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Asunto:NoticiasdelCeHu 102/12 - Rusia - Una "generación enojada" quiere otr as caras en el poder
Fecha:Sabado, 3 de Marzo, 2012  21:37:32 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 102/12

Rusia

Una "generación enojada" quiere otras caras en el poder

Los jóvenes más europeizados temen que Putin gobierne 12 años más

 Patricia Lee Wynne  | LA NACION

Buenos Aires, 3/2/12

MOSCU.- "Nadoel." Esa es la palabra que suele resonar en las protestas que se multiplicaron, en los últimos meses, contra un nuevo mandato presidencial de Vladimir Putin.

"Me cansó", es la traducción de esa expresión que las jóvenes generaciones eligen para manifestar su hartazgo ante el casi descontado triunfo electoral de quien ya ejerció, desde un cargo u otro, el poder por doce años.

"Hace cinco o seis años comenzó a surgir una nueva clase ruso-europea, o de «ciudadanos enojados», como ellos se denominan", comenta Darenko a LA NACION, desde el estudio de la radio Russkaya Sluzhba Novostei, donde conduce su clásico programa matinal. Esa nueva clase, asegura, está compuesta por gente de ciudad que disfruta del dinero proveniente de la industria del petróleo y de Internet.

"Viajaron, vieron distintas civilizaciones y pueden comunicarse horizontalmente. Esto es algo difícil de comprender para una persona del siglo XX, el siglo de la televisión, de la comunicación vertical", agrega Darenko, un crítico de Putin, que ya gobernó Rusia desde 2000 hasta 2008, cuando dejó el país en manos de su delfín político, Dimitri Medvedev, y pasó a ocupar el rol de primer ministro.

Durante los años 90, Darenko fue un conocido periodista en la televisión rusa, desde donde mantuvo una posición crítica de los distintos gobiernos. Por eso, fue obligado a dejar la pantalla chica, por lo que eligió la radio.

El 24 de septiembre pasado, Medvedev anunció que no se postularía para un segundo mandato y que el candidato sería nuevamente Vladimir Putin. Entonces, estalló el descontento popular.

Hasta ese momento, el tándem Putin-Medvedev había funcionado de manera eficiente. Al asumir, el joven presidente era un signo de renovación, y muchos creyeron en sus promesas de apertura. Por eso, el anuncio de septiembre pasado -sobre una nueva candidatura de Putin- quebró las ilusiones de cambio de la nueva generación.

La tensión creció el 4 de diciembre, después de las elecciones parlamentarias en las que ganó el partido de Putin, Rusia Unida, pero en las que, por primera vez, no obtuvo la mayoría parlamentaria.

Ante las evidencias de fraude, la gente salió a las calles en Moscú y en otras grandes ciudades. Primero fueron 60.000 personas en la plaza Bolotnaya y luego 100.000 en la avenida Sakharov. Desde entonces, las protestas se reproducen en distintos puntos del país, a pesar de las heladas que preceden las elecciones del domingo próximo, en las que Putin tiene una victoria casi asegurada.

De hecho, la mayor manifestación electoral fue la que realizaron los partidarios del primer ministro el pasado 23 de febrero en el estadio Luzhniki, donde, según la policía, asistieron 130.000 personas.

De esta manera, se fue abriendo una brecha irreconciliable en la sociedad: una Rusia más tradicional, que apoya a Putin, y una Rusia nueva, la de los "ciudadanos enojados", que consideran que el candidato "parece obsoleto, de museo".

"La manera de pensar que todos son espías, o trabajan para Occidente, o son comprados por agentes extranjeros, parece ridícula", opina Darenko, en un nuevo dardo contra el primer ministro.

En los años 90, al desaparecer la Unión Soviética, durante el gobierno de Boris Yeltsin, hubo guerras, privatizaciones escandalosas, caos y anarquía. Putin llegó para poner orden. Lo consiguió, y además impulsó una década de prosperidad y consumo, al tiempo que se recuperaba la verticalidad del poder.

Parece extraño que, en medio del boom del consumo que se observa en Moscú, con sus negocios europeos, sus automóviles de lujo y los abrigos de visón y chinchilla de las mujeres, una buena parte de la nueva clase media esté descontenta con Putin.

"Consumen y protestan, protestan y consumen", dice Boris Kagarlitsky, un académico del Instituto de Globalización y Movimientos Sociales, y explica que el descontento se extiende a una clase media amplia, "que incluye a los trabajadores estatales, maestros, científicos y técnicos, cuyos salarios no crecen, que no pueden irse del país y que tampoco pueden progresar".

La propaganda oficial utiliza como caballito de batalla la crítica al desorden de los años 90, pero la generación que ahora tiene 20 años no recuerda lo que pasó en esa década.

Lo que ven los jóvenes es que Putin lleva doce años en el poder, como presidente y primer ministro, y quiere otros doce. Veinticuatro en total. Demasiado para un país que se considera parte de Europa..