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Asunto:NoticiasdelCeHu 923/11 - Pasajeros de Proa: Partidas sin regreso de ár abes en la Patagonia
Fecha:Domingo, 28 de Agosto, 2011  11:13:47 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 923/11
 
 

Partidas sin regreso de árabes en la Patagonia

 

 A principios del siglo XX, muchos árabes que habían partido de sus países de origen —en especial Siria y Líbano— en busca de un sitio pacífico para habitar, encontraron en la Patagonia argentina un ámbito virgen, con características geográficas similares a su lugar natal en el cual echar raíces. Una vez asentados, y a la vista de una prosperidad creciente, fueron incitando a parientes y amigos que habían quedado del otro lado del océano a la espera de noticias auspiciosas para concretar la aventura de conquistar estas tierras de esperanza.Es así como se produjo una inmigración masiva desde Medio Oriente hacia la Argentina y, en particular, hacia la Patagonia.En el año 1909, cuando el país se aprestaba para los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo , gestora de la independencia, la provincia de Río Negro fue testigo de un hecho sangriento que cobró más de 130 vidas de ciudadanos árabes que, recién llegados, intentaban insertarse en la vida productiva de la nación mediante el trabajo honesto y fructífero.Con el apoyo económico de las firmas Eldahuk Hnos., Mehdi y David, y Miguel Yunes, entre otros paisanos que los precedieron, dichos inmigrantes preparaban todo su capital: la mercadería recibida generosamente en consignación para salir a venderla o trocarla por plumas de avestruz, cerda y tejidos artesanales elaborados por los indígenas. En grupos de dos o tres personas, partían a caballo o a bordo de un carruaje, guiados por algún peón nativo.A partir de 1904, los propietarios de dichos comercios comienzan a inquietarse por la ausencia prolongada de los mercaderes. Para tener una idea aproximada de la magnitud del hecho, señalaremos que la firma Eldahuk Hnos. tenía registrados entre sus deudores a 55 vendedores ambulantes de origen árabe que en los últimos tres años no habían regresado.La preocupación comenzó a difundirse por toda la colectividad —muy importante para esa época— y el 15 de abril de 1909, el comerciante de General Roca, Sr. Salomón Daud, se presentó en la comisaría del paraje El Cuy para “efectuar la denuncia sobre la desaparición de su cuñado José Elías y del peón árabe que lo acompañaba de apellido Ezan, quienes habían partido de Roca en el mes de agosto de 1907”.Ante la sospecha de que habían sido asesinados, el comisario José M. Torino inicia una profunda investigación que lo lleva al paraje Lagunitas, ubicado en el vértice sudoeste de la provincia de Río Negro, plena meseta patagónica.En aquella época, esa zona estaba ocupada por las tolderías de algunos capitanejos procedentes de Chile que venían escapando de la justicia. La escasa densidad de población les permitía actuar con impunidad sin que fueran advertidas sus fechorías. Es así como saqueaban las estancias y cometían cuatrerismo arreando la hacienda robada hasta cruzar la cordillera para venderla en el país transandino. Se calcula que durante 1909 desaparecieron cincuenta mil ovejas solamente en esa área.Iniciada la investigación, un hecho fortuito pone al descubierto una serie de siniestros crímenes seguidos de aberrantes actos de canibalismo que horrorizaron al país cuando el hecho tomó estado público.El comisario Torino detiene a un menor de 16 años —Juan Aburto, hijo de uno de los malhechores— que había sido testigo presencial de más de 40 crímenes cometidos contra vendedores ambulantes de origen árabe. Según sus declaraciones, un grupo de unos quince indígenas —entre ellos su propio padre— se habían asociado para atraerlos con engaños, para luego matarlos y robarles la mercadería que portaban. El declarante dijo sobre la muerte de José Elías: “...le fue extraído el corazón [...] lo puso sobre el fuegopara asarlo [...] que después de comer la mitad del corazón e invitarlos a sus hijos con la otra mitad les dijo: «Está rico, sabroso; coman muchachos para que se hagan guapos».Hubo otros asesinatos, también con fines de robo, en los que participaron varias mujeres de la tribu.Una de ellas, Antonia Gueche (a) “Macagua” —hechicera y curandera—, demostró una ferocidad poco común al extraer las vísceras de las víctimas —en algunos casos agonizantes— con fines rituales. Luego incineraban los restos.La comisión policial, compuesta por 16 personas, salió, por orden del gobernador Carlos R. Gallardo, a perseguir a los forajidos, objetivo que se logró tras una ardua tarea de inteligencia, apresando a unos ochenta indígenas, los que fueron trasladados a la cárcel de Viedma, luego de 22 penosos días de travesía por el desierto patagónico.En la copia textual de la exposición policial efectuada por el comerciante Salomón Eldahuk, el 25 de febrero de 1910, en Choele Choel, aparece la lista de sus registros de los clientes árabes que habían desaparecido en esas circunstancias. La inmigración árabe, dolorosa en sí misma por la cuota de desarraigo que implicó el abandono de los afectos, debió sufrir este acto de barbarie como un padecimiento suplementario que afectó a numerosas familias.Sin embargo, el estoicismo de la colectividad resistió las más duras pruebas y echó raíces en la nueva tierra con la seguridad de haber encontrado el lugar en el mundo que le estaba destinado.*NOTA: Resumen del libro “Partidas sin regreso de árabes en la Patagonia” de Elías Chucair, 3º edición, Buenos Aires, Ediciones del Cedro, 2003.



Fuente: http://es.shvoong.com/