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Asunto:NoticiasdelCeHu 969/11 - VIAJANDO: Cruzando la Gran Frontera
Fecha:Domingo, 18 de Septiembre, 2011  17:45:50 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 969/11
 

 

 

Cruzando la Gran Frontera

 

Estando en Texas, decidí ir a México por tierra. Quería cruzar por el territorio tan codiciado por unos y tan temido por otros. Consideré que sería una gran experiencia. Todos me recomendaron que tomara un autobús mexicano y no norteamericano porque además de tener un costo menor, era mucho más confortable. Además, la empresa norteamericana no se hacía cargo en caso de que me ocurriera algo en México.

Partí desde San Marcos, localidad texana, que además de ser una verdadera ciudad universitaria, es un centro de compras del “outlet” de las mejores marcas que provienen de las plantas maquiladoras que se encuentran pegadas a la frontera del lado mexicano. Nos dirigimos hacia el sur y el tránsito comenzó a tornarse lento. Lo que pasaba era que en la autopista había una especie de manifestación, pero en auto. Los norteamericanos no se bajan de sus vehículos ni para protestar. Se desplazaban a paso de hombre con carteles pegados en la carrocería, reclamando quién sabe qué.

A poco de andar llegamos a San Antonio. El micro hizo una parada de unos veinte minutos, solo para tomar algo y recoger pasajeros, pero eso me permitió dar una vuelta y llegar hasta la plaza. Es la ciudad del equipo de básquet donde juega el Manu Ginóbili y pude ver en las calles avisos publicitarios con su fotografía.

 

 

 

Ciudad de San Antonio

 

 

Continuamos viaje y a ambos lados de la carretera comenzaron a verse una serie de edificios destinados a la nacionalización de los vehículos de marca norteamericana pero adquiridos en México. Una especie de contrabando oficializado. Es decir que se pueden pasar productos libremente pero no personas, y mucho menos las personas que hacen esos vehículos por un salario muy inferior al que se paga en el lugar de consumo. La General Motors es una de las principales fábricas que se dedica a ahorrar todo tipo de costos, no solo los de mano de obra, en el sector mexicano y vender el 90% de su producción en los EEUU.

 

 

 

 

Local de nacionalización de autos y pick-ups

 

 

Y arribamos a la ciudad de Laredo. Se encuentra al sur del estado de Texas. Es un centro urbano que apenas supera los 200000 habitantes, limpio, prolijo y con importantes museos y centros deportivos.

 

 

Edificio de la Corte de Justicia en la ciudad fronteriza de Laredo

 

Predominan los locales destinados a actividades comerciales y de servicios ligados al tráfico industrial de la frontera. Y por lo tanto la densidad y el dinero que corre en las calles son bastante elevados.

 

 

Mall del Norte

 

 

El ómnibus estuvo detenido un rato largo y aprovechamos para alimentarnos y cambiar dólares por mexicanos en algún puesto fijo y así evitar hacerlo de manera callejera.

Y luego emprendimos el cruce por uno de los puentes sobre el río Bravo o río Grande, para arribar a territorio mexicano.

 

 

 

 

Nuevo Laredo vista desde uno de los puentes sobre el río Bravo o río Grande

 

 

Al arribar a México, puede verse una gran inscripción que dice “Bienvenido a Casa Paisano”. Pero esto no solo refleja el buen ánimo para recibir a sus connacionales sino también a otros latinoamericanos. En el puesto de control, además de tratarme  con gran cordialidad, me hicieron saber que habían apoyado a la selección argentina en el Mundial de Fútbol que se había realizado unos meses antes, en junio de 2006.

 

 

 

 

Bienvenido a Casa Paisano, al llegar a Nuevo Laredo desde EEUU

 

 

Pasada la aduana, volví a subir al autobús rumbo a la terminal de Nuevo Laredo. Y en cuanto arrancó, con horror comencé a visualizar a través de la ventanilla gran cantidad de cruces detrás de un alambrado. “¡Son los hermanos que han querido cruzar y los acribillaron!” –me dijo mi compañero de asiento, viendo mi cara de espanto. Muchos pasan por otra parte, lejos de esta zona y algunos mueren de frío en la montaña. La relación de salarios entre un lado y otro del río es de nueve a uno, y es por eso tal desesperación. Pero no todos los que intentan pasar por allí son mexicanos, sino de muchos otros países de América Latina que utilizan a México como trampolín.

 

 

Cruces de quienes fueron asesinados en el intento de pasar ilegalmente a los EEUU

 

 

Al llegar a la terminal de ómnibus de Nuevo Laredo debía tomar otro micro para continuar viaje a Monterrey. Fui a la ventanilla a sacar boleto y había dos opciones, uno a las seis de la tarde, que saldría en pocos minutos más, y otro a las ocho de la noche. Yo elegí el de las ocho, pero el vendedor me preguntó qué pensaba hacer en las dos horas que faltaban para la partida. Yo le dije que pretendía salir a  caminar un poco para conocer la ciudad. ¡”Ni se le ocurra!”, -me dijo. Usted no sabe lo que es este lugar. Le van a robar todo y no va a tener a quién reclamarle. Usted habla como extranjera y son los preferidos de los maleantes. Yo le contesté que seguramente no sería para tanto. Pero la gente que estaba en la fila detrás de mí, se metió en la conversación, y ¡me obligó a comprar el pasaje de las seis! Todos estaban desesperados por conseguir lugar para esa hora, porque dijeron que eso era realmente el “far west”.

Solo pude ver la ciudad desde el ómnibus, que es mucho más grande que la Laredo norteamericana, pero el aspecto es muy diferente. Las construcciones muy rudimentarias, todo bastante sucio y desordenado, pero con un parque automotor de primer nivel.

 

 

Calle céntrica de Nuevo Laredo, la ciudad fronteriza mexicana

 

 

A medida que el ómnibus se desplazaba podían observarse grandes cantidades de contenedores, depósitos, vehículos varios y todo tipo de mercadería a la espera de ser cruzada hacia el “Gran País del Norte”.

De hecho, a ambos lados de la frontera se hacen grandes negocios, producto del Tratado de Libre Comercio (TLC), entre México, EEUU y Canadá. Muchas de tales operaciones seguramente no son muy regulares, pero en Nuevo Laredo todo parece mostrarse más evidente.

 

 

Playa de contenedores que esperan ser cargados en sendos camiones

 

 

Lentamente se fue haciendo de noche y ya no era posible observar más nada, así que me dispuse a dormir hasta la mañana siguiente en que arribaríamos a Monterrey.

 

 

Ana María Liberali