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Asunto:NoticiasdelCeHu 324/03 - Argentina: ¿más de lo mismo?
Fecha:Domingo, 13 de Abril, 2003  08:44:10 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

Ataque radial

NCeHu 324/03

 

ARGENTINA: ¿MÁS DE LO MISMO?

 

Por José Nun


 

            Las instituciones son siempre la puesta en acto de una idea, sea ésta la de proteger la salud de la gente, la de brindarle educación o la de hacer cumplir las leyes. Por eso, cuando entran en crisis, se tambalean los principios que encarnan, se debilitan los lazos sociales y cunde la falta de sentido. Escuelas que enseñan poco o nada, hospitales que atienden mal, empresas que no dan trabajo, jueces y policías corruptos, políticos y funcionarios mafiosos, se vuelven entonces los síntomas de una sociedad alienada.

 

            Desde fines de los 80, ésta es la situación que prevalece en Argentina. De ahí el clamor de diciembre de 2001, cuando renunció De la Rúa: “¡que se vayan todos!”. Era un grito de desesperación y exigía un replanteo a fondo de la institucionalidad descompuesta. Los beneficiarios de la crisis y los idiotas útiles se unieron, en cambio, para cuestionar el grito mismo, como si fuera una propuesta doctrinaria: “quieren la anarquía, promueven el caos, invitan al autoritarismo...” Y tuvieron éxito.

 

            Las consecuencias están a la vista. Hubo, es cierto, cacerolazos y asambleas barriales, crecieron (y se dividieron) las organizaciones de piqueteros y se activaron viejas y nuevas formas de solidaridad popular. Pero la crisis institucional no se resolvió y, en varios aspectos, se ha agudizado: aumentaron escandalosamente el desempleo, la miseria, la deuda pública y la brecha entre ricos y pobres. Peor aun, no se ha ido casi ninguno de los cuestionados, no se han reformado la justicia ni la policía ni los modos de hacer política; y muchos de los responsables principales de la crisis se presentan ahora al proceso electoral que se inicia con las presidenciales del  27 de este mes.

 

            Bien mirado, tiene su lógica. Si no hay fuerzas potentes y organizadas que la contraresten, una crisis institucional tiende a reproducirse, sostenida por los intereses que la aprovechan. Y esas fuerzas son muy incipientes. De ahí que los comicios del 27 no entusiasmen a nadie y que las candidaturas actualicen una vieja discusión: con su voto, ¿los ciudadanos juzgan una trayectoria o eligen a quien les cae mejor? Llamemos A a la primera alternativa y B a la segunda.

 

La campaña de Carlos Menem es de tipo A: nadie cree que sea honesto pero  busca convencer a los pobres de que puede repetir la fugaz prosperidad de su primer gobierno (que todavía estamos pagando) y les recuerda a los ricos que fue siempre su fiel servidor. En el extremo opuesto, también Elisa Carrió apela al tipo A: exhibe sus años de labor parlamentaria valiente y progresista y subraya el pasado reaccionario y/o corrupto de sus rivales. Éstos apuestan básicamente al tipo B. Ricardo López Murphy se presenta como alguien honrado y confiable, soslayando su derechismo neoliberal y sus  serias responsabilidades como ministro de De la Rúa. Adolfo Rodríguez Sáa alude a sus logros en San Luis, la provincia que gobierna a su antojo desde hace 18 años; pero recurre sobre todo a su indudable carisma personal para repartir promesas incumplibles. En cuanto a  Néstor Kirchner, candidato del gobierno, explota la propia mediocridad de su imagen: es uno más, que se dice decente, que sacará al país adelante como lo hizo con su pequeña y muy petrolera provincia de Santa Cruz (en una gestión cuyos graves claroscuros pocos argentinos conocen); pero su suerte depende, en verdad, de la eficacia del aparato duhaldista y del asistencialismo oficial.

 

Se explica que Carrió desee que el enfrentamiento sea finalmente entre ella y Menem. Porque son dos opciones tipo A que obligarían a los votantes a decidir si quieren resolver o no la crisis institucional. Sólo que ésta ha dañado de tal manera las condiciones de vida del pueblo y sus posibilidades de informarse, deliberar y definir preferencias que serán muchos (seguramente demasiados) quienes terminarán votando por los espejitos de colores, la apariencia de buena persona o las migajas del clientelismo. Por desgracia, las sociedades alienadas creen en la magia pero rara vez producen milagros.               

 


El presente texto será publicado próximamente en España.
Gentileza: Lic. Javier Lindemboin.