de su hegemonía y pretende hacer pagar caro al mundo, a costa de incendiar a una parte del globo.

¿Qué pasó en Rusia para que se dé una vez más la figura de un caudillo?, ¿qué hechos habían marcado este nuevo rumbo luego de la caída de la URSS, la transición a una economía de mercado violenta, el saqueo del Estado por un grupo “los oligarcas”, que formaron la nueva burguesía, siete seudo empresarios que se quedaron con las grandes empresas de la ex URSS?

Hace una década, a fines de los noventa, se publicó una entrevista a un politólogo italiano, en el cual comentó un episodio que le llegó en forma directa por un participante en una reunión de la mafia italiana y que el participante, desde la cárcel, le comenta a este académico de los hechos.

A fines de los sesenta, cuando en una reunión de primer nivel de líderes de la famosa “Cosa Nostra” se habla de un invitado que venía de la URSS, era un político militante del PCUS y un hombre “con futuro”. En la reunión, el invitado hace un análisis de la situación de la URSS y ve que las debilidades seguirán socavando la unidad y sostenibilidad del régimen, por lo que hay que prepararse para una futura “transición”. El  político en cuestión se llamaba Gorbachov, y vaya casualidad, fue el encargado de liquidar la URSS y entregarla al grupo liderado por Yeltsin para que “desguace” esta potencia mundial.

De allí en más viene la borrachera del triunfo, la humillación del pueblo ruso, la promoción de nuevas repúblicas apoyadas por los padres de la libertad y la fácil y simple idea de que se había derrotado al comunismo. Nunca hubo comunismo en la URSS, sólo un socialismo de Estado, y el otro socialismo de Estado, China, hoy lidera el mundo económico y va camino a liderar una nueva hegemonía mundial.

Rusia acotada, humillada y saqueada era un fiel alfil de la política de Estados Unidos, hasta que esto comenzó a cambiar en ese país, donde la sola dimensión geográfica sirve para dar una idea de su importancia. Es el país más grande del mundo, con las mayores reservas de recursos minerales y energéticos del planeta, y además tiene presencia internacional ya que es parte del G8, del Consejo de Seguridad de la ONU y conserva parte de la influencia que heredó de la Unión Soviética (URSS).

Hoy Rusia es una de las economías de más rápido crecimiento y forma parte del grupo del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), el bloque de economías emergentes de más proyección para las próximas décadas, y es además un actor privilegiado en la compleja zona geoestratégica del Medio Oriente.

Como potencia nuclear y militar (Rusia tiene el quinto presupuesto militar más grande del mundo) es un mercado importante de asesoría y venta de armas, y un ejemplo de ello lo dan las posibilidades de cerrar acuerdos de cooperación técnico-militar con Brasil, Argentina y Chile; y desde el 2005 Rusia le ha vendido a Venezuela cerca de 5,000 millones de dólares en armas.

El regreso de Putin a la presidencia de Rusia significa que ha vuelto a donde aspiraba a estar como comandante de las fuerzas armadas, la política exterior y todos los asuntos de seguridad nacional, algo que al poder anglo-estadounidense le preocupa y aterra, luego de haberle escuchado de su legendario discurso de 2007 en Múnich cuando criticó al gobierno de George W. Bush por su agenda imperial obsesivamente unipolar “mediante un sistema que no tiene nada que ver con la democracia” y su violación sistemática de las “fronteras nacionales en muchos países del mundo”.

Así mismo, Putin encabezó casi en solitario la resurrección de Rusia como mega-superpotencia energética, ya que el petróleo y el gas representan dos tercios de las exportaciones de Rusia y la mitad del presupuesto federal, o sea, un 20% del producto interno bruto.

Rusia necesita mucha inversión extranjera en el Ártico, sobre todo de Asia para mantener su producción de petróleo de más de 10 millones de barriles diarios, y para ello hay un complejo y exhaustivo acuerdo de billones de dólares con China centrado en los yacimientos de gas de Siberia Oriental y el ángulo petrolero ya se ha cubierto mediante el oleoducto de Siberia Oriental - Océano Pacífico.

El presidente Putin sabe que una alianza con China no sólo tendría el mayor territorio y riquezas del planeta, sino un mega mercado interior, y ello es fundamental para China en términos de asegurar la energía; este acuerdo con Rusia que es un contragolpe vital contra el intento de Estados Unidos de mantener una hegemonía en Asia central, para tener controlados a China y a la propia Rusia.

El otro reto energético es el de consolidar el oleoducto South Stream, que puede acabar costando 22,000 millones de dólares, una compleja inversión de  accionistas de Rusia, Alemania, Francia e Italia, y cuyo objetivo es el de abastecer de gas ruso entregado bajo el Mar Negro a la parte sur de la Unión Europea, a través de Bulgaria, Serbia, Hungría y Eslovaquia y si éste tiene éxito, el oleoducto rival, Nabucco, estará muy limitado, lo cual es una importante victoria rusa contra la presión de Estados Unidos.

Otro frente de la nueva geopolítica mundial está en la Organización de Cooperación de Shangái (SCO), donde Putin plantea que Pakistán sea miembro pleno, así como China está interesada en incorporar a Irán, una multi-alianza con repercusiones  trascendentales ya que va más allá de la coordinación e  integración económica , para entrar en el campo de la seguridad mutua dentro de esta organización regional que se autodefine como no alineada, sin espíritu de confrontación y de interferencia en los asuntos de otros países.

Por ello es que Rusia, Asia Central e Irán dispondrán de al menos el 50% de las reservas de gas del mundo y la integración de Irán y Pakistán como potenciales miembros de esta alianza, transforman el proceso de integración de Asia en algo más amplio: Eurasia.

Por eso el regreso de Putin a la presidencia, que por las nuevas normas legales aprobadas, le permitiría a éste ocupar la presidencia del país hasta el año 2024, genera un terror en el centro del poder anglo-norteamericano, que no solamente les significa un peligro real para sus apetencias hegemónicas, sino que también les recuerda la sucesión de errores y simplificaciones que hicieron al caer la URSS, como el fin de lo que nunca existió: el comunismo.

De allí se puede comenzar a entender el proceso de la interminable satanización de Putin y la necesidad de deslegitimar las elecciones presidenciales de Rusia, un juego que ya llevan haciendo más de medio siglo y que pese a todo no les ha servido para poder mantener la hegemonía mundial.

El presidente Putin no es el caso del “arrepentido” Gorbachov, y ni el títere alcoholizado y degrado de Yeltsin y su corte de oligarcas, sino por el contrario será un negociador duro, que buscará hacer dupla en una coordinación cada vez más estrecha con China, a fin de erradicar las potenciarles amenazas de bases permanentes de la OTAN en Afganistán, mantener la neutralidad de Paquistán y evitar el estallido de una guerra de dimensiones desproporcionadas por un ataque a Irán.

Ayer fue Saddam Hussein, luego los ayatolas, ahora Putin. Estados Unidos no puede vivir sin invocar al demonio, una dualidad que les permite manejar un pueblo en una compleja situación económica y en estado de guerra permanente en el mundo a través de sus más de mil bases militares.

Pero junto a Putin está China, que también sabe que Estados Unidos pretende acorralarlo militarmente para controlar su crecimiento y expansión; está el BRIC+SA, en donde Brasil acaba de superar al aliado estratégico de Estados Unidos, Gran Bretaña, en el 5° lugar como economía mundial.

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx