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Asunto:NoticiasdelCeHu --España-- Muere Man uel Fraga, icono del franquism o
Fecha:Martes, 17 de Enero, 2012  08:56:37 (+0000)
Autor:oriol tolra ardanaz <ottoar @.......com>

Muere en la cama, impunemente,
Manuel Fraga, icono del franquismo y
responsable de los asesinatos de Gasteiz

David Fernández / Barcelona
www.setmanaridirecta.info

1963. Se hace el silencio y se oye un grito. Alguien grita “¡Fascista!”. Según la crónica de la época
de Luis Ramírez en ‘España hoy’: “Fraga se abrió la chaqueta, sacó el pecho y contestó: ¡A mucha
honra, gracias!. El dramaturgo José Bergamín no lo contradice: “En mi vida he visto mucha gente
con fama de fascista o que quería profesar el fascismo, pero solo he conocido dos de verdad: uno
fue José Calvo Sotelo, el otro es Manuel Fraga”.

En Europa lo ven prácticamente igual: “Escuche con atención, amigo: usted es buena persona, tanto
que roza la ingenuidad. Monsieur Fraga es un fascista, nació fascista y morirá fascista. Y no
obtendrá nada de los gaullistes. Se lo dice uno que ha estado luchando contra el fascismo toda su
vida”. Son palabras de Jean de Lipkowski, responsable de Asuntos Exteriores de la UDR francesa.
Palabras citadas por Jorge Vestrynge en el libro “Memorias de un Maldito” (1999).
Lo mismo opinaba la familia de Luis Cernuda, el poeta que inmortalizó los versos “recuérdalo tu y
recuérdalo a los otros”. Cuando en plena dictadura le pidió al ministro franquista permiso para que
el poeta asistiera al entierro de su madre desde el exilio mejicano, Manuel Fraga Iribarne les espetó:
“¡Que se quede donde está! ¡Ya tenemos bastantes maricones en España!”. Poco antes, a las mujeres
de los mineros en lucha de la cuenca del Nalón de Asturias las tachó, en 1962, de “pollosas”.
Habían sido rapadas en la caserna de la Guardia Civil, humilladas y paseadas por las calles de
Langreo y reiteradamente golpeadas.

De Palomares a Ruano

En 1966, el ministro estrella de Franco (1962-1969) remojó sus genitales nucleares en Palomares,
después que un B-52 norteamericano perdiera cinco bombas de hidrógeno cerca de Almería. En
bañador, ‘inasequible al desaliento’, anunció a los cuatro vientos que no había pasado nada. Sin
embargo, Palomares se convirtió en el accidente nuclear más grave que jamás ha sucedido en el
Estado español: el 29% de la población resultó contaminada por plutonio. Como contaminada de
mentiras fue, en 1969, la muerte en comisaría del joven estudiante Enrique Ruano, que inspiró la
canción “Què volen aquesta gent?” (¿Qué quiere esta gente?), que popularizó la catalana Maria del
Mar Bonet. Fraga vigiló de cerca la campaña de prensa impulsada por ABC –a través del periodistapolicía
Alfredo Semprún- para presentar la muerte como un suicidio. El ministro llamó
personalmente al padre del estudiante muerto, lo amenazó y le dijo que abandonara toda protesta: le
recordó que tenía otra hija de la que preocuparse. Sabido es que la diferencia entre mafia y fascismo
es, precisamente, que no la hay. Ese mismo año, Fraga fue el encargado de dirigir la campaña del
régimen “25 años de paz” y seis años después, el 24 de enero de 1969, se encargó de anunciar el
estado de excepción que llenó las cárceles de luchadores obreros.

De Granados y Delgado a Puig Antich, currículum de muerte

Fraga está también, según todas las investigaciones, detrás de la decisión de ejecutar a los
anarquistas Francisco Granados y Joaquín Delgado, asesinados por garrote vil tras un juicio de
pantomima, el 1963. Un crimen que Fraga justificó por radio y televisión. Con palabras quizás no
tan exactas como las que tuvo que escuchar un reportero de Reuters, el 20 de mayo de 1974 en
Londres. El periodista requería a Fraga, nombrado embajador en el Reino Unido en 1973, con qué
legitimidad se constituiría el nuevo gobierno. Siempre torrencial, insensato contestó: “¡Con la
legitimidad de las metralletas!”. Antes, en febrero de 1974, Fraga ya había recibido al director de
una revista: “Usted no ha venido a verme; ha venido a interceder por Puig Antich”. Obviamente
Fraga no movió un dedo. En 1975, tampoco le tembló el pulso ni la voz cuando un grupo de
oposición le pidió en la embajada londinense que intercediera por los que serían los últimos
fusilados del franquismo, militantes de ETA y del FRAP. El diálogo habla por si solo:
- Usted, como catedrático, ¿estará en contra de la pena de muerte?
- A cierta gente, yo no la fusilaba. Se la tendría que colgar por los cojones –respondió Fraga.

Máximo responsable de la matanza de Gasteiz

El 3 de marzo de 1976, ya nombrado ministro de Gobernación en el ejecutivo protofranquista de
Arias Navarro, comandó personalmente la represión al movimiento obrero autónomo de Gasteiz,
que provocó la muerte de cinco trabajadores en el ataque policial a la Iglesia de Zaramaga, mientras
se celebraba una asamblea abierta. Fraga, el ministro más activo de Franco, fue quien ordenó abrir
fuego real, quien popularizó entonces la desafortunada expresión “la calle es mía” y quien manipuló
el relato de hechos. Fraga teorizó que “la responsabilidad íntegra es de los que continúan sacando la
gente a la calle”, pero la propagandística visita en el hospital a uno de los heridos no le salió todo lo
bien que esperaba. “¿A qué vienes?, ¿a rematarlos?” le preguntó la hija de un herido. Otro familiar
le cerró la puerta en los morros. “Fascista”, le chillaron, “hijo de puta”.

Gritos que aun resonaban el 2006, con motivo del trigésimo aniversario de los asesinatos impunes
de Gasteiz. Fue entonces cuando Lluis Llach –que compuso ‘Campanades a mort’ en tributodeclaró:
“todos sabemos que aquello fue un acto de terrorismo de Estado, ejecutado por
responsables ministeriales aún vivos, todos lo sabemos perfectamente; (…) para nosotros nunca
habrá transición hasta que se pida perdón a las víctimas de Gasteiz; los perseguirán nuestras
memorias por siempre más”.

Ni antes ni después ni durante Fraga retrocede. Solo tres días después de la matanza, en rueda de
prensa, Fraga levanta el brazo y escupe: “El que no haya aprendido la lección de Vitoria, el verá lo
que hace (…) el que quiera plantear la lucha, la tendrá. Con todas sus consecuencias. ¡Dejémonos
de pamplinas!”, bramó. Y se dejó de pamplinas solo dos meses después: el 9 de mayo, en Navarra.
Reincidente en la violencia estatal, llegan los muertos de Montejurra, el intento franquista –con
Fraga urdiendo la trama de ultraderecha en conexión con los servicios secretos- para labrar la
cultura del terror y desactivar los anhelos del cambio político y social que se fraguaban en el
carlismo autogestionario. De esa época es otra cita bíblica de Fraga Iribarne: “el mejor terrorista, el
terrorista muerto”. Hipócrita, el 1983 Fraga ficha a Rodolfo Eduardo Almirón, ultra de la siniestra
Triple A argentina, como jefe de seguridad de Alianza Popular (AP). Nada raro: en 1964 Fraga se
dirigía por carta a Otto Skorzeny, miembro de las Wafen-SS residente en Pollença (Mallorca) y
directamente vinculado a la red Odessa de huida de antiguos dirigentes nazis.

De Pinochet a Guatemala pasando por Banzer

Franquista resistente, fundador de AP y del Partido Popular y a su vez ‘padre de la constitución’, el
tiempo mediocre de la farsa de la transición y el camuflaje de la reconversión no arreglaron nada.
Franquista de cabo a rabo, el 1986 propone una ‘marcha sobre Gasteiz’, al estilo de Mussolini y su
marcha sobre Roma, para forzar un golpe de Estado. El 1999 dice a los militares guatemaltecos
responsables de 34 años de genocidio: “Teniente Fraga a las órdenes de todos ustedes. En España
desde 1936 hasta la muerte del Generalísimo transcurrió una transición social muy importante: la
larga paz”. En el 2000 visitó al exdictador boliviano Hugo Banzer y a la salida declara: “Me honora
mantener una vieja amistad con el General, porque le tengo admiración”. Tres días después defendía
a Pinochet públicamente.

Siempre abiertamente opuesto al esclarecimiento del caso GAL, en el 2002, en un documental sobre
la guerra sucia en el País Vasco, calificó como “movimiento de autodefensa” el terrorismo de
Estado con conexión de ultraderecha (Batallón Vasco Español, ANE, ATE) de la transición política
española y añadió, enigmáticamente, que “volverían a producirse en los próximos tiempos”. Cuatro
años después, en una entrevista en ‘El País’ el 30 de abril de 2006 afirma no arrepentirse para nada
del fusilamiento de Julián Grimau. Fraga fue el encargado de anunciar la ejecución, firmó
personalmente la condena –Franco lo requirió a todos los ministros- y tachó al dirigente comunista
del PCE como “ese caballerete”. De la cultura catalana ya había dicho, en 1968, “Cataluña… la
ocupamos en 1939 y estamos dispuestos a ocuparla tantas veces como sea necesario”.

La Galicia caciquil

No cabe todo el olvido condensado en una pieza. Impulsor de la Galicia más caciquil y regionalista,
fue quien designó a Aznar como sucesor, y quien aduló a los golpistas del 23-F (“personas llenas de
buena voluntad”). Constructor un sistema férreo de censura desde la Xunta de Galicia, urdidor la
corrupción en el voto de los inmigrantes gallegos dispersados por el mundo, minimizador del
holocausto nazi, feroz con el feminismo, comprador de doctorados honoris causa en universidades
de países pobres, numerosas biografías –alguna inmediatamente retirada por las falsedades que
incorporaba- han probado de maquillar su pasado y su presente, incluso el desastre del Prestige que
arruinó la costa da morte galega. Autopresentándose como el tercer grande del conservadurismo
español eterno: Cánovas, Jovellanos y él. La historia concreta, sin embargo, desbroza la crónica de
un personaje que se convirtió en el último gobernante fascista de Europa. Así le categoriza el
periodista gallego Gustavo Luca de Tena, autor del lúcido “Retrato de un fascista”, publicado en
2002 por Kalegorria.

Argentina investiga hoy

Tiempo a contratiempo, este mismo enero, la justicia argentina a través de la magistrada María
Servini reactiva las investigaciones sobre los crímenes del franquismo. Solicitaba al ejecutivo
español los nombres de los ministros y jefes de las fuerzas represivas entre 1936 y 1977. El Estado
aun no ha contestado, pero apelando a los principios de justicia universal la Comisión de
Recuperación da Memoria Histórica da Coruña libró por voluntad propia los datos referidos a
Manuel Fraga. En la documentación facilitada, sintetizan que “Manuel Fraga tendría que formar
parte de la causa que la jueza Merini tiene abierta en Argentina para investigar los crímenes del
franquismo, ya que desde el Consejo de Ministros fue partícipe y cómplice de toda la política
represiva: fusilamientos, encarcelamientos, campos de concentración, despidos, exilio, Tribunal de
Orden Público, graves violaciones de los derechos humanos, expedientes a periodistas, cierre de
medios y asesinato de trabajadores”.

Todo está escrito en las paredes e inscrito en los dolores acumulados. Cruel rigor de impunidad,
cuando se hurga, la memoria siempre quema. Quizás hoy, por eso, resuenan tanto, como nunca
antes, los versos que Mario Benedetti dedicó a Ronald Reagan a su muerte. Y que concurren hoy,
puntualmente y a la cita de la justicia, no a la memoria de Fraga Iribarne, sino a la memoria de todas
sus víctimas. Negadas. Silenciadas. Olvidadas. Tres veces asesinadas ya: por órdenes de Fraga, por
la transición de la amnesia y por el olvido de la presunta democracia. En el 2000, el Estado que
retribuía a Fraga como senador negó que los asesinatos de Gasteiz fueran víctimas del terrorismo.
De Estado.

‘Recuérdalo tu y recuérdalo a otros’, escribía Cernuda. Un país con memoria, incluso un país
normal, no recordaría hoy con loas, cánticos y elogios el nombre sinistro del verdugo, que es a su
vez presidente honorífico del PP, padre constitucional e incontinente defensor de la “legitimidad de
las metralletas” que ganó la transición. “Fraga, pasión por la libertad”, ha dicho Mariano Rajoy:
asco. Un país con mínima memoria vindicaría otros nombres. ¡Tantos! Para empezar, el de los cinco
obreros asesinados impunemente en Gasteiz, para empezar: Pedro María Martínez Ocio, Francisco
Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, José Castillo i Bienvenido Pereda. Alternativa
memoria contra el fraude de la historia oficial, todos ellos vuelven hoy para quedarse.

Para recordarnos, desde la dignidad de los vencidos, que mientra Fraga muere en su cama, ellos
viven y perviven aun. Hoy, más que nunca. Y ahora mismo, contra el horror del olvido, la
desvergüenza de la hipocresía y la crueldad de la impunidad. Con Walter Benjamin chillando contra
el viento: “mientras ellos sigan ganando, ni los muertos se salvaran”. Y con los versos del poeta
catalán Joan Brossa –Final!- del 20 de noviembre de 1975 resonando por todas partes: “Havies
d’haver fet una altra fi/ et mereixies, hipòcrita, un mur a/ un altre clos. La teva dictadura, / la teva
puta vida d’assassí, / quin incendi de sang! Podrit botxí…” (Tendrías que haber tenido otro fin / te
merecías, hipócrita, un muro en / otro cercado. Tu dictadura, / tu puta vida de asesino, / ¡qué
incendio de sangre! Podrido verdugo…)










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